Y de repente tú 16.

Y de repente tú

Martes, 28 de agosto de 2012.

Hoy he tenido la primera entrevista de trabajo para la Galería de Arte Nacional de Lagos, la mejor galería de la ciudad. Ha sido el mismo propietario de la galería quien me ha entrevistado, alegando que le gustaba conocer a todos los empleados que iban a trabajar para él. Es un hombre joven, de unos treinta y cinco o cuarenta años como mucho. Vestido con un traje de color gris perla de Armani y una corbata del mismo color que resaltaba levemente con el blanco impoluto de su camisa. Sus facciones afiladas le dan un aspecto de tipo duro que le hacen muy atractivo y sus ojos de color verde jade ligeramente rasgados le dan un aire exótico, típico del sur del país. El señor Uriarte, o Álvaro, cómo me ha pedido que le llame, ha sido muy amable conmigo, me ha enseñado la galería y me ha realizado algunas preguntas sobre los cuadros y esculturas que tienen en exposición y ha quedado bastante satisfecho con las respuestas.

–  Sinceramente, eres la candidata mejor preparada a la que he entrevistado. – Me ha dicho al finalizar la entrevista. – Te has licenciado en historia del arte con una media de 9,6 y además cuentas con mucha experiencia al haber crecido en una galería. No sólo sabes de arte, si no de financiación, subastas, administración, organización de exposiciones y demás eventos benéficos, que es todo lo que necesitamos. Eres la persona que buscamos para nuestra galería. – Ha colocado una hoja en la mesa y la ha deslizado hasta quedar ante mis ojos. – Este sería tu salario anual en bruto, tendrías el mes de agosto de vacaciones y diez días en Navidad. Las horas extras se pagan el doble que una hora normal y tu jornada laboral sería de 40 horas semanales repartidas de lunes a viernes, exceptuando las exposiciones y eventos que se realicen en fin de semana y festivos, por los cuales se te pagaría el triple que una hora normal. Si firmas ahora, empezarás a trabajar el lunes, ¿qué me dices, Mel?

–  Que acepto, sin duda alguna. – Le he respondido feliz.

Así que ya tengo trabajo y en la Galería de Arte Nacional de Lagos. Lo primero que he hecho nada más salir de la galería ha sido llamar a Gina y darle la buena noticia. Gina tiene su entrevista de trabajo mañana, tiene más la semana que viene, pero la que le interesa es la de mañana. Después he llamado a mis padres, que también se han alegrado, aunque mi madre no ha cesado de recordarme que también podría haberme quedado en Villasol y no haberme ido tan lejos, cosa que me recuerda cada vez que hablo con ella. Con mi padre es distinto, él me comprende y entiende mi necesidad de hacerme a mí misma, tal y cómo hizo él en su día. También aprovecha para decirme que tienen previsto venir a Lagos el fin de semana del 15 de septiembre, ya tienen reservados el vuelo y el hotel.

Nada más entrar en casa, suena mi teléfono móvil, es Lucas.

–  ¿Sí? – Contesto nada más descolgar.

–  ¿Qué tal ha ido la entrevista? ¿Has salido ya?

–  Acabo de llegar a casa ahora mismo. – Le respondo sentándome en el sofá. – Estás hablando con la nueva subdirectora de la Galería de Arte Nacional de Lagos.

–  ¡Esa es mi chica! – Grita contento al otro lado del teléfono. – ¿Puedo invitarte a cenar esta noche para celebrarlo?

–  Suena muy tentador, pero ya le he prometido a Gina que cenaríamos en casa para celebrarlo. – Le respondo haciéndole sufrir un poco. – De hecho, estaba a punto de llamarte para invitarte, en este momento Gina debe de estar haciendo lo mismo con Giovanni.

–  Hubiese preferido celebrarlo a solas, estoy empezando a cansarme de tener que ocultarnos. – Me reprocha molesto. – ¿Qué pasa si tengo ganas de besarte?

–  Gina y Giovanni no son tontos, saben que algo hay entre nosotros aunque nos neguemos a hablar del tema, así que no va a pasar nada si me besas delante de ellos. – Le respondo. – ¿Contento?

–  No del todo, pero por el momento me conformo. – Me contesta resignado. – Llegaré a tu casa sobre las ocho, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo, aquí estaré.

–  ¿Me estás invitando a ir antes?

–  No lo estaba haciendo, pero reconozco que no me importaría en absoluto. – Le contesto maliciosamente. – Sabes que puedes venir cuando quieras.

–  Grrr. – ¿Acaba de gruñir? – No me tientes, preciosa. Soy capaz de ir ahora mismo.

–  Está bien, sólo porque sé que tienes mucho trabajo y sé que Giovanni me lo echaría en cara y me pediría algo a cambio, ya sabes, favor con favor se paga. – Le digo resignada.

–  Creo que estaré allí a las siete. – Sentencia Lucas finalmente y añade antes de colgar: – Ahora tengo que colgar, preciosa. Voy a tener que ponerme las pilas para llegar antes.

Mi relación con Lucas sigue en el mismo punto donde la dejamos. Durante estos días, hemos estado hablando por teléfono, mandándonos e-mails y viéndonos en público junto a Gina y Giovanni. También hemos salido a comer, a cenar y a tomar un par de copas a solas, pero Lucas siempre se encontraba con algún conocido que hacía más preguntas de las que podíamos contestar y terminábamos yendo a su casa para tener más intimidad. Nos compenetramos bastante bien, dentro y fuera de la cama, y debo reconocer que me siento muy cómoda con él. Me gusta y deseo estar con él, pero tengo miedo de que no salga bien, él no es de los que tienen relaciones estables, no es de los que se enamoran y yo cada día estoy más loca por él. Esto solo puede acabar de una manera: mal para mí. Pero, aun así, estoy dispuesta a afrontar ese riesgo y sentir lo que solo Lucas me hace sentir, a pesar de que nuestra relación tenga fecha de caducidad.

A las siete en punto de la tarde, Lucas llega a casa con Giovanni. Gina abre la puerta y les hace pasar al salón, donde les sirve una copa de vino mientras yo termino de programar el horno.

Cuando salgo al salón, Giovanni y Lucas me felicitan por mi nuevo trabajo, primero lo hace Giovanni con un fuerte abrazo acompañado de vueltas en el aire, como acostumbra a hacer y después lo hace Lucas, quien decide acompañar su felicitación con un beso en los labios excesivamente largo y apasionado para no estar solos, cosa que en ese instante no me preocupa lo más mínimo.

–  Felicidades, preciosa. – Me dice en cuanto nuestras bocas se separan. Me dedica una pícara sonrisa y me susurra al oído: – No te olvides de respirar, nena.

¿Por qué reacciono siempre así cuando me besa? Solo de pensar en lo que conlleva una de sus frases o uno de sus besos hace que me quede sin respiración. En lugar de preocuparle, a Lucas parece divertirle susurrarme algo al oído y devolverme a la realidad para que continúe respirando.

–  No voy a decir que me sorprende pero, ¿cómo se supone que debemos reaccionar a semejante beso de película? Os recuerdo que yo estoy a dos velas desde hace más tiempo que cualquier ser humano pueda soportar y eso ha sido un poco grosero por vuestra parte. – Bromea Gina.

–  Mel insiste en no ponerle nombre a nuestra relación e insiste en que la presente como a una amiga, aunque es evidente que ese término no es exacto del todo. – Le aclara Lucas a Gina.

–  Decir que somos amigos suena mejor que decir que nos acostamos juntos, ¿no crees? – Le replico sin importarme lo más mínimo dar más detalles de lo necesario, al fin y al cabo son mis mejores amigos los que están escuchando.

–  ¿Así es como lo describes tú? – Me pregunta Lucas con su mirada de Iceman. – ¿Sólo se trata de sexo para ti?

–  Vale, basta. – Nos interrumpe Giovanni. – Me alegro de descubrir la confianza que existe entre nosotros como para hablar de sexo tan abiertamente, pero cuando es Mel la que habla de sexo no me gusta. Mel es para mí lo que es Mía para ti, así que, en lo que a mí respecta, Mel es virgen.

Acto seguido, Giovanni se tapa los oídos con las manos, Gina suelta una carcajada y yo pongo los ojos en blanco mientras Lucas nos fulmina con la mirada. Esta noche, Iceman no se va a ir.

–  Chicos, ¿podéis dejarme a solas con Iceman unos minutos? – Les pido a Giovanni y a Gina, empezando a enfadarme con Lucas.

–  ¿Iceman? – Repite Lucas furioso. – ¿Me llamas Iceman?

–  Sí, pero solo cuando te pones así. – Le respondo mientras Gina y Giovanni salen huyendo en dirección a la cocina.

–  Así, ¿cómo? – Me espeta furioso.

–  Justo como estás ahora, enfadado, frío e impasible, como si no fueras humano, como si fueras el hombre de hielo. – Le replico intentando calmarme al mismo tiempo. Me siento en su regazo para que se relaje y le rodeo el cuello con los brazos. – ¿De verdad quieres seguir enfadado o prefieres que disfrutemos de una agradable cena?

–  Está bien, pero tarde o temprano tendremos que tener esta conversación. – Me contesta con seriedad.

–  Cómo usted ordene, señor Mancini. – Le susurro al oído con picardía.

–  Deja de provocarme o no respondo de mis actos.

–  Quédate a dormir esta noche. – Le propongo.

–  ¿En calidad de amigo o de amante? – Me pregunta burlonamente.

–  En calidad de ambas cosas, si lo deseas. – Le contesto tras besarle en los labios.

Justo en ese momento, llaman al timbre de la puerta y me levanto a abrir. Es un mensajero que trae un ramo de lirios blancos con una tarjeta dirigida a mí. Firmo el recibo del mensajero y entro en casa con el ramo de lirios en una mano y la tarjeta en la otra. Gina y Giovanni, que han salido de la cocina al escuchar el timbre de la puerta, me miran impacientes, esperando que les dé el nombre del emisor de las flores, pero como aún no tengo la respuesta, me limito a encogerme de hombros. Gina saca un jarrón de uno de los armarios del salón y lo llena de agua para después quitarme los lirios de las manos y ponerlos en agua. Giovanni logra contener la tentación de preguntar de quién son las flores mientras que Lucas me escruta con la mirada. Abro la tarjeta y leo una nota de Gonzalo:

“Felicidades por el trabajo, señorita subdirectora de la Galería de Arte Nacional de Lagos. Te debo un regalo de cumpleaños que me encargaré de darte personalmente en cuanto pueda escaparme a Lagos. Cuídate, princesa. Llámame siempre que lo necesites, sabes que me tienes a tu disposición. T.A. Gonzalo.”

Tras leer la tarjeta, la cierro y la dejo sobre uno de los muebles del salón, lejos del alcance de Lucas, Giovanni y Gina. Finalmente, es Gina quién decide hablar:

–  No hace falta que lea la tarjeta para saber de quién es y qué hay escrito en ella. ¿Cómo se ha podido enterar tan rápido de que ya tienes trabajo?

–  Trabaja para el SS, ¿recuerdas? – Se mofa Giovanni.

–  Y, ¿siempre está tan pendiente de ti? – Me pregunta Lucas, con su voz de Iceman.

–  Huy, Iceman está celoso. – Se mofa Giovanni.

–  Dejadle, que me lo enfadáis más. – Salgo en defensa de Lucas. Me siento de nuevo en su regazo y le susurro al oído: – ¿Te he dicho alguna vez que estás muy sexy cuando te pones en plan Iceman?

–  Esta noche te voy a hacer pagar por todo lo que me estás haciendo. – Me susurra al oído con voz ronca y sexy.

–  Me muero de ganas porque lo hagas. – Le susurro pícaramente.

Esa noche, después de cenar, Lucas y yo nos vamos a mi habitación, dejando a Gina y a Giovanni a solas en el salón.

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