Una tentación irresistible 9.

Una tentación irresistible

A las ocho de la tarde las chicas se reúnen en el bar de Pepe. Silvia por fin conoce a Noelia y Sarah, de las que tanto ha oído hablar y media hora más tarde ya están charlando y riendo como si se conocieran de toda la vida. Cuando acaban de cenar y tras varias jarras vacías de sangría, crean un ambiente de confidencialidad y Laura propone jugar a contar secretos:

–          Un chupito y un secreto suculento, si alguien se niega se tendrá que enfrentar al reto que le imponga el resto de nosotras. – Explica las normas Laura.

–          Empiezo yo. – Dice Silvia. – Llevo un par de semanas tratando de deciros esto pero aún no he encontrado el momento para decirlo, pero sin duda este es el mejor: Héctor y yo vamos a ir a por un bebé en septiembre.

Todas la felicitan y la abrazan eufóricas mientras hablan de la maternidad como algo lejano es sus vidas pero igualmente deseado. La siguiente en hablar es Noelia:

–          Rechacé una oferta de trabajo en Los Ángeles y no se lo dije a Álvaro.

–          ¿Qué? ¡Nos dijiste que no te habían llamado porque no habías pasado la entrevista, por eso os mudasteis a Blanes! No me lo puedo creer Noelia, ese era tu sueño. – Exclama Sarah confundida. – Mi hermano estaba dispuesto a seguirte donde fueras, ¿por qué la rechazaste?

–          Mi sueño es estar con tu hermano y verlo feliz. – Le responde Noelia sonriendo. – Él es feliz estando rodeado por su familia y en Los Ángeles os echaría de menos y no sería del todo feliz. Yo no tengo familia y, si algún día tengo hijos, me gustaría que tuviese a alguien que le respalde y le cuide si algún día nos llegara a pasar algo a Álvaro y a mí.

–          Mi hermano tiene mucha suerte de estar casado con una mujer como tú. – Le dice Sarah que adora a su cuñada desde que la conoció.

Otra vez todas vitorearon y se abrazaron, cada vez más achispadas por el alcohol. Ya solo quedaban por contar su secreto Laura, Sarah y Helena. Las tres se miraron tratando de ponerse de acuerdo en quién sería la siguiente, hasta que Sarah se arma de valor y dice:

–          Seré breve, me pone tu hermano Ramiro. Bueno, al menos eso es lo que pensé cuando le vi la primera vez, pero me ha llamado todos los días y me estoy encaprichando, yo no me encapricho porque después me enamoro y me meto en problemas, así que creo que estoy en problemas.

–          Os voy a decir mi secreto y que conste que vale doble porque mi hermano aún no lo sabe, los hombres son los últimos en asimilar y aceptar estas cosas. – Les dice Helena alzando su copa. – A mi hermano le gustas, y me refiero a que le gustas de verdad. Nunca le he visto sonreír tan ampliamente como cuando te mira o habla de ti.

–          Cuéntame más. – Suplica Sarah.

–          De eso nada, hasta ahí puedo decir.

–          No nos vale como un secreto en sí porque no es tuyo, en todo caso es de tu hermano. – Protesta Laura. – Vas a tener que darnos algo más, Helena.

–          Está bien. – Cede Helena resignada. – Esta noche he quedado con Sergio en el Queen, sabe que estoy de noche de chicas pero le he prometido el último rato de la noche y, si hay química entre nosotros, no lo pensaré dos veces.

–          ¿Te vas a tirar a don Perfecto? – Pregunta Laura estupefacta. – No creo que sea una buena idea. Ese tío está muy bueno y es todo lo que quieres en un hombre, si te lo tiras corres el riesgo de enamorarte y no puedes salir de una relación de diez años y meterte directamente en otra, necesitas un chico puente.

–          ¿Un chico puente? – Preguntan todas intrigadas.

–          Un chico con el que te desahogues, que te haga olvidar los malos recuerdos y que te enseñe muchas cosas en la cama, un hombre que te haga de puente y te prepare para una relación. – Trata de explicarles Laura.

–          ¿Algo así como un chico de prueba? – Pregunta Silvia.

–          Eso es, más o menos. – Afirma Laura. – Y ahora solo falto yo para confesar mi secreto, que estoy segura que os va a dejar alucinadas. – Toma aire haciendo una pausa para crear expectación y añade: – Me he enamorado.

Todas la miran sin decir nada, como si hubieran entrado en estado de shock. Las primeras en reaccionar son Noelia y Sarah, que rápidamente le preguntan por el afortunado. Helena y Silvia intercambian una mirada y es Helena la que decide hablar primero:

–          ¿Estás hablando en serio? – Laura asiente con la cabeza y Helena añade: – Cuéntamelo, quiero saberlo todo.

–          Es el chico mulato que conocí la otra semana en el Queens. Se llama Nelson y me atrajo desde que lo vi. La misma noche que nos conocimos la pasamos juntos en su casa y cuando me desperté me había preparado el desayuno. – Empezó a explicar Laura mientras la cara se le iluminaba. – Intercambiamos los teléfonos y desde entonces me ha enviado mensajes, me ha llamado y hemos quedado tres veces. No hemos vuelto a follar desde la primera noche, me ha dicho que le gusto de verdad y quiere ir despacio conmigo y hacer bien las cosas.

Todas aplauden esa decisión y comentan lo bonito y romántico que es. Tras beberse un par de rondas de chupitos y brindar, se dirigieron al Queens. Silvia y Helena pudieron constatar que el secreto de Laura era cierto y se había enamorado de Nelson, porque en cuanto apareció a ella se le iluminó la cara y los ojos le brillaron. Tras saludar a Nelson, Laura se lo presenta a las chicas y todas le dan el visto bueno. Escasos minutos después, Sergio entra en el pub y rápidamente localiza a Helena y se acerca a saludarla:

–          Estás preciosa. – Le susurra al oído desde su espalda.

Helena reconoce su voz al instante y da media vuelta con una amplia sonrisa estampada en mitad de la cara. Se lo encuentra sonriendo y con un brillo especial en los ojos que la derrite al instante.

–          Vaya, no recordaba que estuvieras tan bueno. – Piensa en voz alta Helena. Se da cuenta en el acto de que ha vuelto a hablar sin pensar y añade tratando de arreglarlo: – Quiero decir que tú también estás muy guapo…

Sergio se carcajea y Helena se ruboriza, pero él la abraza y la besa en la mejilla, actuando con naturalidad y haciendo como si esa conversación no la hubieran tenido nunca. Helena se alegra de que Sergio esté ahí. Sus amigas le han recomendado que espere, que utilice primero a un hombre-prueba antes de echarse a los brazos de don Perfecto, pero es con don Perfecto con quien ella quiere estar esta noche, le da igual cómo termine su historia, tan solo quiere vivirla. Se vuelve hacia a las chicas y, antes de presentárselo, gesticula con los labios sin que Sergio pueda verla: “Es don Perfecto”.

–          Chicas, os presento a Sergio, un amigo. – Les dice Helena una vez que ha conseguido captar la atención de todas sus amigas.

Y en ese mismo momento todas caen rendida a sus pies, incluida Silvia. Laura se ha tenido que morder la lengua al tener a su último ligue justo al lado, pero con una mirada que Helena ha catalogado como para mayores de dieciocho años, Laura le ha dejado claro lo que piensa. Animadas por semejantes cuerpos bailando junto a ellas, no se dieron cuenta de que los chicos acababan de entrar en el local y las observaban mientras se dirigían hacia a ellas. Uno detrás de otro, Héctor, Ramiro, Álvaro y Samuel se unieron a las chicas. Héctor envolvió a Silvia entre sus brazos, Álvaro besó en los labios a Noelia y Ramiro le susurró a Sarah algo al oído. El único que no marcó su territorio como si de un animal se tratara fue Samuel, pero el único motivo por el que no lo hizo fue porque ya había alguien marcando el territorio del que él quería apropiarse. No tuvo que preguntar quién era ese tío que agarraba a Helena por la cintura y le sonreía mientras le susurraba cosas al oído, Noelia le sacó de dudas cuando la oyó decirle a Álvaro:

–          Es Sergio, don Perfecto.

Helena también escucha el comentario de Noelia y su mirada se cruza con la de Samuel. Si no hubiera bebido tanto, hubiera pensado que le miraba con reproche y no se hubiera equivocado, pero como llevaba varias copas de más ni siquiera se dio cuenta. Sergio se mostró amable con todos, habló durante un buen rato con Ramiro y con Héctor, después con Álvaro, pero no cruzó más de dos palabras con Samuel. Helena se percató de ello pero no le dio importancia, ya bastante tenía con tratar de no mirarlo. Todo él la excitaba y ella se negaba a reconocerlo, mientras se repetía una y otra vez como un mantra que todo era obra del alcohol.

Empieza a sonar una balada y Sergio se lleva a Helena a mitad de la pista de baile, donde la agarra por la cintura, la estrecha contra su fornido cuerpo y la mesa entre sus brazos al ritmo de la melodía de la triste canción Just Hold Me, de María Mena, que suena por los altavoces.

–          Ese tal Samuel, ¿es tu ex? – Le pregunta de repente Sergio mientras continúan bailando.

–          ¿Qué? ¡No! – Exclama Helena muerta de risa. – ¿Por qué me lo preguntas?

–          Bueno, no te ha quitado los ojos de encima desde que ha llegado y si las miradas matasen yo ya estaría muerto. – Le susurra Sergio.

–          Eso es porque no me soporta, es una especie de ogro gruñón. – Le responde Helena encogiéndose de hombros.

No le cuesta cambiar de tema, pero no puede sacarse a Samuel de la cabeza el resto de la noche. Lo mira de reojo y, cuando sus miradas se cruzan, ella mira hacia a otro lado fingiendo que no lo mira. A Samuel aquel jueguecito le gusta y le excita más de lo que había podido llegar a imaginar. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta que entre ellos saltaban chispas, pero nadie comenta nada al respecto.

A las tres de la mañana, el Queens empieza a cerrar sus puertas y media hora más tarde están en la calle, despidiéndose. Héctor y Silvia se van a su casa, Laura y Nelson también se van juntos, aunque no dicen a dónde. Álvaro y Noelia también se marchan a su apartamento de la ciudad. Ramiro y Sarah se habían perdido, se habían marchado juntos sin despedirse, aunque no hacía falta que dijeran a dónde iban, todos se lo imaginaban. Samuel también se marcha sin decir a dónde, pero se despide de todos con una amplia sonrisa y más cariñoso de lo habitual, puede que también a causa del alcohol. Cuando le toca el turno a Helena, se despide de ella con un par de besos en la mejilla y aprovecha la cercanía para susurrarle al oído:

–          No dejas de equivocarte, guerrera Xena.

Helena se queda desconcertada y Samuel, antes de subirse a un taxi, le dedica una de esas sonrisas macarras, sexis y arrolladoras que la dejan sin respiración, provocando que sus piernas flaqueen. Lo ve alejarse en aquel taxi y su estómago se vuelve del revés, probablemente ha bebido demasiado. Sergio la acompaña a casa y está a punto de despedirse de ella en el portal cuando ella lo interrumpe y le pregunta:

–          ¿Te apetece subir a tomar la última copa?

No estaba segura de que acostarse con Sergio la segunda noche de conocerlo fuera lo más sensato ni lo mejor, pero en ese momento solo podía ser práctica y lo que deseaba era calmar su deseo sexual, así que pensó que él era idóneo para ello. Sergio no se lo piensa dos veces y sube con ella. Mientras el ascensor sube hasta la tercera planta, Helena se dedica a observarlo. Es muy atractivo y tiene la sospecha de que es un buen amante en la cama. Y eso es justo lo que ella necesita, al menos en ese momento.

Nada más entrar en el piso se dirigen a la cocina y Helena sirve dos copas bajo la atenta mirada de Sergio. Lo mira a los ojos e intuye ese brillo que le dice que desea lo mismo que ella. Le entrega la copa y acto seguido le da un largo trago a la suya para armarse un poco de valor, pues hace mucho tiempo que no se ve en una situación así, ha pasado los últimos diez años con Jorge y desde entonces no ha estado con otro hombre. Se acerca a él despacio y se para cuándo queda frente a él. Coloca sus manos alrededor del cuello de Sergio y él la abraza por la cintura y lleva sus labios a los de ellas. Al principio es un beso tímido y mesurado, como si tuviera miedo que en algún momento ella se eche atrás y cambie de opinión, pero ella le devuelve el beso con pasión y el beso deja de ser un beso sosegado para convertirse en una batalla de lenguas y labios hasta que a Helena se le escapa un leve gemido y Sergio, haciendo un gran esfuerzo, se separa de ella lentamente y le dice:

–          Es mejor que me vaya, deseo más que tú sentirte mía, pero no quiero que mañana cuando te despiertes y lo recuerdes te arrepientas. – Le da un beso en la mejilla y se despide antes de marcharse: – Esperaré lo que haga falta, no tengo ninguna prisa. Solo quiero que cuando llegue el momento me desees solo a mí.

No tiene que decir nada más para que Helena le entienda pese a que no ha hablado claro. Se ha dado cuenta de que sus ojos han estado persiguiendo toda la noche a Samuel y, a pesar de habérselo puesto en bandeja, Sergio se comporta como un caballero y decide esperar a que ella tenga claro qué es lo que quiere. Helena se va a dormir con el calentón y, como ya es costumbre, sueña con unos ojos grises que la desnudan con la mirada y la hacen vibrar de excitación.

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