Una tentación irresistible 8.

Una tentación irresistible

Cuando Helena se despierta ya es mediodía. El aroma de café recién hecho la conduce hacia la cocina, donde se encuentra a su hermano Ramiro. Ambos se miran y se dan los buenos días con un leve gesto de cabeza. Ninguno de los dos suele ser muy hablador por las mañanas y menos una mañana de resaca. Desayunan en silencio hasta que alguien llama al timbre de la casa y Helena se levanta a abrir.

–          ¿Esperas visita? – Le pregunta Ramiro mirando su reloj.

–          No, voy a ver quién es. – Helena se dirige hacia el hall y abre la puerta sin siquiera mirar antes por la mirilla. No espera a nadie, pero tampoco hay muchas posibilidades de que sea otra persona distinta a algún miembro de la familia Ferreira. Pero al que menos esperaba encontrarse allí era a Samuel. – Hola. – Lo saluda aturdida por su presencia.

–          Hola, ¿me dejas entrar? – La saluda Samuel sonriendo con picardía.

–          Eh… Claro, pasa.

Helena se hace a un lado para dejar entrar a Samuel y después lo guía a la cocina, donde Ramiro continua desayunando. Ramiro se acaba su café de un trago y se levanta para tenderle la mano a Samuel a modo de saludo. Tras intercambiar un “buenos días”, Ramiro se disculpa alegando que va a darse una ducha y les deja a solas. Helena es consciente de que tan solo lleva una camiseta de tirantes y un culote que apenas le tapa la piel, no se ha peinado y tiene resaca, pero ya es demasiado tarde como para que él no la haya visto, así que suspira y hace gala de su buena educación:

–          ¿Te apetece un café?

–          Sí, claro. Gracias. – Le responde Samuel algo nervioso.

Samuel se sienta en uno de los taburetes y la observa mientras ella le sirve el café. Coloca la taza sobre la encimera y ve que ella echa unos polvos en el vaso con leche que se ha servido para ella. Cuando la leche empieza a oscurecerse y volverse de color marrón, una sonrisa maliciosa se dibuja en sus labios y le pregunta con tono burlón:

–          ¿Bebes Cola-Cao?

–          No, bebo Nesquik. – Le responde Helena fulminándole con la mirada. – ¿A qué has venido?

–          Se acabó la tregua. – Murmura Samuel entre dientes. Se vuelve hacia Helena y, tras tomar aire, le dice: – Ayer mi hermano te preguntó si tenías planes para el sábado porque celebro la inauguración de un pequeño yate que me he comprado y Álvaro quería invitarte. A ti y a tu hermano, podéis venir acompañados de quien queráis. – Samuel hace una pausa y ve la duda en el rostro de Helena, así que añade: – Solo seremos un grupo de amigos, quince o veinte personas, depende de si venís y de cuantos acompañantes traigáis.

Helena se lo queda mirando sin decir nada, tratando de averiguar si todo esto que le está diciendo es parte de algún tipo de broma de ese humor ácido y macabro que tiene. Ese ogro disfruta volviéndola loca en todos los sentidos y ella se ha dado cuenta.

–          Es tu barco y tu fiesta. ¿Por qué quieres que yo esté allí? – Se oye preguntar Helena. A veces tenía la sensación de necesitar un filtro en la garganta para que omitiera ciertos comentarios que se le escapaban pensando en voz alta.

–          Vengo en son de paz. – Le responde Samuel alzando las manos en señal de rendición al mismo tiempo que le dedica una amplia sonrisa a Helena. – Cenaremos y tomaremos unas copas después mientras navegamos no muy lejos de la costa. Ven con tu novio y con tus amigas si quieres, Sarah, Álvaro y Noelia también estarán allí.

–          ¿Te han obligado a venir aquí e invitarme? Ya sabes, en plan “has sido un chico malo, ve y discúlpate”. – Le pregunta Helena sin saber muy bien si reírse o echarle de casa.

–          ¿No vas a darme una tregua? – Le pregunta Samuel haciéndose el indignado.

–          Está bien, me duele demasiado la cabeza y creo que aún sigo borracha, no tengo ganas de discutir contigo.

–          Genial, porque Noelia me ha pedido que os llevara a su casa, quiere invitaros a comer antes de que Sarah y yo regresemos a Barcelona. – Le dice Samuel. La mira de abajo a arriba y, humedeciendo sus labios, le dice: – Será mejor que vayas a cambiarte de ropa antes de irnos, te esperaré aquí.

Helena se ruboriza y desaparece escaleras arriba. Tras avisar a su hermano del plan de Noelia, se dirige a su habitación y entra en el baño para darse una ducha rápida antes de montarse en un coche con Samuel, todavía podía oler el alcohol en su piel.

Media hora más tarde, Helena baja las escaleras y se encuentra con su hermano y Samuel esperándola en mitad del hall. Samuel la mira desafiante, mira el reloj de su muñeca y alza una ceja, esperando una disculpa por el retraso. Pero Helena, lejos de disculparse, pasa por su lado, se dirige hacia la puerta y, al dar media vuelta y ver que él sigue parado en el mismo sitio, le pregunta con sorna:

–          ¿Vienes o prefieres quedarte ahí parado?

Samuel no le responde, se limita a fulminarla con la mirada mientras camina hacia su coche. Pocos minutos más tarde llegan a casa de Álvaro y Noelia y todos vuelven a reunirse en el salón de la casa. Álvaro insiste en que Helena y Ramiro acepten la invitación de Samuel y acudan a la cena en alta mar que ha organizado. Sarah no tiene que insistir demasiado para que Ramiro acepte, pero Helena les responde que lo pensará.

Después de comer, Samuel y Sarah regresan a Barcelona y Ramiro y Helena también regresan a casa. Hacía mucho tiempo que no coincidían unos días y a ambos les apetecía ponerse al corriente de sus vidas.

–          Parece que has hecho buenas migas con Sarah. – Comenta Helena después de dos horas de conversación en la que no se ha mencionado a ningún miembro de la familia Ferreira.

–          No puedo decir lo mismo de ti y de Samuel. – Se mofa Ramiro.

–          ¿Qué me dices de Sarah? – Insiste Helena.

–          Sarah… Apenas la conozco, pero me gusta. – Confiesa Ramiro. – Hemos intercambiado teléfonos y le he dicho que la llamaría.

–          ¿Y piensas llamarla?

–          Sí, todos los días de la semana. – Le responde con una sonrisa de oreja a oreja.

A Helena le gusta esa amplia sonrisa en el rostro de su hermano, hacía mucho tiempo que no le veía sonreír a así.

El lunes por la mañana Ramiro se marcha, tiene que viajar a Bruselas por trabajo y no regresará hasta el viernes. Helena continua con su rutina: sale a correr por la mañana temprano, escribe el resto de la mañana y parte de la tarde, va todas las tardes al establo para seguir entrenando a Loco y después regresa a casa para cenar, ducharse y escribir un poco más hasta que se le cierran los ojos y se mete en la cama.

El jueves recibe la llamada de Sergio, el hombre perfecto. Incapaz de rechazar otra invitación, Helena le dice que el viernes tiene noche de chicas pero que seguramente pasará por el Queen y allí podrán verse. A Sergio aquello le basta para mejorar su humor.

El viernes por la mañana Helena pasa a buscar a Noelia y ambas se dirigen a Barcelona en el coche de Helena. Álvaro tiene que trabajar y no llegará a la ciudad hasta última hora de la tarde. Los chicos, aprovechando que las chicas han quedado, han decidido reunirse. Ramiro propuso salir a cenar y les prometió que después les llevaría a dónde se encontraran las chicas. A Álvaro le encantó la idea y Samuel tenía demasiadas ganas de volver a encontrarse con Helena que no pudo ni quiso negarse. Ramiro también había avisado a Héctor, el novio de Silvia, que también aceptó aquella invitación.

Helena lleva a Noelia a comer a casa de sus padres. A Lourdes y Ramón les gusta Noelia y la tratan como a una más de la familia. Helena tiene que escuchar los reproches de su madre porque apenas llama, no se le ve el pelo y creen que ahora más que nunca necesita el apoyo de la familia. Noelia es testigo del amor que irradia Lourdes por su hija y siente nostalgia, ella nunca ha tenido una madre que se preocupe por ella. Ramón es más bien callado, pero se nota que apoya incondicionalmente a su hija, es la niña de sus ojos.

Después de aquella comida familiar que a Noelia le pareció de lo más tierna y divertida, se despidieron de Lourdes y Ramón y se dirigieron al piso de Helena. Allí se cambiaron de ropa y se arreglaron para salir a cenar con las chicas.

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