Una tentación irresistible 6.

Una tentación irresistible

Después de comer, decidieron pasar la tarde en la piscina. A Álvaro le sorprendió que Samuel decidiera quedarse con ellos hasta el día siguiente, sobre todo tras cómo había reaccionado frente a Helena, pero también se dio cuenta de cómo la miraba. Mientras las chicas se daban un chapuzón en la piscina, Álvaro y Samuel se sentaron bajo la sombra de un sauce y charlaron de cualquier cosa que no fuera ni Loco ni Helena.

A Helena no le pasó por alto el hecho de que Samuel no dejara de observarla, incluso se estaba empezando a sentir incómoda, pero no estaba dispuesta a dejarse amilanar por nadie y mucho menos por un Neandertal que tan mal la había tratado. Aun así, Helena seguía sintiéndose cada vez más atraída por él: su cabeza le decía que se alejara de aquel hombre que solo le traería problemas, pero al mismo tiempo su cuerpo también le rogaba que se acercara más a él.

–          Estoy muerta de sed, ¿os apetece una cerveza? – Sugiere Noelia.

Sarah y Helena asienten con la cabeza y las tres salen de la piscina dispuestas a tomarse una cerveza bien fría para refrescarse. Cogen cada una un botellín de cerveza de la nevera portátil que Álvaro ha traído con bebidas frías y entrechocan los botellines a modo de brindis. Se sientan junto a los chicos en una toalla extendida sobre el cuidado césped.

–          No estaréis planeando otra salida de chicas, ¿verdad? – Les pregunta Álvaro. – Porque esta vez no pienso quedarme en casa esperando a que mi mujer y mi hermana lleguen borrachas como una cuba.

–          Estás mayor para salidas nocturnas, hermanito. – Se mofa Sarah.

–          Estoy hecho un chaval. – Protesta Álvaro.

–          Por supuesto que sí, cielo. – Lo apoya Noelia.

–          ¿Qué os parece si salimos a cenar y luego a tomar unas copas? – Propone Sarah. – Creo que nunca me he emborrachado con mis hermanos.

El móvil de Helena empieza a sonar y todos guardan silencio esperando a que conteste la llamada. Al ver que se trata de su hermano Ramiro, Helena descuelga y lo saluda con entusiasmo:

–          ¡Hola Ramiro!

–          Hola, pequeña. ¿Me has echado de menos? – La saluda su hermano mayor con ternura.

–          Ya sabes que yo siempre te echo de menos. – Le contesta Helena. – ¿Estás en Barcelona? Tengo ganas de verte.

–          No estoy en Barcelona y yo también tengo ganas de verte, por eso he venido a Blanes, pero o no estás en casa de los padres de Silvia o me he confundido de casa. – Le responde Ramiro divertido. – Aunque desde aquí puedo ver tu coche aparcado en el camino de acceso a la casa. ¿Dónde estás?

–          ¡¿Estás aquí?! – Exclama eufórica. – No te muevas, ahora mismo voy para allí.

–          No tardes, te espero. – Le responde Ramiro antes de colgar.

Helena se levanta de un brinco y todos la observan esperando una explicación, pero Noelia no puede esperar más y le pregunta divertida:

–          ¿Era tu hombre perfecto? Porque si es él, quiero conocerlo.

–          No, era mi hermano Ramiro. – Le responde Helena secándose con una toalla a toda prisa y poniéndose el vestido ibicenco sobre el bikini mojado. – Ha venido a verme y está en la puerta de casa.

–          Te acompaño, me presentas a tu hermano y salimos a cenar todos juntos esta noche, mañana ya lo tendrás solo para ti. – Le dice Sarah. – Pero esta noche toca emborracharse.

Helena no discute con Sarah, hace poco que la conoce pero ya sabe que es inútil discutir con ella. Noelia también se pone en pie y dice:

–          Te llevo en coche.

–          Samuel tiene que ir al pueblo, puede llevarla él. – Interviene Álvaro.

–          No es necesario. – Comenta Helena evitando la mirada de Samuel.

–          ¿Prefieres ir andando antes de subirte a un coche conmigo y sin embargo montas sobre un caballo salvaje? – Le pregunta Samuel con sarcasmo.

–          ¡Samuel! – Le regaña Sarah avergonzada con la actitud de su hermano.

–          Solo era una broma. – Se defiende Samuel mirando a Helena y sonriendo maliciosamente. – Te llevo a casa, me viene de camino para ir al pueblo.

Noelia y Sarah vuelven a sentarse mientras Álvaro contempla divertido la escena. Puede que ni su mujer ni su hermana se hayan dado cuenta, pero a él no se le ha escapado la manera en que esos dos se miran.

Samuel y Helena se dirigen al garaje para coger el coche y caminan en absoluto silencio. Cuando suben al coche, la tensión sexual es tan grande que Helena se plantea la idea de bajarse y caminar hasta llegar a casa, pero en lugar de eso respira profundamente y se limita a repetirse mentalmente que ese trayecto tan solo durará unos minutos. Samuel para el coche a un lado de la carretera a mitad de camino entre ambas casas y Helena se vuelve para mirarlo.

–          ¿Qué pasa? ¿Te has dejado algo?

Samuel toma aire antes de contestar, la mira a los ojos y le dice con tono severo:

–          No quiero que montes ni entrenes a Loco.

–          Yo tampoco quiero que un desconocido me diga lo que tengo que hacer y sin embargo aquí estoy. – Le replica Helena con sarcasmo.

–          Mi familia ya ha sufrido demasiadas desgracias, no quiero que por tu culpa tengan que sufrir otra desgracia más. – Insiste Samuel. – Si lo haces por dinero, estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo.

–          Tenías razón, hubiese preferido ir andando. – Le responde Helena antes de bajarse del coche y continuar el camino a pie.

Samuel resopla frustrado y golpea el volante con ambas manos con desesperación. La mira mientras ella se aleja caminando furiosa y decide bajarse del coche e ir tras ella.

–          Helena, espera. – Le dice agarrándola del brazo. – Tienes razón, no puedo decirte lo que tienes que hacer. – Helena se para y lo observa con desconfianza, pero Samuel continua hablando: – Puede que para ti sea un caballo fabuloso, pero para mí es la causa por la que mi hermano se mató.

Por primera vez, Helena se para a pensar en cómo reaccionaría ella si hubiera sido su hermano Ramiro el que hubiera muerto. Estaba claro que Loco no lo había matado, pero era inevitable pensar que si Loco no hubiera estado en la vida de Javier probablemente ahora seguiría con vida.

–          Por favor, sube al coche y deja que te lleve a casa. – Le pide Samuel en son de paz.

A Helena le fue imposible negarse. No entendía cómo Samuel pasaba de ser un auténtico ogro a mirarla y hablarle con la dulzura con la que lo estaba haciendo en este momento y decide regresar al coche. Apenas cuatro minutos más tarde, Samuel aparca el coche frente a la puerta del jardín de la casa, justo detrás del coche de Ramiro.

Helena se apresura en salir del coche y corre hacia su hermano Ramiro, quien la recibe con los brazos abiertos y la abraza con cariño. Samuel baja del coche y observa cómo se abrazan los dos hermanos, no tiene la menor duda de que tienen una buena relación.

–          ¿Hay algo que quieras contarme, pequeña? – Le pregunta Ramiro a su hermana cuando, tras soltarla de su abrazo, ve a Samuel.

Helena da media vuelta y su mirada se encuentra con la de Samuel. Se sostienen la mirada un instante y Helena empieza a notar como todo su cuerpo se estremece.

–          Hola, soy Ramiro. – Se presenta al ver que su hermana perece no tener ninguna intención de hacerlo.

Samuel aparta la mirada de Helena para posarla en su hermano Ramiro y le estrecha la mano mientras lo saluda con simpatía:

–          Encantado, soy Samuel. – Acto seguido vuelve a posar sus ojos en Helena y, antes de subirse al coche y marcharse, se despide: – Nos vemos en un rato, supongo.

Ramiro espera a que Samuel se haya marchado y a entrar en la casa antes de preguntarle a su hermana:

–          ¿Quién es ese Samuel?

–          El tipo al que acabas de conocer.

–          Muy graciosa. – Le contesta Ramiro con sarcasmo. – Si no me lo dices, tendré que sacar mis propias conclusiones.

–          Saca tus propias conclusiones mientras me doy una ducha. – Le responde Helena para evitar que su hermano la someta a un tercer grado. Y añade dirigiéndose hacia el baño para ducharse: – Por cierto, tenemos planes para esta noche, iremos a cenar y a tomar unas copas con unos amigos.

–          ¿Estará también tu amigo del que no quieres hablarme?

La pregunta de Ramiro recibe como respuesta el ruido de la puerta del baño al cerrarse. Media hora más tarde, Helena aparece en la cocina donde Ramiro la espera bebiéndose una cerveza.

–          Ya he sacado mis propias conclusiones.

–          Me muero de ganas por oírlas. – Le dice Helena sonriendo divertida al mismo tiempo que abre la nevera y coge una cerveza. Se sienta frente a su hermano y añade: – Soy todo oídos.

–          Pues, teniendo en cuenta que ha sido él quien te ha traído a casa, deduzco que estabais juntos y, a juzgar por la cara de pocos amigos que llevaba y por cómo te miraba, también deduzco que estaba molesto o enfadado contigo. – Le empieza a decir Ramiro sonriendo divertido. – Cuando te he preguntado si él formaba parte de tus planes para esta noche y has fingido no oírme para no responderme, me has confirmado que hay algo entre vosotros.

–          Nada más lejos de la realidad. – Se mofa Helena. – ¿Recuerdas que te dije que estaba entrenando un caballo y te conté su historia?

–          Sí, Loco, ¿verdad?

–          Así es. – Le confirma Helena. – Pues Samuel es el hermano gruñón al que aún no conocía y del que ya puedo constatar que, efectivamente, es un gruñón.

–          Pues a mí me ha dado la sensación de que al hermano gruñón le pones, aunque creo que también lo sacas de quicio. – Opina Ramiro. – Y me parece que tú vas a disfrutar de lo lindo haciendo que se enfade contigo, ¿me equivoco?

–          En eso sí que has acertado. – Le responde Helena entre risas.

Los dos hermanos se beben un par de cervezas en la cocina mientras se ponen al día sobre sus vidas. Helena le cuenta que cree haber conocido al hombre perfecto para ella pero que sin embargo no siente “mariposas en el estómago” cuando lo ve o habla con él.

–          No pierdes nada por salir un día con él, puede que lo de sentir “mariposas en el estómago” esté sobrevalorado o incluso que ni siquiera exista esa sensación. – Le aconsejó Ramiro.

–          ¡Pues claro que existe esa sensación! – Le replica Helena.

–          Hermanita, eres demasiado romántica para este mundo. – Se mofa Ramiro.

Tras bromear sobre la vena romántica de Helena y la frialdad de Ramiro, ambos hermanos se preparan para salir a cenar y a tomar una copa con los hermanos Ferreira.

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