Una tentación irresistible 4.

Una tentación irresistible

Helena cumplió con su promesa y acudió todas las tardes a casa de Álvaro y Noelia para ayudar a Gabriel con el entrenamiento de Loco, que cada día se volvía menos arisco.

El sábado Laura fue a visitar a Helena y ambas decidieron pasar la mañana en la playa. Silvia no pudo venir a acompañarla, pero le mandó mil besos y prometió que se verían el próximo fin de semana. Cuando llegaron a la pequeña cala que había cerca de la casa de los padres de Silvia, Helena se encontró allí con Noelia, que a su vez estaba acompañada por Sarah.

–  ¡Helena, precisamente estábamos hablando de ti! – La saludó Noelia con una alegría sincera. – Te presento a mi cuñada Sarah, la hermana pequeña de Álvaro.

–  Encantada de conocerte, Sarah. – La saludó Helena besando sus mejillas. Se volvió hacia Laura y la presentó: – Ella es mi amiga Laura. – Y añadió para terminar con las presentaciones. – Ellas son Noelia y Sarah, las responsables de que Loco siga vivo.

Rápidamente se entendieron y se enfrascaron en una conversación que les llevó a otras muchas conversaciones, pasando por la historia de Loco, las tendencias en moda, la nueva novela de Helena y las fiestas que organizaba Laura. Cuando Helena comentó que necesitaba decorar y alegrar un poco su nuevo piso, Noelia le dijo que era decoradora de interiores y se ofreció para encargarse personalmente de la decoración.

Por la tarde, las chicas vuelven a reunirse en el establo para ver cómo Helena y Gabriel entrenan a Loco. Sarah se empeña en montar a Loco, pero Álvaro se niega alegando que Loco solo parece dócil cuando está con Helena y aún es demasiado pronto.

Esa noche deciden salir a cenar las cuatro y después tomar una copa. Álvaro no las acompaña, se queda en casa trabajando.

–  Debería hacer esto más a menudo. – Se lamenta Noelia con un par de copas de más. – Mi vida social es cada vez más inexistente.

–  Mientras que tu vida sexual exista, lo demás es secundario. – Le dijo Laura en su línea.

–  La verdad es que mi vida sexual no podría ser mejor, Álvaro es un amante excelente. – Confesó Noelia divertida.

–  ¡Por favor, qué es mi hermano! – Protestó Sarah poniendo cara de asco y todas se echaron a reír a carcajadas.

–  Hablando de vida sexual, ¿qué tal te fue con el tipo del Queen? – Le preguntó Laura a Helena.

–  Se llama Sergio Méndez, tiene treinta años, trabaja como abogado en uno de los bufetes más importantes de la ciudad y está muy bueno, además de ser educado y amable. – Le respondió Helena a su amiga. Pero haciendo una mueca añadió: – Vais a creer que estoy loca, pero es demasiado perfecto para mi gusto. – Todas la miraron con extrañeza y Helena se apresuró en aclarar: – Lo que quiero decir es que Sergio parece ser todo lo que he deseado en un hombre, sin embargo, no sé, ahora que lo he encontrado me falta algo.

–  El hombre perfecto no existe, por eso te falta algo. – Sentenció Laura.

–  No existe el hombre perfecto, pero sí que existe un hombre perfecto para cada una de nosotras, el problema es que cuesta encontrarlo. – Opinó Noelia. – Yo creo que deberías darle una oportunidad a ese chico, puede que una cita en condiciones te haga cambiar de opinión.

–  Acaba de salir de una relación larga, ahora lo que debe hacer es buscar, probar, comprobar y seguir buscando. – Le aconsejó Sarah.

–  Me gusta tu forma de pensar. – Afirmó Laura encontrando una aliada en Sarah.

Las chicas continuaron charlando, bebiendo y bailando hasta pasadas las cuatro de la mañana, momento en el que decidieron regresar a casa.

El domingo durmieron hasta mediodía y después de comer Laura y Sarah se despidieron de Helena, Noelia, Álvaro y Gabriel y regresaron juntas a Barcelona.

A Helena le había encantado recibir la visita de Laura, pero no había escrito nada en todo el fin de semana y quería terminar el quinto capítulo para enviarle el borrador a su editora.

Pasó el resto de la semana escribiendo y decidió quedarse más tiempo en Blanes, aquel lugar la inspiraba y no había vuelto a bloquearse. Aún y así, el viernes Helena decidió pasar el fin de semana en Barcelona. Le supo mal separarse de Noelia y de Loco, que se habían convertido en inseparables, pero tenía que llevarle a Marta el borrador de los primeros capítulos de la novela, tenía que hablar con los padres de Silvia para negociar un alquiler mientras ocupaba su casa y también quería pasar el rato con sus amigas y su familia. Lo primero que hizo en cuanto llegó el viernes por la mañana fue ir a ver a su editora para entregarle los primeros capítulos. Marta respiró aliviada cuando por fin tuvo entre sus manos el borrador y Helena le prometió que le enviaría los capítulos por correo electrónico tan pronto los acabara de escribir. Después fue a comer a casa de sus padres, quienes le dijeron que su hermano había vuelto a salir de viaje de negocios y no regresaría hasta la siguiente semana, así que no pudo pasar un rato con su hermano Ramiro.

El viernes por la noche las chicas se reunieron en el bar de Pepe, ya era casi un ritual y Helena se sentía mal por no haber asistido la semana anterior. Tras ponerlas al día sobre sus avances con la novela y con Loco, Helena les dijo que quería quedarse en Blanes por una temporada, pero vendrían los fines de semana. Esa noche no se acostaron muy tarde, Silvia quería regresar temprano a casa junto a Héctor, Laura tenía una fiesta de empresa al día siguiente y Helena estaba agotada.

El sábado por la mañana Helena quedó con Silvia para desayunar y después ir a casa de sus padres para hablar de la casa y finalmente Helena les convenció para que le alquilaran la casa y no vivir de gratis allí.

Por la tarde Helena decidió salir a correr por la Barceloneta, hacía una buena temperatura y la idea de correr por la playa la atrajo al instante, pues se había convertido en otra de sus rutinas.

Llevaba casi una hora corriendo cuando Helena decidió parar para descansar un poco y observar el atardecer. Helena observaba como el sol se fundía con el mar en el horizonte y se le escapó un suspiro al contemplar la belleza de aquel instante perfecto que la naturaleza le ofrecía. Tan absorta estaba admirando la puesta de sol que no se dio cuenta que a escasos metros de ella alguien la observaba.

Samuel había salido a correr como cada día, pero ese día había tenido que acudir a una reunión importante por la mañana, así que no le quedó más remedio que salir a correr por la tarde. Fue entonces cuando la vio. Su pelo rubio recogido en una coleta alta, sus piernas largas y torneadas y la gracia con la que corría le llamaron la atención y decidió seguirla a una distancia prudente, no quería que se incomodara.  Entonces ella se paró a contemplar la puesta de sol y Samuel pudo observarla con detenimiento. Era muy atractiva y tenía unos ojos felinos muy llamativos, pero desde donde él estaba no podía ver de qué color eran. Extrañado por aquella curiosidad insólita en él, se acercó a Helena dispuesto a descubrir cuál era el color de sus ojos. Justo en ese momento, Helena se volvió y se encontraron frente a frente. Sus miradas se cruzaron y ambos esbozaron una leve sonrisa antes de seguir por su camino.

Helena sonrió ampliamente cuando se aseguró de que no podía verla. Aquel hombre que debía rondar los treinta y cinco años, de pelo castaño claro muy corto, alto y de músculos muy bien definidos le habían hecho sentir el deseo que llevaba tiempo sin sentir. Pero continuó corriendo de regreso a casa y decidió no pensar en la atracción que había sentido por ese hombre, ya tenía demasiadas cosas en las que pensar.

Samuel regresó a casa, se dio una ducha y se vistió para ir a cenar con su hermana Sarah, quien había insistido en que se vieran porque tenía algo que contarle. Sabía que no iba a ser nada bueno, pues había notado que el tono de voz de Sarah era cauto.

Cuando llegó al restaurante, Sarah ya le estaba esperando. Samuel se acercó a la mesa y saludó a su hermana dándole un par de besos en la mejilla.

–          ¿Qué tal estás, hermanita? – Le preguntó Samuel a Sarah mientras la observaba para comprobar que estuviera bien. Sabía que lo que ella le iba a decir no le iba a gustar y quería afrontarlo cuanto antes. – ¿Qué es lo que tienes que decirme y no puede esperar?

–          No te va a gustar. – Le advierte Sarah.

–          Me lo imaginaba.

–          Quiero que entiendas que es mi decisión y no voy a cambiarla. – Empezó a decir Sarah. – Pero quiero ser yo la que te lo diga y no que te enteres por otra persona.

–          Estás empezando a asustarme, Sarah. – Le dijo Samuel preocupado, fijando sus ojos en los de ella para advertirle que no estaba dispuesto a seguir con ese juego. – Suéltalo ya.

–          Voy a montar a Loco. – Le soltó Sarah y sus palabras fueron como una bomba. – Antes de que digas nada, déjame hablar y escucha. – Le rogó. – Loco se escapó y lo encontró una chica que ha logrado un verdadero milagro con él. Loco está empezando a ser el que era y yo quiero estar ahí para apoyarlo.

–          ¿Te has vuelto loca? – Samuel no se lo podía creer. – Ya hemos tenido suficientes desgracias en esta familia por culpa de ese caballo.

–          Ya te he dicho que no voy a cambiar de opinión, pero estaré encantada de que vengas conmigo y puedas comprobar el cambio de Loco con tus propios ojos. – Le invitó Sarah.

A Samuel no le gustó en absoluto lo que Sarah le estaba diciendo, pero como sabía que aquella era una batalla perdida y además su hermano Álvaro y su cuñada Noelia estaban de parte de Sarah, no tenía nada qué hacer. Decidió aceptar aquella invitación y ver con sus propios ojos la evolución de Loco, si no le convencía, no permitiría que Sarah se montara a lomos de ese caballo.

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