Una tentación irresistible 27.

Una tentación irresistible

Samuel se estaba encargando de ayudar a Rosa a preparar la cena para los invitados mientras Helena guardaba reposo en la cama, obedeciendo a Samuel que había puesto el grito en el cielo cuando la había visto levantarse decidida a echarle una mano a Rosa. Para que se quedara en la cama, Samuel le había prometido que se encargaría de todo para que ella no tuviera nada de lo que preocuparse.

Helena está leyendo tumbada en la cama cuando la llama su madre por teléfono. Lleva varios días sin hablar con ella y sabe que no puede alargarlo más. Decide no contarle nada de lo ocurrido, pero sabe que no puede ocultarle que estará unos días fuera de la ciudad.

–          ¡Hola mamá! – La saluda Helena alegremente nada más descolgar.

–          ¡Hija, por fin te localizo! – Le responde su madre aliviada. – Esta tarde he hablado con tu hermano y me ha dicho que iba a cenar contigo en casa del hermano de Sarah, ¿es cierto? Y, ¿no piensas venir a vernos a tu padre y a mí?

–          Mamá, he estado un poco liada con la novela, no la llevo muy avanzada. Perdona que no te haya llamado. – Se disculpa Helena. Acto seguido, miente: – Necesito relajarme y mi  editora me ha aconsejado que me vaya unos días de vacaciones y eso es lo que tengo pensado hacer.

–          Cielo, soy tu madre, pero sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad? – Le dice Lourdes con suavidad, sabe que le ocurre algo a su hija pero no quiere presionarla para que se lo cuente, le basta con que sepa que ella va a estar ahí siempre para escucharla y apoyarla en todo lo que haga. – Sé que últimamente pasas mucho tiempo con el hermano de Sarah y eso es bueno, no pasa nada. ¿Te vas con él de vacaciones?

Su madre la había calado y ni siquiera había tenido que mirarla para darse cuenta, Lourdes conocía demasiado bien a su hija. Helena suspira profundamente para infundirse valor y le dice a su madre:

–          Sí, me voy unos días de vacaciones con Samuel, el hermano de Sarah. – Confiesa. – Es todo un poco complicado de explicar, mamá. Pero te aseguro que estoy bien, tan solo necesito descansar unos días.

–          Necesito verte y comprobar que estás realmente bien y, si vienes acompañada de Samuel, mucho mejor, así me quedo más tranquila.

–          Mamá, acabo de decirte que es un poco complicado y de momento solo nos estamos conociendo, es demasiado pronto. – Le dice Helena tratando de evitar lo inevitable tratándose de Lourdes.

–          Cielo, solo quiero conocerlo, quiero saber quién es el hombre que mantiene a mi niña tan ocupada como para no llamar a sus padres. – Le replica Lourdes recurriendo a su papel de mártir. – Venid mañana a comer, te prometo que no haré ninguna pregunta inoportuna y me comportaré como la madre perfecta.

–          Lo intentaré, pero no te prometo nada. – Cede finalmente Helena. – Luego te envío un mensaje y te digo algo.

Lourdes se conforma con la respuesta de su hija y, tras despedirse, Helena cuelga la llamada y decide darse una ducha rápida antes de bajar a cenar, los invitados no tardarán en llegar.

Cuando Samuel va a buscarla a la habitación, Helena está saliendo del baño envuelta tan solo con una diminuta toalla. Samuel la observa sonriendo, sin lugar a dudas ya se ha acostumbrado a convivir con Helena y encontrarla en cualquier parte le hace sonreír, sobre todo si se la encuentra vestida tan solo con esa escueta toalla. Pero su sonrisa se desvanece en cuanto sus ojos se encuentran con los de Helena, algo no va bien.

–          ¿Ocurre algo, cariño? – Pregunta Samuel.

–          Sí, pero la verdad es que no sé cómo decírtelo. – Le contesta Helena mientras se viste.

–          Empieza por el principio, Helena. – Le dice Samuel preocupado.

–          Me ha llamado mi madre, sabe que estoy contigo y quiere conocerte antes de irnos de vacaciones, quiere que vayamos mañana a comer. – Le dice Helena de carrerilla.

–          ¿Eso es todo?

–          ¿Te parece poco?

–          Me parece que te preocupas demasiado. – Le responde Samuel antes de besarla en los labios. – Es normal que tus padres quieran saber con quién te vas de vacaciones y es una buena razón para que los conozca, tú ya conoces a los míos. – La estrecha entre sus brazos y añade: – Todo saldrá bien, nena. Y ahora termina de vestirte o empezaré a desnudarte.

–          Empieza a desnudarme. – Le provoca Helena.

–          Nena, los invitados ya han llegado, pero no tengo problema en hacerles esperar. – Le responde Samuel sonriendo con picardía.

Helena hace un mohín, pero al final termina de vestirse y ambos bajan al salón, donde Ramiro, Sarah, Álvaro y Noelia los esperan sentados en el sofá y tomando una cerveza que Rosa se ha encargado de servirles.

Ramiro es el primero en levantarse cuando los ve llegar y escruta con la mirada a su hermana pequeña para asegurarse que está bien. Helena le sonríe para tranquilarle y se acerca a él saludándolo con dos besos en la mejilla y un abrazo.

–          ¿Seguro que estás bien? – Le pregunta Ramiro.

–          Sí, estoy bien. – Le asegura Helena. – Solo ha sido un pequeño susto pero por suerte Samuel estaba allí.

Ramiro se da por satisfecho, sabe que hay algo más que su hermana le está ocultando, pero a él solo le interesa comprobar que ella está bien, el resto es algo personal que solo le atañe a ella y si ella no quiere hablar de ello él no puede hacer nada.

Después la saludan Sarah, Noelia y Álvaro mientras Ramiro aprovecha para saludar y hablar con Samuel. No le pide ninguna explicación, tan solo le dice:

–          Cuida de mi hermana, es demasiado orgullosa para pedir ayuda aunque la necesite y, aunque es una de las personas más fuertes que conozco, todos tenemos un límite de peso que cargar a nuestras espaldas.

–          Te aseguro que voy a cuidar de ella, Ramiro. – Le asegura Samuel sin dejar de observar a Helena, que sonríe y trata de quitar importancia al asunto delante de sus hermanos y su cuñada. – Ella es lo único que me importa.

A Ramiro le basta con la contestación de Samuel y con la devoción con la que mira y habla de Helena para darse cuenta que de verdad Samuel está interesado en ella. No entiende cómo han pasado de discutir a cada momento a enamorarse, el caso es que así ha sido.

Cuando todos pasan a la cocina para cenar, Helena se ve obligada a explicar lo que ocurrió presionada por las preguntas de los invitados. Samuel trata de cambiar de tema alegando que Helena debe dejar de darle vueltas al tema y que eso no la ayuda, pero Helena le interrumpe sabiendo que si no acaban con eso ahora estarán toda la vida preguntándoles. A regañadientes, Samuel termina cediendo y deja hablar a Helena, que les cuenta a grandes rasgos lo ocurrido y omite muchas cosas, como que el tipo que ordenó su secuestro es un marido furioso que quiere vengarse de Samuel por arrebatarle a su mujer y Samuel agradece aquella omisión.

Como era de esperar, también le preguntan sobre su relación, pero aquí Samuel es el que contesta:

–          Es obvio que estamos juntos y pretendemos seguir estándolo.

–          Eso suena a que vais en serio. – Opina Noelia entusiasmada.

–          Eso parece, mañana conoceré a mis suegros. – Comenta Samuel divertido.

Todos se echan a reír, incluida Helena. Estaba asustada por cómo iba a reaccionar Samuel ante la insistencia de su madre en conocerlo, pero lo cierto era que se lo había tomado muy bien y parecía tener más ganas que Lourdes de que llegara el día de mañana.

A medianoche, los invitados se despidieron y se marcharon, sabían que Helena debía descansar y ninguno quería interferir en las recomendaciones médicas que le habían pautado a Helena y mucho menos se atrevían a contradecir a Samuel, que estaba siempre atento a lo que comía y bebía Helena. Cuando se quedaron a solas, Samuel cogió en brazos a Helena y la llevó a la suite mientras ella no dejaba de reír por la manía de Samuel de llevarla en brazos a todas partes pese a que ella le recordaba una y otra vez que tenía piernas y sabía cómo usarlas. Era una batalla perdida, a Samuel le gustaba demasiado llevarla en brazos como para que alguien tratara de impedírselo.

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