Una tentación irresistible 26.

Una tentación irresistible

Samuel sigue estando a su lado cuando Helena se despierta. Está algo desorientada y parpadea varias veces tratando de que sus ojos se acostumbren a la luz blanca que invade la habitación. Por su cabeza empiezan a pasar imágenes sobre todo lo que ocurrió la noche anterior: la llamada de teléfono de Samuel antes de salir de casa, el secuestro nada más salir del portal, el viaje eterno en coche hasta llegar a la masía, la visita del tipo que había ordenado su secuestro y que pretendía que la mataran solo para hacerle daño a Samuel, la historia que le contó sobre el motivo de su venganza, el tipo que se quedó con ella en el sótano y las cosas horribles que le decía, el forcejeo con él, el ruido de la pistola al dispararse cuando cayeron al suelo, abrir los ojos y encontrarse con unos ojos saltones inexpresivos que le aterraban, la sangre caliente fluyendo sobre su hombro y su brazo…

La máquina que registraba las constantes vitales de Helena empezó a pitar, su corazón estaba latiendo ciento veinte veces por minuto, el doble de rápido que lo debería hacer. Helena empieza a hiperventilar y Samuel la coge de las manos con ternura y le susurra con voz trémula:

–          Cariño, estoy aquí. No pasa nada, estamos en el hospital y estás a salvo.

El doctor que les atendió anoche entra en el box junto a una enfermera y rápidamente, la enfermera le pone una máscara de oxígeno a Helena. Helena siente la mano de Samuel aferrándose a la suya y le mira a los ojos. Él la mira con la misma preocupación y temor que la noche anterior y entonces Helena recuerda más cosas: cómo Samuel la encontró, la abrazó y la acunó hasta que llegó la ambulancia, cómo discutió con aquel médico imbécil que intentó que se separara de ella para llevarla al hospital, cómo le dijo que la quería y que nunca más se separaría de ella. También recuerda que había dejado de llamarla “nena” y había empezado a llamarla “cariño”. Con la mirada clavada en los ojos de Samuel, Helena encuentra la fuerza y la serenidad que necesitaba y empieza a respirar con normalidad.

–          ¿Qué ha ocurrido? – Le pregunta el doctor a Samuel.

–          No lo sé, se ha despertado y ha empezado a hiperventilar, después la máquina ha empezado a pitar y…

–          No se preocupe, señor Ferreira. – Le dice el doctor para tranquilizarlo. Se vuelve hacia a Helena y le pregunta: – ¿Estás más tranquila o te damos algo para que te relajes?

–          Estoy bien, solo me he despertado algo confusa y asustada. – Responde Helena buscando el contacto con Samuel. – Quiero irme a casa, doctor.

–          Voy a darte el alta, pero quiero que guardes reposo durante unos días. – Le dice el doctor muy serio. – Te recomiendo que te tomes unos días de vacaciones y, en caso de que los ataques de ansiedad persistan, deberás regresar al hospital de urgencias. Si todo va bien, te veré en diez días para un control rutinario.

Helena asiente con la cabeza y el doctor le entrega todos los informes y documentos a Samuel mientras ella se ducha y se cambia de ropa. Cuando sale del baño, Samuel la está esperando con una amplia sonrisa a pesar de que no ha pegado ojo en toda la noche. Helena se acerca a él y le abraza, necesita sentir su constante contacto.

Ray les espera apoyado en el coche frente a la puerta del hospital para llevarles a casa. Cuando llegan al ático, Samuel la coge en brazos y sube las escaleras para llevarla a la suite.

–          Puedo caminar, no me han dejado de funcionar las piernas. – Le dice Helena divertida por la manía de Samuel de llevarla en brazos.

–          Lo sé, pero me gusta mimarte y me gusta aún más tenerte entre mis brazos. – Le responde Samuel divertido. La deja con cuidado sobre la cama y añade: – Y ahora tienes que hacerle caso al doctor y guardar reposo.

–          ¿No vas a quedarte conmigo?

–          No pienso salir de casa, cariño. – Le asegura Samuel. – Voy a llamar a Alberto y Cristina para decirles que ya estamos en casa, también llamaré a Laura para que se quede tranquila y creo que deberíamos llamar a tu hermano y a los míos. – Helena resopla y se acomoda en la cama, no está preparada para todo lo que se le viene encima. – No te preocupes, yo me ocuparé de todo.

–          Samuel, no estoy preparada para contar lo que ha pasado una y otra vez. Solo quiero pensar en ello lo menos posible y olvidarlo. – Le confiesa Helena. – Creo que le voy a hacer caso al doctor y me voy a tomar unos días de vacaciones.

–          Me parece una buena idea, ¿dónde quieres que vayamos?

–          ¿Los dos? – Pregunta Helena desconcertada.

–          Sí, los dos. – Confirma Samuel. – Ya te he dicho que no pienso separarme de ti, mi princesa guerrera. – La besa levemente en los labios y añade: – Tú piensa dónde quieres ir mientras yo voy a hacer unas llamadas y a hablar con Ray.

–          Tú también necesitas descansar.

–          Después de comer nos echamos juntos la siesta.

–          De acuerdo, pero yo me encargo de llamar a mi hermano y a Laura. Creo que será lo mejor.

–          Dile a tu hermano que venga a cenar con Sarah, yo llamaré a Álvaro y le diré que venga con Noelia. Lo aclaramos todo y mañana nos vamos a donde tú quieras. – Le dice Samuel besándola de nuevo en los labios. – Voy a pedirle a Rosa que prepare la comida, ¿qué te apetece comer?

–          ¿Podemos pedir comida china? – Le pregunta Helena sonriendo con travesura.

–          Claro que sí, ¿pido lo de siempre?

Helena asiente con la cabeza y Samuel vuelve a besarla antes de salir sonriendo de la suite, le gusta ver sonreír de esa manera tan suya a Helena y le contagia la sonrisa.

Helena decide llamar primero a Laura, con ella será más fácil hablar que con su hermanos Ramiro, ya que Laura sabe todo sobre su relación con Samuel, o al menos casi todo. Helena se limita a decirle que está bien, que el médico le ha aconsejado reposo y que tiene previsto marcharse unos días de vacaciones con Samuel. Promete llamarla todos los días y mantenerla al corriente y también le pide que hable con Silvia y le diga que cuando regrese de sus días de vacaciones quedará con ella y hablarán para solucionarlo.

Después de colgar a Laura, Helena decide llamar a su hermano Ramiro. Con él la conversación es más difícil de dirigir, pero decide empezar por el principio. Le explica su relación con Samuel, los dos encuentros que tuvo con Carla (en la inauguración del rascacielos de Jorge y en el portal de su casa) y por último le cuenta su rápido secuestro y su aún más rápida liberación. Ramiro no da crédito a sus oídos y no deja de hacerle preguntas sin dejar que Helena conteste a ninguna, así que se ve obligada a interrumpirle diciendo:

–          Ven a cenar con Sarah esta noche, Álvaro y Noelia también estarán y os lo contaremos todo.

–          Está bien, nos vemos a la hora de la cena. – Acepta Ramiro.

Mientras tanto, Samuel llama a Álvaro y, tras hacerle un breve resumen de lo ocurrido, lo invita a cenar, a él y a su cuñada Noelia, y le promete que se lo explicará todo. Después hace lo mismo con Sarah, a quién le dice que Helena también ha llamado a Ramiro para invitarlo a cenar. Una vez resuelto el asunto de las llamadas a la familia, Samuel se encierra en el despacho con Ray, que tiene que hablar con él.

–          Espero que sea importante, no quiero dejar a Helena sola. – Le dice Samuel agotado.

–          Lo es. – Le contesta Ray. – La masía tenía un sistema de video vigilancia y hemos podido acceder a la grabación del sótano, creo que deberías verlo.

Samuel asiente con la cabeza y se sirve un vaso de agua con hielo mientras Ray se encarga de encender el DVD y reproducir el vídeo. Samuel presta atención y descubre todo lo que ocurrió anoche en el sótano de aquella masía abandonada. No puede creérselo, está furioso e iracundo con Eduardo Vidal, ahora sabe que es él quién está detrás de todo esto y tiene las pruebas para demostrarlo.

–          Con esta prueba a Vidal le pueden caer de tres a cinco años, pero por buena conducta pueden rebajar la condena a la mitad, por lo que no cumplirá más de dos años y medio en el mejor de los casos. Eso sumado al poder económico que tiene, puede que llegue a un acuerdo con la fiscalía y ni siquiera entre en prisión. – Le informa Ray. – Unos amigos me deben un favor y se van a encargar de vigilarle para estar al corriente de todos sus movimientos, aunque no debemos descartar vuestra seguridad.

–          De momento quiero tenerlo vigilado, pero hablaré con Helena cuando esté más tranquila antes de tomar una decisión definitiva. – Le dice Samuel agotado. – No entiendo por qué no me ha dicho nada de esto, le dijeron que iban a violarla y matarla y no ha dicho nada a nadie, ni siquiera a mí.

–          Eres al único que le ha contado que recibió la visita de Eduardo Vidal, tal vez solo quiere protegerte y evitar que te sientas aún más culpable. – Opina Ray. – Helena es más fuerte de lo que parece.

Samuel se despide de Ray y, tras ordenarle que le mantenga al corriente de cualquier novedad, se dirige a la cocina donde Rosa está sirviendo en dos platos la comida china que ha encargado por teléfono. Samuel lo coloca todo en una bandeja y lo sube a la suite, donde Helena lo espera tumbada en la cama vestida con su diminuto pijama.

–          Traigo comida china para la señorita López, espero que tenga hambre. – Le dice Samuel entrando en la suite con la bandeja de comida y tratando de sonreír para no alertar a Helena.

–          Estoy hambrienta. – Le confirma Helena.

–          Pues a comer. – Le ordena Samuel dejando la bandeja sobre una mesa auxiliar. – ¿Has hablado con tu hermano?

–          Sí, le he pedido que venga a cenar esta noche con Sarah para explicarle todo… – Le dice Helena con un hilo de voz.

–          ¿Qué pasa, Helena?

–          Nada, es solo que creo que lo mejor es mantener a todo el mundo al margen de todo esto, no quiero que se vean involucrados.

–          Cariño, no podemos hacer como si nada de esto hubiera pasado. – Samuel la agarra por la cintura y Helena se coloca sobre su regazo. – ¿Ya has decidido a dónde nos vamos de vacaciones?

–          Aún no, ¿alguna sugerencia?

–          ¿Qué te parece si vamos a Cadaquès? Tengo una pequeña casa a pie de playa, no tiene las mismas comodidades que el ático, pero estoy seguro de que te encantará.

–          Suena muy bien.

–          Pues ya está decidido. Ahora a comer y a descansar. – Le dice Samuel con ternura.

Después de comer, Samuel baja la bandeja con los platos vacíos a la cocina y regresa a la suite para echarse una siesta con Helena. Ambos necesitan descansar y por la noche recibirán la visita de sus hermanos.

Tres horas más tarde, Helena abre los ojos y se encuentra con la mirada de Samuel, que le dedica una amplia sonrisa nada más despertar. Helena lo abraza y él la rodea con sus brazos al mismo tiempo que la coloca sobre él y le acaricia la espalda con delicadeza.

–          Me estás malacostumbrando. – Le advierte Helena sonriendo.

–          Me gusta mimarte y el doctor me ha aconsejado que lo hiciera. – Se defiende Samuel bromeando. Helena se coloca a horcajadas sobre él y se quita la camiseta. – Nena, vas a volverme loco.

Samuel le devora la boca y la estrecha contra su cuerpo. La besa y la acaricia en cada centímetro de piel, adorándola como si fuera una diosa. Le hace el amor despacio y con ternura y, cuando alcanzan juntos el clímax, Samuel la abraza y le susurra al oído:

–          Se supone que debes guardar reposo, pero eres una tentación irresistible.

Helena le sonríe y le abraza con más fuerza, se siente feliz, segura y relajada entre los brazos de Samuel, su ogro gruñón convertido en príncipe.

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