Una tentación irresistible 22.

Una tentación irresistible

El trayecto en coche dura apenas diez minutos en los que ninguno de los dos dice nada. Samuel aparca el coche en su plaza de parking del rascacielos y Helena respira aliviada, sabe que eso significa que hoy también pasará la noche con él.

Entran en el ático sin haberse dicho ni una sola palabra y Samuel se dirige a la cocina, donde se sirve un vaso de wiski y se lo bebe de un solo trago. Helena lo observa sin decir nada, el rostro de Samuel es indescifrable y no sabe cuál será su reacción, pero está segura de que va a haber una reacción. Se acerca a él despacio, coge la botella de wiski que Samuel ha dejado sobre la encimera, rellena el vaso de Samuel y se sirve un vaso para ella que se bebe de un trago. Samuel la observa durante unos segundos y después se pasa las manos por la cabeza y las entrelaza en la nuca al mismo tiempo que resopla.

–          Dime algo, Samuel. – Le reprocha Helena. – Joder, enfádate, ríete o indígnate, pero no te quedes callado, por favor.

Samuel suspira profundamente tratando de relajarse y rodea con sus brazos a Helena por la cintura, atrayéndola hacia a él para abrazarla.

–          Perdóname, nena. – Le susurra al oído. La besa en la frente con ternura y la guía hacia el salón, donde le dice tras sentarse en el sofá y colocarla sobre su regazo: – Nena, no creo que sea capaz de quedarme de brazos cruzados como he hecho hoy.

–          ¿A eso le llamas quedarte de brazos cruzados? – Se mofa Helena.

Samuel la mira molesto, él no tiene ganas de bromear. Está furioso, le hubiera gustado dejarle claro al maldito arquitecto que se olvidara de Helena porque ahora estaba con él, pero no podía porque ella le había pedido que fueran discretos con su relación. Al principio le pareció buena idea, entendía que Helena necesitaba tomarse su tiempo ya que hacía poco que acababa de salir de una relación y mientras se tomaba su tiempo, él tenía previsto enamorarla. Pero después de lo que había ocurrido esta noche, Samuel no estaba dispuesto a volver a quedarse de brazos cruzados mientras otro trataba de robarle a su chica en su cara.

–          Esto no puede seguir así, Helena. Todo se está complicando demasiado y yo no…

–          No te preocupes, no pasa nada Samuel, lo entiendo. – Le interrumpe Helena intentando ponerse en pie, pero Samuel se lo impide.

–          ¿Qué es lo que entiendes? – Le pregunta Samuel volviéndola a abrazar, esta vez con más fuerza para que no se escape.

–          Entiendo que mi vida está patas arriba y que no quieras verte arrastrado por el huracán que la azota en este momento. Se suponía que debíamos disfrutar el uno del otro y, si ha dejado de ser así, entiendo que quieras recuperar la vida que tenías antes de mí.

–          No has entendido nada. – Confirma Samuel. – Helena, quiero estar contigo, pero sin tener que esconderme de nadie, no quiero tener que contener mis ganas de abrazarte o besarte como he tenido que hacer esta noche.

Helena le mira con ternura y lo besa en los labios. Se alegra de que Samuel no quiera dejarla, pero lo que acaba de decirle también la asusta en cierto modo. Por eso, tras pensarlo durante unas décimas de segundo, le propone:

–          Solo dos meses, si pasado ese tiempo aún no te has cansado de mí, entonces volvemos a hablarlo.

–          Un mes. – Negocia Samuel.

–          De acuerdo, un mes. – Acepta Helena. – El uno de septiembre, volvemos a hablar de ello.

–          El uno de septiembre lo haremos público. – La corrige Samuel. Se pone en pie sosteniendo a Helena en brazos y le susurra al oído: – Es hora de irse a dormir, nena. Ha sido una noche larga y tenemos que descansar.

Samuel la lleva en brazos a la suite y la deja sentada sobre la cama para desnudarla. Helena le sonríe, sabe qué viene ahora y lo desea. Samuel se toma su tiempo en deshacerse de la ropa de ella y después de la suya propia. Helena se tumba en la cama y Samuel se coloca sobre ella, acariciando cada recoveco de su piel con adoración. La besa en los labios y desciende sus labios por su garganta para seguir la fina marca de su clavícula hasta llegar a su hombro izquierdo y retrocede hasta regresar a sus pechos. Se entretiene besando, lamiendo, succionando y mordiendo los pezones hasta que se ponen duros y Samuel decide seguir descendiendo. Rodea con su lengua el ombligo de Helena y ella alza las caderas lanzando un suave gemido, haciéndole saber lo que quiere. Samuel sonríe y desaparece entre sus piernas para deleitarse con su placer. Cuando ya no puede más, Helena lo agarra de la cabeza y, cuando logra conseguir la atención de Samuel, le dice:

–          Quiero tenerte dentro.

Samuel sonríe, la besa en los labios y la penetra de una sola estocada. Ambos gimen y sus cuerpos se estremecen de placer. Entra y sale de ella despacio, marcando un ritmo lento y sensual que les lleva a ambos al límite. Cuando está punto de alcanzar el clímax, Helena lo mira a los ojos y sabe que le está haciendo el amor, es su manera de hacerle saber que va en serio. Ambos culminan a la vez y Samuel se deja caer a un lado de la cama arrastrando a Helena con él para dejarla a ella encima y no aplastarla.

A la mañana siguiente cuando Helena se despierta, lo primero que ve al abrir los ojos es la sonrisa de Samuel, que la besa en los labios antes de decirle:

–          Buenos días, preciosa.

–          Buenos días. – Le susurra Helena estrechándose contra el cuerpo de Samuel.

Después de comer, Samuel lleva a Helena a su casa. Helena ha quedado con Laura para cenar y tiene que prepararlo todo. Samuel ha aceptado la decisión de Helena a regañadientes, pero Helena ha tenido que prometerle que le llamará en cuanto Laura se haya ido y él irá a buscarla. No ha consentido de ninguna manera que Helena se quedara sola en su casa y, cuando le ha amenazado con dejar a Ray en la puerta de su casa toda la noche, Helena ha aceptado que viniera a buscarla para llevarla al ático de Samuel. Helena se está empezando a preocupar por la insistencia de Samuel en protegerla, pero cuando le ha preguntado si había averiguado algo nuevo sobre el 4×4 blanco que merodeaba por los alrededores de su casa, Samuel se ha limitado a contestarle que no tenía nada por lo que preocuparse. Eso había preocupado más a Helena.

Laura llega a casa de Helena a las siete de la tarde y trae con ella una botella de vino y otra de tequila. Helena ha preparado una lasaña casera que ha puesto en el horno para que se vaya haciendo mientras ellas hablan en el salón y se toman una copa de vino.

–          Dímelo, te lo has tirado ya, ¿verdad? – Le pregunta Laura con una sonrisa traviesa en los labios. – Cuéntamelo todo desde el principio.

–          Coincidimos en la inauguración del rascacielos de Jorge, él ha comprado el ático. – Le empieza a decir Helena. – El caso es que yo quería ver el ático terminado y Jorge convenció a Samuel para que me lo enseñara cuando me fui al baño. Tendrías que haber visto la cara de Samuel cuando regresé del baño y me vio. Estuvimos más de una hora viendo el ático y no discutimos en ningún momento. Pero cuando regresamos al hall del edificio nos topamos con Carla nada más salir del ascensor.

–          ¿Quién es Carla?

Helena le explica lo poco que sabe de Carla, que es uno de los últimos ligues de Samuel, que está algo loca y que es una modelo pija y superficial. También le cuenta que la semana anterior la había esperado en el portal para amenazarla y que desde entonces ha estado viviendo en el ático con Samuel. Helena le cuenta lo que ocurrió con Lucas la noche del cumpleaños de Helena y cómo al día siguiente Samuel le había propuesto que se fuera con él a Barcelona. Se lo cuenta todo, incluso el periodo de prueba de un mes que han acordado antes de hacer pública su relación. Laura también le cuenta que desde que volvió a coincidir con Miguel en el cumpleaños de Noelia le ha llamado por teléfono todos los días y que ayer quedaron para ir a cenar antes de reunirse con los demás en el Queen.

–          Me encanta, es tan caballeroso. – Comenta Laura. – Cuando se despidió de mí lo hizo con un beso en los labios tan romántico que estuve a punto de invitarle a subir a casa y dejar salir a la niña traviesa que llevo dentro. Pero me gusta y puede ser el candidato para el puesto de príncipe azul que busco, así que quiero ir despacio y hacer bien las cosas.

–          ¡Vaya dos! – Exclama Helena divertida. – Hace dos meses tú no creías en el amor y ahora has encontrado al príncipe azul, yo hace dos meses decía que no volvería a tener una relación estable en mi vida y ahora… Y ahora creo que estoy enamorada.

–          Por nosotras. – Brinda Laura tras servir dos vasos de tequila y terminar la botella.

También hablan de Silvia. Según le cuenta Laura, ella también se enfadó con Silvia cuando llegó al Queen con Jorge. Laura trata de quitarle importancia al asunto diciendo que Silvia solo hacía lo que creía que era mejor para ella, pero Helena está demasiado dolida por la traición de su amiga y de momento se niega a hablar con ella, necesita tiempo para que se le pase el enfado antes de hablar con Silvia, por eso no ha contestado a ninguna de las muchas llamadas que le ha hecho a lo largo del día.

A las doce de la noche están bastante achispadas y Helena decide llamar a Samuel para que vaya a buscarla y así llevar también a Laura a su casa, a pesar de que vive a tres manzanas de allí, pero Helena no quiere que se vaya sola a esas horas y medio borracha. Samuel llega a casa de Helena y se sorprende cuando ella lo invita a subir en lugar de bajar. Samuel entra en el piso y se encuentra allí con Helena y Laura, sentadas en el sofá y riendo alegremente.

–          Buenas noches. – Las saluda algo confuso, sin entender por qué Helena le ha pedido que subiera si Laura todavía estaba allí.

–          Buenas noches, ogro gruñón. – Bromea Laura dándole dos besos en la mejilla. – Espero que no te importe acercarme a casa.

Samuel intercambia una mirada con Helena y ella le sonríe divertida antes de saludarlo con un beso en los labios.

–          Nena, ¿has bebido mucho? – Le pregunta Samuel extrañado porque le haya besado delante de Laura.

–          Sí, hemos bebido bastante, pero no hace falta ser muy listo para darse cuenta de la tensión sexual que hay entre vosotros, era inevitable que tarde o temprano acabarais juntos. – Interviene Laura.

Samuel sonríe feliz, que Helena le haya contado a Laura que están juntos es un paso adelante y por lo tanto una buena noticia.

Laura le da las indicaciones correctas a Samuel para que la deje en casa. Se despiden de ella y Helena le dice que la llamará al día siguiente, aún tienen muchas cosas de las que hablar. Samuel conduce de regreso al ático y, cuando entran en el ascensor, ya no puede más y coge a Helena en brazos, agarrándola por los muslos y haciendo que Helena le rodee la cintura con sus piernas. La besa en los labios apasionadamente y con urgencia, con verdadera necesidad. Se ha vuelto un adicto al contacto con ella y el simple hecho de pasar lejos de ella unas horas para él es una auténtica tortura. Las puertas del ascensor se abren y Helena le susurra cuando lograr despegar sus labios de los de él:

–          Será mejor que vayamos a la habitación.

Samuel le dedica una sonrisa y la lleva en brazos a la habitación, ansioso por continuar con lo que estaban haciendo. Se desnudan el uno al otro con urgencia, poseídos por el deseo de unir sus cuerpos. De nuevo esta noche, Samuel le hace el amor como la noche anterior, con absoluta adoración y devoción.

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