Una tentación irresistible 21.

Una tentación irresistible

Tras pasar juntos toda la semana en el ático, el sábado por la tarde Samuel lleva a Helena a su casa para que Ramiro pase a buscarla y la lleve a casa de los Ferreira. Samuel ha insistido en ir juntos a esa cena y ha alegado que no se ve capaz de tenerla al lado y no poder besarla ni acariciarla, pero Helena se ha mantenido en sus treces y no ha cambiado de opinión. Helena no puede negar que Samuel se ha convertido en el hombre perfecto para ella, pero todo está sucediendo tan rápido que no sabe qué pensar. Por lo poco que sabe sobre Samuel, él siempre ha sido un mujeriego y nunca le han interesado las relaciones estables, ¿por qué con ella iba a ser distinto? Ella acababa de salir de una relación de diez años que, aunque le había dado muy buenos momentos, no la había llenado por completo. Lo había pasado mal los últimos meses y lo había pasado peor cuando los demás intentaban consolarla, no quería volver a pasar otra vez por lo mismo y mientras los demás no supieran nada nadie podría intentar consolarla, era una manera bastante peculiar de protegerse, aunque no hubiera probado su eficacia.

Subida en el coche de su hermano Ramiro de camino a casa de los Ferreira, Helena recibe un mensaje se Samuel en su teléfono móvil: “Estoy deseando verte, nena. No tardes en llegar”. Helena mira de reojo a su hermano, que conduce concentrado en la carretera, y responde al mensaje de Samuel: “Apenas hace dos horas que nos hemos visto y ¿ya me echas de menos? No tardaremos en llegar, ya estamos de camino”. Helena guarda el teléfono en su bolso y mira por la ventanilla del coche. Los padres de Samuel viven en una urbanización a las afueras de la ciudad, en una casa de dos plantas con jardín, piscina y garaje de cinco plazas.

–          Menuda choza. – Murmura Ramiro al salir del coche.

Sarah sale a recibirlos y, tras saludarles, les hace pasar al interior de la casa y les guía por el pasillo hasta llegar al salón, donde la familia Ferreira al completo les espera. Sarah toma las riendas de la situación y hace las pertinentes presentaciones:

–          Papá, mamá, ellos son Helena y Ramiro. – Se vuelve hacia a los invitados y les dice sonriendo alegremente: – Os presento a mi padre Fernando y a mi madre Sofía.

–          Encantados de conocerles. – Dicen al unísono Helena y Ramiro.

Sofía es la primera en saludarles plantándoles un beso en la mejilla a cada uno. Fernando hace lo propio con Helena y después le da la mano a Ramiro. Álvaro y Noelia también se acercan a saludarles mientras Samuel espera con paciencia a que llegue su turno. Primero saluda a Ramiro estrechándole la mano y luego se acerca a Helena con una sonrisa divertida en los labios y le dice burlonamente:

–          Si tenemos aquí a la princesa de las guerreras. – La besa en la mejilla y aprovecha para susurrarle al oído sin que nadie más que ella le escuche: – Nena, estás preciosa.

Helena le mira con lujuria en los ojos y Samuel tiene que apartar la mirada y separarse de ella para no cogerla en brazos y llevársela al ático. Había pensado que sería divertido verla cenando en casa de sus padres, pero lo cierto es que ahora se arrepentía de no haberse quedado a solas con ella y pasar la noche haciendo el amor en el jacuzzi de la terraza.

Sofía se comporta como la perfecta anfitriona, les invita a sentarse y les ofrece una copa mientras les hace las típicas preguntas que una madre quiere saber sobre su posible futura familia política. Quería saber a qué se dedicaban sus padres, a qué se dedicaba Ramiro y también quería saber más cosas de Helena, pues a Sofía no se le habían pasado por alto los constantes intercambios de miradas entre ella y su hijo Samuel.

La velada transcurre con normalidad y tanto Fernando como Sofía se interesan por el trabajo que Helena está haciendo con Loco y los resultados que ha obtenido. Helena les explica con alegría todos los avances que ha conseguido con la ayuda de Gabriel, que en su ausencia ha continuado con el entrenamiento.

–          Hablas de Loco con el mismo entusiasmo que mi hijo Javier, a él también le brillaban los ojos y se emocionaba cuando hablaba de ese caballo. – Comenta Sofía con ternura. – A Javier le habría encantado conocerte, os habríais llevado muy bien.

–          Helena, el lunes nos trasladamos a Barcelona definitivamente y nos gustaría llevarnos con nosotros a Loco. – Le dice Noelia. – Nos dijiste que tu abuelo tiene una hípica y hemos pensado que Loco estaría muy bien cuidado allí y cerca de todos para poder ir a visitarles.

–          Es una idea fantástica. – Confirma Helena.

A Samuel no le hace tanta gracia la idea, no quiere que Helena siga montando a ese caballo porque no se fía de él y se lo hace saber con una mirada de desaprobación. Helena sonríe con picardía y pregunta:

–          ¿Puedo utilizar el baño?

–          Por supuesto, querida. – Le responde Sofía y, volviéndose hacia su hijo, añade: – Samuel por favor, acompaña a Helena.

Samuel le da gracias en silencio a su madre y le hace un gesto a Helena para que le siga. En cuanto salen al pasillo, Samuel la abraza desde la espalda y la besa en el cuello. Tan solo ha pasado unas horas sin ella pero a Samuel le parecía que habían pasado años desde entonces. Helena sonríe relajada entre los brazos de Samuel y tiene que recordarle que necesita ir al baño y que se supone que él debe acompañarla. A regañadientes, Samuel la guía hasta la puerta del baño y la espera en el pasillo. Cinco minutos más tarde, regresan al salón donde el resto les espera tomando una copa para bajar la cena.

A medianoche dan por finalizada la velada y se despiden de Fernando y Sofía. Sarah propone ir al Queen, ha quedado allí con Laura y Miguel y también estarán Silvia y Héctor. Todos aceptan de buen grado la proposición de Sarah, todos excepto Samuel que solo quiere irse a casa y ser el único que disfrute de la compañía de Helena, pero sabe que Helena lleva días sin ver a sus amigas y muestra su mejor sonrisa.

–          Helena, ¿vienes con nosotros? – Le pregunta Ramiro señalándole el coche.

–          No, voy con el ogro gruñón y así no va solo. – Le responde Helena con naturalidad.

Helena se sube al coche de Samuel y se sienta en el lugar del copiloto sin decir nada hasta que Samuel arranca el motor del coche y empieza a conducir hacia el Queen. Entonces Helena le pregunta al verlo tan serio:

–          ¿Estás enfadado conmigo?

–          Claro que no. – Le responde Samuel apartando la vista de la carretera para dedicarle una amplia sonrisa. – Tan solo estoy concentrado en la carretera.

Helena sabe que le está mintiendo y que hay algo que le preocupa, pero sabe que Samuel no se lo dirá hasta que él lo considere oportuno, por lo que no insiste en preguntar.

Cuando llegan al Queen, se encuentran con Laura, Miguel, Héctor, Silvia y también con Jorge, que frunce el ceño al ver entrar a Helena con Samuel. Helena se sorprende al ver allí a Jorge, a su ex nunca le ha gustado ir al Queen, por lo que no entiende qué hace aquí. Todos se saludan con educación, pero la situación es bastante tensa. Helena no necesita que nadie le diga nada como para saber que la idea de invitar a Jorge al Queen ha sido de Silvia y la mira con reproche. Jorge se acerca a Helena, la besa en la mejilla con dulzura, la separa un par de metros de sus amigos y le dice:

–          Me alegro de verte, aunque no esperaba que aparecieras con él.

–          No vengo solo con él, vengo con más gente pero, aunque viniera solo con él, eso no sería asunto tuyo. – Le responde Helena a la defensiva.

–          Dime una cosa, ¿ya lo conocías cuando subiste con él al ático? – Helena le sostiene la mirada desafiándole y Jorge continúa hablando: – Sí, claro que lo conocías.

–          Jorge, ¿qué estás haciendo aquí? – Le pregunta Helena agotando su paciencia.

–          Te echo de menos, Helena. – Contesta Jorge. – Puede que últimamente los dos estuviéramos algo estresados y necesitáramos nuestro espacio de tiempo, pero todo eso ya ha pasado y deberíamos volver a estar juntos.

–          Jorge por favor, no sigas… – Le ruega Helena.

–          ¿Por qué? Si estoy aquí es porque Silvia me ha dicho que no estás bien, que no eres feliz, Helena.

–          Está claro que Silvia no tiene ni puta idea de cómo estoy, de lo contrario no te hubiera invitado. – Le reprocha Helena molesta por su intrusión. – En ocho años que hemos estado viviendo juntos no has aparecido por el Queen ni una sola noche, pese a que muchas veces te he insistido en que me acompañaras, llegas tarde Jorge. Llegas muy tarde.

–          Escúchame bien, Helena. – Le espeta Jorge furioso agarrándola con fuerza por el brazo. – Volverás a mí, tarde o temprano volverás. Tu amigo es un mujeriego al que le acojona la palabra compromiso, cuando se canse de ti se buscará a otra y tú vendrás llorando, pero entonces será tarde para ti.

Helena lo mira y no lo reconoce, esa no es la persona con la que ha compartido los últimos diez años de su vida y si lo es, está claro que no lo conocía en absoluto.

–          Aléjate de mí, Jorge. – Le espeta Helena furiosa.

Samuel, que no les ha quitado la vista de encima en ningún momento, se acerca a ellos en cuanto ve que Jorge la agarra del brazo y, agarrando a Helena por la cintura para colocarla detrás de él y alejarla de Jorge y, con una furia en los ojos que asusta hasta a la propia Helena, le dice con tono severo:

–          Ya la has escuchado, espero no tener que ser yo quien te lo repita porque no seré tan amable como ella.

Jorge los mira con desprecio y, sin decir nada ni despedirse de nadie, se marcha. Helena suspira aliviada y Samuel le pregunta:

–          ¿Estás bien, Helena?

Helena lo primero que piensa es que no le ha llamado nena. Levanta la vista para mirarle a los ojos, pero el rostro de Samuel es indescifrable y no consigue averiguar si está enfadado, molesto o tan solo preocupado.

–          ¿Pero qué cojones ha pasado? – Pregunta Ramiro, que justo entraba por la puerta cuando Samuel se ha encarado con Jorge. Echa un rápido a Samuel sin entender nada y le pregunta a su hermana: – Helena, ¿te encuentras bien?

–          Sí, no pasa nada. – Responde Helena forzando una sonrisa.

–          Helena… – Le dice Silvia con un hilo de voz acercándose a Helena.

–          No Silvia, no quiero escucharlo. – La interrumpe furiosa. – No me puedo creer que le hayas invitado a mis espaldas.

–          Helena, yo solo quería que…

–          ¿Qué? ¿Qué lo arreglásemos? – Le grita Helena. – No voy a volver con Jorge, será mejor que empieces a asimilarlo.

–          Silvia solo creía que te estaba ayudando, no hace falta que le hables así. – Le reprocha Héctor defendiendo a su chica.

–          No os he pedido ayuda, aunque a todos os cueste entenderlo, estoy bien. – Le replica Helena. – O al menos lo estaba hasta hace unos minutos.

–          Oye, ¿ese no era el arquitecto del rascacielos donde has comprado el ático? – Le pregunta Sarah a Samuel.

–          Sí, Sarah. – Le responde Samuel con desgana. Se vuelve hacia a Helena y, con un tono de voz despreocupado, le pregunta: – ¿Quieres que te lleva a casa?

–          Por favor. – Le ruega Helena.

Todos les miran sorprendidos, por primera vez les ven hablarse como dos personas adultas y maduras, sin discutir ni lanzarse pullas, pero ninguno de ellos se atreve a comentar nada. Laura solo tiene que sumar uno más uno para darse cuenta de lo que ocurre, sobre todo después de que su amiga le confesara la atracción que sentía por Samuel.

–          Mañana cenamos juntas, tienes muchas cosas que contarme. – Le dice Laura a Helena cuando se despide de ella. Se acerca más y le susurra: – Me muero de ganas de que me cuentes cómo es el ogro gruñón en la cama.

Helena se echa a reír al escuchar el comentario de su amiga. Tras asegurarle a Laura que mañana cenarán juntas, Helena se despide del resto de sus amigos y sale del pub seguida de Samuel.

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