Una tentación irresistible 20.

Una tentación irresistible

Después de pasar la noche haciendo el amor en el jacuzzi de la terraza y en la cama, ambos se quedan dormidos en los brazos del otro. Cuando Helena se despierta son más de las diez de la mañana y no hay ni rastro de Samuel en la habitación, tampoco se oye ningún ruido procedente del baño. Recordando que Rosa vive allí y que es posible que Ray también esté de visita, Helena decide ponerse un batín de seda, que le cubre más que la estrecha camiseta de tirantes y el culote que hace servir de pijama, antes de salir de la habitación en busca de Samuel. Nada más bajar las escaleras se encuentra con Rosa que sale de la cocina haciendo malabarismos con una bandeja llena de tazas de cafés para que no caiga.

–          Buenos días, Helena. – La saluda Rosa amablemente. – Dame un minuto y enseguida te preparo el desayuno.

–          Buenos días, Rosa. – Saluda Helena y añade sonriendo: – No te preocupes, yo misma lo preparo.

Helena entra en la cocina sonriendo, pensando que no recuerda la última vez que alguien le dijo que en un minuto le preparaba el desayuno. Cree recordar que se lo dijo su madre antes de empezar el instituto y un sentimiento de nostalgia la invade. Echa de menos aquellos días en que sus problemas se arreglaban pidiendo ayuda a su madre o a su padre y que ahora tan solo trata de evitar que ellos se preocupen por nada. Ahora era Samuel quién insistía en ocuparse de solucionar sus problemas y, aunque ya era lo suficiente adulta y madura como para afrontarlos por sí sola, a Helena le gustaba la sensación de paz que la actitud de Samuel le concedía. Sabía que debería haberse dirigido al despacho de Samuel donde casi con total seguridad estará reunido con Ray hablando sobre el incidente con Carla, pero Helena primero necesitaba tomarse un vaso de Nesquik antes de enfrentarse al mundo.

–          Buenos días, nena. – Le saluda Samuel abrazándola desde la espalda mientras ella se sirve un vaso de leche y añade los polvos de cacao. – ¿Has dormido bien?

–          Mejor que nunca. – Le responde Helena dando media vuelta para quedar frente a él y poder mirarle a los ojos. – Tú apenas has dormido.

Samuel la besa en los labios con ternura, rodea el rostro de Helena con sus manos y, tras besarla de nuevo, le dice:

–          Nena, tengo una reunión importante dentro de tres horas y no puedo faltar.

–          No te preocupes, yo tenía previsto ir a ver a mis padres antes de regresar a Blanes.

–          No vas a regresar a Blanes. – Sentencia Samuel. Helena levanta las cejas sin creerse lo que acaba de oír y Samuel intenta arreglarlo. – Helena, solo te pido que esperes a que regrese de la reunión esta tarde. Si quieres ir a Blanes iremos a Blanes, pero deja que te acompañe, ¿de acuerdo?

–          ¿Tengo otra opción? – Le pregunta Helena con sarcasmo.

–          Sí, la otra opción es que te acompañe Ray. – Le contesta Samuel burlonamente. – Le he dicho a Cristina que venga a hacerte compañía, así no te aburrirás mientras estoy fuera.

–          Yo también quiero salir, no quiero quedarme encerrada. – Le replica Helena haciendo un mohín digno de una niña de cinco años.

–          Si decidís salir, Ray os acompañará y no es discutible, Helena. – Le advierte Samuel con el semblante serio. – El 4×4 blanco no es del padre de Carla y aún no hemos averiguado de quién es.

–          Vale, seré buena, te lo prometo.

–          Perfecto. – Sonríe Samuel. La besa en los labios de nuevo, sin poderlo resistir, y se despide de Helena. – Te llamaré más tarde para asegurarme de que todo va bien, pero llámame si necesitas cualquier cosa, ¿de acuerdo, nena?

Helena asiente con la cabeza y Samuel sale de la cocina. Lo escucha hablar en el hall con Ray y con otro hombre al cual no reconoce por la voz. Rosa entra en la cocina y le sonríe con dulzura. Insiste en prepararle algo para comer pero Helena le dice que con el Nesquik tiene suficiente por el momento. Cuando se bebe su Nesquik, Helena se levanta dispuesta a ayudar a Rosa a recoger la cocina, pero Rosa no se lo permite:

–          Ve a ducharte y vestirte, yo me encargo de recoger. – Le dice Rosa con cariño. Helena suspira resignada y Rosa añade. – No te enfades con él, le importas y solo quiere ayudarte. Puede que sea un poco mandón y un gruñón, pero todo lo que está haciendo es porque se preocupa por ti.

–          Lo sé, pero tengo la sensación de que tarde o temprano acabaré sufriendo. – Murmura Helena pensando en voz alta mientras sale de la cocina y sin darse cuenta que Rosa la ha escuchado.

Helena entra en la habitación de invitados, se da una ducha y se pone un short tejano y una camiseta de tirantes, hace un día espectacular y no piensa quedarse encerrada en el ático de Samuel por mucho que le guste. Cuando Helena baja las escaleras se encuentra a Cristina en la cocina tomándose un café con Rosa.

–          Buenos días, Helena. – Saluda Cristina besando a Helena en las mejillas.

–          Yo os dejo tranquilas mientras me voy a hacer la compra. ¿Os quedaréis a comer? – Les pregunta Rosa con su habitual tono cariñoso y amable.

–          Gracias Rosa, pero comeremos fuera. – Responde Helena. Se vuelve hacia Cristina y le pregunta: – ¿Salimos a dar una vuelta?

Cristina asiente con la cabeza y ambas salen a la calle. Caminan en silencio por la plaza Europa y se sientan en uno de los bancos de madera. Cristina se da cuenta de lo incómoda y tensa que parece estar Helena, así que decide romper el hielo:

–          ¿Cómo estás?

–          No lo sé. – Le responde Helena con franqueza. – Creo que Samuel está exagerando con todo esto, pero tampoco tengo fuerzas para discutir con él. – Helena se fija en una silueta a pocos metros de ellas y la reconoce con facilidad, poca gente tiene esa corpulencia enorme. – ¿Has avisado a Ray para que nos acompañe?

–          Creía que Samuel ya te había dicho que Ray sería nuestra sombra.

–          Exagerar es poco, Samuel se ha vuelto loco. – Protesta Helena.

–          Te aseguro que Samuel es una persona muy cuerda, pero se vuelve completamente irracional cuando se trata de ti. – Le dice Cristina. – No sé qué clase de relación tenéis, pero sé que le importas y está preocupado por ti. A todo eso súmale que se siente responsable por lo de la loca de Carla y ya tienes a un psicópata.

Cristina logra hacer sonreír a Helena, la verdad es que Samuel ha pasado de ser un ogro gruñón a un hombre tierno y cariñoso con ella. Todos los que habían presenciado sus continuas pullas y discusiones se habían sorprendido y le habían dicho a Helena que no entendían por qué Samuel se comportaba así con ella, pues siempre era un caballero con las mujeres. Y de verdad era un caballero, salvo que Helena había tardado un poco más en descubrirlo.

–          Creo que eres la única persona que le hace perder el control y Samuel es un hombre a quien le gusta tenerlo todo bajo control. – Comenta Cristina. – Cuando el domingo entré en el ático y vi las dos copas de vino vacías sobre la encimera de la cocina supe que eras tú la que estaba con él. Samuel nunca lleva a ninguna mujer a su casa, es su regla de oro.

–          Pues hace un rato éramos tres en la cocina. – Bromea Helena.

–          Ya sabes a lo que me refiero, Helena. Samuel me ha amenazado con matarme si te preguntaba algo sobre lo vuestro, así que no te voy a preguntar nada, pero sí que te voy a decir que nunca había visto a Samuel tan interesado en alguien como lo está contigo.

Dicho eso, Cristina no vuelve a mencionar a Samuel. Deciden ir a pasear por el centro comercial que hay a escasos metros de distancia y las dos hablan y bromean como si fueran dos buenas amigas que han quedado para ir de compras. Eso sí, con Ray siguiéndolas a pocos metros de distancia. Samuel la llama mientras compran en las tiendas del centro comercial. Helena le asegura que está bien y le reprocha que haya enviado a Ray a perseguirlas.

–          Nena, no te está persiguiendo, te está protegiendo. – Trata de hacerle entender él.

Tras prometerle que la volverá a llamar en cuanto salga de la reunión y la irá a buscar, Samuel se despide y cuelga. A Helena se le escapa un suspiro y Cristina sonríe con disimulo.

Cuando están sentadas en el Burger King del centro comercial y comiéndose una hamburguesa, Helena recibe la llamada de teléfono de Sarah. Helena la saluda y habla con ella con naturalidad, sin mencionar a Samuel ni que está con Cristina. Sarah le cuenta que ha hablado con sus padres sobre los avances de Loco y le explica que quieren conocerla, a ella y a su hermano Ramiro. Helena trata de rechazar educadamente la invitación, pero Sarah insiste alegando que hasta a su hermano Samuel le ha parecido buena idea.

–          Sarah, te llamo mañana y te digo algo seguro. – Le dice Helena.

–          Cómo quieras, pero te aseguro que lo pasarás bien y haremos que te sientas como en tu propia casa. – Le dice Sarah. – Además, Ramiro ya me ha confirmado que vendrá.

Tras despedirse de Sarah y colgar, Helena se desahoga con Cristina. Está confundida, furiosa y, aunque se niega a reconocerlo, también está un poco entusiasmada. Si los padres de Samuel querían conocerla y él estaba de acuerdo, era una buena noticia para Helena, aunque todavía no se atrevía a confesar por qué.

Después de pasar la mañana de compras y de inflarse a comer hamburguesas, Helena y Cristina deciden regresar al ático. Ray continúa siguiéndolas a pocos metros de distancia y de vez en cuando habla por teléfono con Samuel, manteniéndolo informado de todo lo que hacen las chicas.

Mientras tanto, Samuel asiste a la reunión que tenía prevista en la oficina y después, tras evitar las preguntas de Alberto sobre dónde y con quién se mete últimamente, decide ir a hacerle una visita a Carla. La intención de Samuel es simple: solo quiere dejarle claro que no existe nada entre él y Carla y decirle que deje en paz a Helena. Pasa a buscarla por la agencia, pero le dicen que Carla lleva sin aparecer por allí desde hace diez días. Samuel decide pasar por su casa, pero el portero le dice que también lleva varios días sin verla, desde cuando una noche le dijo que iba a asistir a la inauguración de un rascacielos. Samuel se empieza a poner nervioso, no es propio de Carla desaparecer de esa manera. Cristina tampoco había podido averiguar nada, las amigas de Carla llevaban días sin saber nada de ella.

Samuel llama por teléfono a Helena y cuando le dice que está en su casa con Cristina y, cómo no, con Ray, Samuel le dice que va de camino y que no tardará en llegar. Cuando llega al ático, Ray le dice que tienen que hablar y Samuel, tras saludar a Helena con un leve beso en los labios y a Cristina con un beso en la mejilla, se encierra en su despacho con Ray.

Mientras Rosa prepara la cena en la cocina, Cristina y Helena se quedan en el salón hablando un poco más hasta que Ray y Samuel salen del despacho minutos después. Cristina se pone en pie dispuesta a marcharse y Samuel le pide a Ray que la lleve a casa.

Una vez que Helena y Samuel se quedan a solas, se miran a los ojos fijamente y Samuel se percata del desafío que muestran los ojos de Helena. La mira alzando los ojos y le pregunta:

–          ¿Quieres contarme algo?

–          Tiene gracia, iba a preguntarte lo mismo. – Le replica Helena de morros.

–          Nena, cuéntame qué te pasa. – Samuel se sienta en el sofá a su lado, la agarra de la cintura y la coloca a horcajadas sobre su regazo. – ¿Estás enfadada conmigo?

–          Solo un poco molesta. – Reconoce Helena sintiéndose más relajada entre los brazos de Samuel. – Me ha llamado Sarah, me ha dicho que tus padres nos invitan a Ramiro y a mí a cenar en su casa el sábado por la noche y que a ti te pareció buena idea cuando hace dos días te lo comentó tu madre.

–          Es verdad, se me había olvidado decírtelo con todo lo que ocurrió después. – Dice Samuel con sinceridad. – ¿No quieres ir?

–          No es eso, es solo que es bastante raro…

–          Nena, ¿qué es lo que te preocupa?

–          Nosotros. – Le confiesa Helena. – No sé si es buena idea que conozca a tus padres teniendo en cuenta nuestro… trato.

–          No quieres que nadie sepa lo nuestro, ¿no es así?

–          Ni siquiera sabemos a dónde nos va a llevar todo esto, solo te pido que nos demos un tiempo para conocernos y después ya veremos… – Le dice Helena.

–          Está bien nena, cómo tú quieras. – Le contesta Samuel abrazándola.

Se quedan abrazados en el sofá hasta que Rosa les anuncia que la cena ya está lista y pasan a cenar a la cocina.

Después de cenar, le dan las buenas noches a Rosa y se dirigen a la habitación de Samuel, donde se encierran y se meten en la cama para disfrutar juntos de una maravillosa noche de sexo hasta quedarse dormidos.

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