Una tentación irresistible 18.

Una tentación irresistible

La cena en casa de sus padres ha sido productiva, Sarah les ha contado todo lo que han logrado con Loco y Samuel los ha visto felices por primera vez desde que murió su hermano Javier. Los padres de Samuel se han interesado en conocer a Helena y a su hermano Ramiro, pues Sarah ha procurado hablarles muy bien de ellos y tanto Álvaro como Noelia también les habían dicho que estaban encantados con ambos hermanos, así que también habían querido conocer la opinión de su hijo Samuel.

–          Hijo, Sarah nos ha hablado tan bien de Helena que queremos conocerla. – Le dice Sofía, la madre de Samuel, a su hijo. – También nos ha hablado de lo maravilloso que es su hermano Ramiro, así que había pensado en organizar una cena para conocerlos. ¿Qué te parece la idea?

–          Me parece bien, mamá. – Le responde Samuel con naturalidad.

Sofía conoce muy bien a sus hijos y sabe que esos dos hermanos han traído la felicidad a sus hijos de diferentes maneras, tampoco se le escapa la sonrisa de Samuel cuando pronuncia su nombre, pero no dice nada, es una mujer discreta.

A las once de la noche, Samuel sale de casa de sus padres y decide llamar a Helena. Apenas ha pasado unas horas separado de ella y ya la echa de menos.

–          Buenas noches, preciosa. – La saluda Samuel en cuanto descuelga. – ¿Has salido ya de casa de tus padres?

–          Acabo de llegar. – Le responde Helena con un hilo de voz, alterada por el encontronazo que acaba de tener con Carla. No le había podido ver la cara, pero estaba segura de que era ella.

–          ¿Qué ocurre, nena? ¿Estás bien?

–          Sí, es que cuando estaba a punto de entrar en el portal una loca me ha asaltado y me ha dicho que…

–          ¿Qué? ¿Estás bien? ¿Dónde estás? – Le pregunta Samuel aferrándose con fuerza al volante de su coche. – Dime dónde estás y voy para allá. ¿Estás en casa?

–          Sí, pero estoy bien, no es necesario que…

–          Tardo dos minutos, nena. – La interrumpe Samuel. – Háblame mientras llego. ¿Qué estás haciendo ahora?

–          Estoy en la cocina, sentada en un taburete y bebiéndome un vaso de tequila con hielo mientras me planteo la posibilidad de dejar de beber porque últimamente me estoy aficionando demasiado a la botella. – Le empieza a decir Helena. – También he pensado que mañana tengo una reunión con mi editora y no me conviene tener resaca, así que he guardado la botella y después has llamado tú.

–          Estoy aparcando en la puerta. – Le dice Samuel. Sale del coche y tras apretar el botón del interfono del piso de Helena, le dice: – Nena, soy yo. Abre la puerta.

A Helena se le acelera el corazón como siempre que ve o escucha a Samuel, pero no le cuesta reaccionar y abre la puerta. Dos minutos más tarde, Samuel entra en el piso de Helena y la abraza en cuanto la ve. Samuel la estrecha entre sus brazos y la besa en la frente mientras ella se deja abrazar agotada.

–          Dime que estás bien, Helena. – Insiste Samuel.

–          Estoy bien, de verdad.

–          Cuéntame qué ha pasado.

–          No sé muy bien cómo decirte esto… – Empieza a decir Helena. – Estaba entrando en el portal cuando una chica me ha acorralado y cogiéndome del cuello me ha amenazado para que no me acerque a ti. – Helena lo mira a los ojos y añade: – No he podido verle bien la cara, pero estoy segura de que era Carla.

Samuel la coge en brazos y la lleva hasta el salón, donde se sienta con ella a horcajadas sobre él, pecho contra pecho. Samuel suspira, la estrecha con fuerza y le susurra al oído:

–          Voy a ocuparme de todo, Helena, pero hasta entonces te quedarás en el ático. Allí estarás segura mientras yo esté fuera. ¿A qué hora tienes mañana la reunión con tu editora?

–          A las cinco de la tarde.

–          Yo te acompañaré, ¿de acuerdo? – Sentencia Samuel. – Coge todo lo que necesites, te instalarás en el ático. – Helena abre la boca para protestar, pero Samuel se adelanta y le advierte: – No es una pregunta, es una orden.

Helena no le contradice, lo que menos le apetece ahora es que Samuel se enfade y la deje sola. Nunca ha sido una de esas personas miedicas, pero esta noche se siente un poco vulnerable y no tiene fuerzas para empezar una discusión con Samuel.

Una hora más tarde, Helena se instala en una de las habitaciones de invitados del ático de Samuel, aunque se siente algo decepcionada ya que tenía la esperanza de que Samuel la invitara a dormir en su cama. Se está terminando de poner lo que ella llama pijama cuando Samuel llama a la puerta y, tras abrirla despacio, asoma la cabeza y pregunta:

–          ¿Se puede?

–          Estás en tu casa. – Le responde Helena encogiéndose de hombros y evitando mirarlo a la cara.

–          Pero esta es tu habitación y quiero que te sientas cómoda y tranquila como en tu propia casa, nena. – Le contesta Samuel acercándose a ella y abrazándola. La besa en la frente, la coge en abrazos y añade: – Vamos a dormir que mañana madrugo.

Samuel carga con Helena en los brazos hasta la suite, donde la deja sobre la cama con sumo cuidado. Su intención era que se quedara en la habitación de invitados y no molestarla, pero no había podido evitar caer en esa tentación irresistible de acunarla entre sus brazos. Apagó las luces y se metió en la cama junto a ella. Helena agradeció ese gesto y le abrazó con fingida inocencia, pero debía ser una muy buena actriz porque Samuel se limitó a abrazarla hasta que se quedó dormida y no intentó nada sexual.

A la mañana siguiente, cuando Helena se despierta busca a Samuel en la cama y, como no lo encuentra, abre los ojos. Efectivamente, está sola en la cama. Está a punto de levantarse para ir a buscarlo cuando Samuel sale del cuarto de baño envuelto en una toalla que le tapa desde las caderas hasta las rodillas.

–          Buenos días, nena. – La saluda Samuel sonriendo de buen humor. – ¿Has dormido bien?

Helena piensa que podría haber dormido mejor si la hubiera desnuda y le hubiera hecho el amor como deseaba, pero en lugar de eso le contesta:

–          Muy bien, gracias.

–          Tengo que ir a la oficina, si vas a salir avísame y te envío a mi chófer para que te lleve a donde quieras, no quiero que salgas sola, ¿de acuerdo? – Samuel la besa en los labios y añade: – Ahora tengo que irme, tú sigue durmiendo. – La besa de nuevo antes de irse y, cuando está a punto de salir de la suite, se vuelve y le dice: – Te llamaré más tarde.

Helena decide dormir un rato más, es muy temprano y ella no tiene que madrugar. Samuel conduce hacia a la oficina y cuando llega le dice a su secretaria que avise a Cristina y la haga pasar a su despacho, necesita hablar con ella con urgencia.

–          ¿Me buscabas? – Le pregunta Cristina entrando en su despacho.

–          Sí, pasa y cierra la puerta.

–          ¿Malas noticias?

–          Una buena y otra mala. – Le responde Samuel. – La buena es que la chica con la que estaba ayer por la mañana en mi casa es Helena, la mala es que la loca de Carla anoche la amenazó en la puerta de su casa.

–          ¡Sabía que era ella! – Exclama Cristina con orgullo.

–          Sí, pero más te vale ser una tumba. – Le advierte Samuel. – Helena me interesa y me gusta de verdad, no es como las demás chicas con las que he salido.

–          Entonces, ¿cuál es el problema?

–          No sé lo que quiere ella. Sé que ha tenido o tiene algo con don Perfecto y luego está su ex, el arquitecto que ha diseñado el rascacielos. – Samuel resopla. – Necesito que me aconsejes qué debo hacer, Cris.

–          ¿Tú pidiendo consejo para ligar con una chica? – Se mofa Cristina.

–          No quiero ligar con ella, quiero enamorarla.

Cristina, que conoce a Samuel desde hace diez años y nunca lo había visto así de interesado y preocupado por una chica, decide echarle una mano:

–          Investigaré a Carla, pero no hace falta que lo haga como para decirte que esa chica está loca, siempre te lo he dicho. Aléjala de Helena, yo no me fiaría de Carla ni un pelo.

–          Helena está en mi casa, le he dicho que me llame si va a salir para enviar a Ray a recogerla.

–          ¿Ha aceptado ir acompañada de tu guardaespaldas?

–          En realidad, le he dicho que era mi chófer. – Le responde Samuel encogiéndose de hombros. – Intenta averiguar lo que puedas de Carla cuanto antes, necesito solucionar esto ya.

Sin hacer más preguntas, Cristina sale del despacho de Samuel y se afana en buscar cualquier información sobre ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.