Una tentación irresistible 15.

Una tentación irresistible

Helena regresó el lunes por la mañana a Blanes y no comentó con nadie el encuentro con Samuel, ni siquiera se lo dijo a Laura cuando apareció el domingo por la tarde con una botella de lambrusco y le pidió todos los detalles de la inauguración del rascacielos. Laura había rechazado organizar aquel evento después de que su amiga y Jorge rompieran, así que se encargó de ello uno de sus compañeros.

Había pasado toda la semana sin alterar su rutina, pero el viernes por la tarde llegaban los invitados al cumpleaños de Noelia y decidió cambiar a la mañana el entrenamiento de Loco para tener la tarde libre. Noelia quería celebrar su cumpleaños con una reunión de amigos, había invitado a Helena, Laura, Silvia y Héctor, el novio de Silvia. También había invitado a Sarah y a Ramiro, quienes habían empezado a salir juntos y a solas. También invitaron a Samuel, a su socio Alberto y su mujer Cristina, y a sus amigos Lucas y Miguel, tras la insistencia de Laura por volver a ver a Miguel.

Samuel, Alberto y Cristina fueron los último en llegar. La reunión con los empresarios japoneses se había alargado más de lo previsto, pero habían conseguido que firmaran el contrato y estaba de buen humor. Saber que iba a volver a ver a Helena aumentaba su buen humor. Había querido llamarla después de la noche de la inauguración del rascacielos, pero no tenía su número de teléfono y tampoco había querido pedírselo a Álvaro o Sarah, le habrían hecho mil preguntas a las que no estaba dispuesto a contestar. Iba a pasar el fin de semana con ella, ya tendría tiempo de pedírselo a ella. Cuando llegó ya estaban todos allí y le molestó encontrar a Lucas sentado en el sofá junto a Helena y sonriendo como un idiota.

Helena se estaba esforzando por recordar que debía respirar para seguir viviendo al ver entrar a Samuel en el salón. Lleva puestos unos vaqueros y una camisa blanca con los primeros botones desabrochados. Se había pasado toda la semana esperando ese momento, aunque jamás lo confesaría. Samuel saluda a los hombres con un apretón de manos y a las mujeres con un par de besos en la mejilla, a excepción de Helena, que la saluda con un leve gesto de cabeza.

Salen al jardín y mientras los hombres cocinan la carne en la barbacoa ellas preparan la mesa y se dedican a charlar:

–          ¿Cómo va tu novela? – Le pregunta Sarah a Helena.

–          Bien, la verdad es que la llevo bastante avanzada. – Le responde Helena. – Y tú, ¿qué tal con mi hermano?

–          Es el hombre de mi vida, así que vete acostumbrando a que te llame cuñada. – Le responde Sarah divertida. – Hablando de tu hermano, la semana pasada me dijo que fuiste con tu ex a la inauguración de un rascacielos.

–          Sí, acompañé a Jorge a la inauguración.

–          ¿No te encontraste a mi hermano? Ha comprado un ático en ese rascacielos. – Sarah se gira y llama a Samuel para que se acerque: – Samuel, ven un momento. – Samuel la mira sorprendido y se acerca. Cuando llega hasta a ellas, Sarah le pregunta: – ¿Fuiste a la inauguración del edificio de tu nuevo piso? Helena estuvo allí, su ex es el arquitecto.

–          Estuve allí, pero llegué un poco tarde. – Contesta Samuel observando a Helena sin entender por qué no les ha dicho que se encontraron allí. Busca la mirada de Helena y, cuando la encuentra, le dice: – Espero que disfrutaras durante la fiesta de inauguración.

Las pulsaciones de Helena se aceleran mientras sostiene la mirada de reproche de Samuel, que claramente se está esforzando por disimular su enfado, pero la tensión de su mandíbula lo delata. Helena sabe que no debería haberles ocultado que se encontró allí con Samuel, pero ya es demasiado tarde para arreglarlo.

–          No estuvo mal. – Responde Helena fingiendo indiferencia.

–          Sigo sin asimilar que Jorge y tú ya no estáis juntos. – Dice Silvia de repente. – ¡Hacíais tan buena pareja! Además, sé que te echa de menos, se lo ha dicho a Héctor. Quizás deberíais daros otra oportunidad.

–          No he visto a tu ex, pero después de estar con don Perfecto, no me conformaría con cualquiera. – Bromea Sarah.

–          ¿Don Perfecto? – Pregunta Cristina sin entender nada.

–          Don Perfecto es el hombre perfecto. – Le dice Laura. – Está buenísimo, es inteligente, cariñoso, divertido, simpático y además es muy bueno en la cama.

–          Laura. – Le advierte Helena al ver que el resto de los hombres se han unido a la mesa.

–          Pues eso, el hombre perfecto. – Resume Laura.

–          Podrá ser el hombre perfecto, pero no para mi hermana. – Sentencia Ramiro. – Ese tío es demasiado tranquilo y calmado, mi hermana necesita a alguien con carácter, alguien que sepa echarle el freno de mano. –  Las miradas de Samuel y Helena se cruzan y ambos sienten un estremecimiento por todo el cuerpo. – No duraría más de un mes con Sergio.

–          Pues yo creo que con Jorge estaba muy bien. – Insiste Silvia.

–          Con Jorge ya no existía esa química, apuesto lo que queráis a que el sexo con él se había vuelto aburrido. – Comenta Laura. – Y don Perfecto es demasiado perfecto para Helena, a ella siempre le han gustado los chicos malos.

–          ¿Os importaría dejar de hablar de mí como si yo no estuviera delante? – Protesta Helena molesta. – No pienso decir nada si no es en presencia de mi abogado.

–          ¿Sergio no era abogado? – Pregunta Álvaro bromeando.

Helena se enciende un cigarrillo y les ignora. Podían decir lo que les diera la gana, pero ella no pensaba participar en aquella conversación. Lucas le ofrece otra copa de vino y ella se lo agradece con una sonrisa. A Samuel ese gesto no le pasa desapercibido y maldice para sus adentros. Si no tenía suficiente con su ex el arquitecto y el jodido don Perfecto, ahora también tenía que lidiar con su amigo Lucas.

Cenan en el jardín mientras bromean y brindan por el trigésimo quinto aniversario de Noelia, que se muestra feliz y enamorada de su marido. Después de cenar, todo el mundo se dispersa por el jardín y, cuando Samuel ve que Helena entra en la casa, la sigue disimuladamente y la intercepta cuando está a punto de entrar en el baño.

–          Helena, espera. – Le dice tras alcanzarla y bloquearle el paso reteniéndola entre su cuerpo y la puerta del baño.

–          Puedes meterte en un buen lío si vas por ahí acorralando a las chicas contra las puertas de los baños. – Le replica Helena con sorna. – Y no es para nada elegante.

–          Eres la única chica a la que acorralo en la puerta de un baño. – Susurra Samuel con una pícara sonrisa plasmada en su rostro. Coloca las palmas de sus manos contra la puerta, a ambos lados de la cabeza de Helena y, bloqueando todas las posibles vías de escape, añade mirándola a los ojos con intensidad: – He pasado todas las noches en la terraza del ático desde el lunes que me mudé.

–          Ha debido de hacer mucho calor en la ciudad, lo que no entiendo es por qué no has encendido el aire acondicionado. – Le responde Helena burlonamente.

Samuel acerca su rostro al de Helena y, a escasos centímetros de su boca, musita con la voz ronca por la excitación del momento:

–          Deja de jugar conmigo, pequeña guerrera.

Justo en el momento en el que Helena cree que Samuel la va a besar, Lucas parece por el pasillo buscándola. Lucas se da cuenta de que Samuel está acorralando a Helena y, ante el gesto de sorpresa de ella, decide intervenir:

–          Samuel, déjala en paz.

–          Lárgate, Lucas. – Le ordena Samuel con indiferencia.

–          ¿De qué vas, tío? – Espeta Lucas encarándose a Samuel.

Lucas se acerca hasta a ellos y, agarrando a Helena por el brazo, tira de ella y la libera del bloqueo de Samuel. La mira a los ojos para confirmar que está bien y, antes de que pueda abrir la boca para añadir algo más, Samuel le da un puñetazo, que le alcanza en el pómulo y parte de la nariz, y cae al suelo.

–          ¡Joder, cabrón! – Exclama Lucas llevándose las manos a la cara.

–          ¿Te has vuelto loco? – Le pregunta Helena incrédula.

Samuel fulmina a ambos con la mirada y se va de allí hecho una auténtica furia. Helena le hubiera seguido, pero no puede dejar a Lucas solo después de lo que ha pasado. Coge una toalla del baño y se acuclilla a su lado para limpiarle la sangre de la cara.

–          ¿Estás enfadada? – Le pregunta avergonzado a Helena.

–          No, pero tampoco estoy contenta.

–          No estabais discutiendo, ¿verdad?

–          No. – Responde Helena sin mirarle a los ojos.

Lucas resopla sonoramente, se separa de Helena con un poco de brusquedad y se pone en pie. La mira con dureza y le dice antes de marcharse:

–          Él no te conviene, te utilizará y cuando se canse de ti se buscará a otra. – Se cruza con Cristina por el pasillo y se despide de ella: – Me voy a casa.

Cristina se detiene para hablar con él y pedirle una explicación, pero Lucas continúa caminando y se marcha.

–          ¿Qué ha pasado? – Le pregunta Cristina preocupada.

–          Eso me gustaría saber a mí. – Responde Helena.

Cristina no hace más preguntas, aunque no sabe lo que ha pasado, está convencida de que tiene que ver con Samuel. Se lo había cruzado en el salón con cara de pocos amigos y al ver a Lucas con restos de sangre y a Helena en mitad del pasillo solo había tenido que sumar uno más uno para hacerse una idea de lo que había ocurrido.

Helena agradece en silencio que Cristina no la someta a un tercer grado y atraviesa el pasillo decidida a encontrar a Samuel. Cruza por el salón y la cocina y no lo ve, sale al jardín y allí se encuentra a todos excepto a Samuel, Alberto y Álvaro. Laura se acerca con discreción a Helena y le pregunta en un susurro:

–          ¿Ha pasado algo? Alberto y Samuel se han ido con cara de pocos amigos hacia a la piscina y Álvaro les ha seguido, pero aún no han vuelto. – Pregunta Laura. – Por cierto, ¿dónde está Lucas?

–          Se ha ido a su casa. – Le dice Helena.

–          Ya estás tardando en contarme qué está pasando, Helena. – Musita Laura preocupada.

–          Luego te lo cuento, te lo prometo.

Helena la deja allí con un palmo de narices y se encamina hacia a la piscina. Quizás lo más sensato hubiera sido quedarse allí con el resto de invitados y fingir que lo que acababa de ocurrir nada tenía que ver con ella, pero estaba demasiado nerviosa, furiosa y muerta de ganas por retomar la conversación que Lucas había interrumpido como para dejar las cosas así. Ve a los tres hombres sentados en las hamacas de la piscina y se acerca a ellos. Los tres la miran sin decir nada y Alberto, dándole un codazo a Álvaro para nada discreto, dice:

–          Será mejor que regresemos, no querrás perderte la fiesta de cumpleaños de tu mujer.

Ambos se marchan dejando a Helena y Samuel a solas. Una vez que verifica que nadie puede oírlos, Samuel le dice a Helena con frialdad:

–          Sé que te debo una explicación y una disculpa, pero ahora no Helena. Será mejor que me dejes solo.

–          No quiero escuchar ni una cosa ni la otra, no me apetece discutir. – Le responde Helena sentándose en la hamaca de al lado.

–          ¿Dónde está tu héroe? – Le pregunta Samuel con sarcasmo.

–          Tu amigo se ha ido a su casa.– Responde Helena ignorando el tono de Samuel. – Creo que se ha enfadado bastante, quizás debas invitarlo a tomar un par de cervezas en la terraza del ático para hacer las paces.

Samuel la mira sorprendido. Pensaba que iba a estar furiosa con él y sin embargo está sentada a su lado y bromeando sobre lo que ha ocurrido. Le dedica una tímida sonrisa y le dice con complicidad:

–          Esa terraza es un lugar especial, no dejo entrar a cualquiera allí.

Se sonríen y se quedan en silencio durante unos minutos, contemplando cómo brillan las estrellas en el cielo, hasta que deciden regresar con los demás. Helena sigue teniendo que ir al baño y entra en la casa por la puerta de la cocina mientras que Samuel continúa caminando por el jardín hacia a donde todos están celebrando el cumpleaños de Noelia como si nada hubiera pasado.

Samuel pasa el resto de la noche observando a Helena, sus miradas se cruzan una y otra vez, ella le dedica tímidas sonrisas mientras él se las devuelve encantado.

–          Quién te ha visto y quién te ve. – Se mofa Cristina.

–          Dame una tregua, Cris. – Le ruega Samuel.

–          Espero que me lo cuentes todo antes de que tenga que preguntárselo a ella. – Le advierte Cristina.

Álvaro pone algo de música todos se animan. Samuel no se mueve de la silla, no tiene ninguna intención de bailar, pero cuando ve a Helena bailar y está a punto de cambiar de opinión, ella se acerca y se sienta en la silla de al lado. Le dedica una sonrisa traviesa y le pregunta divertida:

–          ¿Los ogros gruñones no bailan?

–          Te sorprendería saber lo que son capaces de hacer los ogros gruñones. – Le contesta él devolviéndole la sonrisa. Aprovechando que el resto de los amigos bailan distraídos, Samuel le pregunta: –  ¿Te apetece una copa?

–          Sí, pero yo voy a buscarla. – Le responde Helena.

Helena se pone en pie, deja su teléfono móvil sobre la mesa y desaparece en el interior de la casa. Samuel coge el teléfono móvil de Helena que ha dejado sobre la mesa y, con rapidez y disimulo, se llama así mismo para guardarse el número de Helena. Tras sonar un tono, Samuel cuelga y graba su número en la agenda de contactos de Helena antes de dejar de nuevo el teléfono de Helena sobre la mesa. Samuel respira tranquilo ahora que ya puede llamar a Helena cuando quiera. Y ella sabrá que es él quien la llama. Cuando Helena regresa con las copas, la mitad de sus amigos ya han dejado de bailar y se han sentado de nuevo a la mesa, donde hablan alegremente. Helena se une a ellos y todos bromean y se divierten.

A las cuatro de la madrugada, deciden que es hora de irse a dormir y Helena, Ramiro, Laura, Silvia y Héctor regresan a la casa de los padres de Silvia mientras que Samuel, Sarah, Miguel, Cristina, Alberto, Álvaro y Noelia se quedan a dormir en casa de éstos últimos.

Una vez solo en la habitación de invitados de casa de su hermano, Samuel saca su teléfono móvil del bolsillo y decide enviarle un mensaje a Helena: “Buenas noches, princesa de las guerreras. No olvides que tenemos una conversación pendiente.” Dos minutos después, le llega la respuesta: “Buenas noches, ogro gruñón. Me temo que tenemos más de una conversación pendiente… Además de acorralar a las chicas en la puerta de los baños, ¿también les coges el móvil cuando se despistan?” Samuel no puede evitar soltar una carcajada al leer el mensaje de Helena y le responde: “Supongo que tienes razón, soy un ogro gruñón. Ahora duérmete, hablaremos mañana.”

Helena se mete en la cama tras leer el último mensaje de Samuel y se queda dormida con una amplia sonrisa en los labios.

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