Una tentación irresistible 13.

Una tentación irresistible

El lunes Helena se levanta, se ducha y hace la maleta antes de ir a comer a casa de sus padres y regresar a Blanes. Noelia la llama para asegurarle que todo está bien y que ha destrozado la sorpresa que Álvaro le ha preparado por su cumpleaños. Helena ya conoce los detalles de aquella sorpresa, Samuel se había encargado de satisfacer su curiosidad, pero escucha a su nueva amiga como si lo oyera todo por primera vez.

En Blanes todo sigue igual que cuando se marchó. Continuó con la rutina que se había establecido: salía a correr por las mañanas, se duchaba, trabajaba en su novela hasta media tarde e iba a entrenar a Loco con Gabriel. Solía cenar con Noelia y Álvaro antes de regresar a casa a seguir trabajando en su novela o se metía directamente en la cama, dependiendo de lo cansada que estuviera.

El viernes por la mañana recibe la llamada de Jorge, su ex novio. Jorge es arquitecto y hacía más de dos años que trabajaba en el diseño y la construcción de un rascacielos en la zona de Europa Fira. Ya habían pasado casi cuatro meses desde la presentación de la novela de Helena, el día que rompieron, pero a Jorge supuestamente se le había olvidado que ya no tenía pareja y había confirmado la invitación para dos personas a la inauguración del rascacielos. A Helena no le queda más remedio que decirle que le acompañará, aunque en realidad no le apetece en absoluto. Nunca le han gustado aquellas inauguraciones multitudinarias en las que la mayoría de los invitados son unos esnobs o unos viejos verdes que tratan de ligar con ella a pesar de que su entonces novio estuviera presente en la misma estancia.

La inauguración es el sábado por la noche, pero Helena llega a la ciudad el viernes por la tarde dispuesta a pasar otra noche de chicas a la que Noelia y Sarah se apuntan. Helena tenía la esperanza de volver a ver a Samuel, pero ninguno de los chicos se deja ver por el bar de Pepe ni por el Queen. A quién sí ve es a Sergio. Se presenta en el Queen a medianoche y Helena, que ya está bastante achispada, lo besa en los labios cuando lo saluda.

–          Si llego a saber que me habrías recibido así, hubiera venido mucho antes. – Le susurra Sergio al oído después de recibir el beso apasionado de Helena.

Disfrutan de aquella noche de chicas y Sergio las deja hacer mientras habla con sus amigos anclados a la barra del bar, pero cuando dan las tres de la madrugada y el Queen anuncia que cierra sus puertas, Sergio se acerca a Helena y le susurra al oído:

–          ¿Quieres que te acompañe a casa?

Helena asiente y, tras despedirse de sus amigas, se marcha con Sergio a su casa. Caminan tres manzanas y llegan al portal del edificio, donde suben al piso de Helena. Se sirven un par de copas de vino en la cocina y, tras dar un largo trago, Helena se acerca a Sergio y lo besa. Puede que no esté haciendo lo correcto, puede que le traiga consecuencias, pero en este momento lo único que quiere es calmar el deseo que siente desde hace semanas.

Se besan, se acarician y, cuando los dos están al borde del abismo, Sergio la coge en brazos y la lleva a la habitación, donde la deposita con sumo cuidado sobre la cama. La desnuda sin prisa, adorando y besando cada rincón de su piel que va descubriendo, después se desnuda él y la vuelve a besar antes de separarle las piernas con sus rodillas y Helena le facilita el acceso. Como Laura le había dicho a Helena desde que rompió con Jorge, necesitaba sexo para pasar página en su vida y el sexo consigo misma ya ni siquiera lograba calmarla.

Sergio la besa, la acaricia y, tras ponerse un preservativo, le hace el amor despacio y con devoción. Pese a que no es el sexo salvaje que Helena ansiaba, alcanza el clímax y no puede negar que Sergio es un buen amante, pero tampoco puede decir que ha sentido algo especial. Cuando sus respiraciones se acompasan, Helena se levanta y va al baño. Siempre se ha sentido un poco vulnerable después de alcanzar el orgasmo y necesita unos minutos para reponerse. Cuando regresa a la habitación, Sergio se ha puesto los vaqueros y está sentado en la cama.

–          ¿Estás bien? – Le pregunta cuando la ve entrar en la habitación.

–          Sí. – Le responde ella sonriendo tímidamente.

–          Hay un pero, ¿verdad?

Helena respira profundamente y, armándose de valor, seguridad y confianza en sí misma, le responde:

–          No hay ningún pero, es solo que hace poco que he dejado una relación de diez años y ahora mismo no busco entrar en otra relación.

–          ¿Tan mal ha ido que no quieres ni volver a verme?

–          No me refiero a eso. – Le contesta Helena. – Es solo que, por ahora, solo quiero una relación de amistad contigo.

–          ¿Amigos con derecho a roce? – Bromea Sergio. – No te preocupes, entiendo que después de una ruptura necesites tiempo para ubicarte y pensar en lo que quieres hacer. No pretendo presionarte, Helena. Llámame cuando te apetezca tomar un café, ir al cine o salir a cenar, te prometo que no haré nada que te incomode, pero al menos danos la oportunidad de conocernos. Ya te lo dije la otra noche, solo quiero conocerte y no me importa ir despacio.

Helena respira aliviada al escuchar las palabras de Sergio, no se lo ha tomado a mal y además quiere seguir viéndola. Sergio termina de vestirse, la besa en la mejilla despidiéndose de ella y se marcha.

El sábado por la mañana Helena se despierta ante el constante ruido de su móvil. Decidida a acabar con la música que no cesa de sonar, se levanta y se dirige a la cocina, donde su móvil sigue sonando sobre la encimera. Tras mirar la pantalla y ver que es Laura, descuelga y le contesta malhumorada:

–          Espero que sea importante para haberme hecho salir de la cama un sábado a las diez de la mañana después de la cantidad de alcohol que bebí anoche.

–          ¿Aún tienes a don Perfecto desnudo en la cama? – Se mofa Laura.

–          No, no ha pasado la noche aquí.

–          Estoy en el bar de Pepe comprando churros, prepara dos tazas de Nesquik que en cinco minutos estoy en tu casa. – Le dice Laura y añade antes de colgar: – Quiero que me cuentes todos los detalles.

Tal y como le había dicho, Laura aparece diez minutos más tarde con un kilo de churros y se sientan en la cocina para desayunar. Durante más de una hora, Helena le cuenta a Laura todo lo que pasó anoche con Sergio.

–          En resumen, te lo tiraste y después le dijiste que solo querías ser su amiga. – Se mofa Laura sin poder contener la risa.

–          Tal y cómo lo dices suena fatal, pero supongo que sí. – Le dice Helena encogiéndose de hombros.

–          ¿Y qué tal es en la cama?

–          Pues, bastante bueno…

–          ¿Pero…?

–          Pero no pude evitar pensar en Samuel. – Confiesa Helena. – De hecho, no puedo quitármelo de la cabeza. Mientras Sergio me hacía el amor con dulzura yo me imaginaba cómo sería follar con Samuel. – Helena se tapa la cara con sus manos y añade avergonzada: – Estoy fatal, Laura. Me pone un tío al que no soporto y en el que pienso mientras me acuesto con otro.

–          Por eso le has dado esquinazo a don Perfecto. – Y Laura no lo dice como si fuera una pregunta. – La única manera de quitártelo de la cabeza es tirándotelo a él o tirándote a otro y, como lo del otro no ha funcionado… – Helena pone los ojos en blanco y Laura estalla en carcajadas. – La verdad es que Samuel está tremendo y tiene pinta de ser de esos que te lo hacen contra la pared.

–          ¡Por favor, para! – Exclama Helena ruborizada.

–          Tiene gracia, con la de años que hace que somos amigas y aún sigues sonrojándote cuando me escuchas hablar de sexo.

Pasan toda la mañana hablando y riendo y a la hora de comer se despiden y Helena va a comer a casa de sus padres. Allí se encuentra a su hermano Ramiro, que ha llegado esta mañana después de pasar toda la semana en Ginebra por trabajo. Después de comer y tratar de evitar el tercer grado de Lourdes, los dos hermanos deciden pasar por el bar de Pepe a tomar algo y poder hablar un rato a solas. Ramiro le cuenta a Helena que habla todos los días con Sarah y que esta noche ha quedado con ella y Helena le cuenta el episodio de anoche con Sergio, pero no menciona ni una sola palabra sobre Samuel y Ramiro tampoco se lo pregunta. A las seis de la tarde los hermanos se despiden y Helena regresa a su piso, tiene que prepararse para la inauguración del rascacielos que ha diseñado Jorge.

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