Una tentación irresistible 12.

Una tentación irresistible

Al día siguiente Helena se despierta en el salón de su piso, tumbada junto a Laura sobre la alfombra. Trata de levantarse y la cabeza le da vueltas, se sienta en el suelo y apoya la espalda en la parte inferior del sofá. Hace un repaso mental de todo lo que ocurrió la noche anterior y su cuerpo se estremece cuando recuerda la encerrona que Samuel le había preparado a la salida del baño del yate, cuando estuvo a punto de besarla. Laura se despierta, adopta la misma postura que Helena y resopla mientras se sujeta la cabeza con ambas manos.

Sin decir nada, Helena se levanta, coge una botella de leche de la nevera y prepara dos tazas con Nesquik, su remedio casero para la resaca y para recargar energía por las mañanas. Coge las dos tazas y le lleva una a Laura.

–          Bébete esto, te sentará bien. – Le dice Helena acomodándose en el sofá.

–          Tranquila, creo que ya me he muerto. – Responde Laura con desgana. – No me lo puedo creer, Helena. Para una vez que decido ir en serio con un tío y resulta que está casado, que soy una querida. Esto ha sido una señal, una alarma para que no baje la guardia.

–          No digas eso, Laura. – Le reprocha Helena. – Eso solo es una señal de que hay mucho gilipollas suelto y tú has dado con uno de ellos. Es una señal para que no bajemos la guardia, pero no para que dejes de buscar al príncipe azul que tanto querías anoche.

–          Hablando de príncipe azul, Miguel podría ser un buen candidato.

–          ¡La madre que te parió! – Exclama Helena riéndose a carcajadas. – No tienes remedio, si fueras un hombre irías siempre con la picha fuera.

Ambas vuelven a reírse. Una vez terminan de beberse la taza de Nesquik, se dan una ducha y deciden ver una de esas películas de comedia románticas tumbadas en el sofá. Apenas han visto quince minutos de película cuando el móvil de Helena empieza a sonar. Es Noelia y no duda en contestar, le extraña que la llame antes de mediodía porque anoche se acostaron bastante tarde.

–          Helena, ¿estás en tu piso? – Le pregunta Noelia entre sollozos nada más descolgar.

–          Sí, ¿qué pasa, Noelia? ¿Estás bien?

–          ¡Me engaña con otra! – Estalla en llanto y Helena ya no entiende nada de lo que dice.

–          Noelia, dime dónde coño estás y voy a buscarte. – Le espeta Helena alterada y preocupada por Noelia.

–          Estoy en un taxi, voy de camino a tu casa. – Logra decir Noelia entre sonoros sollozos.

Diez minutos más tarde, Noelia entra en el piso de Helena hecha un mar de lágrimas. Laura va a la cocina a prepararle una tila mientras Helena trata de consolarla. Laura regresa con la tila y, después de bebérsela, Noelia se calma un poco y logra explicarles lo que ha pasado.

–          Lleva un par de semanas rarísimo, se muestra más cariñoso conmigo de lo normal, habla por teléfono a todas horas y siempre se encierra en su despacho para hablar, cuando le pregunto me dice que no tengo nada de lo que preocuparme y sonríe. – Empieza a decir Noelia. – Al principio pensé que se trataba de algún asunto de trabajo, pero esta mañana cuando me he despertado he ido a la cocina y le he escuchado hablar por teléfono con su abogado y le ha dicho que no había pasado por la oficina desde el jueves. Se supone que el viernes estuvo todo el día en la oficina, por eso yo me vine contigo por la mañana y él llegó por la noche.

–          Seguramente es un malentendido, ¿le has dejado que se explique? – Le pregunta Helena con voz dulce.

–          Le he preguntado dónde estuvo el viernes y no ha sabido qué decirme, pero por suerte el contestador estaba conectado y he podido escuchar el mensaje de voz que una mujer le ha dejado en el teléfono diciéndole que posee lo que tanto ansía y que espera a que pueda escaparse de mí para dárselo. ¿Os lo podéis creer? ¿Sabéis cuál ha sido su respuesta? “No es lo que parece.” ¡No es lo que parece!

–          Te ha dicho eso y, ¿ya está? – Pregunta Helena sin comprender nada.

–          No me he quedado allí para escucharlo. – Contesta Noelia.

Noelia se desahoga llorando y bebiendo tila mientras que Helena y Laura tratan de consolarla como pueden hasta que por fin logran convencerla para que se eche en la cama de la habitación de invitados y descanse.

Sin saber qué hacer ni a dónde ir a buscar a su mujer, Álvaro se presenta en el ático de Samuel y lo despierta llamando al timbre. De mala gana, Samuel se levanta a abrir la puerta y se encuentra con el rostro desencajado de su hermano.

–          ¿Qué pasa? – Pregunta preocupado echándose a un lado para dejar entrar a Álvaro.

–          Noelia se ha enterado de que el viernes no fui a la oficina y justo en ese maldito momento la de la inmobiliaria ha dejado un mensaje en el contestador que, sin pretenderlo, ha sonado de lo más sugerente. Cuando he intentado explicarle que no era lo que parecía se ha largado hecha una furia y ha apagado el teléfono móvil. No puedo localizarla y me estoy volviendo loco, Samuel.

Álvaro se pasa las manos por la cabeza desesperado y da vueltas de un lado a otro del salón, incapaz de quedarse quieto. Samuel lo observa y sonríe, sabe que el problema de su hermano tiene fácil solución y así se lo hace saber:

–          Solo quedan dos semanas para su cumpleaños, creo que ya puedes darle su regalo antes de que decida divorciarse de ti.

–          Para eso, primero tengo que encontrarla. – Se lamenta Álvaro. Su teléfono móvil empieza a sonar y lo saca del bolsillo pensando que puede ser Noelia, pero en la pantalla sale reflejado otro nombre. – Es Helena. – Le dice antes de descolgar. – Helena, dime que Noelia está contigo.

–          Noelia está conmigo. – Le confirma Helena. – Y espero que realmente no sea lo que parece, porque pinta muy mal.

–          Joder Helena, te juro que no es lo que piensas. – Le asegura Álvaro. – Dime dónde estáis, necesito hablar con Noelia y explicárselo todo, por favor.

–          Noelia está dormida, estaba exhausta cuando ha llegado, le hemos dado una tila y ha llorado hasta que la hemos convencido para que descanse un rato. – Helena suspira y añade: – Te enviaré un mensaje con mi dirección cuando se despierte, pero más te vale venir con una buena explicación porque la vas a necesitar. Tienes suerte de que me caes bien, aunque todavía puedo cambiar de opinión. – Dice antes de colgar.

Álvaro se deja caer en el sofá y suspira sonoramente. Samuel saca un par de cervezas de la nevera y le entrega una a su hermano antes de sentarse junto a él en el sofá.

Laura ya se ha marchado cuando Noelia se despierta a las ocho de la tarde. Se levanta y se da una ducha para espabilarse, se pone unos vaqueros y una camiseta que Helena le presta y se sienta con Helena en el sofá. Con tacto, Helena le hace comprender que tiene que escuchar a Álvaro y darle la oportunidad de que se explique antes de tomar una decisión. Una vez obtenido el consentimiento de Noelia, Helena le envía un mensaje a Álvaro con su dirección y veinte minutos más tarde aparece en la puerta acompañado por Samuel.

–          Estaré en el bar de Pepe, solo tienes que llamarme y me materializaré aquí en dos minutos. – Le dice Helena a Noelia.

Noelia asiente con la cabeza y Helena coge su bolso y sale de su piso seguida por Samuel. Mientras esperan el ascensor, Helena lo observa de reojo con disimulo. Lleva puestos unos vaqueros y una camiseta negra de manga corta con cuello de pico que deja al descubierto sus brazos musculosos. Las puertas del ascensor se abren y Samuel le hace un gesto para que pase ella primero, está serio y por el momento no ha lanzado ninguna de sus pullas a Helena, algo muy raro en él. Helena evita su mirada, no se siente con fuerzas suficientes para enfrentarse a él y sabe que solo es cuestión de minutos que acaben como siempre: discutiendo.

–          Helena, siento lo de anoche. – Le empieza a decir Samuel avergonzado. – No sé qué me pasó y…

–          Será mejor que lo olvidemos. – Lo interrumpe Helena sorprendida por el comentario de Samuel y añade con la esperanza de dar por zanjado ese tema: – ¿Quieres venir a tomar algo al bar de Pepe?

Samuel asiente con la cabeza y cuando las puertas del ascensor se abren ambos salen juntos del edificio y se dirigen a la plaza Mayor del barrio, situado a un par de calles de allí. Caminan en silencio y, a pesar de los últimos acontecimientos, ninguno de los dos se siente incómodo. Cuando llegan al bar de Pepe se sientan en la terraza, Helena pide una Coca-Cola y Samuel pide lo mismo que ella para beber.

–          ¿Quieres que también te traiga unas bravas, Helena? – Le pregunta Pepe al verla tan seria y callada. – Invita la casa si me dedicas una sonrisa, no estoy acostumbrado a verte triste.

Helena sonríe y asiente con la cabeza, pero es una sonrisa forzada que no pasa desapercibida para Pepe, el cual fulmina con la mirada a Samuel pensando que debe ser el causante de sus ojos tristes. Samuel mira hacia a otro lado incómodo y, cuando Pepe desaparece, le empieza a hablar con la esperanza de que se distraiga y sonría un poco:

–          No te preocupes por Álvaro y Noelia, ha sido todo un malentendido. Aunque ese malentendido ha echado por tierra la sorpresa que Álvaro le tenía preparada a Noelia por su cumpleaños. – Helena lo mira con curiosidad y Samuel continúa hablando: – Noelia se siente un poco sola desde que se mudaron a Blanes, así que Álvaro está trasladando la oficina a Barcelona y ha comprado una casa en Pedralbes, donde pretende vivir con Noelia y tener tres hijos como ella desea.

Durante hora y media, Samuel contesta a todas las preguntas que Helena le hace sobre Álvaro y Noelia, quiere asegurarse de que todo aquello es real y Álvaro no está engañando a Noelia.

Son las diez y media de la noche cuando Noelia llama por teléfono a Helena y le cuenta lo que ella ya sabe por Samuel. Álvaro, para demostrarle que todo lo que le ha dicho es verdad, la va a llevar a las nuevas oficinas de la empresa y a su nueva casa, aunque todavía están a medio decorar. Helena decide que es hora de regresar a casa y, tras pagar la cuenta, Samuel la acompaña. No han vuelto a mencionar lo que ocurrió la noche anterior desde que Samuel le ha dicho que lo sentía, pero ninguno de los dos puede quitárselo de la cabeza.

Caminan despacio, tratando de alargar lo máximo posible el momento de la despedida. Cuando llegan al portal del edificio, Samuel la mira sin decir nada y Helena no sabe si espera a que le invite a subir o si bien solo espera que sea ella quien hable primero. Antes de que Helena pueda abrir la boca para decir algo, Samuel le dice:

–          Gracias por cuidar de Noelia y por mediar para que escuchara a Álvaro, no sé qué hubiera pasado si tú no hubieras estado ahí. – Le dedica una sonrisa y añade: – ¿Regresas mañana a Blanes?

–          Sí, supongo que sí. – Le responde Helena encogiéndose de hombros.

–          Bueno, pues entonces supongo que ya te veré cabalgando con Loco como una auténtica princesa guerrera. – Le responde Samuel sin un solo atisbo de maldad.

–          Sí, ya nos veremos. – Le dice Helena nerviosa, volviendo a encogerse de hombros.

Samuel se acerca a ella despacio, haciendo que todo su cuerpo se estremezca y su pulso se acelere. Helena contiene la respiración cuando los labios de Samuel se posan en su mejilla, rozando la comisura de sus labios. No puede evitar sentirse ligeramente decepcionada, le hubiera gustado que la besara en los labios, pero en lugar de hacérselo notar, le dedica una tímida sonrisa y entra en el portal.

Samuel la observa cruzar el rellano hasta llegar al ascensor, donde la ve desaparecer. Él también quería besarla en los labios, pero después de lo que había hecho la noche anterior no le ha parecido lo más adecuado, no quería que pensara que la estaba acosando. Da media vuelta y cruza la calle donde ha aparcado su coche, se irá a casa, se dará una ducha de agua fría y al día siguiente llamará a Carla, tiene que disculparse con ella por anular la cena en el último momento y además necesita sexo. Tiene que sacarse a Helena de la cabeza.

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