Una tentación irresistible 11.

Una tentación irresistible

Helena está hablando con Lucas cuando Cristina se le acerca y la rescata. No es que Lucas sea uno de esos hombres de los que necesitas ser rescatada, lo cierto es que además de ser muy atractivo es muy carismático y divertido, pero le gusta que Cristina muestre interés por conocerla. Conoce la historia de Loco y quiere que le cuente los avances que ha logrado con él, así es como Cristina descubre por qué Helena y Samuel han empezado con mal pie. Lo que más le sorprende es descubrir que Helena no es como las chicas con las que Samuel acostumbra a salir. Samuel es uno de los hombres más codiciados de la ciudad y puede salir prácticamente con cualquier chica que se proponga, pero por alguna razón él siempre las escoge guapas por fuera y huecas por dentro, por eso Cristina se alegra cuando comprueba que Helena no solo es una chica preciosa, también es inteligente y tiene carácter suficiente como para plantarle cara a alguien como Samuel.

Durante el largo rato que están hablando, Cristina evita hacer cualquier pregunta sobre Samuel y su cabreo, finge no haberse dado cuenta de la hostilidad que ambos se muestran y cuando el yate deja de moverse le dice a Helena con voz dulce e inocente:

–          Llévale algo de beber a Samuel, yo necesito ir al lavabo.

Helena la ve desaparecer antes de poder decirle que no es una buena idea. Teme que si le lleva una copa Samuel se la tire a la cara. Echa un vistazo a su alrededor y sonríe al ver tanta parejita. Héctor y Silvia, Noelia y Álvaro, Sarah y Ramiro, Laura y ¿Miguel? Estaba claro que Laura predicaba con el ejemplo con aquello de un clavo saca otro clavo… Alberto y Lucas habían estado charlando alegremente mientras ella conversaba con Cristina, pero ahora que Cristina se ha ido al baño y que Lucas la mira con una sonrisa pícara en los labios, decide servir una copa y llevársela a Samuel.

Lo encuentra sentado en un saliente de proa fumándose un cigarrillo y le parece la pose más sexy que jamás ha visto. Nota como su corazón se acelera y las piernas le flaquean, pero se arma de valor y se acerca a él en son de paz.

–          Cristina me ha pedido que te trajera algo de beber, creo que hasta tu amiga piensa que eres un ogro gruñón y pasa de traértela ella. – Le dice Helena entregándole la copa, olvidándose de poner un filtro a sus pensamientos antes de hablar.

Samuel la mira fijamente a los ojos, coge la copa que ella le entrega y le da un largo trago, pero no dice nada. Helena lo observa y su cuerpo se estremece. No entiende las reacciones que su cuerpo sufre ante él y tampoco puede controlarlas.

–          ¿Te importa si me siento a tu lado a fumarme un cigarrillo? – Le pregunta Helena en son de paz.

–          ¿Quieres sentarte con un ogro gruñón? – Le pregunta Samuel con sarcasmo.

–          Tenía la esperanza de poder sentarme con una persona normal, pero no me queda más remedio que sentarme con el ogro gruñón. – Se sienta a su lado y se enciende un cigarrillo.

En el más absoluto de los silencios, Helena y Samuel se fuman el cigarrillo mientras contemplan el reflejo de la luna sobre el mar. Por irracional que parezca, ambos se sienten cómodos estando a solas y en silencio. Así están hasta que aparece Lucas buscándolos y les obliga a regresar junto al resto de invitados.

Se sientan alrededor de la mesa y se disponen a cenar la comida que la empresa de cáterin que Samuel ha contratado les había preparado. Helena se sienta junto a Laura y Lucas se sienta a su otro lado. Cenan mientras hablan del yate, de sus acabados y de toda esa parafernalia de la que Helena y sus amigos no entienden ni una palabra, hablan del evento que Laura está organizando y del progreso de la nueva novela de Helena. Lucas se interesa por todo lo que tiene que ver con Helena y el malhumor de Samuel aumenta. A partir de entonces está de morros, fulmina constantemente con la mirada a Helena hasta que consigue provocarla y empiezan a lanzarse pullas, volviendo a su relación habitual. En un momento dado de la noche, Helena se dirige al baño y cuando sale se encuentra de frente con Samuel, que no lo duda y le bloquea el paso. Se miran desafiantes sin decir nada durante unos segundos, hasta que Helena le suelta de mala gana:

–          ¿Piensas apartarte o tengo que empujarte?

Como no se mueve, Helena coloca las manos sobre el duro y musculoso pecho de Samuel y lo empuja, pero no consigue moverlo ni un solo milímetro. Samuel la agarra por las muñecas y la arrincona contra la pared, sujetándole las manos por encima de la cabeza. Sus miradas se cruzan y Samuel acerca sus labios a los de Helena, pero cuando están a punto de besarse se oyen unos pasos bajar la escalera y ambos se separan repentinamente.

–          ¿Hay cola para entrar en el baño? – Comenta Lucas confundido, mirando primero a Samuel y después a Helena. – ¿Ocurre algo?

Samuel no dice nada, tan solo mira a los ojos de Helena con una intensidad desmesurada que la acongoja. Pero Lucas sigue esperando una respuesta, así que respira profundamente y le contesta tratando de sonar lo más serena posible y disimular su estado de excitación:

–          El baño es todo vuestro.

Sin decir nada más, Helena se dirige a las escaleras para subir a la cubierta y alejarse de Samuel, necesita pensar en lo que acaba de ocurrir. Sabe que no debería seguir bebiendo, pero se sirve una copa y se la bebe de un trago antes de servirse otra. Laura, que ha sido testigo de la aparición de Helena con cara de desconcierto, se acerca a ella y, tratando de hacerla sonreír, le dice burlonamente:

–          Deja algo para los demás, ¿o piensas acabar tú sola con el alcohol? – Espera a que Helena le cuente lo que ha ocurrido, pero como Helena no suelta prenda, la mira a los ojos y le ordena: – Desembucha pero ya.

Helena resopla, se siente demasiado cansada, excitada y enfadada como para no poder soportar el tercer grado al que Laura tiene pensado someterla, así que se rinde y le cuenta lo que acaba de ocurrir al salir del baño. Laura sonríe divertida y, entrechocando su copa con la de Helena, le dice bromeando:

–          Me parece que Samuel no es de los que les gusta compartir, así que olvídate de los tríos y las orgías.

Ambas se echan a reír y justo en ese momento Samuel pasa por su lado y se encierra en el puente de mando del yate sin siquiera mirarla. Las dos amigas ponen los ojos en blanco y vuelven a echarse  reír a carcajadas.

Cristina ve pasar a Samuel como una exhalación hacia el puente de mando, pero intuye por su prisa que no es un buen momento para hablar con él.

Samuel recoge el ancla y navega de regreso al puerto de Barcelona, ya ha tenido suficiente por esta noche. Está furioso, aún no tiene muy claro el por qué, pero de lo que sí está seguro es de que es por culpa de Helena. Se ha presentado bastante achispada por no decir borracha, se ha pasado toda lo noche dejándose regalar los oídos por Lucas, le ha llamado ogro gruñón en diversas ocasiones y todo eso no ha hecho más que producirle un mayor deseo por tenerla y hacerla suya. Ha estado a punto de darle un puñetazo a su amigo Lucas cuándo le ha dicho que tenía pensado llevarse a Helena a su casa en cuanto atracaran en el puerto. La sola idea de imaginarla en los brazos de otro le enfurece y todavía se enfurece más consigo mismo por sentirse así.

Laura y Helena han decidido dirigirse a casa y terminar allí lo que quedaba de noche. Miguel y Lucas insisten en ir a algún pub o alguna discoteca y también se ofrecen a llevarlas a casa, pero prefirieren coger un taxi, tienen muchas cosas de las que hablar y esta noche no les apetece pasarla con ningún hombre. Se despiden con una sonrisa de todos los allí presentes, incluido Samuel, que trata a Helena con una frialdad y una indiferencia que la afectan más que aquellos apodos maliciosos que le dice para provocarla. Se suben al taxi y quince minutos más tarde ya están frente al portal del piso de Helena.

Samuel se sube a su coche y sigue al taxi en el que van Helena y Laura. No puede justificar sus actos con un argumento lógico, pero allí está, parado en doble fila con las luces del coche apagadas y observando cómo Helena sale del taxi y, acompañada por Laura, entra en el portal de un edificio.

–          Al menos no se ha ido con Lucas. – Se dice Samuel resignado antes de arrancar el motor del coche y regresar a su casa.

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