Tú, yo y las estrellas 7.

Tú, yo y las estrellas

El sábado por la noche, Helena nos arrastra a Carol y a mí a la fiesta de su popular compañero de trabajo, Izan Méndez, un tipo carismático y simpático, pero demasiado superficial y egocéntrico para mi gusto. Helena nos lo presenta y Carol y yo le ponemos nuestra mejor cara mostrándole una amplia sonrisa forzada que Izan acepta encantado.

Tras dar una rápida vuelta por la casa y el jardín durante la que Helena aprovecha para saludar y presentarnos a algunos de sus amigos y compañeros de trabajo, decidimos ir a la improvisada barra de bar del jardín y pedir una copa.

–  Tengo que reconocer que tu amigo Izan sabe dar una fiesta. – Opino. – Ha contratado un par de camareros, un DJ, no falta bebida ni buena música.

–  Por no hablar de la casa, es preciosa. – Comenta Carol. – Es una lástima que no soporte a los engreídos hijos de papá, de lo contrario esta noche sería mío.

Las tres nos echamos a reír y el camarero nos sonríe y nos guiña un ojo con complicidad, está claro que él opina lo mismo que nosotras aunque no lo diga.

Nos bebemos una copa detrás de otra mientras bailamos animadamente. Por suerte, al DJ no se le ha ocurrido poner ninguna canción lenta y, aunque algún que otro chico nos mira interesado, al menos no nos han pedido bailar una balada. Puede que en otro momento la idea de bailar una canción romántica con un completo desconocido que me gustara fuese lo mejor que me hubiera ocurrido en toda la noche, pero hoy no quiero bailar con un completo desconocido, ni siquiera con alguno conocido. Entonces el alcohol me juega una mala pasada y en mi mente aparece la imagen del rostro de Álex sonriendo con picardía y mis razonamientos lógicos se van al traste.

Vuelvo a la tierra en cuanto veo que Carol es arrastrada hacia el interior de la casa por un tipo que se parece mucho a Fabián, de hecho es él. Agarro a Helena del brazo y los sigo para ver qué pasa y asegurarme que Carol está bien.

–  ¡Suéltame! – Oigo gritar a Carol desde la cocina. – ¡Maldito idiota! ¡Déjame en paz!

–  ¡Joder Carol, solo quiero hablar! – Ahora es Fabián el que grita. – Ya te he dicho que lo que pasó con Blanca fue un error, deja que te lo explique. Estamos hechos el uno para el otro. Tú me quieres y yo te quiero, podemos salir juntos de este bache.

–  ¿Bache? Si quieres comparar esto con algo creo que lo más parecido sería el huracán Katrina, ¡te follaste a mi mejor amiga!

–  Estarás conmigo por las buenas o por las malas, tú eliges qué prefieres. – Le espeta Fabián.

–  Ella ya ha elegido y te ha dicho bastante claro que te largues y la dejes en paz, no quiere tener que ver nada contigo. – Le espeto a Fabián furiosa.

–  ¡Mira a quién tenemos aquí! – Se mofa Fabián. – La amazona del parque viene con refuerzos, pero hoy no has traído a tu bestia, has venido con otra de las supernenas.

–  Ten cuidado idiota, la supernena te puede partir la cara. – Le advierte Helena burlonamente. – Eres poco hombre para una supernena, pero todavía menos para una amazona.

Carol aprovecha el despiste de Fabián para escapar de su agarre y esconderse detrás de mí, pero Fabián no quiere darse por vencido y camina hacia a mí decidido a quitarme de en medio. Sin darle tiempo a reaccionar me interpongo entre él y Carol y cuando intenta deshacerse de mí de un empujón, le agarro del brazo y, tras cinco años sin apenas practicar karate, derribo a Fabián con asombrosa rapidez. Pero se levanta del suelo igual de rápido que se ha caído y con los ojos llenos de furia viene directamente a por mí, olvidándose por completo de Carol. A pesar de las copas que he bebido de más, en este momento me siento lo suficientemente capaz de hacerle frente a este gilipollas, creo que se merece una buena lección. Espero su ataque quieta en mi sitio, de pie junto a la encimera, y cuando lo tengo a un escaso centímetro le doy un puñetazo en el pómulo derecho, seguido de un codazo en las costillas y un rodillazo en la entrepierna y Fabián cae al suelo abatido.

–  ¿Se puede saber qué está pasando aquí? – Pregunta una voz masculina y furiosa.

Me doy media vuelta y me encuentro con un tipo atractivo y fuerte abrazando con delicadeza y ternura a Carol, que llora a moco tendido mientras Helena trata de tranquilizarla.

–  Carol, ¿quieres que nos vayamos a casa? – Le pregunto con voz dulce ignorando al tipo que la abraza mientras nos observa perplejo. – Podemos comprar una botella de tequila y bebérnosla en el salón, como en los viejos tiempos. – Bromeo.

–  ¿Puedo quedarme a dormir en tu casa? – Me pregunta Carol entre sollozos.

–  ¡Por supuesto! – Le contesto. La rodeo por la cintura arrebatándosela al tipo que la envuelve en sus brazos y añado. – Vamos a casa.

–  ¡Eh, espera un momento! – Me dice el tipo sosteniéndome con firmeza por el brazo. – ¿Creéis que os podéis largar así por las buenas?

Le miro fijamente a los ojos mientras doy un brusco tirón con el brazo para deshacerme de su agarre y, con una sonrisa terrorífica, le pregunto:

–  ¿Quieres tratar de impedirlo?

–  No sé quién eres, pero por si no te has dado cuenta estoy del lado de Carol. – Me dice relajando un poco el tono de voz. – Esperadme fuera, iré a buscar al hermano de Carol que está en el jardín y os llevaremos a casa, ¿de acuerdo? Si alguien os pregunta qué ha pasado, vosotras no habéis visto nada.

–  Carol, ¿quieres hacer lo que él dice? – Le pregunto. Y, tratando de aliviar la tensión, bromeo: – Si lo prefieres, también le podemos dejar inconsciente y hacer lo que te apetezca.

Carol por fin sonríe y me contesta:

–  Haremos lo que él dice, es el mejor amigo de mi hermano y le conozco desde que tengo uso de razón.

–  De acuerdo, esperaremos fuera. – Sentencio.

Todos nos quedamos mirando a Fabián, que está en el suelo como si estuviera dormido y Helena, al ver nuestra ligera preocupación, nos dice:

–  Solo está inconsciente, se despertará en unos minutos y con suerte no se acordará de lo que ha pasado.

–  Pues yo espero que sí se acuerde. – Murmura Carol casi en estado de shok.

Abrazo a Carol y le dedico una amplia sonrisa, es la única que me ha dado las gracias por bajarle los humos a ese idiota y sabiendo que a ella le ha parecido bien yo estoy contenta.

Salimos a la calle por la puerta principal de la casa y evitar así pasar por el jardín trasero donde se concentran la mayoría de invitados. Carol nos señala un Audi Q7 de color negro como el coche de su hermano y las tres nos apoyamos en la parte delantera del vehículo, cada una pensando en sus cosas y de repente les suelto:

–  Lo confieso, necesito sexo. Correr y pelearme con indeseables rebaja esporádicamente mi deseo sexual, pero no lo hacen desaparecer en absoluto.

–  ¿Eso significa que te vas a acostar con el buenorro del hospital? – Me pregunta Helena.

–  No, eso significa que necesito sexo, pero no necesariamente con él. – Aclaro.

–  ¡No me lo puedo creer! – Se mofa Helena. – La novia espectacular, la prometida perfecta, ¿está pensando en tener una aventura?

–  Una aventura sexual, nada de aventuras románticas. – Especifico fingiendo seriedad mientras Carol empieza a reír a carcajadas.

–  Ejem, ejem. – Oímos a alguien toser a nuestro lado. Las tres nos giramos de inmediato y a mí casi me da algo al ver a Álex con el tipo que nos ha dicho que le esperáramos aquí. – Tu hermana, la amazona y la supernena. – Añade señalándonos una a una para aclararle a Álex quiénes somos.

–  ¿Eli? – Me pregunta Santi confuso. – ¿Tú eres la amazona?

–  ¿Os conocéis? – Pregunta Carol.

–  Tu hermano es el buenorro del hospital. – Le aclara Helena al ver que yo me he quedado muda.

–  ¿El buenorro del hospital? – Le pregunta su amigo. – ¿Ella es la chica que llevaste al hospital?

–  Ahora no, Raúl. – Le advierte Álex. Se vuelve hacia a mí y me pregunta: – ¿Estás prometida?

–  Hola hermano, estoy bien, gracias. – Dice Carol al ver mi cara, llamando la atención de su hermano para que deje de hacerme preguntas.

Suspiro aliviada al quitarme de encima las preguntas de Álex pero Raúl se ha percatado de todo y me mira sonriendo divertido mientras que Álex se aleja un poco con Carol para hablar con tranquilidad.

–  ¿Qué te parece tan divertido? – Le espeto molesta.

–  La situación en sí. – Responde alegremente. – Si esto fuera una película, tu personaje volvería locas a las mujeres, algo así como la serie “sexo en Nueva York”.

–  Será mejor que te busques una aventura sexual muda, para lo que hay que oír. – Se mofa Helena.

–  Supernena, no seas desagradable. – Le dice Raúl con una sonrisa peligrosa. – Si te portas mal, voy a tener que azotarte.

–  Encanto, no prometas lo que no tienes pensado cumplir. – Le dice Helena descaradamente.

–  Encanto, tengo el coche justo ahí, ¿quieres que te lleve a casa? – Le propone Raúl.

–  Por favor, ¿queréis dejar de hacer eso? – Les reproché molesta con tanta insinuación descarada.

–  Mi cama es grande, también hay sitio para ti. – Me responde Raúl siguiendo la broma.

–  ¿Estáis hablando de hacer un trío o he bebido más de la cuenta? – Pregunta de repente Carol, con su hermano pegado a la espalda.

¡Oh, mierda! Ahora, además de creer que estoy prometida, también creerá que soy una zorra que se monta tríos con desconocidos a espaldas de su supuesto prometido.

–  Solo bromeaba con tu amazona, Álex, digo Carol. – Dice Raúl maliciosamente con una sonrisa traviesa en los labios. – Pero la supernena y yo nos despedimos de vosotros, la voy a llevar a casa.

Bajo el asombro de todos, Raúl y Helena se despiden de nosotros y desaparecen en un Mercedes deportivo plateado.

Álex abre una de las puertas traseras de su coche y con un gesto nos hace subir a Carol y a mí. Ambas le obedecemos sin rechistar, no tiene cara de estar para bromas. Álex se sube al asiento del conductor y arranca el coche. Conduce en silencio hasta que llegamos a la puerta de mi edificio y aparca el coche. Miro a Carol buscando una explicación y ella musita:

–  Está furioso, cree que estás prometida.

–  ¡Joder! – Exclamo sin querer y Álex nos mira con reproche. Me acerco a Carol y le susurro sin que él pueda oírme: – ¿Por qué no le has dicho que no estoy prometida?

–  No me pienso meter en medio de vosotros dos, lo que tengáis que hablar, habladlo entre vosotros.

–  ¡Dejad de murmurar como viejas! – Nos reprocha Álex molesto y a mí se me escapa la risa. – ¿Te parece divertido?

–  No puedes negar que la situación es bastante cómica y surrealista. – Le respondo. – Pero supongo que con la ayuda del tequila que me espera en casa terminaré por aceptarlo felizmente.

Definitivamente, Álex no está para bromas. Camino detrás de él hasta llegar a la portería y con la luz artificial del lugar puedo contemplar lo bueno que está con esos tejanos y esa camisa negra y, sobretodo, qué culo tiene. Nos montamos en el ascensor y sin querer roza mi cadera con su mano, liberando mi deseo para hacerlo llegar al centro de mi entrepierna. Dios, creo que necesito sexo urgentemente.

2 pensamientos en “Tú, yo y las estrellas 7.

  1. Wow that was strange. I just wrote an very long comment but after I clicked submit my comment didn’t appear. Grrrr… well I’m not writing all that over again. Anyways, just wanted to say superb blog!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.