Tú, yo y las estrellas 3.

Tú, yo y las estrellas

El lunes por la mañana, después de salir a correr con Thor, me doy una ducha, me pongo un traje de chaqueta y pantalón de color marfil con una blusa blanca sin mangas y acudo a la entrevista de trabajo que tengo concertada con el director de recursos humanos de Enjoy, una empresa que se dedica a la organización de eventos, entre ellos bodas de gente importante, conferencias, galas benéficas, inauguraciones de locales, hoteles, spas o cualquier otro negocio relacionado con eventos divertidos. Si me contratan, mi trabajo se basará en mantener contentos a los clientes y hablarles de lo bien que la empresa organiza los eventos para que nos elijan a nosotros y no a la competencia. Comparado con el trabajo que desempeñaba en la empresa de Norbert, esto será coser y cantar. La gente está más dispuesta a gastar dinero para divertirse que ha invertir en el negocio de otra persona.

Entro en el lujoso edificio donde se encuentran las oficinas de Enjoy y me dirijo al ascensor para subir a la quinta planta, donde se encuentra el departamento de recursos humanos. La chica de recepción me saluda amablemente y, tras corresponder su saludo, le digo:

–  Tengo una entrevista con Iván Salazar, el director de recursos humanos.

–  Oh, tú debes ser Eliana Robles, encantada de conocerte. – Me dice sonriendo. – Yo soy Cristina Durán, la recepcionista del departamento de recursos humanos. Te acompaño al despacho de Iván, te está esperando.

Cristina me acompaña hasta el despacho de Iván Salazar, llama a la puerta suavemente con sus delicados nudillos y la abre al mismo tiempo que anuncia mi llegada:

–  Iván, la señorita Eliana Robles ya está aquí.

–  Por fin nos conocemos en persona, señorita Robles. – Me dice Iván.

–  Por favor, llámame Eliana o, si lo prefiere, Eli. – Le respondo amablemente.

–  De acuerdo, pero entonces tendrás que llamarme Iván. – Me sonríe y añade: – Eli, lo cierto es que esta entrevista es más una reunión informal para llegar a un acuerdo en tu contrato. Sé cuál ha sido tu trayectoria y creo que es brillante pese a tu juventud. Cómo bien sabes, hace tiempo que deseamos que formes parte de Enjoy, creemos que aquí encajarás perfectamente. Eres el tipo de persona que buscamos para el perfil de director de relaciones públicas de Enjoy, una persona joven y dinámica pero a la vez experimentada y firme a la hora de tomar decisiones. – Me mira directamente a los ojos y añade: – No tienes por qué contestar si no lo deseas, pero siento curiosidad por saber por qué presentaste la dimisión en la empresa de los Weiner. Por lo que sé, allí todos te idolatran y hablo en presente porque ayer me pasé el día confirmando tus referencias.

–  Si has hecho los deberes cómo dices, sabrás que era la prometida de Norbert Weiner y que, tras romper el compromiso, dimití porque no quería seguir trabajando para su empresa.

–  El señor Norbert Weiner padre es un buen amigo mío y me ha confesado que su hijo tiene la esperanza de que vuelvas a Múnich, cree que se trata de una crisis temporal. – Me dice Iván lo más delicadamente que puede. – No quiero entrometerme en tus asuntos personales, pero como comprenderás no puedo contratarte si hay riesgo de que nos dejes tirados.

–  Acabo de mudarme y odio las mudanzas. – Le digo con naturalidad. – Puedes estar tranquilo, no tengo la menor intención de mudarme otra vez en toda mi vida y respecto a Norbert, a pesar de que no tengo por qué dar explicaciones sobre eso, te aseguro que nuestra ruptura es definitiva y te agradecería que, aunque seas amigo del señor Weiner, evitaras hablar con él sobre mí.

–  Clara y directa, me gustas. – Me contesta Iván divertido. – Estoy totalmente de acuerdo con tus condiciones, me parecen justas y aceptables. Como te dije por teléfono, te ofrecemos un salario un 10% superior al que tenías en Weiner y el horario sería de 8 a 15 horas de lunes a viernes, exceptuando la celebración de los eventos a los que deberás acudir. Tendrás un mes de vacaciones en verano, diez días en semana santa y otros diez días en Navidad. Si firmas hoy, empezarás a trabajar el lunes que viene.

–  Supongo que en el contrato podemos añadir una clausula donde se especifique que estaré un mes de prueba, por si a alguna de las dos partes se arrepiente. – Le comento.

–  Por supuesto, está incluida desde que hablamos por teléfono, tal y como te prometí. – Me contesta divertido. – Entonces, ¿firmas y empiezas el lunes?

–  Firmo y empiezo el lunes. – Le confirmo.

Iván me entrega el contrato y espera pacientemente a que yo lo lea y lo revise, punto por punto, antes de firmarlo. Cuando por fin firmo, Iván me estrecha la mano y me dice:

–  El lunes te esperamos a las ocho de la mañana, nos reuniremos con el director general de Enjoy y con los directivos del resto de departamentos para hacer tu presentación. Te facilitaremos un teléfono móvil de empresa, un ordenador portátil y te daremos algo de tiempo para que te acomodes en tu nuevo despacho antes de la reunión, pero deberás llegar puntual, el jefe tiene otra reunión a las doce.

Nos despedimos e Iván me acompaña hasta el ascensor. Al pasar por la recepción me despido de Cristina guiñándole un ojo con complicidad y ella me devuelve el gesto.

Como es pronto, estoy de buen humor y tengo asegurado un futuro laboral, decido pasarme por un concesionario y comprar el coche que llevo deseando comprar desde que vine con mi padre y con Jorge la semana pasada. El BMW 118 de color negro que hay en el escaparate está diseñado para mí. Sin dudarlo ni un segundo, entro en el concesionario y me dirijo directamente al tipo que me atendió la semana pasada, pero está ocupado y espero a que termine de hablar a una distancia prudencial.

–  Disculpe señorita, ¿puedo ayudarla? – Me dice otro de los dependientes.

–  Gracias, pero me gustaría esperar a que me atendiera aquél señor, me atendió la semana pasada. – Le contesto.

–  Oh, claro. – Me contesta decepcionado. – Le avisaré de que le está esperando.

En cuanto le avisan de mi presencia, el vendedor deja a sus clientes en manos de su compañero y se acerca hacia a mí con una sonrisa en los labios:

–  Señorita Robles, ¿ha tomado una decisión?

–  Sí, me lo llevo. – Le respondo sonriendo alegremente.

Una hora más tarde salgo del concesionario siendo propietaria de un coche, aunque no lo podré conducir hasta el viernes que lo hayan matriculado.

Llamo a mi hermana Rocío y quedo a comer con ella y contarle las nuevas noticias.

–  Si la tía Lola estuviera aquí te diría que solo te hace falta un hombre para que tu vida pudiera ser perfecta. – Se mofa mi hermana.

–  Creo que la tía Lola se llevará un disgusto conmigo, porque no pienso tener novio en un futuro próximo. – Le contesto divertida. Iker, el hijo pequeño de seis meses de mi hermana, empieza a llorar y mi hermana me mira con las manos llenas de chocolate de la tarta que está haciendo. – Déjalo, ya voy yo a por Iker. – Le digo levantándome para ir en busca de mi sobrino. – Enano, no veas los pulmones que tienes.

Cojo al pequeño en brazos y deja de llorar al instante, no sabe nada el enano este. Regreso a la cocina con mi hermana y la veo lavándose las manos y empezar a preparar la comida de Iker.

–  Te queda muy bien un niño en brazos. – Bromea mi hermana.

–  Quita, quita. – Le digo tocando la encimera de madera. – De momento, con Thor ya tengo bastante.

Entre risas y bromas, mi hermana y yo comemos mientras nos turnamos a Iker en brazos que es como un muñeco. El pobre solo llora cuando tiene hambre.

A las cinco de la tarde, acompaño a mi hermana al colegio a buscar a mi sobrina Nerea de cinco años, una mocosa divertida y graciosa que te deja sin palabras. En cuanto me ve a la salida del colegio, Nerea corre a abrazarme y se tira a mis brazos con ímpetu:

–  ¡Tita Eli, has venido! ¿Me vas a llevar a ver a Thor?

–  Hoy no, princesa. – Le digo a mi sobrina besándola en la mejilla. – Pero te prometo que el sábado por la mañana te iré a buscar a casa y te llevaré con Thor. Después podemos ir a comernos una de esas hamburguesas que tanto te gustan, ¿qué te parece?

–  ¡Chachi! – Grita mi sobrina encantada. – Ya verás cuando se lo cuente a la repipi de Miriam, ella me decía que tú no me querías llevar con Thor. Me voy a llevar la cámara de fotos y le voy a enseñar a Thor y le voy a decir que como vuelva a meterse conmigo le diré a Thor que se la coma. Ya verás cómo así me deja tranquila, tita.

Me quedo con la boca abierta, igual que se ha quedado mi hermana. ¡Esta niña es un demonio! Mi hermana y yo nos miramos y nos echamos a reír, sin duda alguna mi sobrina Nerea es una Robles de los pies a la cabeza.

Paramos un rato en el parque donde Nerea juega con sus amigos orgullosa de que su tita la mire desde el banco sentada con su madre.

–  Menudo personaje está hecha tu hija. – Me mofo riendo. – ¿Te acuerdas cómo éramos nosotras a su edad? Nerea es igual.

–  ¡Díselo a mi marido! El pobre espera que Iker saque su carácter porque como saque el nuestro no va a poder con los tres. – Bromea Rocío. – Jorge es un santo.

–  Me alegro de que mi cuñado te trate como a una reina, no te mereces menos. – Le digo a mi hermana abrazándola. – Por cierto, ¿qué tal te fue la noche del sábado?

–  Solo te diré que cada vez que lo recuerdo me tiemblan las piernas y no de miedo precisamente. – Me dice riéndose. – Hemos acordado que el primer sábado de cada mes saldremos los dos solos, sin niños de por medio.

–  Eso es bueno, no debéis dejar que se apague la pasión.

Después de pasar la tarde con mi hermana y mis sobrinos, regreso a casa a las ocho de la tarde. Me pongo un pantalón corto y una camiseta de tirantes y salgo a correr con Thor, ambos necesitamos hacer ejercicio. Como ya es habitual, nos dirigimos al mismo parque de siempre y allí lo suelto para que corra libremente a mi lado, sin necesidad de ir atado a una correa.

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