Tú, yo y las estrellas 20.

Tú, yo y las estrellas

El lunes se me complica el día en la oficina. Roldán ha vuelto a tener sus diferencias con nuestro director productivo y exige hablar directamente conmigo. Yo accedo resignada y Álex refunfuña porque piensa que lo único que quiere Roldán es pasar tiempo conmigo.

En la oficina, nadie sabe nada de nuestra relación, al menos no oficialmente. Álex no se molesta en disimular y por todos es bien sabido que llegamos y nos vamos juntos, por no mencionar nuestras miradas y sonrisas durante las reuniones, es nuestro secreto a voces.

–  Jesús, soy consciente del error que Enjoy cometió contigo, pero ya lo hemos solucionado y estamos dispuestos a realizar nuestro trabajo con la misma eficacia de siempre, pero si no confías en nosotros, puede que lo mejor es que ceses el contrato. – Le digo a Roldán frente al rostro de desconcierto de Álex, Raúl y Javier, el director de producción. – Antes de que tome una decisión arriesgada, le propongo que haga un balance de pros y contras sobre contratar una nueva empresa. ¿Qué garantías le pueden ofrecer de cara a la seguridad y organización de sus eventos? Mi abuela siempre decía que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer y, si me lo permites, te diré que Enjoy es de lo bueno lo mejor, conoces como trabajan sus empleados y, a excepción de ese lamentable acontecimiento, todo ha salido siempre bien. Le garantizamos seguridad, confianza y sobre todo le demostramos que en Enjoy lo primero son siempre los clientes. Enjoy ha hecho frente a las críticas, ha subsanado todos los errores de mi antecesor y ha indemnizado económicamente a las víctimas del incidente, pero Enjoy también es una víctima, no lo olvide.

–  Supongo que tienes razón, buscar a otra empresa de eventos solo me crearía más inseguridad de la que ya tengo, pero no es fácil volver a confiar en Enjoy. – Me responde Roldán.

–  Debo matizar que Enjoy no le ha defraudado, en todo caso lo hizo mi antecesor, el cual tengo entendido que está pendiente de rendir cuentas frente a la justicia. – Matizo. Le tiendo el contrato para que firme los cinco años de exclusividad con Enjoy y añado: – Me gusta que la confianza sea recíproca y, dado que nosotros le estamos dando plena confianza, espero que usted sepa lo que debe hacer.

–  Firmaré el dichoso contrato, pero exijo que seas tú quién supervise todo el proceso. – Condiciona.

–  Estaré encantada de atenderle siempre que lo desee, pero creo que Javier Oliveras, nuestro director productivo, será más efectivo a la hora de resolver sus dudas sobre el evento, escuchar sus sugerencias y, en según qué aspectos, deberá recurrir a él, aunque estoy dispuesta a estar presente en sus reuniones para asegurarme de que todo va como la seda. – Le respondo triunfal.

–  El idiota de Weiner no sabe lo que ha dejado escapar. – Me dice Roldán. – Sin embargo, estoy seguro de que el señor García sí sabe lo que tiene y no te dejará escapar.

–  Puede darlo por sentado, señor Roldán. – Le responde Álex. – No pienso dejar escapar a Eliana de Enjoy ni de mi vida.

Álex acaba de marcar territorio y ¡de qué manera! La tensión entre Álex y Roldán es palpable entre todos los presentes. Raúl me mira en busca de apoyo, ¿qué pretende que haga? Si estuviera en la calle ya les habría puesto a los dos en su lugar, pero estoy en la oficina, Álex  es mi jefe y Roldán el mayor cliente de Enjoy. Estoy atada de pies y manos.

–  Eliana y, ¿qué dices tú al respecto? – Me pregunta Roldán decidido a molestar a Álex.

–  No tengo intención de escaparme a ninguna parte y no permitiré que Álex deje que me escape.

Espero haberle dejado bien claro con eso que estoy con Álex y pienso seguir estándolo el resto de mi vida, ya sea profesional o personalmente hablando.

Raúl y Javier nos miran atónitos. Raúl sabe que estamos juntos, igual que Javier y el resto de la oficina, pero nunca lo hemos dicho abiertamente y ahora lo acabamos de hacer. Era el último muro que nos quedaba rebasar como una pareja que empieza a brotar como las flores en primavera.

Roldán nos sonríe y firma el contrato para después estrecharnos la mano a todos.

–  Espero no equivocarme con esto, Eliana. – Me dice Roldán.

–  No lo harás, puedes estar seguro de ello. – Le contesto estrechándole la mano con firmeza y despidiéndome de él. Acompaño a Roldán a la puerta del ascensor y cuando regreso a la sala de reuniones me encuentro a todos los directivos allí. – ¿Me he perdido algo? – Le pregunto a Marga en voz baja.

–  Álex nos ha reunido para ponernos a todos al corriente de la situación con Jesús Roldán y, por lo que ha dicho hasta el momento, tú eres la responsable de que haya firmado un contrato por cinco años más de exclusividad con nosotros. Enhorabuena, Eli. Eres lo que le hacía falta a Enjoy y a Álex, profesional y personalmente hablando. – Me responde Marga guiñándome un ojo.

Cuando Álex termina su discurso, todos me felicitan antes de regresar a sus respectivos despachos y Álex se queda en la sala hasta que todos desaparecen dejándonos a solas.

–  Pequeña, nos merecemos un fin de semana relajados. – Me dice besándome en los labios. – Me da igual si es en la cabaña de los Pirineos, en el Caribe o encerrados en casa, pero quiero un fin de semana solo para los dos.

Me agarra de los muslos y me sienta sobre la mesa para después colocarse entre mis piernas y besarme apasionadamente en los labios.

–  Cariño, estamos en la oficina, más concretamente en la sala de reuniones. – Protesto sin demasiado énfasis. – Cualquiera puede entrar y vernos y, si sigues así, no voy a ser capaz de razonar con lógica.

–  Me encantaría tumbarte en la mesa y hacerte el amor, pequeña. – Me susurra con la voz ronca.

Justo en ese momento, Raúl entra en la sala de juntas y nos sorprende.

–  Utilizad el despacho para estas cosas, esto es una zona común. – Se mofa. – Eliana, un mensajero está esperando que le firmes la notificación de entrega de trescientos ramos de rosas. – Se vuelve hacia a Álex y le dice bromeando: – Con un ramo hubiera bastado, ¿dónde vas a colocar trescientos?

–  Yo no he mandado esas flores. – Responde Álex frío como el hielo. Me mira inquisitivo y me pregunta algo molesto: – ¿Debo preocuparme por que alguien te envíe trescientos ramos de flores o es que es tu cumpleaños y todos tus amigos de Facebook se han puesto de acuerdo para llenar tu despacho y la oficina de rosas?

–  Mi cumpleaños es el quince de agosto. – Le respondo. – Debe de haber un error, ¿quién me iba a enviar trescientos ramos de rosas? – Entonces la fecha de hoy retumba en mi cabeza. Un día como hoy, hace seis años, empecé a salir con Norbert. – ¡Oh, mierda!

Salgo de la sala de reuniones y me dirijo directamente a la recepción donde Marga está ayudando a los pobres mensajeros a colocar la enorme cantidad de ramos de rosas rojas. Firmo la notificación de entrega y acto seguido me dedico a recoger todas y cada una de las tarjetas de los ramos y, cuando las tengo todas, las meto en la trituradora de mi despacho tras abrir la primera y comprobar mis sospechas, son de Norbert.

Álex me ha estado observando desde que salí de la sala de reuniones y me ha seguido hasta mi despacho donde, apoyado en el quicio de la puerta, me pregunta con seriedad:

–  ¿Piensas explicarme qué significa esto?

–  No tenía la menor intención, la verdad. – Le confieso. – Confiaba en poder limpiar todo esto sin tener que dar explicaciones.

–  Son de Norbert Weiner, ¿no es así? – Asiento con la cabeza y añade: – Eli, evitas hablar de él conmigo y tratas de ocultarme sus llamadas, sus e-mails y sus flores. Ya no sé qué pensar. A veces creo que sigues enamorada de él y que en cualquier momento te marcharás y regresarás a Alemania para estar a su lado.

Descuelgo el teléfono de mi despacho, marco la extensión de Marga y, cuando me contesta, le pido con un hilo de voz:

–  Marga, tira las flores, regálalas o quédatelas, pero deshazte de ellas, por favor. – Suspiro profundamente y añado: – Estoy reunida con Álex, ¿podrías impedir que alguien nos moleste?

–  Tranquila, cielo. – Me dice Marga divertida. – Nadie sabrá que estáis en el despacho.

Cuelgo el teléfono y le hago un gesto a Álex para que pase, cierre la puerta y se siente frente a mí. Él obedece pero en su rostro veo la tristeza y la desolación y siento una opresión en el pecho. Su dolor también es mi dolor.

–  Cariño, las rosas son de Norbert. – Le confieso. – No tengo la más mínima intención de regresar a Alemania y mucho menos de regresar con Norbert.

–  Entonces, ¿a qué vienen esas rosas de repente? – Me pregunta desconfiado.

–  Hoy hace seis años que conocí y empecé a salí con Norbert, hoy sería nuestro aniversario y supongo que las rosas han sido una forma más de llamar la atención y fastidiarme la vida. – Le contesto. – Álex, no quiero que desconfíes de mí. Te quiero más que a mi propia vida, lo que siento por ti nada tiene que ver con Norbert, es totalmente diferente.

–  Teniendo en cuenta que con él estuviste a punto de casarte, ¿cómo debo tomarme lo que acabas de decir? – Me pregunta con tristeza.

–  Cariño, contigo me casaría en este mismo momento. – Le respondo plantándole un beso en todos los morros. – Te quiero y no tienes nada de lo que preocuparte, ¿de acuerdo? – Asiente con la cabeza y me sonríe con ternura. – Y ahora, pequeño, me gustaría seguir con el asunto pendiente que hemos dejado en la sala de reuniones.

–  Te quiero, pequeña. – Me dice antes de besarme y tumbarme sobre la mesa de mi despacho.

Hacemos el amor allí mismo, sin preocuparnos por que nos puedan descubrir, dejándonos llevar por la pasión y el deseo. Me envuelve entre sus brazos, me besa y me acaricia como si yo fuera lo más preciado y delicado que pueda tener y yo me dejo querer por él.

Estando con él me siento en el paraíso, somos cómo Eva y Adán en el jardín del Edén, solo espero que en nuestro jardín no crezcan frutas prohibidas.

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