Tú, yo y las estrellas 2.

Tú, yo y las estrellas

Cuando salgo del baño ya duchada, Carol ya ha preparado las copas y está acariciando a Thor, que a pesar de lo poco sociable que es, parece que Carol le ha caído bien.

Entro en el salón y me siento a su lado en el sofá. Carol me mira un poco ruborizada y me dice:

–  Debes creer que estoy loca.

–  Si contamos esta historia, estoy segura de que creerán que la loca soy yo. – Bromeo. – ¿Quieres hablar de lo que ha pasado?

–  El chico con el que estaba en el parque es Fabián, mi ex novio desde esta misma noche. – Me empieza a decir y los ojos se le vuelven a llenar de lágrimas. – Esta noche daba una fiesta en su casa, pero yo tenía que ir a cenar a casa de mi abuela, que hoy es su cumpleaños. Le dije a Fabián que me pasaría por su casa en cuanto saliera de casa de mi abuela, pero que no llegaría antes de la una de la madrugada. Mi abuela, que sabía lo de la fiesta, me obligó a marcharme nada más cenar para que no me perdiera la fiesta de Fabián y yo me fui hacia su casa, donde llegué a las once y media de la noche. – Hace una pausa para beber un trago de su copa de tequila y continua hablando: – Cuando llegué a su casa ya estaba llena de gente, casi todos borrachos, pero no encontraba por ninguna parte a Fabián, así que subí al piso superior y fui directamente a su habitación, donde me lo encontré en la cama con Blanca, mi supuesta mejor amiga. Les grité que me daban asco y me largué hecha una furia, pero Fabián salió corriendo detrás de mí hasta que me alcanzó en el parque, donde tú me encontraste.

–  Lo siento. – Le digo con sinceridad. – Sé lo que se siente en tu situación.

–  Cuéntame tu historia.

–  ¿Mi historia? Es más una historia de terror que otra cosa. – Bromeo. – Me fui de Erasmus a Múnich y allí conocí a Norbert, un alemán que me hechizó. Estaba tan enamorada que me quedé a vivir en Múnich, dejando atrás a mi familia y a mis amigos en España solo por estar con él. Los primeros cuatro años fueron maravillosos, terminé la carrera, empecé a trabajar como relaciones públicas en la empresa del padre de Norbert y mi eficaz trabajo se vio recompensado con más trabajo y un mejor sueldo, pero apenas me dejaba tiempo para mí. Supongo que por eso se lío con su secretaria. Ese mismo día recogí todas mis cosas del apartamento que compartíamos y me fui a casa de una amiga. Dos semanas más tarde dimití y empecé a organizar toda mi vida desde cero, así que decidí regresar al origen. Llegué hace una semana y desde entonces he estado organizando el apartamento y viviendo en casa de mis padres, hoy es la primea noche que voy a dormir aquí.

–  Esto no puede ser, somos dos mujeres espectaculares, inteligentes, independientes y que no necesitan a un hombre a su lado para ser felices. – Me dice Carol bebiéndose de un trago su copa. – A partir de hoy, los hombres de esta ciudad temblarán al vernos pasar.

Llenamos nuestras respectivas copas y brindamos por el poder de las mujeres, por el inicio de una buena amistad y por una noche de borrachera.

La botella de tequila se vacía con gran rapidez y ambas, completamente borrachas, nos quedamos dormidas en el mismo sofá del salón.

Cuando me despierto a la mañana siguiente, Carol ya está levantada y se ha molestado en preparar el desayuno.

–  Ya sé que debería haberte pedido permiso para usar la cocina, pero creí que lo menos que podía hacer para agradecerte lo que hiciste anoche por mí era hacerte el desayuno. – Me dice tímidamente.

–  Si vas a prepararme un desayuno cómo ese, puedes quedarte a dormir aquí siempre que quieras. – Le contesto alegremente. – Aunque, la próxima vez, será mejor que cada una duerma en una cama porque dormir en el sofá es horrible.

Nos sentamos a desayunar y, cuando terminamos, Carol me ayuda a recoger el apartamento. Carol se da una ducha y le dejo algo de ropa limpia para que regrese a casa. Intercambiamos los números de teléfono y quedamos en volver a vernos esta misma noche para celebrar que somos mujeres solteras e independientes que no necesitan a ningún hombre a su lado.

Decido llamar a Helena, tal y como le prometí a mi hermana, y la pongo al corriente de los planes de esta noche, sabiendo de antemano que aceptará la invitación encantada. Helena es de las que piensa que los hombres solo sirven para una cosa y algunos ni siquiera para eso.

–  ¡Por supuesto que cuentas conmigo, no me perdería una salida de chicas ni por todo el oro del mundo! – Exclama Helena al otro lado del teléfono. – Nos vemos en el restaurante italiano que hay al lado de mi casa, ¿o prefieres ir a un japonés?

–  El italiano está bien, no sé si el japonés le gustará a Carol.

Esa misma noche, Carol me viene a buscar a casa y ambas vamos en su coche hasta el restaurante italiano donde nos espera Helena. Hago las presentaciones pertinentes y nos sentamos en una de las mesas. Como las tres somos de la misma edad, tenemos muchas cosas en común y conectamos estupendamente, a pesar de que las tres somos muy diferentes.

–  Fabián ha venido esta mañana a casa y le he tenido que decir a mis padres que ya no estábamos juntos. – Nos dice Carol. – Aunque ha sido un momento de lo más incómodo, no sabéis qué aliviada me he sentido cuando se lo he contado. No les he contado que me había puesto los cuernos con Blanca, para eso todavía no estoy preparada.

–  Yo no se lo conté a mi familia hasta que regresé a España, casi dos meses después de haberlo dejado con Norbert. – Les confieso. – Un mes antes de regresar les llamé y les dije que lo había dejado con él y que regresaba, pero no les confesé que me había sido infiel hasta que llegué y todos me sometieron a un interrogatorio de tercer grado.

–  Espero que esto os haya servido para no volver a confiar en los hombres, tenéis que tratarlos como ellos nos tratan a nosotras, como objetos sexuales. – Nos dice Helena riendo.

Cenamos mientras charlamos y bebemos vino tinto, entre bromas y risas. Del restaurante decidimos ir a un pub que hay cerca, allí bailamos al ritmo de salsa y seguimos bebiendo.

–  Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. – Les confieso mientras meneo mi cuerpo al ritmo de la música.

Todas nos reímos y nos miramos divertidas cuando un grupo de chicos se unen a bailar con nosotras. El rubio de ojos azules me coge por la cintura y me guía en los pasos. Es un buen bailarín, pero sus ojos azules y su pelo rubio me recuerdan demasiado a Norbert, así que me deshago de él en cuanto la canción termina.

–  Has hecho bien, ese tío es un doble del idiota de tu ex. – Me susurra Helena.

–  A partir de ahora, solo quiero hombres morenos de ojos oscuros. – Bromeo. – Creo que pasaré de los rubios con ojos azules durante un tiempo.

Las tres nos reímos y decidimos dejar de bailar un rato para dirigirnos a la barra y pedir otra ronda de bebidas. Había olvidado cómo son los españoles a la hora de ligar, tan directos y ardientes, nada que ver con los alemanes, que son fríos y distantes.

Helena les pone ojitos a todos los hombres que se nos acercan, Carol les saluda amablemente pero incómoda y yo, con toda la indiferencia del mundo, me los quito de encima como si de moscas se trataran. Al verme, Helena suelta una carcajada y me dice divertida:

–  Tanto tiempo en Alemania te ha vuelto fría y calculadora como los alemanes, ¿es que no te acuerdas de la sangre caliente que corre por tus venas?

–  Ahora mismo lo que corre por mis venas es hielo. – Le respondo.

–  Hace dos meses que lo dejaste con Norbert y desde entonces estás en abstinencia total, ¡eso no es bueno para la salud, ni física ni mentalmente hablando! – Exclama Helena.

–  ¿Dos meses? Yo no creo que sea capaz de aguantar tanto sin sexo. – Se lamenta Carol.

–  No pienso acostarme con el primer hombre que pase, no tengo necesidad de hacerlo. – Les digo sin opción a réplica. – Al menos no por ahora, de aquí a unos días ya veremos…

Todas nos echamos a reír y brindamos por nosotras mismas. La noche se alarga bastante y cuando llego a casa son más de las cinco de la mañana. Jaime me saluda al verme entrar en el portal y noto como se dibuja una sonrisa en sus labios al ver mi estado de embriaguez.

–  Eliana, ¿necesita ayuda? – Me pregunta cuando me tropiezo al subir un escalón.

–  Gracias Jaime, pero creo que puedo sola. – Le respondo bromeando. – Siempre y cuando funcione el ascensor, de lo contrario me veo incapaz de subir las escaleras.

De todas formas, Jaime decide acompañarme. Entra conmigo en el ascensor y me ayuda a abrir la puerta de casa, después de que yo lo hubiera intentado sin éxito más de diez veces. Con toda la paciencia del mundo, Jaime abre la puerta, deja mis llaves sobre el cuenco de la entrada y me desea las buenas noches antes de salir y regresar a su puesto de trabajo.

Menudo espectáculo, creo que no voy a poder volver a mirar a la cara a Jaime. Por suerte, no he llegado a caerme ni tampoco he vomitado, de lo contrario mañana tendría que mudarme.

Estoy demasiado cansada para salir a pasear con Thor, así que le acaricio la coronilla y le digo con un tono de voz dulce y delicada:

–  He bebido demasiado para salir ahora a pasear, pero te prometo que me levantaré temprano y te llevaré a correr al parque.

Thor asiente con la cabeza y menea la cola. Me da un lametón en la mano y regresa a tumbarse donde estaba antes de que yo llegara. Este perro entiende todo lo que le dicen, a veces me pregunto si realmente es un perro o un humano disfrazado de perro.

Decido irme a dormir antes de que todo empiece a darme vueltas, hacía demasiado tiempo que no bebía y me emborrachaba como lo he hecho esta noche.

2 pensamientos en “Tú, yo y las estrellas 2.

    • Espero que te guste ésta historia, Alberto! Aunque, dado el comentario de Brooke el otro día, creo quizás te guste más el relato Infiel (la primera parte sobre todo, jeje). Gracias por tu comentario, un abrazo! 😉

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