Tú, yo y las estrellas 19.

Tú, yo y las estrellas

El sábado por la tarde, me preparo para ir a casa de los padres de Álex o, como mi hermana me ha dicho, a casa de mis futuros suegros. En cualquier otro momento de mi vida pensar en conocer a futuros suegros sería como arder en el infierno, pero contra todo pronóstico, estoy ilusionada y emocionada, aunque también estoy hecha un manojo de nervios.

Aconsejada por mi hermana, me pongo un vestido malva de tubo hasta las rodillas, bastante ceñido pero compensado con un escote recatado. Me calzo mis zapatos negros de tacón de aguja y una chaqueta de color negro de manga 3/4. Para no parecer tan formal, me dejo el pelo suelto y apenas me maquillo. Cuando salgo del baño y me encuentro con Álex en el salón esperándome, me dice en cuanto me ve:

–  Cariño, estás preciosa pero, ¿no crees que vas muy elegante para una cena familiar?

–  Así no ayudas. – Protesto dando media vuelta para regresar a mi habitación y cambiarme de ropa. Él me sigue hasta la habitación y, apoyado en el quicio de la puerta con gesto despreocupado, me dice: – Solo ponte algo con lo que te sientas cómoda, unos tejanos y una camiseta. Yo tampoco me he puesto traje.

–  Fuera, voy a cambiarme de ropa. – Le ordeno. Me mira sorprendido, no es la primera vez que me cambio de ropa delante de él y nunca me ha importado, pero ahora estoy demasiado preocupada y nerviosa como para relajarme mientras él no me quita ojo de encima. – Espérame en el salón, lo último que quiero es que me entretengas y lleguemos tarde.

Obedece de mala gana y regresa al salón mientas yo vuelvo a inspeccionar mi armario. Opto por ponerme una mini falda tejana con una blusa de tirantes con estampado floral y unas sandalias con tacón de cuña, arreglada pero informal. Salgo de nuevo al salón y cuando Álex me ve me dice sonriendo maliciosamente:

–  Cariño, si vas así vestida solo voy a tener ganas de desnudarte. ¿Es tu venganza por haberte dicho que te cambiaras de ropa?

–  Será tu recompensa al final de la noche. – Le contesto socarronamente. – Entonces, ¿crees que estoy bien así vestida para ir a casa de tus padres?

–  A mí me gustas más desnuda, pero estoy seguro de que a ellos les incomodaría un poco.

Entre bromas y risas subimos al coche de Álex y conduce hasta a las afueras de la ciudad, cerca de donde vive su abuela Charo. En esta zona todas las casas son enormes, como en el barrio de mis padres y mis tíos.

Aparca el coche en la calle, frente a la puerta de acceso al jardín de casa de sus padres. Salimos del coche y se coloca rápidamente a mi lado, rodeándome la cintura con su brazo. Me da un beso en la frente y me susurra al oído:

–  Relájate, no te dejaré sola ni un segundo. – Vuelve a besarme, esta vez en los labios, y añade: – El próximo fin de semana nos lo tomaremos de descanso, solos tú y yo, ¿dónde te gustaría ir?

–  Quiero ir a la cabaña. – Le contesto convencida de mi decisión. – Me gusta que estemos solos tú, yo y las estrellas.

–  Te quiero, pequeña. – Me dice por primera vez. Me da un beso dulce en los labios y añade: – Y ahora vamos a entrar ahí dentro y les vas a dejar a todos con la boca abierta.

–  Álex, espera. – Le digo agarrándole del brazo. Le miro fijamente a los ojos y, armándome de valor, le confieso con un hilo de voz: – Yo también te quiero.

Me besa apasionadamente en los labios hasta que nos interrumpe la voz de Carol, que está parada frente a nosotros diciéndonos:

–  Ya os daréis el lote luego, me han enviado a buscaros porque tenían miedo de que Eli se echara atrás.

–  Estaba a punto de echarse atrás y la estaba convenciendo para que entrara. – Bromea Álex. – Lo cierto es que el resultado estaba siendo bastante efectivo, hasta que has aparecido.

–  Carol, ¿voy bien así vestida? – Le pregunto nerviosa.

–  Así estás perfecta, creo que incluso me gustas para mí. – Se mofa Carol.

–  Ten cuidado, que soy como una droga para todo aquel que me prueba. – Le sigo la broma.

–  ¡Vaya dos! – Exclama Álex divertido. Nos abraza a ambas por la cintura y entramos en la majestuosa casa donde una pareja de la edad de mis padres nos espera en el hall, sonriendo alegremente junto a Charo. – Mamá, papá, quiero presentaros a Eliana, mi novia. – Les dice orgulloso. Me da un beso en la frente y me dice: – Cariño, ellos son mis padres, Celia y Nicolás. A mi abuela ya la conoces.

–  Encantada de conocerles. – Les digo estrechándoles la mano a los padres de Álex, que sin dudarlo me dan la mano y un cálido abrazo. – Charo, me alegra volver a verte. – Añado tras saludarla con un afectuoso abrazo, le he cogido mucho cariño a esta mujer.

Pasamos al salón y Nicolás es el primero en romper el hielo y hablar:

–  La verdad es que vuestra historia es muy interesante. – Empieza a decirnos. – Es como si el destino se hubiera empeñado en cruzar vuestros caminos. Os conocéis sin saber que vais a trabajar juntos y Eliana conoce a Carol sin saber que es tu hermana. Me hubiera gustado haber visto la cara de mi hijo cuando se enteró de quién eras realmente.

–  Sinceramente, creo que mi cara fue peor que la suya. – Bromeo.

–  Casi tuve que rogarte que no renunciara al trabajo porque yo fuera el jefe. – Me recuerda Álex. – Y menos mal que la convencí porque, si no llega a ser por ella, uno de mis mejores clientes nos hubiera dejado y hubiera sido un duro golpe, tanto económico como para la imagen de la empresa.

–  No todo el mérito es mío, y aún no lo tenemos asegurado. – Le recuerdo.

–  Nuestro hijo ha sabido elegir bien, Celia. – Le dice Nicolás a su esposa. – Ha escogido a una chica educada, inteligente y muy hermosa.

–  Me basta con ver cómo os miráis para saber que vais a ser felices juntos. – Me dice Celia.

–  Ya vale, me la vais a asustar y me quedaré sin novia. – Les dice Álex al ver cómo me ruborizo. – Ya me ha costado lo mío conseguir que esté donde está, no hagáis que se arrepienta.

Pasamos al comedor entre bromas y risas. Los padres de Álex son tan encantadores como él, su hermana y su abuela. Todos están pendientes de que me sienta cómoda entre ellos y no me falte de nada, sobretodo Álex, que no se despega de mí ni un segundo tal y como me ha prometido.

Después de cenar, tomar el postre y café, Álex decide que ya es hora de irse y nos despedimos de su familia prometiéndoles regresar pronto para cenar de nuevo todos juntos.

Regresamos a casa y, tumbados en el sofá, me dice:

–  Mis padres te adoran, igual que te adoramos mi abuela, mi hermana y yo desde que te conocimos.

–  Me alegro de que saliera bien, estaba preocupada porque no fuera así.

–  Cariño, todo va a ser perfecto entre nosotros, pienso ocuparme de ello. – Me dice abrazándome con fuerza y besándome en la coronilla.

–  Nunca me he sentido tan bien como me siento ahora. – Le confieso. – Haces que me sienta segura, contigo no le tengo miedo a nada y eso me preocupa.

–  No lo entiendo, ¿te preocupa?

–  Si esto no sale bien…

–  Va a salir bien, saldrá perfecto. – Me interrumpe. – Ya te he dicho que me voy a encargar de que así sea, pequeña amazona.

–  Pues deberías empezar a ocuparte, cariño. – Le digo con voz melosa al mismo tiempo que acaricio su cuello suavemente con mis labios. – Quiero sexo, pequeño.

–  Tus deseos son órdenes para mí, pequeña. – Me responde colocándome sobre él. – Me encanta complacerte, cariño.

Nos besamos, nos acariciamos, nos desnudamos y hacemos el amor en el sofá para después seguir haciéndolo en el suelo de la habitación y por último en mi cama.

Aún no me creo que esto esté pasando de verdad, es todo tan bonito y perfecto que me da miedo despertar un día y darme cuenta de que todo ha sido un sueño, una ilusión.

El domingo Álex propone llevarme a un pequeño pueblo costero y vamos en su moto. No sé por qué, esperaba una moto como Harley Davidson, pero la moto de Álex me ha impresionado más, es como una de esas motos enormes de carrera en la que solo de pensarlo te da pánico imaginarte subida en ella.

–  Venga pequeña, no dejaré que te ocurra nada y prometo ir despacio. – Me anima al verme dudar. Me subo a la moto y me susurra antes de darme el casco: – Esa es mi pequeña amazona.

Pasamos el día comiendo con vistas al mar, paseando por la orilla de la playa o por las pintorescas calles del pequeño pueblo donde todo el mundo se saluda con alegría. Álex me lleva cogida por la cintura y me besa en los labios cada tres pasos que da, no puede estar separado de mí ni yo separada de él, todo esto está yendo demasiado rápido y lo cierto es que no me importa. Estoy dispuesta a dejarme llevar por lo que siento y disfrutar del presente sin temer el futuro.

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