Tú, yo y las estrellas 18.

Tú, yo y las estrellas

Al día siguiente, Álex y yo llevamos a mi sobrina a montar a caballo, a comer una hamburguesa y a pasear a Thor, tal y como le habíamos prometido. Nerea vuelve a mencionar el asunto de los primitos y yo vuelvo a ponerme pálida. Si nunca he pensado en tener hijos, ¿por qué me lo planteo ahora que apenas estoy empezando una relación? Con Norbert estuve cinco años, cuatro de ellos viviendo con él y uno prometida. Estaba a punto de casarme con él, estaba dispuesta a pasar el resto de mi vida con él, sin embargo, nunca me había planteado tener hijos. Apenas hace dos meses que conozco a Álex y mi mente ya ha imaginado cómo sería tener hijos con él.

–  Pequeña guerrera, vamos a hacer un trato. – Le dice Álex a mi sobrina. – Tú cuidas muy bien durante un tiempo a Iker y, si lo haces bien, la tita y yo nos lo pensamos, ¿de acuerdo?

–  ¿Durante cuánto tiempo tengo que cuidar a Iker? – Le pregunta mi sobrina.

–  Durante algún tiempo, pequeña. – Le dice Álex. – No queremos que la tía se asuste y salga huyendo, ¿verdad?

Por suerte, él siempre está ahí para sacarme del atolladero, y eso me recuerda que le debo una explicación. Esa misma noche, cuando nos sentamos en el sofá después de cenar, le digo:

–  Gracias por contestar las impertinentes preguntas de mi sobrina, no es fácil y tú lo has hecho muy bien, pequeño.

–  Has vuelto a ponerte pálida cuando lo ha mencionado. – Me dice sonriendo. – El caso es que como no dices nada, he empezado a darle vueltas a la cabeza. Incluso he llegado a pensar que te has quedado embarazada y tratas de ocultármelo. Nunca harías algo así, ¿verdad?

–  ¿Qué? ¿A qué te refieres?

–  Quiero que me prometas que si te quedas embarazada, nunca me lo ocultarás. – Me dice mirándome fijamente a los ojos.

–  Deja de darle vueltas a la cabeza, no estoy embarazada. – Le digo divertida. – Y, si me quedo embarazada, serás el primero en saberlo, te lo prometo. – Le doy un beso en los labios y, abrazándole con fuerza, le confieso: – Nunca había pensado tener hijos, ni siquiera estando a punto de casarme. No es que no quisiera tenerlos, sino que me parecía algo demasiado lejano como para pensar en ello. Sin embargo, cuando mi sobrina dijo que quería un primito, me di cuenta que sí quiero tener hijos. No ahora, en un futuro lejano. – Le aclaro para no asustarlo.

–  A mí no me importaría tener hijos contigo ahora mismo, de hecho tengo que confesarte que la idea de que pudieras estar embarazada me gustaba. – Me dice bromeando. – Me gustaría tener a un pequeño demonio corriendo por los pasillos detrás de Thor, un pequeño demonio nuestro.

–  Y yo que creía que la loca era yo… – Musito divertida.

La semana en la oficina se me hace cuesta arriba, Roldán le está dando problemas a Javier Oliveras, el director de producción, y me veo obligada a intervenir entre ellos. Finalmente, logro que Roldán se tranquilice y escuche las sugerencias de Javier, que me parecen de lo más apropiadas y así se lo hago saber a Roldán.

El viernes quedo para comer con Helena y Carol y les cuento lo nerviosa que estoy por la cena de mañana en casa de los padres de Álex, que también son los padres de Carol.

–  No te preocupes, mis padres aún no te conocen y ya te adoran, mi abuela les ha hablado maravillas de ti. – Me dice Carol animándome. – Además, mi abuela y yo también estaremos en la cena, no tienes de qué preocuparte.

–  ¿Qué me dices de la cena de esta noche en casa de tus padres? – Me pregunta Helena.

–  Mis padres adoran a Álex, no tengo nada de lo que preocuparme. – Le respondo encogiéndome de hombros y añado bromeando: – Si no ha salido corriendo después de tratar con mi sobrina y toda mi familia al completo, no creo que lo vaya a hacer precisamente esta noche.

–  Yo tengo que confesaros algo. – Nos dice Helena. – Raúl y yo hemos empezado a salir en serio, lo hemos hablado y los dos queremos algo más que ser un par de amigos que se divierten juntos.

–  Me alegro por vosotros. – Le digo dándole un abrazo. Me vuelvo hacia a Carol y le digo: – Y tú no deberías perder el tiempo con Iván, deberías llamarle y quedar con él.

–  Ya me gustaría a mí, pero Iván solo me ve como la hermana pequeña de su amigo y ahora encima también su jefe. – Se lamenta Carol. – No me ve como una mujer.

–  Eso es lo que tú te crees. – Le aseguro. – Iván no te quita el ojo de encima, pero creo que el hecho de que seas la hermana pequeña de su amigo y jefe y que acabes de dejarlo con tu novio le echa un poco para atrás. Tendrás que ser tú quien dé el primer paso y tendrás que hacerlo rápido si no quieres que alguna lagarta se te adelante.

Carol saca su móvil y le manda un mensaje a Iván invitándole a cenar y él responde aceptando de inmediato. Puede que necesiten ir poco a poco, pero estoy segura que terminarán juntos tarde o temprano, igual que Álex y yo.

Esa misma noche, Álex y yo vamos a cenar a casa de mis padres. Por extraño que parezca, mi madre no ha invitado a mis tíos y mi padre trata a Álex como si de Jorge se tratara, uno más de la familia. Mi madre no hace ninguna de sus preguntas indiscretas y todos se muestran encantadores. La primera vez que llevé a Norbert a cenar a casa de mis padres nos fuimos antes de que sirvieran el segundo plato, Norbert no aguantó más las preguntas inoportunas, inapropiadas y despiadadas de mi familia y esa noche yo me enfadé mucho con ellos, aunque ahora me arrepiento de no haberles hecho caso en su momento.

–  Cielo, estás muy callada, ¿va todo bien? – Me pregunta mi padre cuando estamos en el salón, tomándonos una copa después de cenar.

–  Todo va genial, papá. – Le respondo sonriendo. – Gracias por esta noche tan tranquila.

–  Ambos hemos aprendido de nuestros errores, pequeña. – Me dice abrazándome y besándome en la frente como acostumbra a hacer para después susurrarme al oído: – Este chico me gusta para mi princesa y, si ha sabido ganarse a Nerea, no hay duda de que merece la pena intentarlo, pequeña.

–  Basta ya de cuchicheos, está muy feo. – Nos regaña mi madre mientras Álex nos mira divertido. – Por cierto, ¿mañana vas a cenar a casa de los padres de Álex, verdad?

–  Así es, mamá. – Le digo poniéndome tensa.

–  Relájate, mis padres te van a adorar en cuanto te conozcan. – Me dice Álex acariciándome la mano para llevarla hasta sus labios y besarla. – No tienes que preocuparte de nada.

–  Y, ¿si no les gusto? – Pregunto horrorizada.

–  Pequeña, estoy segura que les vas a gustar. – Me dice mi padre. – De lo contrario limítate a comportarte educadamente y pon alguna excusa cuando Álex te diga que quiere que vayas con él a visitarles, es lo que hacía yo con tus abuelos. – Añade bromeando.

–  ¡Manuel! – Le regaña mi madre mientras nosotros nos reímos. – Y tú, no te rías, ¡eres igual que tu padre!

–  Mamá, reconócelo. – Le digo. – Pasé un verano con el abuelo y los chicos del pueblo dejaron de hablarme porque el abuelo los amenazó.

–  A lo mejor son mis padres los que no te gustan. – Bromea Álex divertido.

–  Eli está acostumbrada a nuestra familia, estoy seguro que cualquier otra familia le parecerá celestial comparada con la nuestra. – Se mofa mi padre.

–  ¡Manuel! – Vuelve a regañarle mi madre. – ¿Qué va a pensar Álex de nosotros?

–  Después de lo que vio en el cumpleaños de tu nieta, si ha vuelto es porque quiere de verdad a tu hija y tengo que reconocer que el chico me cae bien, me gusta cómo mira y cómo trata a mi pequeña. – Le dice mi padre con total naturalidad.

–  Papá, las dos copas de vino que te has tomado te han sentado mal. – Me mofo. Me vuelvo hacia a Álex y le digo orgullosa: – Eres el primer novio que le cae bien a mi padre.

Le doy un beso en los labios sin pensar en dónde ni con quién estoy. Mis padres nos miran sonriendo y Álex se queda paralizado, sorprendido por lo que acabo de hacer.

–  No pongas esa cara, tú querías que nuestra relación fuera estable y formal y lo bueno de eso es que puedo besarte donde y cuando quiera. – Le respondo divertida.

Me sonríe maliciosamente, me abraza y me besa en la frente, igual que acostumbra a hacer mi padre. Mi padre nos mira divertido y le dice a Álex:

–  Ándate con ojo, muchacho. Aquí donde la ves, cuando saca ese carácter que tiene tiembla hasta el mismísimo diablo. Es mejor que no la hagas enfadar. – Le advierte.

–  Aún no he visto ese carácter, pero he podido comprobar las consecuencias. – Le responde Álex sonriendo, seguramente recordando la noche de la fiesta en casa de Izan, cuando me peleé con Fabián en la cocina. – No me atrevería a hacerla enfadar, no tengo la menor intención de conocer en primera persona el carácter de tu adorada hija.

–  Entonces, si no te vuelvo a ver, deduciré que ya has conocido el lado oscuro de su carácter. – Se mofa mi padre.

–  ¡Papá! – Le regaño. Me vuelvo hacia Álex y le dijo poniéndole ojitos de cordero: – No hagas caso a mi padre, soy tan dulce como un osito de peluche.

Todos se ríen y yo con ellos. Pero mi madre se ve en la obligación de ser sincera con Álex y le dice:

–  Soy su madre y la adoro, es una buena chica que siempre ha tenido los pies en la tierra, pero cuando saca la mala leche no hay quién pueda con ella así que, si quieres un consejo, te recomiendo que cuando se enfade la dejes sola y dejes que se le pase.

–  Mamá, lo estás asustando. – Le reprocho al ver la cara de sorpresa de Álex. Le doy un breve beso en los labios y le susurro: – Si tú puedes aguantar a mi familia, estoy segura que yo podré soportar a la tuya. De hecho, estoy segura de que me encantarán, aunque solo sea porque no pueden sacar mis trapos sucios a la luz.

Cuando regresamos a casa, Álex está feliz y yo también, aunque solo sea porque verlo feliz me hace feliz a mí. Oh, Dios. Creo que empiezo a hablar como mi hermana…

Álex se ha divertido en casa de mis padres y ha soportado todos y cada uno de sus comentarios con paciencia y buen humor, todo lo contrario de Norbert.

De hecho, Álex es todo lo contrario de Norbert y creo que eso es parte de lo que le hace tan encantador. No es egoísta ni egocéntrico, es generoso y detallista con los demás. Trata a todos sus empleados como a un igual, aunque él sea el jefe. En fin, nada qué ver con Norbert.

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