Tú, yo y las estrellas 17.

Tú, yo y las estrellas

Han pasado tres semanas desde nuestra pequeña escapada a la cabaña de los Pirineos y mi relación con Álex cada vez es más fuerte y apasionada. Nos entendemos a las mil maravillas y siento mariposas en el estómago cada vez que lo veo o escucho su voz.

El sábado llega y con él la fiesta de cumpleaños de mi sobrina. He tenido que hablar con mis padres y mis tíos sobre la relación que tenemos Álex y yo. Cómo aún no le hemos puesto nombre, les he dicho que nos estamos conociendo, aunque ya nos conocemos de sobra, pues además de trabajar juntos, se puede decir que prácticamente vivimos juntos. Álex se queda a dormir en casa casi todos los días, sacamos juntos a pasear a Thor, vamos al supermercado a hacer la compra y salimos a tomar un par de copas con Helena, Carol, Raúl e Iván. Helena y Raúl siguen viéndose y saliendo juntos, pero ninguno de los dos admite que van en serio, pese a que no se ven con terceras personas y ambos ponen cara de idiotas enamorados cuando se miran. Por otra parte, Álex me ha confesado que Carol siempre ha estado enamorada de Iván, pero él nunca le había dado esperanzas primero porque la consideraba una niña y luego porque empezó a salir con Fabián, pero parece que el destino por fin ha obrado y ha cruzado sus caminos, aunque ambos van con pies de plomo y no han pasado del inocente coqueteo. Una de esas noches, mi hermana y mi cuñado dejaron a los niños con mis padres y vinieron con nosotros a tomar un par de copas. Mi hermana y mi cuñado los invitaron a todos al cumpleaños de Nerea y todos aceptaron felizmente.

Cuando llegamos a casa de mi hermana, todos ya están ahí.

–  ¡Tita Eli, Álex! – Grita mi sobrina al vernos y viene corriendo para lanzarse a nuestros brazos. – ¡Sois los últimos en llegar!

–  Sentimos ser los últimos, pequeña guerrera. – Le dice Álex. – La tita Eli y yo queríamos estar muy guapos para tu cumple.

–  Supongo que tú debes ser Álex, ¿verdad? – Pregunta mi tía Lola. – Nerea no ha dejado de hablar de ti y todos queríamos conocerte.

–  Álex, ella es mi tía Lola.

–  Encantado de conocerla, señora. – La saluda Álex educadamente.

–  Por favor, llámame Lola o tía Lola. – Le responde mi tía guiñándole un ojo. La fulmino con la mirada y añade: – Deja de mirarme así, te prometí que sería buena con él y pienso cumplir mi promesa, no necesito que me vigiles.

–  Lola, cariño, deja de incomodar a los chicos. – Le dice mi tío Paco. Se vuelve hacia a Álex y le dice tendiéndole la mano: – Soy Paco, el tío de Eli y Rocío. Cuidado con las mujeres de esta familia, son de armas tomar. – Añade bromeando.

–  ¿Dónde está mi pequeña? – Pregunta mi padre abrazándome. Me da un beso en la mejilla y, tras mirar severamente a Álex, le dice: – Soy Manuel, el padre de Eli y el abuelo de Nerea. – Le doy un codazo a mi padre sin nada de discreción y añade: – Estamos encantados de conocerte por fin, mi hija te tiene muy escondido.

–  Suficiente, papá. – Le interrumpo. – Ve a avisar a mamá y así pasamos por el mal trago de un tirón.

–  Al menos este no parece un capullo. – Me dice mi padre en lo que pretende ser un susurro pero sin conseguirlo.

–  No te molestes, eso es lo mejor que ha dicho de cualquiera de los hombres que he llevado a casa. – Le susurro a Álex al oído para tranquilizarlo. – Y prometo compensarte todo esto esta noche.

–  Creo que este es el momento oportuno para decirte que mis padres quieren que te lleve a casa a cenar con ellos. – Me dice divertido. – Quizás puedas compensármelo viniendo a esa cena.

–  ¿Es que no pensáis saludarme? – Nos pregunta mi hermana sonriendo. Nos saluda a ambos con uno de sus afectuosos abrazos. – Ahí viene mamá, suerte.

–  Hola, mamá. – La saludo dándole un beso en la mejilla. – Él es Álex. – Me vuelvo hacia a Álex y, cogiéndole de la mano para acercarlo a nosotras, le digo: – Ella es Rosa, mi madre.

–  Encantado de conocerla, Rosa. – Le dice Álex mostrando su sonrisa más seductora.

–  Lo mismo digo, Álex. – Le responde mi madre ¿coqueteando? – Y por favor, tutéame.

Tras saludar a todos los presentes, Álex y yo nos refugiamos con nuestros amigos en el salón y mi sobrina decide acompañarnos, no quiere separarse ni de Álex ni de mí.

–  Pequeña guerrera, ¿quieres abrir tus regalos?  – Le pregunta Álex divertido.

–  ¡Sí! – Grita ella eufórica. – Tita Eli, ven conmigo y con Álex a abrir los regalos.

Nerea abre los regalos bajo la atenta mirada de todos los presentes y todos disfrutamos viendo a mi sobrina jugando con sus nuevos juguetes.

Como estoy pendiente de Álex todo el tiempo, mi madre y mi tía cambian de estrategia y deciden tratar de sonsacarle información a Carol, pero mi hermana me guiña un ojo y la rescata tras regañar a ambas mujeres que ponen cara de no haber roto un plato en su vida mientras Álex y yo nos reímos divertidos.

Mi sobrina se acerca a mí y me susurra al oído:

–  Tita Eli, ¿Álex ya es tu novio?

La cojo en brazos y salgo con ella al jardín. No quiero mentirle, pero tampoco puedo decirle toda la verdad, así que opto por hablar solo de lo que se puede hablar con una niña de cinco años.

–  Cariño, Álex me gusta mucho, pero nos conocemos desde hace muy poco tiempo y antes de ser novios tenemos que estar seguros de que queremos serlo. – Empiezo a decirle. – Las relaciones entre dos adultos son difíciles de entender, mucho más de explicar.

–  Helena dice que tienes miedo de que Álex sea como el frío. – Me dice mi sobrina dejándome muerta.

–  Cariño, Álex no tiene nada que ver con Norbert. – Le aclaro. – Álex es bueno contigo y conmigo, no es justo que pague por el error que cometió Norbert.

–  Entonces, ¿puedo llamarle tito Álex? – Me pregunta mi sobrina, sin haberse enterado de nada de lo que le acabo de decir e interesándose de nuevo por él.

–  Creo que eso se lo tendrás que preguntar a él, pequeño demonio. – Le respondo sonriendo.

–  Ya se lo he preguntado muchas veces, pero siempre me dice que tengo que esperar a que tú quieras que él sea mi tito. – Me dice enfurruñada. – ¿Es que no quieres que sea mi tito? Yo no quiero que vuelva el frío, quiero que se quede Álex.

–  Cariño, el frío no va a volver, te lo prometo. – Le aseguro. Ni por todo el oro del mundo volvería con Norbert. – En cuanto a Álex, me encantaría que fuera tu tito. ¿Quieres que vayamos las dos a preguntárselo?

–  ¡Sí! – Me responde abrazándome.

Entramos de nuevo en el salón y todos nos miran con expectación, saben que Nerea y yo estamos tramando algo y no quieren perderse ningún detalle. Nerea se dirige directamente hacia a Álex, se coloca frente a él con los brazos en jarras y le dice con su voz de sabelotodo:

–  La tita Eli y yo queremos hablar contigo, ¿puedes venir con nosotras al jardín?

Álex asiente con la cabeza y se pone en pie, cruzando su mirada conmigo buscando una explicación, pero yo me limito a levantar las manos en señal de inocencia y a encogerme de hombros mientras que el resto de los presentes intentan contener la risa.

Salimos los tres al jardín y nos sentamos en el sofá-balancín en absoluto silencio hasta que mi sobrina se anima a hablar:

–  La tita Eli y yo queremos que seas mi tito, pero la tita Eli dice que primero te lo tengo que preguntar a ti. – Le informa mi sobrina. – Entonces, ¿quieres ser mi tito?

Álex me mira a los ojos antes de responder y, cuando me ve sonreír, le dice a mi sobrina:

–  Pues claro que quiero ser tu tito. – Le revuelve el pelo cariñosamente y añade: – ¿Qué te parece si mañana vamos a pasear a Thor y a comer una hamburguesa para celebrarlo?

–  Sí, se lo voy a decir a mamá. – Dice la niña antes de salir corriendo en busca de su madre.

–  Si soy su tito, tú y yo… – Dice Álex esperando que yo acabe la frase.

–  Tú y yo… ¿estamos juntos?

–  Me hubiera gustado algo más comprometido, pero supongo que con eso me basta por el momento.

–  Quiero ir a cenar con tus padres, Álex. – Le digo acercándome más a él. – No sé cómo lo has hecho, pero ya no imagino mi vida sin ti.

–  Eso sí que no me lo esperaba. – Me dice sonriendo dulcemente antes de besarme. – Y me gusta oírlo, porque no pienso separarme de ti, pequeña amazona.

Álex me vuelve a besar y yo le correspondo con pasión, hasta que oímos a nuestra espalda:

–  Ejem, ejem. – Nos separamos bruscamente y ambos nos ruborizamos al ver a mi padre plantado frente a nosotros. – Siento interrumpir, pero Nerea está a punto de soplar las velas.

–  Papá, espera. – Le digo antes de que desaparezca.

–  No, no quiero saberlo. – Me dice divertido. – Y más vale que tu madre no se entere o no te la sacarás de encima hasta que os vea casados. – Se vuelve hacia a Álex y le dice: – Cuídamela bien, muchacho, te llevas a mi pequeña joya.

–  Como a una reina. – Le asegura Álex al mismo tiempo que me estrecha entre sus brazos. Me da un beso en la frente y sonriendo alegremente, se levanta y me dice: – Vamos a ver cómo tu sobrina sopla las velas.

Mi sobrina ya se ha encargado de darle la noticia a todo el mundo y todos nos miran sonriendo, felices de conocer nuestro pequeño secreto a voces.

–  ¡Tito Álex, la mama me deja ir mañana a montar a caballo! – Le grita mi sobrina arrojándose a sus brazos. – La tita Eli también viene, ¿verdad?

–  Por supuesto que voy, cariño. – Le respondo. – Y después nos comeremos una hamburguesa.

–  ¡Bien! – Exclama mi sobrina. Me da un abrazo y añade: – Tita Eli, ¿cuándo tendré primitos?

La carcajada es general, pero yo no me río. ¿Tener hijos? Lo cierto es que nunca me lo había planteado, ni siquiera estando prometida a Norbert se me había pasado por la cabeza.

–  Cielo, creo que aún tardarás un poquito en tener primitos. – Me saca del atolladero mi madre.

Todos continúan riéndose, pero esta vez Álex se queda callado, mirándome fijamente a los ojos. Se acerca lentamente y me pregunta susurrando:

–  ¿Estás bien? Tu sobrina ha mencionado que quiere un primito y te has puesto pálida. – Le miro suplicando una tregua y, tras besarme en la frente con dulzura, me dice: – Ya hablaremos de tu reacción cuando estés preparada.

Mi sobrina sopla las velas después de que todos le cantemos el “cumpleaños feliz” y le aplaudimos. Helena, Carol, Raúl e Iván son los primeros en marcharse seguidos de mis tíos Paco y Lola. Álex y yo también decidimos marcharnos y mis padres aprovechan el momento para invitarnos a cenar la próxima semana. El sábado vamos a cenar con los padres de Álex, así que Álex les dice que iremos el viernes por la noche, sin darme tiempo a responder.

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