Tú, yo y las estrellas 12.

Tú, yo y las estrellas

Como he dejado el coche en el edificio de Enjoy, vamos en el coche de Álex a buscar a mi sobrina al colegio. Estoy nerviosa porque no sé cómo se va a tomar el que sus padres se hayan ido sin ella y aunque yo soy su “supertita Eli” no es lo mismo estar conmigo a ratos que estar días sin ver a sus padres.

–  Estás muy tensa, ¿qué te pasa? – Me pregunta Álex sin dejar de mirar a la carretera.

–  Nerea no sabe que sus padres se han ido y estoy nerviosa por su reacción.

–  Tu sobrina te adora, estoy seguro que se alegrará de pasar unos días contigo.

–  No es lo mismo que pase el día conmigo a que esté diez días separada de sus padres. – Le respondo nerviosa. – Desde que ella nació yo he vivido en Alemania y, aunque nos llevamos bien, no sé si la convivencia se nos va a dar muy bien. No tengo mucha mano con los niños, la verdad.

–  Lo harás genial, ya lo verás. – Me responde sonriendo. – De todas formas, si me dejas, a mí me encantaría echarte una mano.

–  Vas a pasar la tarde con mi sobrina, estoy segura que cuando te vayas a tu casa desearás no haberme conocido. – Bromeo haciéndolo reír.

Llegamos al colegio de mi sobrina diez minutos antes de que salga y encontramos aparcamiento en la misma puerta, los padres esperan hasta el último minuto para buscar a sus hijos. Bajamos del coche y Álex, echando una ojeada a los pocos padres que ya merodean por la puerta, me dice:

–  Parece un buen colegio, aunque pocos padres sean puntuales.

Tras esperar unos minutos, los padres empiezan a llegar y los niños empiezan a salir del colegio. Álex y yo buscamos a mi sobrina entre los demás niños y la vemos venir corriendo hacia a nosotros al mismo tiempo que dice gritando con su voz cantarina llena de felicidad:

–  ¡Tita Eli, has venido a buscarme con tu novio!

El pequeño demonio se arroja a mis brazos y a mí me entran ganas de estrangularla, pero hay demasiada gente mirando.

–  Cielo, Álex no es mi novio. – Le aclaro.

–  Jo, pues yo quiero que sea tu novio, tita. – Me responde el pequeño demonio. Se vuelve hacia a Álex y le pregunta: – ¿Mi tita te ha dado una patada en el culo? La tía Lola dice que la tita Eli siempre les da una patada en el culo a sus novios.

–  ¡Nerea! – La regaño mientras Álex intenta ocultar la risa sin éxito.

–  ¡Jo, pero es verdad! – Protesta mi sobrina.

–  Ya hablaré yo con la tía Lola. – Murmuro. – Cielo, papá y mamá se han ido a León a ver a los abuelos y, cómo tú tienes cole, hemos pensado que te gustaría quedarte en casa con Thor y conmigo. ¿Té parece una buena idea?

–  ¿Tú también te quedas en casa de la tita Eli? – Le pregunta mi sobrina a Álex.

–  Me encantaría, pero no sé si tu tita me va a dejar. – Le responde Álex sonriendo.

–  Tita, ¿se puede quedar? – Me pregunta Nerea con cara de no haber roto un plato en su vida. – Por fa, tita. Que te prometo que me portaré bien con él y no como con el frío.

Se me escapa una carcajada y hago subir al coche a mi sobrina, le abrocho el cinturón de seguridad y subo al asiento del copiloto intentando ocultar la risa.

–  ¿El frío? – Me pregunta Álex.

–  Mi ex. – Le respondo divertida. – Así es como lo llama mi padre y ya sabes cómo son los niños, ¡repiten todo lo que oyen!

–  Oye Nerea, ¿sabes cómo me llamo? – Le pregunta Álex mirándome con picardía.

–  Mamá y Helena dicen que eres el buenorro del hospital, pero la tita Eli las regaña y les dice que te llamen por tu nombre. Te llamas Álex, ¿verdad? – Le contesta mi sobrina.

–  Sí, me llamo Álex. – Le responde y, mirándome divertido, añade: – Aunque tampoco me molesta que me llamen el buenorro del hospital.

–  Oh, basta por favor. – Le suplico. – No estás jugando limpio.

Álex me dedica una sonrisa y sigue conduciendo hasta llegar a mi edificio, donde aparca en una de las dos plazas de parquin que tengo, pues mi coche está en el edificio de Enjoy. Subimos a casa y Nerea se vuelve loca al ver a Thor. Cómo no, nos hace salir al parque a pasear con Thor y Álex nos acompaña encantado.

–  Interesante primera cita. – Me susurra al oído mientras mi sobrina está distraída con Thor. – Al menos podemos decir que ha sido original.

–  Lo siento, tampoco es como yo había imaginado. – Le respondo sonriendo.

–  Y, ¿cómo la habías imaginado?

–  Si te soy sincera, me he negado a imaginarla. – Le confieso. – Eres mi jefe, ni siquiera sé qué estoy haciendo contigo.

–  ¿Te sientes incómoda conmigo?

–  No, todo lo contrario. – Me oigo decir. – Pero pensar que eres mi jefe… Eso sí me hace sentir incómoda.

–  Nuestra relación personal no va a influir ni para bien ni para mal en nuestra relación profesional, si es eso lo que te incomoda. – Me dice con la voz tranquila y pausada.

–  ¿Eso significa que si, por ejemplo, le ordeno a Thor que te muerda, seguiré manteniendo mi puesto de trabajo? – Le pregunto bromeando.

–  Será mejor que no lo intentes. – Me responde sonriendo.

–  ¡Tita Eli, mira! – Grita mi sobrina señalando a un jinete que va a lomos de un caballo. – ¡Yo también quiero subirme a un caballo!

–  ¿Te gustaría montar a caballo? – Le pregunta Álex.

–  Sí, ¿tú tienes uno? – Le pregunta mi sobrina.

–  Yo no, pero tengo un amigo que tiene un montón de caballos. – Le responde ganándose toda la atención de Nerea. – Si a tu tita le parece bien, podemos ir el sábado a hacerle una visita.

–  ¡Sí! – Grita mi sobrina eufórica. – Tita Eli, ¡di que sí!

–  Luego llamamos a mamá y se lo preguntamos, ¿de acuerdo? – Le respondo sin saber muy bien qué decir. ¿Debo dejar que mi sobrina monte a caballo estando a mi cargo? ¿Y si le pasa algo?

–  Relájate. – Me dice Álex sonriendo y añade susurrando con voz ronca: – No montará sola y no le pasará nada. Además, así tú y yo también podremos pasear a lomos de un caballo.

–  Mmm. Suena tentador. – Le susurro coqueteando. – Pero debo pedirle permiso a mi hermana.

Regresamos a casa y, mientras yo baño a Nerea, Álex prepara la cena. Espaguetis a la boloñesa, a petición de mi sobrina. Llamo a mi hermana y me cuenta que tanto su suegro como su cuñado se encuentran fuera de peligro pero que estarán ingresados una semana por lo menos. Hablamos de Nerea y le comento lo de ir el sábado a montar a caballo pero cuando mi hermana empieza a hacer preguntas, le paso el teléfono a mi sobrina, quien le cuenta con pelos y señales todo lo que ha hecho y con quién lo ha hecho.

–  Y Álex me va a llevar a montar a caballo el sábado. – Tras una pausa añade: – La tita Eli dice que no es su novio, pero yo creo que sí lo es.

¡Maldita cría! Si no fuera mi sobrina ya la habría matado. Álex me mira y sonríe, sin duda alguna él también adora a mi sobrina.

Después de cenar y después de conseguir que se duerma, regreso al salón completamente agotada. Oigo a Álex trastear por la cocina, decido asomarme sin hacer ruido y lo veo terminando de recoger la cocina, está todo impoluto.

–  Eres como mi hada madrina. – Bromeo. – Me caigo y apareces para rescatarme, me das trabajo en tu empresa, me ayudas con mi sobrina y además recoges mi apartamento. Creo que estoy a punto de pedirte que te cases conmigo.

–  Ten cuidado, quizás acepte. – Me dice volviéndose hacia a mí sonriendo. – Creo que ya es hora de marcharme, mañana pasaré a recogerte para llevar a Nerea al colegio.

–  Eres muy raro. – Musito. Álex me mira alzando una ceja, buscando una aclaración. – Pasas el día con mi sobrina y conmigo y cuando nos quedamos a solas quieres marcharte. Lo de pedirte que te cases conmigo era una broma, no tienes que salir corriendo.

–  ¿Nos tomamos una copa en la terraza? – Me pregunta sin dejar de sonreír. Asiento con la cabeza y Álex coge un par de copas de cristal y una botella de vino y salimos a la terraza, donde nos sentamos en las sillas de exterior junto a la pequeña mesa y él, tras servir las copas, brinda. – Por nuestra primera cita.

–  Esta es la primera cita más rara que he tenido. – Le digo riendo.

–  Te aseguro que yo tampoco suelo hacer esto en mis primeras citas. – Bromea. – De hecho, nunca antes había tenido una cita así. Aunque tengo que confesarte que me ha encantado.

–  Te prometo que te compensaré, pero para eso tendremos que esperar a que mi hermana regrese.

–  No prometas lo que no vas a cumplir, pequeña amazona.

–  Nunca lo hago, pequeño ogro. – Le respondo divertida. Me acerco mucho a él y, sonriéndole con picardía, le susurro al oído: – Si es que sigues interesado en tener una cita de verdad conmigo.

–  Eres lo único que me interesa desde que te conozco, pequeña amazona. Aunque tengo que confesarte que ya no eres la única en la que pienso, ahora también adoro a un pequeño demonio de rizos rubios y sonrisa traviesa que es una versión de ti veinte años más joven. – Me contesta sonriendo y mirándome a los ojos añade con voz ronca: – Voy a besarte, pequeña.

Y me besa. Me besa en los labios primero con suavidad y delicadeza y después con pasión y lujuria. Sus manos bajan por mi espalda y cuando llegan a mi trasero me agarra con fuerza y me coloca sobre su regazo para después hacer que le rodee la cintura con mis piernas. Puedo notar su tremenda erección clavándose en mi entrepierna y me apego más a su cuerpo.

–  ¿Qué hacéis? – Oigo la voz adormilada de mi sobrina y doy un respingo, incorporándome de inmediato. – ¿Por qué os besáis si no sois novios?

–  Venga a dormir, Nerea. Mañana tienes cole. – Le digo ruborizada.

–  Pero tita, yo quiero que Álex sea mi tito. – Protesta mi sobrina.

–  Pequeña guerrera, si quieres que sea tu tito tendrás que hacerme caso, ¿de acuerdo? – Le dice Álex poniéndose a su altura. – Para empezar, tienes que obedecer a la tita y portarte muy bien. Mañana vendré a buscarte para ir al cole juntos y te traeré el desayuno.

–  Vale, pero me lo has prometido y la tita siempre dice que se tiene que cumplir todo lo que se promete, ella nunca falta a su promesa.

–  No sabes cuánto me alegra oír eso, pequeña guerrera. – Le contesta y me guiña un ojo con complicidad.

–  Cielo, ve a la cama, ahora voy yo a arroparte. – Le digo a mi sobrina tras besarla en la frente. Espero a que mi sobrina se vaya a su habitación y le digo a Álex: – Lo siento, ya sabes cómo es mi sobrina…

–  Es como su tía, encantadora. – Me interrumpe. – Será mejor que me vaya antes de que vuelva. Buenas noches, pequeña amazona.

–  Buenas noches, Álex.

Me besa suavemente en los labios y se marcha sonriendo. Voy a la habitación de mi sobrina y la arropo tal y como le he prometido. Espero a que se duerma y me doy una ducha de agua fría antes de meterme en la cama y caer rendida en los brazos de Morfeo.

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