Tú, yo y las estrellas 11.

Tú, yo y las estrellas

A las doce en punto, desde recepción nos anuncian la llegada de Jesús Roldán y puedo ver como el rostro de Álex se endurece y su gesto deja de ser relajado y desenfadado. Sus músculos se tensan y su mirada se ensombrece. Raúl le da una palmadita en la espalda para que se relaje y le dice:

–  Vamos a hacer todo lo que podamos por recuperarlo pero, si no lo conseguimos, saldremos igualmente adelante.

Álex asiente con la cabeza, no demasiado convencido, y los tres nos ponemos en pie cuando la puerta del despacho se abre y entra Jesús Roldán acompañado por Iván, que nos hace una mueca en señal de que Roldán viene dispuesto a entrar en guerra.

–  Señor Roldán, gracias por atendernos. – Lo saluda Álex estrechándole la mano. – Ya conoce a Raúl Pérez, el subdirector de Enjoy. – Roldán y Raúl se dan la mano y Álex, señalándome con la mano, añade más tenso todavía. – Le presento a Eliana Robles, nuestra nueva directora de relaciones públicas.

–  ¿Usted no estaba trabajando en Weiner? – Me pregunta Roldán y, sin esperar respuesta, vuelve a preguntarme: – ¿Desde cuándo trabaja usted aquí?

–  Llámeme Eli o Eliana, por favor señor Roldán. – Le digo estrechándole la mano. – Cómo usted ha dicho, trabajaba en Weiner, pero no he podido rechazar la oferta de trabajar para una empresa como la que es Enjoy.

–  Espero que sus jefes le hayan puesto en antecedentes, señorita Eliana. – Me dice Roldán sonriendo. ¿Está coqueteando conmigo? – Su trabajo no va a ser fácil teniendo en cuenta lo que pasó.

–  Soy consciente del desagradable incidente ocurrido, de hecho he de confesarle que me he tomado mi tiempo para estudiar todo el trabajo que Enjoy ha realizado para usted, señor Roldán.

–  ¿Te parece bien que nos tuteemos, Eli? – Me pregunta Roldán.

–  Por supuesto, Jesús. – Respondo ante la cara de sorpresa y confusión de Álex y Raúl. – Entiendo que lo que ha ocurrido le ha hecho sentir cierta desconfianza con Enjoy, pero Enjoy también es una víctima más de lo ocurrido y le ha demostrado siendo siempre eficiente en sus eventos. Le estoy pidiendo que nos dé una oportunidad y después tome una decisión definitiva. Yo me encargaré personalmente de revisar todos y cada uno de sus eventos. Puede pedir referencias sobre mí, todos le dirán que soy una persona tenaz y muy exigente en cuanto a detalles pequeños.

–  Venía dispuesto a rescindir mi contrato con Enjoy, Eli. Pero lo cierto es que me has impresionado. No necesito pedir referencias sobre ti porque he seguido tu trayectoria en Weiner, la cual admiro. – Me dice Roldán con una sonrisa en los labios. – Te enviaré los datos del próximo evento de mi empresa para que lo revises y podemos volver a reunirnos la semana que viene para hablar de los detalles. ¿Qué te parece el próximo miércoles? – Me pregunta mirando su agenda. – Te invito a comer.

–  Estaré encantada de comer contigo, Jesús. – Le contesto y nos estrechamos la mano a modo de despedida. Roldán se despide fríamente de Raúl y Álex, nada qué ver como lo ha hecho conmigo y se marcha con una sonrisa en los labios. – Tenemos diez días para que el departamento de producción prepare la mejor presentación de la historia y asegurarnos la cuenta de Roldán. Nunca se deben permitir errores pero en este caso todavía menos. Supervisaré el trabajo del equipo de producción y me da igual lo que opine el director del departamento, es hora de trabajar en equipo si queremos que esto funcione.

–  ¿Hay alguna manera de apagarte cuando te pones en modo profesional? – Se mofa Raúl. – Acabas de recuperar a nuestro mayor cliente pese a que ya lo dábamos por perdido, deberías estar dando saltos de alegría. O al menos deja que te felicite, amazona.

–  Sí, has hecho un buen trabajo y desde luego has impresionado a Roldán. – Me dice Álex con un ligero tono de reproche.

–  ¿Tienes algún inconveniente? – Le pregunto molesta.

–  ¡Qué inconveniente va a tener! – Lo interrumpe Raúl. – Eres la reina de los milagros.

–  Raúl, déjanos a solas. – Le ordena Álex sin apenas mover los labios. Espera a que haya salido por la puerta y me dice: – Eli, Roldán tiene fama de mujeriego y he visto cómo te comía con los ojos, evita acercarte demasiado a él, no quiero que piense lo que no es. Y, para que quede claro, las relaciones sentimentales entre los empleados de Enjoy y sus clientes no están permitidas.

–  ¿Tengo pinta de querer tener una relación sentimental con Roldán? – Le espeto molesta. – Estás muy equivocado si crees que llegué a dónde llegué en Weiner por salir con el hijo del dueño.

–  Yo no he dicho eso.

–  No, no has tenido el valor suficiente para decirlo pero sí para insinuarlo. – Le reprocho.

–  Yo también conozco tu trayectoria en Weiner, sé que eres la mejor en tu trabajo y sé que Weiner, a pesar de que has roto con su hijo y dimitiste sin dar explicaciones, quiere seguir teniéndote en su empresa, incluso sé que te ha hecho llegar ofertas en las que incluía que su hijo no se acercaría a ti. – Me mira a los ojos y, dulcificando un poco su tono de voz, me susurra: – Solo te pido que tengas cuidado con él y, si se sobrepasa, me lo hagas saber.

–  ¿Me lo pides como jefe o como amigo? – Le pregunto sonriendo juguetona.

–  Te lo digo como jefe, como amigo y como persona. – Me dice mirándome a los ojos.

–  Lo tendré en cuenta, jefe. – Le respondo burlonamente. Mi móvil empieza a sonar y al ver que es mi hermana quien llama le digo antes de contestar: – Perdona, es mi hermana. Sabe que estoy en el trabajo y que es mi primer día, así que debe ser importante. – Álex me hace un gesto con la mano para que conteste la llamada sin preocupación alguna y yo le obedezco: – Rocío, ¿qué ocurre? Estoy en el trabajo.

–  Eli, necesito que vayas a buscar a Nerea al colegio, Jorge y yo tenemos que irnos a León, el padre y el hermano de Jorge han tenido un accidente de tráfico y están ingresados en el hospital. La madre de Jorge está histérica y salimos ya hacia allí. – Me dice mi hermana sin apenas coger aire. – ¿Puedes ocuparte de Nerea? Solo serán unos días y no tengo con quién dejarla. – Los papas y los tíos están de crucero por los fiordos noruegos y no puedo llevarme a Nerea a León, además de que no puede dejar de ir al colegio.

–  Rocío, no puedo. – Le digo con gran pesar. – Entro a trabajar a las ocho y Nerea no entra en el colegio hasta a las nueve, ¿no tienes a nadie con quien dejarla?

–  Si tuviera a alguien no te lo pediría, mucho menos sabiendo que es tu primer día de trabajo.

–  ¿Qué ocurre? – Me pregunta Álex.

–  Vale Rocío, no te preocupes. – Le respondo a mi hermana. – Ya veré cómo me organizo. Déjame las cosas de Nerea con Tomás, el portero del edificio. Y llámame en cuanto llegues a León, espero que el padre y el hermano de Jorge se recuperen pronto.

–  Muchas gracias, Eli. – Me dice mi hermana. – Te debo una de las grandes.

Cuelgo el teléfono tras suspirar profundamente y Álex, con cara de preocupación, me pregunta:

–  ¿Vas a contarme qué ocurre?

–  El padre y el hermano de mi cuñado han tenido un accidente de coche y están ingresados en el hospital. La madre de mi cuñado está histérica y mi cuñado y mi hermana se van a León, pero me dejan a mi sobrina en casa porque no se la pueden llevar y mis padres y mis tíos están de crucero por los fiordos noruegos. – Le resumo. – Estuve cenando anoche con ellos y ni siquiera me acordé de que hoy se iban de crucero, ¿qué clase de hija soy?

–  ¿Te han dejado a cargo de Nerea?

–  Sí y tengo que pedirte un favor. – Le confieso. – Tendré que llevar a Nerea al colegio y no entra hasta las nueve, así que llegaré tarde, pero me quedaré de 15 a 16 horas para recuperarlo y trabajaré desde casa, solo será algo temporal, diez días como mucho, mis padres regresan el miércoles de la semana que viene.

–  No hay ningún problema, Eli. – Me responde sonriendo. – Pero has olvidado que esta tarde teníamos una cita y eso sí que no pienso pasarlo por alto.

–  Teniendo en cuenta que eres mi jefe y que encima tengo a mi cargo a una niña de cinco años, creo que deberías alejarte de mí, solo te traeré problemas. – Bromeo.

–  De eso nada, aunque termine viendo una película de dibujos animados pienso estar contigo toda la tarde. – Me contesta divertido. – De hecho, pienso acompañarte a buscar al pequeño demonio al colegio.

Álex decide que salgamos a comer a las dos de la tarde, una hora antes de que finalice mi jornada laboral. Intento convencerle de que no es el mejor ejemplo que dar siendo mi primer día de trabajo, pero alega que después de retener a nuestro mayor cliente es lo mínimo que puede hacer, aunque ya está haciendo más de lo que debería. Me lleva a comer a un restaurante bastante íntimo y caro y ambos disfrutamos de la comida y de una agradable charla que se ve interrumpida constantemente por las llamadas a mi teléfono móvil. Mis padres, mis tíos, Helena y Carol quieren saber cómo me ha ido el primer día de trabajo y yo lo explico brevemente, entusiasmada como una niña. Helena se ha enterado por Raúl que mi jefe es Álex y no ha podido dejar de reírse en todo el rato y, cuando ha llamado Carol y le he dicho quién era mi jefe no me ha creído, así que le he tenido que pasar el teléfono a Álex para que se convenciera. Cuando por fin Álex cuelga a su hermana, me mira sonriendo alegremente y me dice:

–  Mi hermana estaba en casa de mi abuela y quieren que nos pasemos por allí un rato, ¿te apetece?

–  Tengo que ir a buscar a Nerea. – Le respondo.

–  Vamos a buscar a Nerea y pasamos un momento por casa de mi abuela, así tu sobrina podrá merendar, creo que no tienes mucha comida en la nevera. – Se mofa. – Después iremos a dar un paseo al parque con Thor, haremos una estupenda cena y, con un poco de suerte, tu sobrina se dormirá temprano y nos dejará hablar un rato a solas, ¿te parece bien?

–  ¿Acaso piensas tener en cuenta mi opinión? – Bromeo.

–  Por supuesto que tengo en cuenta tu opinión, pero si por ti fuera no te volvería a ver el pelo, tengo que asegurarme de que no saldrás corriendo a la primera de cambio. Por cierto, aún no me has dicho si tu jefe es un ogro. – Añade divertido.

–  Lo cierto es que mi jefe es un tipo encantador. – Bromeo.

–  ¿Debería sentirme celoso?

–  Sin lugar a dudas. – Respondo riendo. – Venga, será mejor que nos movamos si no queremos llegar tarde a recoger a mi sobrina, mi padre dice que tiene mi carácter y, si es así, no nos conviene hacerla enfadar.

Álex pide la cuenta y cuando saco mi tarjeta del monedero me hace un gesto nada pacífico para que la guarde rápidamente y yo obedezco al instante, haciendo que me sonría con dulzura. El camarero trae la cuenta y le cobra a Álex, que deja una generosa propina y, agarrándome por la cintura, salimos sonriendo felizmente del restaurante.

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