Tu hada de la suerte 23.

fairy-309929__180

Un año más tarde…

Llevo varios días encontrándome fatal, vomito a todas horas, el olor a comida me provoca náuseas y me duermo por los rincones. Mike está preocupado, pero le he quitado importancia alegando que se trataba de un virus gastrointestinal, aunque sé perfectamente lo que me ocurre. Igual que también lo sabe Carmen, que esta mañana se ha confabulado con Mike y se han negado a dejarme salir de la cama. Mike se ha ido a trabajar y Carmen se ha quedado cuidándome.

–  ¿Cuándo vas a decírselo? – Me ha preguntado con cautela, pero con un ligero reproche en la voz.

–  ¿Ha decirle el qué a quién? – Me hago la sueca.

–  Milena, hasta yo me he dado cuenta de lo que te ocurre. – Me dice Carmen acariciando mi mano para darme ánimo. – ¿Estás asustada?

–  Estoy aterrada. – Le confieso. Necesito hablar con alguien o me volveré loca y Carmen es la única que sabe lo que me ocurre. – Ni siquiera me he hecho el test de embarazo, pero sé que va a dar positivo. Mike y yo ni siquiera hemos hablado de tener hijos, no sé cómo se lo va a tomar y yo estoy confundida. No sé si estoy preparada para tener un bebé y, por si fuera poco, no dejo de vomitar, mi comida preferida me da asco y me duermo por los rincones.

–  Mi niña, creo que deberías hablar con Mike. – Me aconseja Carmen. – Estoy segura de que él desea a ese bebé tanto como tú.

Animada por Carmen, hemos ido a la farmacia y he comprado un par de test de embarazo. He decidido hablar primero con Mike y hacerme el test de embarazo con él presente, tal y cómo me ha aconsejado Carmen. Al fin y al cabo, si estoy embaraza él será el padre de ese bebé.

Cuando Mike llega de trabajar, Carmen nos dice que ha dejado preparada y lista para calentar la cena en el horno y se retira a su habitación para dejarnos a solas.

–  ¿Qué le has hecho a Carmen para que salga tan rápido de la cocina? – Bromea Mike al entrar en la cocina y toparse con Carmen. Me besa en los labios y añade: – ¿Cómo se encuentra mi hada de la suerte?

–  Estoy bien, pero necesito hablar contigo. – Balbuceo nerviosa.

Mike me escruta con la mirada, tratando de adivinar qué es lo que ocurre. Se pasa las manos por la cabeza y, mirándome a los ojos con gesto indescifrable, me dice:

–  Te escucho.

–  No sé muy bien cómo decirlo… Es un poco complicado. – Empiezo a decir. – El caso es que desde hace unos días no me encuentro muy bien, como ya te habrás dado cuenta… Tengo náuseas, sueño a todas horas y hace diez días que tendría que haberme venido la regla. – Le dejo caer como una bomba y le observo esperando su reacción.

Los labios de Mike se curvan formando una amplia sonrisa y me pregunta para asegurarse:

–  ¿Me estás diciendo que vamos a tener un bebé? – Sin duda alguna, la noticia le ha hecho feliz tal y como me ha dicho Carmen que ocurría.

–  He comprado esto en la farmacia para confirmarlo. – Le respondo enseñándole los dos test de embarazo que he comprado.

Mike me abraza, me coge en brazos y da vueltas sobre sí lleno de felicidad y alegría. Me besa en los labios con adoración y me dice sin dejar de abrazarme:

–  Temía que fueras a darme una mala noticia y sin embargo acabas de hacerme el hombre más feliz del planeta. – Me besa de nuevo en los labios y añade: – Vamos a confirmarlo.

Me lleva al cuarto de baño y me sienta en el inodoro tras subirme el vestido y bajarme las bragas. Saca el aparato del envoltorio y me lo entrega, después saca las instrucciones del test de embarazo y las lee en voz alta para que las siga al pie de la letra. Cuando por fin logro hacer pipí sobre la tira reactiva del aparato, le pongo el capuchón y lo dejo sobre la encimera, a la vista de ambos. Mientras esperamos que aparezca el resultado, Mike me abraza desde la espalda y me da besos por el cuello y la nuca, tratando de relajar la tensión que siento en este momento. En la pequeña ventana del aparato aparecen dos palitos de color rosa y Mike se afana en leer las instrucciones para averiguar el resultado. A mí no me hace falta, sé lo que significan los dos palitos: estoy embarazada. Mike descubre el resultado y sonríe feliz al conocer la noticia, pero mi cara debe ser un poema porque me mira a los ojos y su sonrisa se desvanece, me coge en brazos y me lleva a la cama al mismo tiempo que me pregunta preocupado:

–  Cielo, ¿estás bien? Te has puesto pálida y…

–  Tengo miedo, Mike. – Le interrumpo. – No sé si estoy preparada para esto, si voy a ser capaz de cuidar de una vida que va a depender absolutamente de mí y…

–  Sht. – Me calma Mike meciéndome entre sus brazos. – Vas a ser la mejor madre del mundo y no tienes que asustarte porque no vas a estar sola, yo voy a estar contigo y con nuestro bebé en todo momento y te voy a ayudar. – Me da un beso en los labios y añade: – Además, Carmen se volverá loca de alegría y estará encantada de ayudarnos; nuestros padres también estarán encantados de tener un nieto. Kate lleva tiempo pidiéndonos un sobrinito al que malcriar y pronto se lo vamos a dar. – Me acaricia la inexistente barriga con ambas manos y me susurra al oído: – Soy el hombre más feliz del mundo y todo gracias a ti, que me lo has dado todo, cariño. Te quiero, pequeña.

–  Yo también te quiero. – Le respondo dejándome envolver por sus cálidos brazos.

 

FIN

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.