Tu hada de la suerte 22.

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El sábado por la mañana Mike me lleva a casa de mis padres. Se ha levantado de muy buen humor y se muestra excesivamente cariñoso y dulce conmigo. Me siento en el séptimo cielo, así es como me hace sentir Mike. Tengo que reconocer que estoy un poco nerviosa, mis padres nos someterán a un tercer grado y, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos, estoy segura de que hablaremos de Daniel y eso me hace sentir incómoda. No quiero hablar de él, me gustaría fingir que nunca ha existido, olvidarme de él y de todo lo que sufrí por él. Ahora solo quiero ser feliz al lado de Mike y voy a luchar por mi felicidad.

–  ¿En qué piensas? – Me pregunta Mike curioso.

–  En lo bien que me siento cuando estoy contigo. – Le confieso.

Mike me sonríe con dulzura, coge una de mis manos y se la lleva a los labios para besarla con ternura. Pese a lo tenso que estaba anoche, hoy parece relajado y contento.

Llegamos a casa de mis padres antes del mediodía y mi madre sale a recibirnos con una amplia sonrisa en los labios y los brazos abiertos e impacientes por envolverme con ellos.

–  Mi niña, me alegro de que estés aquí. – Me dice mientras me abraza con fuerza. – ¿Cómo estás? ¿Va todo bien, cielo? Últimamente nos tienes preocupados y después de lo que nos enteramos ayer… Supongo que ya sabrás lo de Daniel, ¿verdad?

–  Estoy bien, mamá. – La tranquilizo. Mike se acerca y me apresuro en añadir antes de que llegue donde estamos nosotras: – Sé lo de Daniel, pero no quiero hablar de ello ahora y menos delante de Mike.

–  Lo único que me importa es que estés bien y parece que Mike se ha encargado de que así sea. – Me dice mi madre con complicidad. – ¿No vas a presentármelo?

Espero a que Mike llegue a mi lado, le cojo la mano para que me transmita seguridad y transmitírsela también a él y hago las presentaciones oportunas:

–  Mamá, éste es Mike, mi novio. – Puedo sentir como Mike respira aliviado, el pobre aún tenía alguna duda de que lo fuera a presentar como a mi jefe. – Mike, ésta es mi madre, Katia.

–  Encantado de conocerla, señora Ayala. – La saluda Mike amablemente estrechándole la mano.

–  Lo mismo digo, Mike. – Le responde mi madre. – Y por favor, llámame Katia.

Mi madre nos invita a pasar y nos sentamos en el sofá del sillón mientras ella nos sirve un par de refrescos y va a buscar a mi padre a su despacho para informarle de nuestra llegada. Mi madre regresa al salón acompañado de mi padre. Mike se pone en pie para saludarlo y noto cómo se tensa igual que anoche. Mi padre me mira a los ojos tratando de averiguar mi estado de ánimo y yo le hago saber que estoy feliz mostrándole una de mis mejores sonrisas, eso hace que su expresión se torne más amistosa y Mike se relaja un poco.

–  ¡Hola papá! – Lo saludo echándome a sus brazos.

–  ¿Cómo está mi pequeña? – Me pregunta paternal mientras me abraza con fuerza. – Tu madre y yo te hemos echado mucho de menos.

–  Tendrás que darle las gracias a Mike, él es el responsable de que esté aquí. – Le respondo pidiéndole paz con la mirada, a mi padre siempre le ha gustado asustar a mis novios. – Papá, quiero presentarte a Mike.

Ambos hombres se miran con firmeza y seguridad y se estrechan la mano con cordialidad, pero con cierta desconfianza.

–  Me alegro de que ambos estéis aquí. – Comenta mi padre.

Nos tomamos el refresco mientras charlamos con mis padres sobre nuestra peculiar relación, pero omitiendo los detalles más privados. Mike justifica nuestra repentina y temprana relación alegando que fue amor a primera vista y que desde entonces no he salido de su cabeza ni de su corazón. Ni qué decir tiene que se mete a mi madre en el bolsillo en el momento y creo que a mi padre también, aunque no lo muestre tan abiertamente como ella.

Algunos amigos y vecinos de mis padres empiezan a llegar a saludarme, mi madre les ha avisado de mi llegada y ha organizado una pequeña “fiesta de bienvenida” y yo pongo los ojos en blanco.

–  Lo intentado evitar pequeña, pero ya conoces a tu madre. – Me dice mi padre resignado pero mirando a mi madre con verdadera adoración.

Por el rabillo del ojo veo como Mike sonríe divertido, está disfrutando con la situación. Mi madre se apresura a presentar a su “yerno”, como lo llama ella, a todos los invitados y Mike los saluda a todos amablemente. Ahora soy yo la que sonríe divertida.

–  Hacía tiempo que no te veía tan feliz. – Me dice mi padre aprovechando que todos están entretenidos charlando con mi madre y con Mike. Me ofrece una cerveza y añade: – Supongo que es mérito de Mike.

–  Supones bien, papá. – Le confirmo sonriendo. – Puede que todo esté pasando demasiado deprisa, pero nunca había sido tan feliz como lo soy hoy. Os tengo a vosotros, lo tengo a él y no tengo ninguna preocupación en la cabeza excepto la de continuar siendo y sintiéndome así de feliz.

–  Soy feliz si tú eres feliz, pequeña. – Me dice mi padre con ternura. – Mike parece un buen hombre, está pendiente de ti todo el tiempo y te mira con verdadera adoración. Me recordáis a tu madre y a mí cuando éramos jóvenes. Nuestra relación también empezó de una forma repentina, no quise alejarme de ella desde la primera vez que la vi y treinta años después sigo adorándola como el primer día.

Mi padre me abraza y me besa en la coronilla con ternura. Últimamente no se lo he hecho pasar muy bien a mis padres, mi vida era un caos pero ahora está calmada y relajada, todo gracias a Mike. Y a mi padre eso no se le ha pasado por alto.

En cuanto puede escabullirse de mi madre y sus amigas, Mike viene a mi encuentro mostrando su mejor sonrisa pese a que el día se le debe estar haciendo eterno. Le devuelvo la sonrisa y acerco mis labios a los suyos para besarle. Mike acepta el beso pero enseguida lo corta mirando de reojo a mi padre y sintiéndose incómodo. Mi padre nos sonríe y sale al encuentro de mi madre, dejándonos a Mike y a mí solas.

–  ¿A qué ha venido eso? – Me pregunta Mike con sorna, refiriéndose al beso.

–  Decías que no querías esconderte. – Le respondo divertida mientras me encojo de hombros. – Y te he visto con cara de necesitarlo.

–  No sabes cuánto necesito tus besos en este momento, pero si empiezo no voy a poder parar y no querrás que demos un espectáculo en casa de tus padres rodeados de sus vecinos y amigos. – Me susurra al oído con voz ronca. Lo provoco rozando mi mano por su entrepierna y añade con la mirada incendiada por el deseo: – Deja de torturarme o me las pagarás cuando lleguemos a casa.

–  ¿Me vas a castigar como a una chica mala? – Continúo con mi juego de provocación.

Mike abre la boca para decir algo, pero justo en ese momento mis padres entran en el salón acompañados por todos los invitados y nos hacen sentar a la mesa.

Disfruto de un día rodeada de mis padres y sus amigos acompañada por Mike, que se ha mostrado abierto y amable con todo el mundo. Tiene un carisma que raya lo divino y se los mete a todos en el bolsillo, incluido mi padre.

Cuando el sol se oculta tras las montañas, Mike y yo decidimos regresar a la casa de campo y nos despedimos de mis padres. Mi madre me hace prometer que regresaré pronto a visitarles y le hace prometer a Mike que me acompañará, él acepta encantado.

Llegamos a la casa de campo bien entrada la noche. Hace frío y Mike enciende la chimenea. Nos sentamos en el sofá y Mike me coloca entre sus brazos y nos echa una manta por encima para combatir el frío.

–  ¿Lo has pasado bien hoy, pequeña? – Me pregunta con ternura.

–  Lo he pasado genial, me encanta estar contigo. – Le respondo con franqueza.

–  Pues lo mejor del día está por llegar, preciosa. – Me dice Mike con tono sugerente a la vez que me tumba sobre el sofá y se echa sobre mí como un lobo hambriento. – Voy a besarte, a acariciarte, a meterme dentro de ti y a hacerte el amor. Quiero oírte gemir bajo mi cuerpo, quiero oírte gritar cuando te corras y que te dejes llevar por la pasión el deseo, cariño. Quiero que te entregues a mí y seas completamente mía, de nadie más.

Nuestras bocas se encuentran y nos besamos salvajemente, nos desnudamos el uno al otro en milésimas de segundos y nuestros cuerpos se pegan con urgencia, con la necesidad de permanecer unidos. Hacemos el amor frente a la tenue y mágica luz del fuego de la chimenea y alcanzamos juntos el clímax, abandonándonos en un grito de placer incontrolable. Nos quedamos tumbados uno al lado del otro hasta que nuestras respiraciones se acompasan y Mike me coge en brazos y me lleva a la cama, donde me acurruca entre sus brazos y me acuna hasta quedarnos dormidos.

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