Tu hada de la suerte 21.

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Tras instalarnos en la habitación principal, Mike se empeña en preparar la cena y yo decido ayudarle, pese a que soy una nefasta cocinera. Me sorprendo al descubrir la destreza de Mike con los fogones, nunca lo hubiera imaginado.

Después de cenar, pasamos al salón y nos sentamos en el sofá frente a la chimenea y, mientras Mike rellena las copas de vino, me dice con voz firme y segura:

–  Ha llegado el momento de tener esa conversación. – Me acerca mi copa y añade: – Sé que el hecho de que trabajemos juntos te perturba, pero te aseguro que nuestra relación personal no afectará en nuestro trabajo.

–  Eres mi jefe, Mike. – Le recuerdo, ya que habla como si fuera un compañero más.

–  Sé que apenas hace un mes que nos conocemos y quiero seguir conociéndote, pero quiero hacerlo sin tener que escondernos. – Me dice Mike mirándome a los ojos. – Me gustaría poder pasear contigo y cogerte de la mano, me gustaría besarte sin tener que contenerme porque haya alguien delante, y también me gustaría que dejaras de presentarme como tu jefe.

–  ¿Y cómo se supone que debo presentarte? – Le pregunto con un hilo de voz, rogándole en silencio a todos los dioses para que su respuesta no me rompa el corazón.

–  A mí me gustaría que me presentaras como a tu pareja, siempre que tú estés de acuerdo.

–  ¿Me estás proponiendo una relación formal y estable? – Pregunto sorprendida.

–  Ya te he dicho que no quiero salir contigo a escondidas, tengo muy claro lo que quiero y te quiero a ti, te quiero solo para mí. – Me dice con la seguridad que le caracteriza. – Dime algo, Milena.

–  No sé qué decir. – Le digo con sinceridad. – Quiero estar contigo, pero todo esto está yendo demasiado rápido y tengo miedo, Mike…

–  No debes temer nada, pequeña. – Me susurra Mike. – Danos una oportunidad a los dos, te prometo que no te presionaré y que, si lo necesitas, te daré tu espacio.

–  ¿Y si no sale bien? – Me aventuro a preguntar hecha un manojo de nervios.

–  Saldrá bien, pequeña. – Me asegura Mike. – No pienso dejar escapar a mi hada de la suerte, solo deja que te demuestre cuánto deseo tenerte en mi vida. ¿Qué me dices? ¿Me das una oportunidad?

–  Sí, pero antes hay algo que quiero aclarar. – Le respondo sonriendo. – Si yo soy solo tuya, tú eres solo mío, estamos en igualdad de condiciones.

–  Soy tuyo desde el primer día en que te vi en el hall del Luxe, desde entonces me acuesto y me levanto pensando en ti. – Me besa en los labios y añade: – Mi vida empezó a tener sentido cuando te conocí.

Le devuelvo el beso con urgencia y verdadera necesidad. El calor de su cuerpo y la seguridad con la que sus brazos me envuelven me hacen sentir querida y relajada. Los besos y las caricias se tornan más apasionadas y excitantes y terminamos haciendo el amor allí mismo, en el cómodo sofá del salón frente al calor de la chimenea.

El viernes por la mañana, tras desayunar y llamar a mis padres para decirles que el sábado les iré a visitar acompañada de mi novio, Mike me coge en brazos y me lleva al baño, donde me deja sentada sobre la encimera de mármol del lavabo mientras llena de agua la bañera.

–  Me encanta bañarme contigo. – Me susurra cogiéndome de nuevo en brazos para depositarme en la bañera. Se sienta detrás de mí y, colocándome entre sus piernas, añade: – ¿Cómo se han tomado tus padres la noticia?

Mike se refiere a la visita que mañana les haremos a mis padres. Cuando he llamado a mi madre y le he dicho que iría a visitarla acompañada no me ha hecho falta decirle quién será mi acompañante. Al parecer, mi abuela Anika le ha dado todos los detalles. El hecho de que Mike cuente con la aprobación de mi abuelo Oleg no ha hecho más que acrecentar la curiosidad de mis padres, pues mi abuelo es muy estricto y por regla general nadie le cae bien. Mi madre está encantada, pero mi padre se ha mostrado más reservado con el asunto, como siempre.

–  Se lo han tomado muy bien y tienen muchas ganas de conocerte. – Le respondo. Noto como Mike se tensa bajo mi cuerpo y, abrazándolo con más fuerza, lo tranquilizo: – Mis abuelos les han hablado muy bien de ti, no tienes de qué preocuparte.

–  Voy a conocer a mis futuros suegros, es normal que esté nervioso. – Me dice divertido. – Por cierto, eso me recuerda que debemos volver a casa de mis padres y hacer una presentación formal.

–  Vayamos por pasos. – Le ruego.

Mike me sonríe burlonamente y me besa en los labios con una ternura y una dulzura que me derrite y, apretando su pelvis contra la mía para que note su excitación, me susurra con voz ronca y sugerente:

–  Creo que ambos necesitamos aliviar tensiones.

–  Estoy totalmente de acuerdo. – Le respondo antes de devorarle la boca.

Hacemos el amor en la bañera y me entrego en cuerpo y alma al hombre que tanto deseo y sin el cual ya no querría vivir.

Por la tarde Mike recibe una llamada y su semblante se pone serio. Se dirige a la cocina para hablar con mayor intimidad y regresa al salón casi una hora después. Sé que está nervioso, se pasa las manos por la cabeza y se muerde el labio mientras se acerca y se sienta a mi lado.

–  ¿Quieres contarme qué te pasa? – Le pregunto con cautela.

–  Era Joe. – Me responde nervioso. – Tu ex novio ha tenido un accidente de tráfico esta mañana, los médicos han intentado hacer todo lo posible pero…

–  ¿Daniel está muerto? – Pregunto intuyendo la respuesta.

Mike asiente con la cabeza y me escruta con la mirada tratando de adivinar mis sentimientos, pero ni yo misma sé cómo me siento. Estoy sorprendida por la noticia y no me alegro, pero tampoco me entristece. Es como si una parte de mí se hubiera liberado de la carga mental que la existencia de Daniel me generaba, aunque suene tremendamente egoísta y desalmado. Yo no quería que le ocurriera nada malo ni me alegro por ello, pero tampoco puedo decir que me entristezca, hace tres meses que para mí Daniel está muerto.

–  ¿Cómo ha ocurrido? – Pregunto finalmente.

–  Estaba borracho, robó un coche y se dio la fuga de la policía, pero se estrelló contra un camión en la autopista al tratar de adelantarlo. – Mike coloca una de sus manos sobre mi rodilla y me pregunta: – ¿Estás bien?

–  Estoy bien, de verdad. – Le contesto encogiéndome de hombros. – Supongo que debería afectarme, pero lo cierto es que me siento un poco aliviada, aunque suene fatal…

Mike me abraza con fuerza, me coloca entre sus brazos y me besa en la frente. Le noto tenso, tiene la mandíbula apretada y sé que me está ocultando algo.

–  ¿Hay algo más, verdad? – Le pregunto. – Dímelo Mike, no quiero mentiras.

–  La policía ha registrado el piso de Daniel y ha encontrado cientos de fotos tuyas, ha estado siguiéndote desde poco antes de que empezaras a trabajar en Luxe. – Me dice Mike. – Él fue quien envió las fotos en las que aparecíamos juntos, pero supongo que ya nada de eso importa.

–  No, ya no importa nada. – Le secundo. – Ahora lo único que me importa y en lo único que quiero pensar es en nosotros, Mike. – Mi teléfono móvil empieza a sonar e interrumpe el beso que a punto estaba de dar a Mike, que gruñe a modo de protesta pero no impide que coja el móvil y conteste: – ¿Sí?

–  Hola Milena, soy Brad. – Me saluda Brad al otro lado del teléfono. – Tenemos a Ivanov y a toda su banda, ahora mismo están camino a una base secreta de la Interpol donde serán interrogados. Hemos reabierto el caso de Erik Clark, solo quería que lo supieseis. Llamaré de nuevo cuando haya novedades sobre el caso.

–  Gracias Brad, te debo una. – Le agradezco.

–  No tienes nada que agradecerme, pero me harás feliz si tú también lo eres y en mí siempre tendrás un amigo en el que refugiarte y que te ayudará cuando lo necesites, no lo olvides.

–  Lo mismo digo, Brad.

Tras despedirme de Brad y colgar, le cuento a Mike la noticia que me acaba de dar por teléfono y él parece alegrarse, pero no parece del todo satisfecho.

–  Le tienen que interrogar y llevar a cabo una nueva investigación, estas cosas llevan su tiempo. – Trato de animarle. – En cualquier caso, puedes estar seguro de que Ivanov no volverá a ver la luz del sol.

–  Lo sé, solo quiero que todo esto acabe cuanto antes. – Me responde Mike estrechándome con fuerza entre sus brazos. – De lo único que quiero preocuparme es de que tú estés bien, pequeña.

–  Estoy bien siempre que estoy contigo. – Le confieso dándole tiernos besos por su cuello. – Cariño, tu hada de la suerte está muy caliente, necesita que su ángel de la guarda le haga arder.

–  Tu ángel de la guarda se vuelve loco por satisfacer tus deseos, pequeña.

Mike me coloca a horcajadas sobre él y se deshace de la bata y el camisón de seda roja que llevo puesto en cuestión de dos segundos. Estoy desnuda y totalmente expuesta frente a él y al ver cómo sus ojos arden de deseo me siento fuerte, segura y poderosa. Ayudo a Mike a deshacerse de su camiseta y sus pantalones y ambos quedamos desnudos en el sofá frente la luz y el calor de la chimenea. Me tumba en el sofá y con una mano sujeta mis manos por las muñecas por encima de la cabeza mientras que con la otra acaricia mis pechos y se lleva a la boca mis pezones para lamerlos y morderlos, sometiéndome a una dulce tortura a la que me he vuelto adicta. Sus labios descienden por mi cuerpo en línea recta pasando por el ombligo hasta llegar a mi pubis, que muerde juguetonamente y yo gimo excitada. Me abre las piernas para tener un mejor acceso a mi entrepierna y desliza su lengua por los labios vaginales hasta encontrar el clítoris y lo estimula con fuertes lametones, presionándolo y succionándolo mientras sus manos acarician lascivamente todo mi cuerpo. Me arqueo y gimo, envuelta en un manto de placer supremo. Lo quiero dentro de mí y se lo hago saber arrastrándolo hasta ponerlo a mi altura. Mike me comprende con solo mirarme, lleva su pene erecto a la entrada de mi vagina y me penetra de una sola estocada haciéndome gemir y sacudiendo mi cuerpo con descargas de éxtasis que se adueñan de todo mi ser. Mi cuerpo tiembla y se sacude ante la inminente llegada del orgasmo mientras Mike entra y sale de mí con fuerza y rapidez, haciéndome vibrar con cada embestida, dejándome llevar por las olas de placer que Mike me provoca. Una última estocada y ambos alcanzamos juntos el clímax, gritando el nombre del otro mientras nuestros cuerpos se sacuden y convulsionan ante el delirante placer del orgasmo.

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