Tu hada de la suerte 20.

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Tras darles las buenas noches a mis abuelos, Mike y yo nos dirigimos a la casa de invitados. Estoy tan agotada que ni siquiera pienso en deshacer la maleta, ya lo haré mañana por la mañana. Mike me abraza desde la espalda y me susurra al oído:

–  No te imaginas las ganas que tenía de sentirte entre mis brazos. – Me besa en el cuello con dulzura y añade: – Por cierto, me gustaría saber de qué hablabas con tu abuela. Aunque me imagino lo que te habrá dicho.

–  ¿Qué te imaginas que ha dicho? – Pregunto con curiosidad.

–  ¿Me equivoco si te digo que te ha preguntado por qué has venido a Rusia con tu jefe?

–  Te equivocas. – Le confirmo. – Mi abuela ha querido dejarme muy claro que no le hace ninguna gracia que te presente como mi jefe.

–  ¿Y cómo quiere que me presentes?

–  Esa respuesta formaría parte de una conversación que se suponía que íbamos a tener cuando regresásemos a Highland después de pasar unos días en Kazan, pero tú has suspendido nuestra estancia y yo me niego a tener esa conversación hasta entonces.

–  Te compensaré los días perdidos en Kazan por unos días memorables en mi casa de campo, donde solo estaremos tú y yo. – Me promete Mike. – En un par de días regresamos a Highland, arreglo unos asuntos en la oficina y nos vamos fuera de la ciudad unos días, ¿de acuerdo?

–  De acuerdo. – Le confirmo feliz de que quiera que sigamos viéndonos cuando lleguemos a Highland.

–  Estás agotada. – Me susurra empezando a desnudarme. Nos metemos en la cama y me coloca entre sus brazos al mismo tiempo que me susurra al oído: – Duérmete pequeña, necesitas descansar.

Realmente estoy agotada y me quedo dormida al momento. A la mañana siguiente cuando me despierto Mike sigue envolviéndome con sus brazos y, tras besarme en los labios, me dice:

–  Buenos días, pequeña. ¿Has dormido bien?

–  Buenos días. – Lo saludo acurrucándome a su lado. – No podía haber dormido mejor, ¿y tú?

–  Fatal, tus ronquidos no me han dejado pegar ojo. – Bromea para provocarme. – Creo que me lo deberías compensar de algún modo.

Me coloco a horcajadas sobre él pero Mike, agarrándome por la cintura, me hace rodar en la cama hasta que invierte nuestras posiciones y comienza a besarme apasionadamente. Sus manos acarician cada recoveco de mi cuerpo, arrancando gemidos de placer de mi garganta al mismo tiempo que mi cuerpo se arquea invitándolo a poseerme y finalmente reclamando su posesión con urgencia.

–  Mmm… Mi hada de la suerte está que arde. – Murmura Mike con voz ronca.

Hacemos el amor en la cama y volvemos a repetir en la bañera. Mi cuerpo no se sacia del cuerpo de Mike y él tampoco parece saciarse de mí.

Pasamos dos días en Kurovo y mis abuelos terminan cogiéndole cariño a Mike al ver cómo me mira y cómo me trata. Mi abuela insiste en recordarme que solo tenemos una vida y que no debo dejar pasar la oportunidad de ser feliz que el destino me brinda. Según ella, Mike y yo estamos hechos el uno para el otro.

El miércoles por la noche regresamos a Highland y Joe viene a buscarnos al aeropuerto. Mike ni siquiera me pregunta si quiero ir a mi casa o a la suya, directamente le dice a Joe que nos lleve a casa y veinte minutos más tarde llegamos a casa de Mike.

Subimos a la planta superior y caminamos por el distribuidor para dirigirnos a las habitaciones cuando, al llegar a la habitación de invitados donde he dormido las veces anteriores, me paro frente a la puerta para entrar pero Mike se para a mi lado y me pregunta un tanto molesto:

–  ¿Qué haces? – No me deja responder y añade con voz triste: – ¿Es que no quieres dormir conmigo?

Por supuesto que quiero dormir con él, pero en lugar de eso le respondo:

–  Alguien podría vernos.

La cara de Mike es un poema, no le han gustado nada mis palabras y me espeta:

–  ¿Acaso te supone un problema que te vean conmigo?

–  No he querido decir eso y lo sabes. – Me apresuro en contestar y, tratando de que me entienda, continúo: – Eres mi jefe, Mike. Y por si fuera poco tan solo llevo tres semanas trabajando en Luxe.

–  Necesitamos tener con urgencia esa conversación. – Farfulla irritado. Me lleva a su habitación y me dice antes de meternos en la cama: – Mañana iré temprano a la oficina y cuando regrese nos iremos fuera de la ciudad hasta el domingo. – Me besa en los labios, me acomoda entre sus brazos y añade: – Y ahora descansa, mañana no te dejaré dormir hasta que hablemos y dejemos claras algunas cosas.

Cuando me despierto, Mike no está en la cama y tampoco en la habitación. Son las diez de la mañana, he dormido casi doce horas seguidas y sigo estando cansada. ¡Maldito jet-lag! Me siento en la cama y veo una nota sobre la mesita de noche: Buenos días, pequeña. He ido a la oficina para arreglar unos asuntos, pero regresaré antes de comer. Llámame si necesitas algo y siéntete como en tu propia casa. Mike.

No puedo evitar sonreír al leer la nota, Mike no deja de sorprenderme.

Me ducho y bajo a desayunar a la cocina, donde me encuentro con Carmen que me saluda con cariño y se muestra discreta respecto a mi relación con Mike. Carmen me hace compañía mientras espero que Mike regrese y se lo agradezco, siempre es muy amable y cercana conmigo.

Mike regresa antes de la hora de comer, tal y como me ha prometido. Mike y Joe entran en la cocina, donde me encuentro ayudando a Carmen a preparar la mesa, y Mike me atrae hacia a él y me besa en los labios delante de ellos. Estoy segura de que lo ha hecho por la pequeña discusión de ayer, si se puede llamar discusión porque no me dio opción a rebatirle.

–  Te he echado de menos. – Me susurra Mike al oído. Se vuelve hacia a Carmen y le dice con tono alegre: – Carmen, estaremos fuera de la ciudad hasta el domingo. Joe se quedará en casa, avísale si necesitas algo.

Después de comer, Mike y yo nos subimos a su coche y nos dirigimos a su casa de campo, situada a unos 200 km de la ciudad. Paramos por el camino en un supermercado para comprar algo de comida, ya que a donde vamos estaremos rodeados de naturaleza y nada más. Cuando llegamos me quedo asombrada, esperaba ver una pequeña casa en mitad del campo y me encuentro con una enorme casa de dos plantas con jardín, piscina y garaje. Está situada en una explanada junto a un lago y rodeada de bosques, el lugar perfecto para desconectar y relajarse.

Mike me enseña la casa, compuesta de cinco habitaciones, cinco baños, un aseo, una cocina-comedor y un amplio salón con chimenea. La casa de campo no tiene mucho que envidiarle a la casa habitual de Mike.

–  Estás muy callada, ¿no te gusta la casa? – Me pregunta Mike preocupado. – Si no te gusta…

–  La casa me encanta. – Le aseguro antes de que pueda terminar la frase. Mi móvil empieza a sonar y respondo al ver que es mi madre: – Hola, mamá.

–  Hola, mi niña. – Me saluda cariñosamente y acto seguido me dice decepcionada: – Prometiste llamarme cuando regresaras a Highland y no lo has hecho, espero que al menos vengas a vernos este fin de semana.

–  Lo siento, mamá. He estado algo liada y se me ha pasado llamarte. – Me disculpo sintiéndome culpable y añado: – Y no creo que pueda ir a veros este fin de semana, pero te prometo que el próximo fin de semana iré.

–  Tus promesas empiezan a perder valor, Milena. – Me regaña mi madre. – Hemos organizado una pequeña comida para reunirnos el sábado, ¿estás segura de que no vas a poder venir?

–  Veré qué puedo hacer, mamá. – Me resigno ante su insistencia. – Pero no te prometo nada.

–  Te llamaré mañana y ya quedamos para el sábado. – Me dice mi madre como si le hubiera asegurado que voy a ir. – Tengo muchas ganas de verte y también tenemos muchas cosas de las que hablar, como de la relación que te traes con tu supuesto jefe, la abuela me ha dicho que es tu alma gemela.

–  La abuela tiene la boca muy grande. – Refunfuño. – Mañana hablamos, mamá.

–  De acuerdo, mi niña. – Se despide mi madre. – Te quiero, no lo olvides.

–  Yo también te quiero, mamá. – Le digo antes de colgar.

Mike, que ha estado escuchando todo lo que le he dicho a mi madre, me pregunta inquieto:

–  ¿He estropeado los planes que tenías para este fin de semana?

–  No has estropeado nada, pero a mi madre no le ha sentado nada bien que retrase mi visita para el próximo fin de semana. – Le respondo. – Ha organizado una de sus reuniones para el sábado y se ha molestado un poco cuando le he dicho que al final no voy a poder ir.

–  Tus padres no viven muy lejos de aquí, podría llevarte con ellos el sábado y, si quieres, me encantaría acompañarte. – Me dice Mike abrazándome por detrás. – Pero antes tenemos que hablar, Milena.

No suele llamarme por mi nombre, solo cuando está enfadado o cuando la situación es demasiado seria y eso me inquieta. Necesitamos hablar de nuestra relación y deseo hacerlo, pero también me inquieta y me atemoriza. Es posible que Mike se haya cansado de mí y quiera dar por finalizado nuestra relación personal.

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