Tu hada de la suerte 19.

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Cuando me despierto Mike no está a mi lado en la cama, ya se ha levantado. Suspiro sonoramente tratando de aliviar la tensión que siento, pero sin lograrlo. Mi suspiro ha debido de alertar a Mike, que sale del baño envuelto en una toalla a la altura de la cintura y todavía mojado de la ducha. Nuestras miradas se encuentran pero Mike no dice nada, así que intento hablar con él:

–  Buenos días.

–  Buenos días. – Me responde sin mirarme.

Está claro que sigue enfadado, pero decido ignorar su enfado ya que no tiene ningún sentido.

–  La chica que estaba con Ivanov anoche en el restaurante es su prometida y se conocieron hace tres meses. – Empiezo a decir mientras él se viste. – Le enviaré a mi abuelo las fotos que les hice anoche y podremos saber el nombre de ella.

–  No. – Me dice con rotundidad. – Regresamos a Highland.

–  ¿Cómo? – Pregunto incrédula y protesto: – No podemos regresar ahora, acabamos de llegar y no hemos venido hasta aquí para nada.

–  Teníamos un acuerdo que no has respetado, todo esto se me está escapando de las manos y no pienso dejar que te pongas en peligro por no ser capaz de cumplir una sola cosa que te pido. – Me espeta Mike furioso. Se pone la chaqueta y, sin mirarme a la cara, me ordena antes de marcharse: – Dúchate y baja a desayunar, vendré a buscarte en un par de horas.

Y, sin más, Mike desaparece dejándome sola. No sé a dónde ha ido, pero tampoco me atrevo a preguntar, intuyo su respuesta…

Me ducho, preparo el equipaje (Mike ya ha dejado listo el suyo) y bajo al restaurante del hotel a desayunar. Estoy absorta en mis propios pensamientos cuando un hombre se sienta junto a mí. Es Brad, un agente de la Interpol con el que he colaborado en alguna ocasión y con el que me llevo muy bien, pero sé qué está haciendo aquí y le pregunto molesta:

–  ¿Quién te lo ha dicho?

–  Yo también me alegro de verte, Milena. – Me responde mofándose. – Tengo entendido que tu abuelo te dijo que Ivanov estaba siendo investigado por la Interpol y aun así has decidido intervenir por tu cuenta.

–  No sé de qué me hablas. – Le respondo con fingida inocencia.

–  Puede que esto te refresque la memoria. – Me responde Brad entregándome varias fotos en las que aparezco cenando con Mike a dos mesas de Ivanov.

–  Aunque no te lo creas, salimos a cenar y coincidimos en el mismo restaurante. – Le explico sabiendo que no se lo va a creer pese a que es la verdad. – Pero tranquilo, me temo que regreso hoy mismo a casa.

–  Ivanov es demasiado peligroso, Milena. – Me advierte Brad. – Sé lo que has venido buscando y prometo que lo conseguiré y te mantendré informada de toda la operación, pero tienes que mantenerte al margen, ¿me lo prometes?

–  Te lo prometo. – Me resigno.

Y Brad me da un cálido abrazo que dura hasta que la voz de Mike inquiere a mis espaldas:

–  ¿Interrumpo algo?

Si antes estaba enfadado y furioso, ahora parece estar fuera de sí, lo noto en sus ojos a pesar de que trata de mantener la compostura. Brad sonríe burlonamente, divirtiéndose observando la situación.

–  Brad, él es Mike Madson, mi jefe. – Le digo a Brad sin apenas mirar a Mike.

Brad le tiende la mano y le dice con amabilidad:

–  Soy Brad, un viejo amigo de Milena. – Le hace un gesto a Mike para que se siente con nosotros y continúa hablando: – Milena me estaba diciendo que os vais hoy de la ciudad.

–  Así es. – Le confirma Mike.

–  Es lo mejor que podéis hacer, las cosas por aquí están un poco tensas y meses de investigación se pueden ir por el retrete si no actuamos en consecuencia. – Comenta Brad. Se vuelve hacia a Mike y le dice con una sonrisa de complicidad: – No sé qué le habrás hecho, pero la tienes bastante cabreada. – Brad se levanta de la silla, me abraza, me besa en la frente con cariño y se despide: – Te llamaré todos los días, pero recuerda lo que me has prometido. – Se vuelve hacia Mike y añade antes de marcharse: – Ten paciencia con ella, la vas a necesitar.

Brad se marcha sonriendo y yo continúo desayunando como si nada hubiera pasado. Si Mike se había enfadado porque hablé con la prometida de Ivanov en el baño de un restaurante, yo me he enfadado por su manera de ignorarme y decido pagarle con la misma moneda.

–  ¿Qué clase de amigo es Brad? – Me pregunta Mike con cara de pocos amigos.

–  Uno bueno. – Respondo con indiferencia.

–  Algo más que un amigo será cuando me has presentado como tu jefe. – Me reprocha molesto.

–  Que eres mi jefe es lo único que tengo claro. – Farfullo en voz baja pero lo suficientemente alto como para que Mike me escuche.

Termino de desayunar en silencio y bajo la atenta mirada de Mike, que sigue furioso, pero también me mira con curiosidad. Sé que está esforzándose por no preguntar lo que quiere saber, el muy orgulloso no da su brazo a torcer.

Cuando subimos a la habitación para coger el equipaje, Mike se me echa encima, me acorrala contra la pared y me besa con urgencia y necesidad. Se apodera de mi cuerpo mientras yo me dejo arrastrar por el placer que sus besos y caricias me proliferan.

–  Acabarás matándome. – Susurra cuando nuestros labios se despegan.

–  Y tú a mí volviéndome loca. – Le replico al recordar que hace apenas dos horas estaba furioso conmigo.

–  Supongo que los dos necesitaremos tener paciencia. – Bromea de buen humor. Me abraza y añade con rotundidad: – Regresaremos a Kurovo, pasaremos un par de días en casa de tus abuelos si así lo deseas y regresaremos a Highland. Tengo que arreglar unos asuntos en el Luxe, pero en cuanto los termine nos iremos unos días fuera de la ciudad tú y yo, tenemos muchas cosas de las que hablar. – Me da un leve beso en los labios y añade: – Será mejor que nos demos prisa, no quiero que se nos haga de noche conduciendo.

Después de casi ocho horas conduciendo tan solo hemos recorrido unos 400 km cuando decidimos parar y alojarnos en un hotel para pasar la noche.

Durante el viaje le he explicado a Mike que Brad, además de un buen amigo, es un agente de la Interpol con el que he colaborado en el pasado y que ahora está investigando a Ivanov. Mike parece relajarse un poco, pero sé que hay algo que le ronda la cabeza y lo averiguo cuando nos metemos en la bañera de nuestra habitación de hotel:

–  ¿Brad es como Tom? ¿Son la misma clase de amigos?

–  No. – Le respondo. – Tom es como un hermano para mí, no tengo esa relación de amistad con nadie excepto con Tom. Brad es un buen amigo y no me he acostado con él, si es eso lo que quieres saber.

–  Pero él lo ha intentado, lo he visto en su mirada. – Me responde Mike estrechándome contra su cuerpo con fuerza. – Te quiero solo para mí, pequeña. Eres mía.

–  Demuéstramelo. – Le ordeno con picardía.

Mike no lo duda ni un segundo, me besa y me hace el amor en la bañera y después en la cama hasta que nos quedamos dormidos uno en brazos del otro.

A la mañana siguiente retomamos nuestro camino hacia Kurovo. Llegamos a casa de mis abuelos maternos al anochecer y mis abuelos nos esperan para cenar juntos. A pesar de que lo único que me apetece es meterme en la cama con Mike y dormirme entre sus brazos, hago un esfuerzo y trato de poner buena cara frente a mis abuelos, aunque no tengo demasiado éxito.

–  Mi niña, ¿va todo bien? Pareces un poco triste… – Comenta mi abuela en ruso para que Mike no la entienda.

–  Estoy bien, abuela. – Le respondo forzando una sonrisa. – Tan solo estoy cansada por el viaje.

–  Sea lo que sea lo que haya pasado, no hay más que mirar a este chico a los ojos para saber que te adora y te idolatra, no sé por qué te empeñas en presentar a Mike como tu jefe, yo lo presentaría como tu alma gemela. – Me dice mi abuela con ternura. Mike no entiende lo que decimos, pero ha escuchado su nombre en la conversación y nos mira intrigado. Mi abuela, que se da cuenta, le sonríe y le dice para tranquilizarlo: – Le estaba diciendo a Milena que deberíais descansar, estaréis agotados por el viaje.

–  ¿Has hablado con Brad? – Me pregunta mi abuelo muy inoportuno.

El gesto de Mike se contrae y tensa la mandíbula al oír el nombre de Brad, a pesar de que le he aclarado que entre él y yo no hay nada, Mike continúa teniendo sus dudas.

–  Ahora no, abuelo. – Le corto de inmediato. Y poniéndome en pie para dirigirme a la casa de invitados y retrasar esa conversación, añado: – Necesitamos descansar, mañana hablamos.

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