Tu hada de la suerte 13.

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Cuando llegamos a casa de Mike mi achispamiento, por no llamarlo borrachera, ha ido en aumento y tengo ganas de fiesta. Salgo del coche sonriendo alegremente y entro en casa. Saludo a Steven, el siniestro y poco hablador mayordomo de Mike, y me voy directa a la cocina mientras Mike le ordena que suba mi equipaje a la habitación de invitados.

En la cocina Carmen ya está empezando a preparar lo que será la cena. La saludo cariñosamente y ella me devuelve el saludo de la misma forma:

–  Estás muy contenta, mi niña.

–  Se ha bebido tres vasos de licor casero, está más que contenta. – Oigo a Mike detrás de mí, no demasiado contento.

–  Deberías tomarte un par de vasos más del licor ese, te vendría bien relajarte un poco. – Le replico molesta. ¿Por qué me quiere cortar el rollo? – No te va a hacer daño divertirte un poco.

Mike me mira alzando las cejas totalmente incrédulo y Carmen, que no entiende nada de lo que está pasando, decide salir de la cocina y desaparecer.

–  A lo mejor tenemos formas distintas de divertirnos. – Comenta Mike ¿enfadado? Y añade antes de salir de la cocina: – Ya veremos lo mucho que te diviertes mañana.

Sí, está enfadado. Abro la nevera y encuentro una de esas botellas de licor casero. Mmm… Cojo una botella y un par de copas y atravieso el pasillo para dirigirme al despacho de Mike donde estoy segura que se encuentra. La puerta está cerrada y llamo antes de entrar, pero no espero respuesta. Abro la puerta y me lo encuentro sentado frente al escritorio con las manos en la nuca. Nuestras miradas se cruzan y lanza un sonoro suspiro.

–  ¿Qué te parece si me cuentas esas otras distintas formas de divertirte que tienes mientras nos tomamos una copa de este licor casero? – Le propongo en son de paz.

–  No me tientes, pequeña hada de la suerte. – Susurra Mike.

–  Óscar Wilde decía que la mejor forma de librarse de la tentación es caer en ella. – Le respondo cerrando la puerta y sentándome frente a él en una de las esquinas de la mesa. Sirvo un poco de licor en ambas copas y le entrego una a Mike al mismo tiempo que le digo: – Una copa conmigo, tan solo te pido eso. ¿Qué me dices?

Mike entrechoca su copa con la mía antes de dar un largo trago y bebérsela entera.

–  ¿Contenta? – Me pregunta con sarcasmo.

–  No, en absoluto. – Le contesto molesta.

Estoy a punto de bajar de la mesa cuando Mike se pone en pie frente a mí, me agarra por la cintura para impedir que me mueva de donde estoy y me pregunta con voz ronca:

–  ¿Cómo quieres que nos divirtamos, Milena?

Me quedo sin habla, esto no me lo esperaba. ¿Se me está insinuando? Sí, está claro que sí. Sigue esperando mi respuesta, pero las palabras no salen de mi boca. ¿Me he quedado muda?

–  Respóndeme, Milena. – Me ordena mirándome a los ojos.

–  Dímelo tú. – Le respondo desafiante. – Me has dicho que tienes otras formas de divertirte, enséñamelas.

Nos miramos fijamente a los ojos durante varios segundos. Ninguno de los dos dice nada en ese espacio de tiempo, pero nuestros ojos hablan por sí solos. Deseo, pasión y lujuria es lo que ambos sentimos, lo que ambos buscamos y lo que ambos hemos encontrado.

Estoy a punto de hablar cuando Mike acerca sus labios a los míos y me besa. Me besa primero con cautela, rozando sus labios con los míos, esperando a que le dé acceso a mi boca para introducir la lengua y entonces el beso se vuelve más intenso, más salvaje. Se coloca entre mis piernas y me estrecha contra su cuerpo mientras mis manos le envuelven la nuca y mis dedos se enredan en su pelo. Me tumba sobre la mesa sin dejar de besarme, pero acto seguido me incorpora y se separa de mí al mismo tiempo que me dice con voz ronca:

–  Milena, no podemos seguir con esto.

–  ¿No soy lo suficiente divertida para ti? – Le pregunto con descaro por el efecto del licor casero.

–  Has bebido alguna copa de más, no quiero que mañana cuando te despiertes te arrepientas de lo que estábamos haciendo. – Me da un rápido beso en los labios y añade: – Tienes que comer algo, después si quieres continuaremos con esta conversación.

Mike me ayuda a bajar de la mesa y, tras adecentar nuestras ropas, salimos del despacho y regresamos juntos a la cocina, donde Carmen ya está sirviendo la cena. La mesa está preparada solo para dos y cuando Carmen termina de servir los platos, nos desea buenas noches y se retira a su habitación dejándonos a solas.

–  Creo que hemos incomodado a Carmen. – Comento avergonzada.

–  No te preocupes por eso y come. – Me ordena con dulzura.

–  ¿Dónde está Joe?

–  Joe es el responsable de la seguridad en la casa, está haciendo su trabajo. – Me responde sin darle importancia al asunto.

Apenas soy capaz de comer algo, pero hago un esfuerzo tras la insistencia de Mike y tengo que reconocer que después de comer un poco me siento mucho mejor. Puede que aún esté un poco achispada, pero mi cabeza ya empieza a funcionar con lucidez.

–  Vamos, necesitas descansar. – Me dice Mike colocando su brazo alrededor de mi cintura para guiarme hasta la puerta de mi habitación. – Y ahora a dormir, pequeña.

–  No tengo sueño, no quiero dormir. – Protesto como una niña consentida.

–  Está bien, ve a ponerte el pijama y no tardes, regreso en dos minutos. – Me dice sonriendo, dispuesto a consentirme. – Solo dos minutos. – Añade mientras camina por el pasillo para dirigirse a su habitación.

Entro en mi habitación y me pongo el pijama: una camiseta blanca de tirantes con encaje en el escote y un culote a juego. No es lo más recatado para estar con mi jefe, pero tampoco tengo otro tipo de pijama y no quiero pensar ahora que Mike es mi jefe.

Mike regresa a mi habitación justo cuando acabo de cambiarme. Me mira y sus ojos lo dicen todo, es como un lobo hambriento y yo soy su presa.

–  No me lo estás poniendo nada fácil. – Murmura Mike pasándose las manos por la cabeza.

–  Tú tampoco me lo pones fácil. – Le reprocho divertida. Me tumbo boca arriba sobre el lado izquierdo de la cama y enciendo el televisor antes de añadir: – ¿Quieres que veamos una película?

–  Eso suena bien. – Opina Mike.

–  Pues ven aquí. – Le digo dando unas palmadas sobre el lado derecho de la cama, invitándole a tumbarse conmigo.

–  Muy difícil. – Me repite sonriendo antes de acostarse a mi lado. – ¿Qué película quieres ver?

–  Está a punto de empezar Safe, de Jason Statham. – Le digo entusiasmada, pues me encanta Jason Statham y sus películas. – ¿Te parece bien?

–  ¿Una película de acción? No dejas de sorprenderme. – Comenta divertido.

Nos acomodamos en la cama para ver la película y Mike me atrae hacia a él hasta que mi cabeza queda sobre su hombro y me envuelve con sus brazos. Permanecemos así durante todo el tiempo que dura la película y cuando termina, Mike me besa en la frente y me susurra:

–  Es hora de irse a dormir, pequeña hada.

–  No te vayas. – Le pido con un hilo de voz cuando deja de abrazarme. – Quédate conmigo esta noche.

Mike se pasa las manos por la cabeza, murmura algo que no entiendo, apaga la televisión y me envuelve de nuevo entre sus brazos antes de añadir:

– Sigues poniéndomelo difícil, pero me gustan los retos.

–  Eres tú quien se empeña en ponerlo difícil. – Le respondo antes de quedarme dormida.

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