Tu hada de la suerte 12.

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Sin poder dejar de sonreír ni de mirar los lirios que Mike me ha regalado, pienso que debería darle las gracias a por el detalle, pero decido esperar unos minutos para que Norma no sospeche, si es que no sabe nada. Pasados veinte minutos, salgo de mi despacho y me dirijo al despacho de Mike. Golpeo con la mano suavemente la puerta y espero a que me invite a pasar antes de entrar.

–  Adelante. – Escucho su voz al otro lado de la puerta. Abro la puerta, entro en su despacho y cierro la puerta de nuevo. Me vuelvo hacia a él sin poder ocultar mi sonrisa y añade bromeando: – Espero haber acertado, no me gustaría saber que esos preciosos lirios acaban en la papelera.

–  Gracias, no tenías que haberte molestado pero has conseguido sacarme una sonrisa después de una mañana horrible.

–  No sabes cuánto me alegra que me digas eso. – Me dice mostrándome su sonrisa perfecta. – Estaba a punto de ir a buscarte, ¿estás lista para ir a comer a casa de mis padres?

–  Supongo que sí. – Le respondo encogiéndome de hombros.

Diez minutos más tarde, ambos nos dirigimos a casa de los Madson en el coche de Mike. Joe no nos acompaña y lo prefiero, bastante incómodo va a ser mi papel como para tener otro espectador.

Llegamos a una villa enorme situada a las afueras de la ciudad y me tenso al instante. He leído que Mike hizo su propia fortuna y he dado por hecho que venía de una familia de clase media, pero por lo visto me he equivocado con mis suposiciones.

–  Ya hemos llegado. – Me informa atravesando la villa por el largo sendero y aparcando el coche frente a la puerta principal de la enorme casa.

Salimos del coche y la puerta principal se abre al mismo tiempo que aparece una mujer de unos cincuenta y pocos años acompañada de Kate, la hermana pequeña de Mike. Ambas nos reciben con una amplia sonrisa y Mike las saluda con un breve abrazo antes de volverse hacia a mí y hacer las presentaciones oportunas:

–  Milena, te presento a mi madre, Bianca. Y ya conoces a mi hermana Kate.

–  Encantada de conocerla, señora. – La saludo educadamente.

–  Lo mismo digo, querida, pero llámame Bianca por favor. – Me dice la madre de Mike amablemente.

–  Me alegro de verte, Milena. – Me saluda Kate y bromea: – Pensaba que mi hermano se inventaría una excusa para seguir teniéndote escondida de nosotros.

Mike envuelve su brazo alrededor de mi cintura y un ligero estremecimiento se apodera de todo mi cuerpo haciendo que desee aún más su contacto. Nuestras miradas se encuentran y puedo ver como sus ojos brillan de deseo igual que deben estar brillando los míos.

–  Será mejor que entremos en casa, está empezando a llover. – Sugiere Mike.

Bianca nos hace pasar a un gran salón donde nos sentamos mientras le pide a la asistenta que nos traiga algo de beber. Mike se sienta a mi lado en uno de los sofás y Bianca y Kate se sientan en el sofá de enfrente. La asistenta regresa con nuestras bebidas y la madre de Mike empieza a interrogarme:

–  ¿Eres de la ciudad, Milena?

–  No, soy de Beach Ville, hace apenas un par de meses que me mudé a Highland. – Le respondo.

–  ¡Oh, qué bonito lugar! Philip y yo veraneábamos allí cuando éramos novios. – Exclama Bianca con melancolía en sus ojos. – Es un sitio fantástico para los enamorados, deberíais ir allí unos días para relajaros y disfrutar el uno del otro, estoy segura que no sois capaces de desconectar del trabajo.

Me atraganto, literalmente. Mike me da unos golpecitos en la espalda hasta que la tos cesa y después, volviéndose a su madre, la regaña:

–  Mamá.

–  ¡Pero si no he dicho nada malo! – Protesta Bianca. – Además, estoy segura de que a Milena le gustará ir a visitar a su familia y amigos.

–  Mi familia ya no vive en Beach Ville, se mudaron a Springs Ville cuando me fui a la universidad. – Le digo cuando recupero el habla. Mike no deja de acariciarme la espalda, no sé si por tratar de calmarme o para pedirme que les siga la corriente y, como todos esperan que diga algo, añado colocando mi mano izquierda sobre la rodilla de Mike: – Pero sí que tenemos pensado irnos unos días para desconectar del trabajo.

–  Si no lo veo, no lo creo. – Dice Kate incrédula. – Mi hermano que decía que no necesitaba a una mujer en su vida para ser feliz ahora sonríe como un idiota cuando te mira.

–  ¡Kate! – La regaña su madre.

–  No me malinterpretes, me encanta que por fin tenga novia y se tome la molestia de presentarnos oficialmente, pero estoy sorprendida. – Me explica Kate con naturalidad. – Me alegro de que al menos seas una chica normal y no una de esas Barbies snobs y pijas con las que pensé que acabaría…

–  Kate, ¿qué modales son esos? – Pregunta una voz masculina con tono severo. Me vuelvo y veo a un hombre de unos cincuenta y cinco años. Se acerca hacia a dónde yo estoy y me dice con una perfecta sonrisa al mismo tiempo que me ofrece su mano para saludarme: – Tú debes de ser Milena, ¿verdad? Yo soy Philip, el padre de Mike.

–  Encantada de conocerle, Philip. – Le respondo estrechándole la mano.

–  Tengo que reconocer que Mike tiene muy buen gusto, eres preciosa. – Me alaga Philip. – Y tengo entendido que además eres una chica inteligente y responsable, no podría haber hecho una elección mejor.

Philip se sienta junto a su esposa y su hija y los cinco continuamos charlando. Los padres y la hermana de Mike quieren saberlo todo sobre mí y Mike sale en mi ayuda cuando sugiere que pasemos al comedor.

Su familia es encantadora y me tratan como a una más. Kate es muy divertida y enseguida congeniamos, tan solo es dos años mayor que yo y tenemos muchas cosas en común.

Después de comer y de tomarnos el café, Philip nos ofrece una copa de un licor casero que elaboran con la receta de su bisabuelo y acepto encantada.

–  Bebe despacio, es un licor bastante fuerte. – Me susurra Mike al oído.

Doy un pequeño primer sorbo pero el licor no está nada fuerte, es más bien dulce y digo:

–  Mmm… Está muy bueno.

Todos sonríen al escuchar mis palabras y dos horas después me he bebido tres vasos de ese licor. Cuando Kate va a servirme el cuarto, Mike la detiene, me quita el vaso de entre las manos y cuando lo miro molesta me susurra al oído:

–  Es fuerte y no estás acostumbrada, me lo agradecerás más tarde, créeme.

–  Parece que ha dejado de llover, ¿por qué no le enseñas el jardín a Milena? – Propone Bianca. – A pesar de que estamos en otoño, el jardín está tan lleno de flores como en primavera.

No sé si la madre de Mike quiere darnos un poco de intimidad o si lo que quiere es que desaparezca un rato para poder hablar de mí con su marido y su hija, el caso es que la idea de salir para que me dé el aire me resulta fabulosa, ya estoy empezando a notar el efecto del licor.

Salimos al jardín trasero por la puerta del salón y Mike me guía por un pequeño camino que nos adentra en una zona con árboles, plantas y flores. Doy un traspié, Mike coge al vuelo antes de llegar a estamparme contra el suelo y me dice con tono burlón:

–  Te dije que era un licor fuerte y que no abusaras.

–  ¡He bebido menos que tu madre y tu hermana! – Le replico.

–  Pero ellas están acostumbradas al licor y tú no. – Me contesta con paciencia. – Ven, nos sentaremos aquí y así te dará un poco el aire.

Mike me guía hasta un banco en mitad de una explanada rodeado de flores y me sienta a su lado, tan pegada a él que prácticamente estoy casi encima. Estoy mareada y, aunque nunca me había achispado tan rápido bebiendo tan poco, tengo que reconocer que ese licor casero es fuerte pese a saber dulce.

–  ¿Estás enfadado conmigo? – Le pregunto poniendo cara de no haber roto un plato en mi vida.

–  No, claro que no me he enfadado. – Me contesta sonriendo. – Pero si me hubieras escuchado…

–  Hablas como Tom. – Le reprocho. – Tengo derecho a equivocarme y a cometer mis propios errores, sé que a veces esos errores se pagan muy caro, pero es la mejor manera de aprender.

–  ¿Va todo bien con Tom? – Pregunta Mike con precaución.

–  Más o menos, estaba un poco enfadado conmigo pero se ha olvidado del tema en cuanto ha confirmado que Daniel está en la ciudad.

–  ¿Por qué estaba Tom enfadado contigo?

–  Cree que no debo involucrarme en los asuntos personales de mi nuevo jefe y supongo que tiene razón, pero creo que ha cambiado de idea esta mañana. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  ¿Ha cambiado de idea?

–  Creo que ha visto que eres un buen tipo y se le ha pasado un poco. – Al ver la cara de desconcierto de Mike, añado: – Tom es como mi hermano mayor, es demasiado protector conmigo.

Tras un rato de breve charla en el precioso jardín de los Madson, Mike y yo regresamos a la casa para despedirnos de sus padres y su hermana. Kate insiste en quedar mañana por la tarde para ir de compras y yo acepto, aunque por el rabillo del ojo veo el gesto de desaprobación de Mike.

Antes de regresar a casa de Mike pasamos por el apartamento de Tom para recoger mis cosas. Voy a pasar toda la semana en su casa y el viernes viajaremos a Rusia, así que preparo un par de maletas con ropa para dos semanas y nos dirigimos a casa de Mike.

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