Tú eres mi destino 6.

Alysa se pasó más de veinte minutos metida en la bañera llena de agua caliente y espuma. Era lo único que conseguía relajarla además del sexo, pero no podía acostarse con nadie en casa de Diego. Como si el subconsciente le enviara una señal, a Alysa se le pasó por la cabeza la imagen de Alberto estrechándola entre sus brazos y se sobresaltó.

—Uf, creo que necesito sexo con urgencia —pensó Alysa en voz alta.

Salió de la bañera, se secó con una toalla y se puso su pequeño albornoz que le cubría poco más que el trasero y los muslos. Sacó unos tejanos y un jersey del armario donde había colocado las escasas pertenencias que había traído en la bolsa de deporte que siempre llevaba en el coche y se vistió antes de secarse el pelo.

Alberto, tras recibir un sermón de su padre por ser tan poco agradable con Alysa, decidió ver el vídeo que ella le había entregado. Marcos y Diego también vieron el vídeo con Alberto, Diego por segunda vez. Ambos chicos se sorprendieron al ver aquellas imágenes, era un vídeo de ambas familias al completo que parecían llevarse muy bien. Alberto se reconoció con cinco años y también reconoció a aquel hermoso y delicado bebé que sonreía como si supiera que la estaban filmando. Después vio la grabación de Alejandro de la Vega donde le decía a su hija que si veía ese vídeo y él ya no estaba junto a ella solo confiara en el maestro Lee y en Diego Morales. Alberto entendió entonces por qué ella había ido en busca de su padre, era la única persona en la que podía confiar para averiguar la información que necesitaba y llevar a cabo su venganza. Él tenía quince años cuando perdió a su madre, pero Alysa tan solo tenía diez años cuando perdió a su padre y a su madre. Alberto no podía imaginar por lo que había pasado Alysa, pero compartía ese mismo deseo de venganza y en ese preciso instante decidió unirse a ella para llevar a cabo esa venganza que ambos tanto ansiaban.

Alberto se levantó del sofá, cogió la cinta de vídeo y se disponía a ir en busca de Alysa cuando su padre le detuvo y le preguntó:

— ¿Qué vas a hacer?

—Devolverle la cinta de vídeo a Alysa —le respondió Alberto y, al ver que su padre estaba preocupado por lo que él pudiera hacer o decir, añadió para tranquilizarle—: Lo arreglaré.

Alberto subió las escaleras y llamó a la puerta de la habitación de Alysa un par de veces sin obtener respuesta, así que abrió la puerta y alzó la voz para decir:

—Alysa, ¿puedo pasar? —Como Alysa no contestaba, Alberto entró en la habitación.

No veía a Alysa por ninguna parte, pero escuchaba el ruido procedente del baño, que dedujo que era de un secador, y golpeó la puerta suavemente con la mano. Alysa abrió la puerta al instante y se encontró con Alberto frente a ella y vio que traía la cinta de vídeo en la mano.

— ¿Qué ocurre? —Le preguntó Alysa preocupada al encontrarse a Alberto en su habitación.

—Soy un idiota, ¿podemos hablar? —Le preguntó Alberto—. Creo que te debo una disculpa.

—No me debes nada y no creo que seas idiota —le contestó Alysa sonriendo—. Si yo hubiese estado en tu lugar, probablemente hubiera actuado de la misma manera.

—Sé que no va a ser fácil, pero quiero que trabajemos juntos en esto —le dijo Alberto—. Si es que aún sigues interesada en tener aliados.

—Sigo interesada —le confirmó Alysa.

—Genial, ¿por dónde empezamos, entonces?

Alysa no podía creer lo que veía y escuchaba, Alberto había bajado la guardia y parecía que estaba dispuesto a trabajar con ella. Alysa se recogió el pelo en una cola alta y Alberto la observó detenidamente, atraído por aquella mujer como nunca le había atraído ninguna otra.

— ¿Qué te parece si empezamos por investigar a vuestro personal de seguridad? —Le propuso Alysa con una media sonrisa.

Alberto asintió con la cabeza y ambos se encaminaron hacia el salón en busca de Diego y Marcos para empezar con la investigación.

Alysa instaló un programa en los ordenadores de los tres hombres para que pudieran acceder a la base de datos del gobierno y recabar cualquier dato sobre la vida de sus guardas de seguridad.

Todos los hombres de Diego parecían estar limpios, sin antecedentes y sin ningún vestigio por el cual tenían que preocuparse. No obstante, Alysa les pidió que no bajaran la guardia y que continuaran investigando al resto del personal que trabajaba en la villa.

Mientras tanto, Alysa se ocupaba de instalar el nuevo sistema de seguridad de la casa y la villa y se puso en contacto con su amigo arquitecto para que conociera el lugar y pudiera diseñar los planos del túnel secreto que querían construir. Alberto también propuso entrenar un rato por las tardes y a Marcos y a Alysa les pareció una buena idea, así que por las tardes organizaban pequeños combates en los que también entrenaba el equipo de seguridad. Los hombres de Diego sabían que se estaba acercando algo gordo y que su jefe los estaba preparando para cuando llegara el momento, pero aún no les habían anunciado nada porque Alysa quería conocerlos personalmente para hacerles un perfil psicológico y verificar si realmente se podía o no confiar en ellos.

Alysa tenía claro que antes de empezar con la venganza tenían que tener la situación bajo control, pues no quería arriesgarse a que la misma historia se repitiera quince años después.

Los días fueron pasando y Alberto le demostró con hechos a Alysa que confiaba en ella ciegamente y que ella también podía confiar en él.

El arquitecto amigo de Alysa diseñó y construyó junto a sus hombres de confianza el túnel secreto para escapar de la villa si se veían acorralados.

También confirmaron que todo el personal de la villa de los Morales estaba limpio y no había indicios de que ninguno de ellos pudiera ser un agente infiltrado del gobierno, así que decidieron reunirles y pedirles absoluta discreción con lo que allí pasaba y que estuvieran pendientes de cualquier cosa que observaran fuera de lugar. El personal de seguridad fue advertido e informado de las posibles amenazas con las que se pudieran encontrar y todos estuvieron de acuerdo en permanecer al lado de los Morales pasara lo que pasara. Los hombres de Diego eran hombres leales.

Una tarde, dos meses después de la llegada de Alysa a la villa, mientras Marcos y Alysa entrenaban en el pequeño gimnasio que habían improvisado en el sótano, Diego recibió la visita de Ronald Red, uno de los tipos que había trabajado para el gobierno cuando Diego y Alejandro trabajaban en el proyecto Alpha. Alberto bajó al sótano en busca de Alysa y le dijo:

—Ronald Red está aquí y va a quedarse un par de días —miró a Alysa a los ojos y añadió—: Ronald trabajó para el gobierno y, aunque aparentemente siempre ha estado de nuestro lado, a mí nunca me ha acabado de convencer. Así que para justificar tu presencia le he dicho que eres mi prometida.

Marcos sonrió ante la ocurrencia de su primo, que días atrás le había confesado que se sentía muy atraído por Alysa y se las había apañado para beneficiarse con la visita de Ronald Red.

Alysa no dijo nada, no conocía de nada a ese Ronald Red pero si había trabajado para el gobierno no debía confiar en él. Se suponía que ella estaba muerta desde hacía quince años, así que le dijo a Alberto:

—Es difícil que me reconozcan si creen que estoy muerta, pero es mejor que me llaméis por otro nombre al menos hasta que ese tipo se haya marchado —hizo una pausa y añadió—: Si vamos a estar prometidos, tendremos que inventar una historia, cómo y dónde nos conocimos, y desde cuándo somos pareja, todo ese tipo de cosas. Hubiese sido más fácil hacerme pasar por una asistenta interna.

—Entonces no sería ni la mitad de divertido —se mofó Marcos.

—Así no ayudas —le reprochó Alberto a su primo.

—Ahora mismo no estáis ayudando ninguno de los dos —les regañó Alysa—. Marcos, avisa a todo el personal de la visita y de lo que nos proponemos. Alberto, tú te vienes conmigo, tenemos que hablar y ponernos de acuerdo en algunas cosas.

—Les digo que estáis prometidos pero, ¿cómo se supone que te llamas? —Le preguntó Marcos—. Está claro que no puedes presentarte como Alysa de la Vega.

—No sé, ¿os gusta Sofía López? —Les preguntó Alysa.

—Suena bien —confirmó Alberto.

Marcos se marchó en busca del personal de seguridad y Alberto y Alysa se dirigieron a la habitación de Alysa donde, mientras ella se duchaba, Alberto empezó a pensar en la historia de su supuesto romance con Sofía López.

No tenían mucho tiempo para prepararlo, así que decidieron hacerlo lo más sencillo posible, añadiendo alguna anécdota simple y sin entrar en detalles.

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