Tú eres mi destino 2.

Un mes más tarde, Alysa regresó a Ibory como Alicia Torres, nueva propietaria de la antigua casa de la familia de la Vega. Durante dos semanas, Alysa limpió y registró toda la casa sin encontrar ningún documento sobre los negocios de su padre. Había tenido suerte de que el banco que compró la casa únicamente limpió y pintó superficialmente las estancias donde se produjo el tiroteo y la masacre y no tocaron nada más. Esos días fueron como regresar al pasado. Los armarios de las habitaciones aún estaban llenos de la ropa de Alysa y su familia y el despacho de su padre estaba revuelto, alguien había estado buscando algo en el despacho y después había tratado de ordenarlo.

Cuando estaba a punto de darse por vencida en encontrar la agenda de su padre o cualquier otro documento sobre sus negocios, vio un libro en la repisa que su padre siempre le leía antes de irse a dormir y lo cogió. Acto seguido, una de las paredes del despacho se movió y se abrió una puerta que daba a un oculto y estrecho pasillo. Sin pensárselo dos veces, se adentró por el pasillo y llego a una pequeña estancia, lo que intuyó que era el verdadero despacho de su padre.

Allí encontró todo lo que su padre guardaba de sus negocios y su agenda, pero no había nada que le resultara llamativo hasta que vio en su agenda que todos los miércoles del último mes antes de que le mataran tenía anotada una cita a las 16:30 horas con “D.M.” Siguió buscando y encontró una caja fuerte escondida entre los libros de una de las estanterías. Probó con la combinación que tenía la caja fuerte de su habitación y acertó. Abrió la caja fuerte y dentro descubrió unos documentos sobre el proyecto Alpha en los que aparecía el nombre de su padre junto a un tal Diego Morales, posiblemente el “D.M.” que aparecía en la agenda todos los miércoles del último mes que su padre estuvo con vida.

Alysa cogió el dossier del proyecto Alpha y se retiró a su habitación, donde se pasó toda la noche leyendo aquel dossier. El proyecto Alpha consistía en la realización de un experimento con soldados del gobierno que enviaban a la guerra quince años atrás. Alysa descubrió que su padre y un tal Diego Morales habían estado experimentando con soldados para hacerlos más fuertes y casi indestructibles instalándoles un chip en la base del cráneo. A los soldados a los que se les instalaba el chip se hacían más fuertes y veloces en el campo de batalla, sus heridas cicatrizaban con más rapidez y se volvían más inteligentes y perspicaces.

Alysa cogió su ordenador portátil y buscó en Google a Diego Morales. Salieron miles de resultados de búsqueda, pero el que más le llamó la atención fue el tercero, que decía que Diego Morales es un científico de prestigio que había trabajado en numerosas ocasiones para el gobierno y que ya se había retirado. Leyó todas las noticias relacionadas con Diego Morales y en ninguna de ellas se mencionaba que había trabajado con su padre. Debía tratarse de algún proyecto del gobierno que no debió salir bien, pero si quería averiguarlo tendría que hacerle una visita a Diego Morales.

Alysa jaqueó el sistema informático de seguridad del gobierno y accedió a la base de datos para buscar la dirección actual de Diego Morales. Tuvo suerte, Diego Morales vivía en Termes, un pueblo situado a un par de horas en coche al sur de Ibory. Descargó unos planos del terreno y la casa de Diego Morales y estudió cuál era la mejor forma de entrar sin ser vista. La villa tenía un buen sistema de seguridad, pero nada que ella no pudiera jaquear.

Al día siguiente, Alysa partió al atardecer y llegó a Termes cuando la oscuridad de la noche se cernía sobre el cielo. Dejó el coche aparcado a dos kilómetros de distancia de la casa de los Morales y se adentró en la villa hasta llegar a la fachada trasera de la casa, por donde trepó y se coló por una de las ventanas del primer piso que se suponía que debía ser el despacho de Diego Morales y acertó. Echó un rápido vistazo por el despacho y se escondió tras la puerta cuando escuchó unos pasos por el pasillo que se iban acercando a donde ella estaba. Acostumbrada a la oscuridad del lugar, Alysa pudo reconocer que la silueta que tenía delante no pertenecía a la de Diego Morales, por lo que, con un rápido y ágil movimiento, colocó dos de sus dedos sobre el cuello del tipo y lo dejó inconsciente. Como pudo apartó al tipo cogiéndolo de los brazos y lo dejó apoyado en la pared. Volvió a escuchar pasos y se posicionó de nuevo tras la puerta para no ser vista. Esta vez, sí que era Diego Morales el que entró en el despacho. El hombre, ajeno a lo que estaba ocurriendo en su despacho, entró, cerró la puerta y encendió la luz justo en el momento en que Alysa le encañonó con su pistola del calibre treinta y ocho:

—Sht. No grites y no te pasará nada, solo he venido a hablar —susurró Alysa. Diego echó un vistazo a su alrededor y se tensó al ver a uno de sus hombres en el suelo—. No te preocupes por él, tan solo se está echando una siesta —Alysa le hizo un gesto a Diego para que se sentara en el sillón y acto seguido dejó caer sobre el escritorio el dossier del proyecto Alpha y le dijo—: Quiero saberlo todo sobre esto.

Diego Morales había sido un buen amigo de Alejandro y Thalía de la Vega, había trabajado con ellos en el proyecto Alpha y la chica que tenía delante era la viva imagen de Thalía con algunos rasgos de Alejandro.

—Es imposible, no puede ser —murmuró Diego mirando a Alysa de arriba a abajo como si estuviera viendo a un fantasma—. Eres la hija de Alejandro y Thalía, ¿verdad? Pero no puede ser, la hija de ambos también fue asesinada….

—Háblame del proyecto Alpha —le ordenó Alysa.

Diego le hizo un gesto a Alysa para que se sentara frente a él, esperó a que Alysa hubiera tomado asiento y empezó a hablar:

—Hace dieciséis años, el gobierno nos contrató a tu padre y a mí para formar parte del proyecto Alpha, un proyecto secreto del gobierno. Desarrollamos un chip que se implantaba en la base craneal de los soldados que iban a ser enviados a la guerra y se volvían más fuertes, inteligentes y sus heridas más graves sanaban en cuestión de minutos. Habíamos creado un ser prácticamente indestructible e inmune a casi todo, incluso inmunes a la radiación. Las fases 1 y 2 salieron según lo previsto, pero descubrimos que los soldados que llevaban más de seis meses con el chip implantando empezaban a mostrarse rebeldes y actuaban libremente sin respetar las órdenes ni las leyes. Se volvieron agresivos, eran máquinas de matar sin ningún tipo de control —Diego suspiró y continuó hablando—: Tu padre y yo decidimos abortar el proyecto pero el gobierno pretendía que continuáramos trabajando en ello sin dejar de implantar los chips y, cuándo nos negamos, nos amenazaron con nuestras familias. Alejandro y yo decidimos implantar chips falsos a los nuevos soldados y nos encargamos de eliminar a todos los soldados a los que implantamos el chip, pero el gobierno se percató de lo que estábamos haciendo y el resto te lo puedes imaginar. Mandaron matar a tu familia y también a la mía. Mataron a mi esposa, pero mi hijo y yo pudimos escapar. Tu padre se llevó todos los chips, pruebas e informes del laboratorio y las escondió en algún lugar que, a día de hoy, sigue siendo un misterio. Eso es lo único que me mantiene con vida. Si encuentran esos documentos junto con el dossier que has traído, me necesitarán para programar los chips. Sé que están buscando científicos que puedan crear lo que tu padre fue capaz de crear, pero hasta ahora no han encontrado a nadie que lo logre.

—Cuando hablas del gobierno, ¿a quién te refieres exactamente? —Quiso saber Alysa.

—Me refiero a una división secreta del gobierno que tú conoces —le contestó Diego—. Alysa, ¿verdad? —Alysa asintió y Diego prosiguió—: No sé lo que pretendes, pero vengarte de ellos sería un suicidio. Créeme si te digo que no hay nada en este mundo que me pueda producir mayor satisfacción que ver a todos los implicados en el proyecto Alpha muertos igual que mataron a mi esposa, pero antes de matar al primero ya habrían matado a toda mi familia.

—Necesitaré una lista con los nombres de todos los que participaron en el proyecto Alpha, incluyendo a los soldados a los que se les implantó el chip —le dijo Alysa—. También necesitaré saber todo lo que sepas sobre esa división secreta del gobierno, cómo está organizada, cuál es su jerarquía, ese tipo de cosas.

—Tu padre sacó del laboratorio todos los documentos relacionados con el proyecto Alpha y los escondió en algún lugar, aunque creo que puedo ayudarte con lo demás —le respondió Diego—. De todas formas, debo advertirte que lo que pretendes es algo muy peligroso y, pese a que estoy seguro que el maestro Lee te ha enseñado bien a defenderte, no creo que sea suficiente como para vencer tú sola a un ejército.

—Trataré de encontrar los documentos que mi padre escondió. Mientras tanto, puedes hacer un informe de cómo se organiza la división del gobierno, incluyendo su jerarquía con nombres y a ser posible con fotografías —le dijo Alysa y añadió antes de marcharse—: Supongo que no hace falta que te diga que yo nunca he estado aquí.

—Tranquila, puedes contar conmigo —le confirmó Diego—. Por cierto, ¿qué hay de mi guarda de seguridad?

—Se despertará en un par de horas y no recordará nada de lo sucedido, ni siquiera me ha visto —le respondió Alysa antes de salir por la ventana.

Diego miró por la ventana para asegurarse de que Alysa no se había matado al saltar por la ventana y, cuando comprobó que desaparecía en la oscuridad de la noche, se sentó de nuevo en su sillón y trató de asimilar lo que acababa de pasar. Aún no podía creerse que la hija de los de la Vega estuviera viva, pero se alegraba de que así fuera. Debía mantener en secreto aquella visita, ni siquiera podía decírselo a su hijo porque no quería correr ningún riesgo.

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