Tú eres mi destino 19.

Esa noche, Alysa durmió mejor que nunca. Desde que compartía cama con Alberto, Alysa no había vuelto a tener pesadillas y estar entre sus brazos la relajaba hasta tal punto que había llegado a dormir más de diez horas seguidas esa noche.

Alberto, que había estado observando a Alysa mientras dormía, se percató de que abría los ojos y, al mismo tiempo que la besaba brevemente en los labios, le susurró estrechándola contra su cuerpo:

—Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?

—Nunca he dormido mejor —afirmó Alysa dejándose abrazar por Alberto.

—Estoy dispuesto a repetir lo mismo todas las noches si es eso lo que deseas —le susurró Alberto al oído—. Sólo tienes que pedírmelo.

—Quiero repetir lo de anoche, quiero repetirlo ahora —le dijo Alysa con la voz ronca por la excitación mientras deslizaba su mano entre las sábanas y hallaba el miembro de Alberto completamente erecto y le dijo con descaro—: Quiero repetirlo aquí y después en la bañera.

Alberto no se hizo de rogar y complació a Alysa encantado de la vida, la complació en la cama y también después en la bañera.

Cuando bajaron al salón, ya era casi la hora de comer.

Alysa sabía que tarde o temprano tendría que tener la “conversación” con Alberto, pero de momento prefería posponerla todo lo posible hasta que estuviera preparada para decidir. Por el momento, no se sentía capaz de apartarse de Alberto pero tampoco quería tomar decisiones precipitadas y menos sin saber qué pensaba él de todo aquello.

— ¿Qué es lo que te preocupa? —Le preguntó Alberto al verla fruncir el ceño.

—Estaba tratando de pensar en una excusa para hacerle una visita a Ronald Red —mintió Alysa incapaz de decirle la verdad—. ¿Se te ocurre algo?

—Cuando acabemos con todo esto, te vas a tomar unas vacaciones en algún lugar remotamente perdido para relajarte y no hacer absolutamente nada —le respondió Alberto con tono severo—. Y yo iré contigo para asegurarme de que haces lo que acabo de decirte.

— ¿Solo vendrás para hacer de niñera o para algo más? —Le preguntó Alysa descaradamente.

—Cariño, iré para hacer de niñera y todo lo que tú me pidas —le contestó Alberto para después tirar del brazo de Alysa para acercarla y besarla en los labios—. ¿Qué te parece si le hacemos una visita a Ronald sin avisar con la excusa del supuesto robo?

—Sabe que no te cae bien, no te creerá —le contestó Alysa—. Pero si voy yo sola…

— ¡No! —La interrumpió Alberto molesto—. Estamos juntos en esto y lo seguiremos estando.

Ambos se miraron fijamente a los ojos, desafiándose con la mirada, hasta que fueron interrumpidos por uno de los discípulos del maestro Lee que entró en la cocina y les anunció:

—Ronald Red está en la puerta, ¿le dejamos pasar?

Alysa y Alberto intercambiaron una breve pero intensa mirada y finalmente Alberto respondió:

—Hazlo pasar.

Dos minutos después, Alysa y Alberto recibían a un sonriente Ronald que ni siquiera se molestó en fingir horror frente a lo que había ocurrido semanas antes en casa de los Morales.

—He oído que os entraron en casa para robar —les dijo Ronald con cinismo después de haberles saludado—. Espero que no fuera nada grave.

—Mataron a cuatro de mis hombres de seguridad, aunque por suerte a mi familia no le ocurrió nada —le contestó Alberto tajante.

Aquello hizo que Ronald se pusiera en alerta y Alysa decidió intervenir antes de que Alberto lo echara todo a perder:

—Discúlpanos, Ronald —le pidió Alysa con voz de sumisa—. Estamos un poco nerviosos con todo lo que ha ocurrido. Pero cuéntanos, ¿a qué se debe tu visita?

—Me enteré que habéis vuelto a la ciudad y quería saber cómo os encontrabais y deciros que, si necesitáis cualquier cosa, estoy a vuestra disposición.

—Gracias Ronald, eres muy amable —le respondió Alysa haciendo un esfuerzo para que sus palabras sonaran creíbles y lo consiguió—. Pero hemos aumentado la seguridad en la villa y creemos que se trata de un hecho aislado, un grupo de personas que quería entrar a robar y no les salió bien.

—Y, ¿dónde están Diego y Marcos? —Quiso saber Ronald.

—Estarán fuera una temporada, hasta que reorganicemos todo esto —le informó Alysa—. Cómo te he dicho, todos estamos un poco nerviosos y hemos obligado a Diego a tomarse unas vacaciones forzosas, Marcos se ha quedado con él para asegurarse de que descansa.

—Si vais a estar solos, ¿qué os parece si esta noche os invito a cenar en mi casa? —Les propuso Ronald teniendo algo en mente algún plan escabroso—. Así me podréis explicar lo que ocurrió con más detalles e incluso podemos tratar de averiguar si fue algo aislado o premeditado.

— ¿Insinúas que puede haber sido un robo falso para atacarnos a nosotros? —Le preguntó Alysa fingiendo estar sorprendida.

—Es una posibilidad —le contestó Ronald creyendo que la tenía comiendo de su mano—. Venid esta noche a cenar a casa y lo hablamos. Diego es un gran amigo y estoy dispuesto a hacer lo que sea por él y por su familia.

—Será un placer ir a cenar esta noche a tu casa, Ronald —le confirmó Alysa ganándose una mirada de reproche de Alberto.

—Os espero a las nueve —añadió Ronald levantándose del sillón y despidiéndose de ellos—. No lleguéis tarde.

Acompañaron a Ronald hasta la puerta principal y le observaron marcharse en su ostentoso Hummer limusina. Una vez le perdieron de vista, Alberto se volvió hacia a Alysa y le espetó molesto:

— ¿A su casa a cenar? ¿Es que te has vuelto loca?

—Necesito acceder a su ordenador y me temo que solo lo voy a poder hacer desde su casa —le contestó Alysa—. Por cierto, tendrás que ser un poco más agradable con él y que piense que nos tiene comiendo de su mano.

—Pues no sé si seré capaz, no puedo con él y no sé cómo tú puedes hacerlo —le reprochó Alberto enfadado—. Acabas de aceptar una invitación en primera fila para ver nuestro propio asesinato.

—Ronald nunca nos mataría en su casa y a quién de verdad le interesa encontrar es a tu padre, solo pretende sacarnos información —trató de tranquilizar a Alberto—. Todo saldrá bien, estaremos aquí antes de la medianoche y te compensaré por el mal rato que te habré hecho pasar.

—Mm… Supongo que puedo hacer un esfuerzo —aceptó Alberto finalmente—. Pero antes tendrás que darme un anticipo.

Alysa sonrió, le dio un beso en los labios, le cogió de la mano y tiró de él para llevarlo escaleras arriba hasta llegar a la habitación, donde ambos se encerraron e hicieron el amor apasionadamente.

2 pensamientos en “Tú eres mi destino 19.

  1. Bom dia minha amiga!
    Parabéns! Pelo seu esplendido texto mergulhado no romantismo como os outros dos seus maravilhosos contos. Este é simplesmente arrebatador. Sua forma de escrever prende o leitor do incio ao fim de cada conto e permanece no suspense como vai ser o próximo enrendo apaixonante? Até o próximo!

    • Muchas gracias Cicero, me alegra mucho saber que te gustan mis historias y espero que esta no te decepcione. Mañana publicaré el siguiente capítulo, ya quedan pocos para el final. Abrazos y feliz domingo! 😉

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