Tú eres mi destino 11.

Tras cubrir a Diego y Carlos, Alysa accedió a las cámaras de vigilancia de la villa desde su móvil y buscó las imágenes de la llegada de los sicarios. En uno de los vídeos les vio bajar de los dos coches y pudo confirmar que eran diez, pero tres de ellos habían sido derrotados por tres de los cuatro guardas de seguridad que les protegían y que también habían perdido la vida cumpliendo con su trabajo. No le quedaba mucho tiempo antes de que la acorralasen y accedieran al sótano y no estaba segura de que finalmente Diego y Carlos hubieran entrado en el túnel para salir de la villa o si se habían quedado esperándola. Por eso le gustaba trabajar sola, porque no tenía que preocuparse de nada más que de ella misma y podía concentrarse en la situación. Alysa hizo un esfuerzo y trató de concentrarse y analizar la situación. A través del móvil observó las imágenes de las cámaras de vigilancia y pudo localizar dónde estaba exactamente cada uno de los cinco sicarios. Dos estaban en la planta superior y tres en la planta baja, uno de ellos a punto de entrar en el pasillo donde ella se encontraba. Alysa no tenía más que el cargador con el que ya había disparado dos de las seis balas, por lo que tan solo le quedaban cuatro balas y había cinco hombres a los que matar. Decidió intentar no malgastarlas si no era estrictamente necesario y se ocultó detrás de la puerta del sótano. Cuando el sicario pasó por delante de ella, Alysa le cogió del cuello y se lo partió con un solo movimiento y sin apenas hacer ruido.

Ya solo le quedaban cuatro.

Despacio y con prudencia, Alysa regresó al salón donde estaba otro de los sicarios, al que pilló desprevenido por la espalda y actuó de la misma forma que con el primero, le rompió el cuello silenciosamente.

Alysa continuó caminando en dirección a la cocina, donde se topó con el tercer sicario. A este no pudo cogerlo desprevenido y tuvo que disparar su pistola, avisando a los otros dos sicarios dónde se encontraba. El disparo fue certero, pero cuando miró de nuevo su móvil se percató de que las cámaras de seguridad no funcionaban y acababa de perder su ventaja.

—Solo quedan dos —se dijo Alysa.

La última vez que vio las imágenes de la cámara de seguridad los dos tipos estaban en la planta superior, pero tras oír el disparo probablemente habrían bajado de inmediato para comprobar qué estaba pasando.

Entonces, cuando menos se lo esperaba, Diego entró en la cocina seguido por uno de los sicarios que le apuntaba con un revolver que disparó. Alysa corrió hacia Diego y le empujó, evitando que él recibiera el disparo pero sin poder evitar que la bala impactara en su hombro.

—¡Joder! —Exclamó Alysa presionando la herida de su hombro con la mano para tratar de detener la hemorragia pero sin demasiado éxito—. ¿Dónde está Carlos? —A Alysa no le hizo falta que Diego le contestara, supo que Carlos estaba muerto al ver su expresión—. Eran diez y ocho están muertos, uno está al otro lado de la cocina, ¿sabes dónde está el otro?

—Muerto, Carlos le mató —contestó Diego con un hilo de voz.

Alysa cogió con la mano derecha su pistola y le ordenó a Diego:

—Quédate detrás de la encimera, ¿podrás hacerlo?

Diego asintió con la cabeza, Alysa estaba furiosa y por nada en el mundo quería que se enfadara más, mucho menos cuando era su única aliada en aquella casa y después de que acabara de salvarle la vida.

Alysa cogió una manzana y la tiró contra el cristal de una de las ventanas de la cocina para distraer al sicario, momento en el que aprovechó para salir de detrás de la encimera y disparó contra el último sicario que Ronald Red les había enviado. La puntería de Alysa era perfecta y el último sicario recibió una bala entre ceja y ceja que acabó con su vida.

—¿Estás bien? —Le preguntó Diego horrorizado.

—He tenido días mejores —le contestó Alysa furiosa—. Tenemos que salir de aquí, Ronald estará esperando noticias de sus sicarios y cuando no las reciba enviará a más de sus hombres en nuestra busca. Tenemos que coger solo lo imprescindible. Llama a Alberto y Marcos, la emergencia en el laboratorio solo era una distracción para que Ronald tuviera más posibilidades de acabar contigo, yo recogeré toda la documentación del proyecto Alpha.

Diego no puso ninguna objeción e hizo lo que Alysa le pidió. Mientras tanto, ella metió todos los papeles, informes y las cintas de vídeo en un maletín y regresó a la cocina donde se quitó el jersey, se limpió la herida y se vendó el hombro con fuerza para ralentizar la hemorragia. Diego entró en la cocina justo cuando Alysa terminaba de ponerse un jersey limpio de color negro para que la sangre no fuera demasiado visible.

Sin decir nada, le hizo un gesto a Diego y ambos se encaminaron hacia al garaje. Alysa se dirigió hacia la puerta del conductor de su coche y Diego le preguntó:

—¿Estás segura de que puedes conducir?

—Súbete al coche —le contestó Alysa de mal humor y sin pararse a mirarle.

Diego volvió a obedecer, no era el momento de hacer ninguna réplica.

—He llamado a mi hijo y le he puesto al corriente de la situación, le he dicho que volvería a llamarle cuando supiera qué íbamos a hacer —le dijo Diego.

—Diles que se deshagan de su coche y cojan uno de alquiler, Ronald querrá localizarlos. Diles que se dirijan al aeropuerto privado de Sunville, nos reuniremos allí.

Diego sacó su teléfono móvil, llamó a Alberto con el manos libres y le dio las indicaciones que Alysa le había dado. Alberto preguntó mil veces si ambos estaban bien y Alysa asintió para que Diego mintiera a su hijo y le dijera que ambos estaban bien, aunque Alysa estaba empezando a sudar y no había conseguido detener la hemorragia.

En cuanto Diego colgó, Alysa sacó su móvil y llamó al maestro Lee:

—Maestro Lee, tenemos un pequeño problema.

—¿Dónde estáis? —Preguntó el maestro Lee preocupado.

—De camino al aeropuerto de Sunville, ¿puedes enviarnos un avión a recogernos? —Le dijo Alysa.

—En un par de horas estará allí —le confirmó el maestro Lee—. ¿Estáis todos bien?

—Me han disparado en el hombro, pero de momento estoy bien. Te llamaré cuando lleguemos a Sunville —le dijo Alysa antes de colgar.

Durante la hora y cuarto que duró el camino hasta llegar al aeropuerto de Sunville, Diego y Alysa permanecieron en silencio. Alysa aparcó en una de las plazas de parquin que tenía reservada y, antes de salir del coche, se cambió el vendaje del hombro y Diego, al ver la herida y tanta sangre se mareó.

—Será mejor que esperes fuera, ahora salgo le aconsejó Alysa.

Diego salió del coche porque necesitaba que le diera el aire y aprovechó ese momento para llamar de nuevo a su hijo para averiguar por dónde iban y cuánto tardarían en llegar.

Alysa salió del coche cinco minutos después y estaba pálida como la leche. Diego estaba asustado, Alysa no estaba bien y la muy testaruda se había empeñado en conducir todo el camino, parecía estar agotada y de hecho lo estaba. Por suerte para Diego, Alberto le había confirmado que llegarían en escasos quince minutos y eso le tranquilizaba un poco.

2 pensamientos en “Tú eres mi destino 11.

  1. Me gusta tu narrativa, te mete dentro de la trama, es concisa, directa, sin tanto adorno literario, innecesario. Te felicito ojala pudiera leer, el resto de la novela, me gusto mucho.

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