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Y de repente tú 21.

Y de repente tú

Miércoles, 24 de diciembre de 2012.

Nochebuena. El tiempo ha pasado volando y mi relación con Lucas va sobre ruedas, aunque Iceman sigue apareciendo frecuentemente. Mía está recuperada de su desengaño amoroso, entre todos la hemos ido animando y ha vuelto a ser la Mía risueña de siempre.

Gina y Giovanni empezaron su relación a mediados de septiembre, cuando nuestros padres vinieron a visitarnos, y a día de hoy siguen juntos.

Leonor se ha empeñado en organizar una cena de Nochebuena todos juntos y ha invitado a mis padres, a los padres de Gina y a los padres de Giovanni y su hermano Bruno, así que hoy cenaremos todos juntos.

Estoy nerviosa, todo esto está yendo más rápido de lo que yo hubiera deseado y tengo que confesar que estoy empezando a asustarme. Mi madre ya empieza a hablar de planes de boda y lo peor es que Lucas no la contradice, simplemente se limita a decirle a mi madre que primero tiene que convencerme a mí y ella se lo ha tomado al pie de la letra, así que cada vez que me llama por teléfono se pasa la mayor parte del tiempo recordándomelo. Lucas ha sido muy listo en quitársela de encima, pero me ha cargado a mí con toda la responsabilidad. Miedo me da lo que pueda llegar a pasar hoy con tanta casamentera junta. Sí, lo digo por Paola, pero también por Leonor, la cual tiene ganas de que su hijo mayor se case. ¿Qué le pasa a todo el mundo? En fin, creo que todos se han vuelto locos.

–  Cariño, ¿estás lista? – Me pregunta Lucas entrando en el dormitorio. – Gina y Giovanni nos están esperando, iremos juntos en el coche de Giovanni.

–  Dame un segundo para que coja el bolso y nos vamos. – Le respondo.

–  ¿Estás bien? – Me pregunta preocupado, acercándose y alzándome el mentón levemente para mirarme a los ojos: – ¿Por qué estás preocupada? Te has pasado toda la noche dando vueltas en la cama y todo el día nerviosa.

–  Me da miedo juntar a tu madre con la mía. – Le confieso. – Y por si fuera poco, también estará Paola para meter baza. Espero que mi padre me eche un cable.

–  Todo va a salir bien, no te preocupes. – Me dice besándome en la sien.

Llegamos a casa de los Mancini y las piernas me tiemblan. Mis padres y los padres de Gina, que han decidido volver a alojarse en el mismo hotel de la otra vez, han venido en el X6 con Thaison y ya están aquí.

Por supuesto, la invitación de Leonor incluye pasar la noche en su casa y quedarnos a comer en Navidad, a lo que ninguno nos hemos podido negar.

Saludo a Giorgio y Rafaela, los padres de Giovanni, que como siempre se muestran abiertos y simpáticos. Bruno ha cambiado mucho, está más fuerte y atractivo, pero sigue siendo el mismo de siempre, pues nos saluda con un fuerte abrazo y una broma sobre bodas, lo cual a Gina y a mí no nos hace ninguna gracia, pero tratamos de disimular.

Durante la cena todos conversamos animadamente. Para mi sorpresa, todos se han compenetrado a la perfección. Cuando terminamos de cenar, los hombres salen al jardín a fumar y a tomarse una copa mientras nosotras nos quedamos en la cocina, haciendo unos mojitos bajo las órdenes de Mía.

–  Este mojito está divino. – Dice Gina tras probarlo. – Mientras me bebo este me voy a ir preparando otro.

–  ¿Se puede saber qué hacéis que no venís al jardín? – Nos pregunta en tono de reproche Lucas, que acaba de entrar en la cocina.

–  Mía nos está enseñando a hacer mojitos, ¿quieres uno? – Le informa mi madre.

–  No, pero gracias Martina. – Le contesta Lucas con su mirada irresistible. Se vuelve hacia a mí y añade susurrando en mi oído: – Señorita Milano, no tarde demasiado si no quiere que vuelva y la secuestre.

Lucas se marcha dejándome ruborizada y excitada. Por suerte, todas continúan concentradas en preparar su próximo mojito y no se dan cuenta de mi estado.

Continuamos preparando y bebiendo mojitos hasta que nos damos por satisfechas y decidimos salir al jardín con los chicos, que sonríen burlonamente al vernos aparecer.

–  Quiero hacer un brindis. – Dice Fabio. – Por nuestros hijos y por nuestras familias, que puede que dentro de muy poco nuestros hijos se encarguen de unir.

–  ¡Eso sería fantástico! – Exclama mi madre.

–  Siempre y cuando los chicos lo decidan, Martina. – Le recuerda mi padre.

–  Estoy segura de que así será. – Sentencia Leonor.

Tras pasar la noche en el jardín bebiendo mojitos, nos retiramos a nuestras habitaciones. Leonor iba a darme una habitación para mí sola, pero Lucas ha insistido (más que insistir ha exigido) en que yo durmiera con él en su antigua habitación.

–  Cariño, ya sé que habíamos acordado darnos los regalos por la mañana, pero uno de los regalos que tengo preparados prefiero dártelo ahora, en privado. – Me susurra al oído.

–  ¿Quieres que me desnude o prefieres desnudarme tú? – Le pregunto pícaramente.

–  Cariño, estoy hablando de un regalo real, no de sexo. – Me dice besándome en la sien y cogiéndome de la mano para sentarse sobre la cama y colocarme sobre su regazo. – Quiero darte algo y, antes de que digas nada, quiero que lo pienses, ¿de acuerdo?

–  Me estás asustando. – Le confieso.

–  Te quiero, Mel. – Me dice entregándome una cajita de terciopelo negro. – Feliz Navidad.

Lo abro temblorosa sin saber con certeza lo que hay dentro, pero me lo puedo imaginar. Un precioso anillo de oro blanco con un enorme diamante en forma de pentágono en el centro, rodeado por diminutos zafiros.

–  Lucas…

–  Sé qué hace poco que nos conocemos. – Me interrumpe. – Pero ya te dije que tenía muy claro lo que quiero y tú eres lo que quiero. Apareciste de la nada una noche y has estado constantemente en mi cabeza desde entonces. No te pido que te cases conmigo ahora, sólo que lo hagas algún día, cuándo tú estés preparada para hacerlo. Dejarás de ser mi novia para ser mi prometida, hasta que quieras que nos casemos. ¿Qué me dices?

–  Si te digo que sí, ¿no tendremos que casarnos en un futuro próximo? – Le sondeo.

–  Si dices que sí, nos casaremos cuándo tú quieras, dónde tú quieras y cómo tú quieras.

–  Supongo que es una oferta demasiado tentadora como para decir que no. – Le respondo divertida.

–  Ya sabes lo que opina Óscar Wilde, “la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.”

–  Sí.

–  ¿Sí? – Pregunta confuso.

–  Sí, quiero casarme contigo. – Le respondo.

Lucas se levanta sosteniéndome entre sus brazos, abrazándome y besándome con una euforia y una pasión que jamás le había visto. Ambos reímos hasta que nuestras bocas se encuentran y se funden en un beso apasionado. Las caricias se vuelven cada vez más tórridas y Lucas me deposita suavemente en la cama. Me besa en los labios con ternura y me susurra:

–  Cariño, ahora sí que voy a hacerte ese regalo que tanto deseas.

–  Creo recordar que me prometiste que si un día pasábamos la noche en esta habitación no me dejarías dormir y eso es lo que espero que tengas en mente. – Le digo pícaramente.

 

FIN

Y de repente tú 20.

Y de repente tú

Viernes, 14 de septiembre de 2012.

Cuando dan las tres en punto de la tarde, me despido de Álvaro y salgo a la calle donde Thaison, como lleva haciendo desde hace dos semanas, me espera para llevarme a casa de Lucas. Thaison es el escolta personal de Lucas, un tipo que mide cerca de los dos metros y cuyos bíceps tienen el mismo tamaño que mi cabeza. Es bastante atractivo, pero es muy serio y poco hablador, siempre me trata de señorita Milano y nunca le he visto sonreír. El caso es que Lucas dice que así es cómo debe ser un escolta y no me extraña, se podría decir que son tal para cual. Saludo con la cabeza a Thaison y justo cuando estoy entrando al BMW X6 que Lucas ha puesto a mi disposición (siempre y cuando conduzca Thaison, por supuesto), mi teléfono móvil empieza a sonar. Después de la fiesta de los Mancini y que mi cara saliera en la prensa de todo el país, tuve que cambiar de número de teléfono, pues no sé cómo media ciudad se hizo con mi número de teléfono, el caso es que tuve que cambiarlo y sólo he dado el número nuevo a mis padres, los padres de Gina, a Gina, Giovanni y Lucas, obviamente, a la madre y a la hermana de Lucas y a Gonzalo. Contesto sin mirar en la pantalla quién es el emisor, no me hace falta saberlo:

–  Acabo de salir ahora mismo, ya voy para casa.

–  Mel, soy Mia.

–  Oh, Mía perdona. Pensé que sería Lucas. – Me disculpo. – ¿Cómo estás?

–  Necesito hablar contigo, ¿podemos comer juntas? Sé que esta tarde vienen tus padres y estarás ocupada, pero prometo no robarte mucho tiempo. – Me dice nerviosa.

–  Mía, ¿qué ocurre? ¿Estás bien? – Le pregunto preocupada. – Dime dónde estás y voy a buscarte.

–  Estoy en el Bistro, ¿lo conoces?

–  Sí y estoy bastante cerca, tardo cinco minutos. – Le digo antes de colgar. Me inclino hacia adelante y le digo a Thaison: – Thaison por favor, ¿puedes llevarme al Bistro?

–  El señor Mancini me ha dicho que la lleve directamente a casa, señorita Milano.

–  Llévame al Bistro, Thaison. – Le ordeno. – Yo me encargo del señor Mancini.

Thaison me obedece, pero no sin antes ladear la cabeza en señal de desaprobación. Para Thaison lo que diga Lucas va a misa, como para a la mayoría de los humanos. Ignoro la mirada de advertencia que me lanza Thaison y decido enviarle un mensaje a Lucas, así no tengo que enfrentarme a él directamente, al menos no de momento. Le escribo algo breve y sencillo, únicamente informándole que voy a comer con Mía al Bistro y después iré a su casa para ir a buscar a mis padres al aeropuerto.

Cinco minutos más tarde, entro en el Bistro y uno de los camareros me acompaña amablemente a una mesa apartada del resto de mesas donde Mía está sentada. La saludo con un fuerte abrazo al ver que tiene los ojos hinchados de tanto llorar.

–  Mía, ¿qué ha pasado? – Le pregunto sentándome a su lado. – ¿Quieres hablar de ello?

–  Acabo de enterarme de que el chico del que llevo toda mi vida enamorada y con el que llevo un par de meses saliendo me ha engañado con mi mejor amiga. – Logra decirme entre sollozos. – ¿Cómo es posible que me hayan hecho algo así? Sobre todo Ruth, que ha sido mi mejor amiga desde la guardería y sabía lo que siento por él.

–  Ahora te sientes mal y estás destrozada, pero cuando logres superarlo agradecerás que todo esto haya pasado, de otra manera le hubieras dedicado tu vida a un idiota. – Intento animarla. – Respecto a tu amiga Ruth, quizás no es la amiga que imaginabas.

–  Es mi única amiga de verdad, el resto son chicas a las que conozco por coincidir en bares o discotecas, no son amigas. – Se lamenta Mía. – Me he quedado sin novio y sin amiga. Siento haberte llamado, supongo que tendrás mejores cosas qué hacer y más importantes.

–  No tenía nada importante qué hacer y, si lo hubiera tenido hubiera venido igualmente, Mía. – Le digo abrazándola de nuevo. – Sé lo que es tener el corazón roto y puedes contar conmigo para lo que quieras, sea la hora que sea, ¿de acuerdo? De momento, vamos a comer un poco.

Mía y yo nos quedamos charlando en el Bistro hasta que a las cinco en punto de la tarde, aparece Lucas acompañado por uno de los camareros. Mía me ha pedido que no le cuenta nada a nadie, ni siquiera a Lucas, lo cual a mí me va a complicar un poco las cosas, pero no me importa.

–  Creo que has olvidado que tenemos que ir a buscar a tus padres al aeropuerto. – Me reprocha Lucas furioso, con su mirada de Iceman. – Gina y Giovanni ya han salido para allí.

–  ¡Es tardísimo! – Exclamo al mirar mi reloj. – Mía, ¿te apetece acompañarnos? Después cenaremos todos juntos.

–  No quiero molestar…

–  No molestas, todo lo contrario. – La interrumpo. – Venga, que no llegamos.

Le doy un beso en los labios a Lucas y le sonrío, pero con todo y eso su cara de Iceman no desaparece del todo.

Llegamos al aeropuerto con el tiempo justo. Nos unimos a Gina y Giovanni cuando mis padres y los padres de Gina salen por la puerta de llegadas. Nada más vernos, sus sonrisas salen a la luz y también las nuestras.

–  ¡Estáis guapísimas, cómo siempre! – Nos dice Paola.

–  ¡Mel, no me puedo creer que tuvieras escondido a semejante muchacho! Pero si es guapísimo. – Dice mi madre abrazándome a mí y mirando a Lucas, al que saluda acto seguido: – Lucas, encantada de conocerte personalmente.

–  Lo mismo digo, señora Milano. – Le responde Lucas con su sonrisa irresistible.

–  Por favor, llámame Martina. – Le dice mi madre riendo tontamente. Afortunadamente, mi madre continúa saludando a Gina y Giovanni.

–  Pequeña, ¿cómo va todo por aquí? – Me pregunta mi padre abrazándome. – ¿Se están portando bien contigo o tengo que matar a alguien? – Añade mirando a Lucas.

Mi padre es el mejor padre del mundo, lo cual no quiere decir que sea el mejor suegro del mundo. Para él, como para cualquier padre, no hay nadie lo suficientemente bueno para su hija.

–  De momento, no puedo quejarme. – Le digo guiñándole un ojo divertida. – Papá, quiero presentarte a Lucas. Y ella es Mía, la hermana de Lucas.

–  Encantado de conocerlo, señor Milano. – Le saluda Iceman tendiéndole la mano.

–  Igualmente. – Le responde mi padre. Se vuelve hacia a Mía y le dice: – Encantado de conocerla, señorita.

–  Igualmente. – Responde Mía volviendo a ser la chica risueña que acostumbra a ser. – Toda la familia estábamos deseando conocerle.

–  Mía, ella es mi madre, Martina. Y ellos son Enrico y Paola, los padres de Gina. – Hago las presentaciones oportunas.

Giovanni conoce de sobras a nuestras familias, así que ya ha saludado a todo el mundo. Yo termino de saludar a Enrico y Paola mientras Gina saluda a mi padre y mi madre monopoliza a Lucas. No quiero saber de qué estarán hablando esos dos.

Lucas les ofrece a mis padres que vayan en el coche con Thaison y conmigo mientras Mía se va con él y los padres de Gina y Gina se van en el coche con Giovanni.

Les acompañamos hasta el hotel, pues ninguno de ellos ha consentido quedarse en nuestro apartamento. Según ellos porque no quieren molestarnos, aunque Gina y yo sospechamos que rechazan nuestra oferta porque prefieren irse a un hotel con mayor comodidad y no se lo reprochamos.

Tras acomodarse en la habitación, nos reunimos en el restaurante del hotel donde decidimos cenar todos juntos. Me siento y mi madre se sienta a mi izquierda, así que Lucas se sienta a mi derecha. Mía se sienta al lado de Lucas, seguida de Giovanni, Gina, Paola, Enrico y mi padre, que cierra el círculo junto a mi madre. Los nueve sentados alrededor de una mesa y cenando, como si formáramos una única familia. Mi madre y Paola están encantadas, pero mi padre y Enrico parecen un poco incómodos. Charlamos alegremente, si se puede llamar a eso que mi madre se dedique a interrogar a Lucas y Paola a presionar a Gina para que se eche un novio, a lo que Gina le responde como siempre, poniendo los ojos en blanco. Después de cenar, nuestros padres deciden irse a descansar y nosotros también nos vamos a casa.

Una vez en casa, Gina abre un par de botellas de vino alegando que necesita beber un poco para poder soportar a su madre y sus sermones para que se eche un novio ya porque quiere ser abuela antes de morirse, aunque Gina solo tenga veintitrés años.

–  Le puedes decir que tu novio es Giovanni, así dejará de darte la lata. – Le sugiero divertida.

Giovanni me mira emocionado, aunque solo sea por un rato, se podrá comportar como el novio de Gina, lo que más desea en el mundo. Gina me ha confesado que está empezando a sentir muchas cosas por Giovanni, pero dice que es demasiado pronto y que aún está confundida, así que no quiere dar ningún paso para después arrepentirse. Giovanni por su parte se está mostrando paciente y atento, así que tarde o temprano entre esos dos pasará algo.

–  Pues no es una mala idea. – Opina Gina mirando a Giovanni esperanzada.

–  No, de eso nada. – Le dice Giovanni a Gina sonriendo maliciosamente. – No pienso mentir a tus padres porque ya sabes que las mentiras no van conmigo.

–  Oh, vamos Giovanni. – Le ruega Gina. – Te prometo que les diré que no es nada serio, que nos estamos conociendo, así no se sorprenderán si luego descubren que no estamos juntos. ¿Qué tengo que hacer para que me ayudes?

–  Para ayudarte, tendría que ser verdad que somos novios, así yo no tendría que mentir. – Le dice Giovanni que, según parece, ya ha agotado toda su paciencia. – ¿Qué me dices, Gina?

Todos nos quedamos en silencio, esperando oír la respuesta de Gina, pero Gina se ha quedado muda.

–  Me tomaré eso como un no. – Dice Giovanni finalmente.

–  No, espera. – Dice Gina con un hilo de voz. – Giovanni… ¿Podemos hablar de esto a solas en la terraza? – Coge una botella de vino y añade antes de dirigirse a la terraza: – Me llevo esta botella para mí sola, esta noche la voy a necesitar.

Giovanni se levanta y camina detrás de Gina hasta que ambos desaparecen por la puerta que da acceso a la terraza. Mía también se levanta y empieza a despedirse:

–  Yo me voy ya, que estoy cansada y vosotros querréis estar un rato a solas.

–  Gina, tenemos un sofá-cama en la otra habitación, ¿quieres quedarte a dormir? – Le propongo consciente del estado de ánimo de Mía. – Mañana vamos a pasar el día en las tiendas de Lagos, puedes venirte con nosotras y después te llevamos a casa, ¿qué te parece?

–  Eres muy amable, Mel, pero no quiero molestar.

–  No es ninguna molestia, te quedas. – Sentencio. – Voy a prepararte la cama.

Me levanto decidida a preparar la habitación de invitados para Mía cuando Lucas me agarra del brazo y, haciéndose el ofendido, me pregunta:

–  ¿Debo irme a mi casa o a mí también me vas a invitar?

–  No tenía pensado invitarte porque ya daba por hecho que te quedabas, a menos que prefieras marcharte, claro. – Le respondo burlonamente. – Aunque, si esperabas que te diera la habitación de invitados, me parece que tenemos un problema.

–  Oh, por favor. – Protesta Mía divertida. – Deja, ya me preparo yo la cama. No soporto escuchar vuestras indirectas sexuales.

Mía desaparece hacia a la habitación de invitados y Lucas y yo entramos en nuestra habitación. Minutos después, escuchamos los pasos de Gina y Giovanni que se meten en la habitación de Gina. Me parece que finalmente Giovanni se ha salido con la suya.

Y de repente tú 19.

Y de repente tú

Domingo, 2 de septiembre de 2012.

Me despierto sola en la cama de Lucas, su lado de la cama está intacto, no ha dormido, al menos si lo ha hecho no ha sido en esta cama. Me incorporo en la cama y me percato de que Lucas está sentado en un sillón en una esquina de la habitación, observándome.

–  Tenemos una conversación pendiente. – Le digo enfadada.

Lucas se levanta del sillón y camina lentamente hasta llegar a la cama y sentarse junto a mí. Me da un beso en la frente y me dice con la voz apagada:

–  Disculpa mi comportamiento de anoche.

–  ¿Vas a dejar que te lo explique? – Le espeto molesta.

–  No hace falta, Gina le contó a Giovanni que conocisteis a Carlo un verano en Villasol y que la noche de la que hablaba el estúpido de mi primo se refería a que pasasteis la noche en una cueva para refugiaros de una inesperada tormenta, pero que no estabais solos, habían por lo menos veinte personas más. – Me contesta avergonzado. – Giovanni me llamó ayer por la noche, estaba preocupado por la forma en que nos marchamos de la fiesta.

–  ¿Nos marchamos? – Le espeto con sarcasmo. – Querrás decir que me arrastraste hasta sacarme de allí como a una delincuente.

–  No sé lo que me pasó. – Me responde separándose de mí con cautela. – Mi relación con mi primo Carlo se basa en hacernos la vida imposible, no nos llevamos nada bien, ni siquiera nos soportamos. Solo de pensar en él contigo me pone enfermo. – Iceman se asoma brevemente pero desaparece para que Lucas pueda seguir hablando: – No estoy acostumbrado a sentir celos, supongo que tengo que aprender muchas cosas. Déjame que te lo compense.

–  Lucas, los dos tenemos un pasado. – Le digo con calma. – No me he liado con tu primo Carlo, pero tampoco eres el primer hombre en mi vida, como yo tampoco soy tu primera mujer. ¿Cómo te sentirías si yo reaccionara así al encontrarme con alguna de tus ex amantes, novias o como quieras llamarlas?

–  Lo sé, cariño. – Me contesta besándome en los labios. – Y voy a compensarte por ello hasta que tú des por pagada la deuda.

–  No quiero que me debas nada, sólo quiero que confíes en mí. – Le replico. – Me pediste que confiara en ti y lo hago, pero necesito que tú también confíes en mí.

–  Dame una oportunidad para demostrarte que confío en ti, no te defraudaré.

Lucas empieza a besarme y yo pierdo toda lucidez, dejándome llevar por su beso abrasador. Pero el momento se ve interrumpido por el sonido de mi móvil.

–  No lo cojas. – Me ruega Lucas.

–  Es mi madre, nunca me llama a estas horas. – Le respondo antes de contestar la llamada. – ¿Sí?

–  ¿Cuándo pensabas decírmelo? – Me espeta mi madre.

–  ¿Decirte qué, mamá?

–  Tu cara está en todas las portadas de los periódicos y revistas de sociedad y economía, besándote con Lucas Mancini, ¿cuándo pensabas decirme que tienes novio? ¿Te parece normal que haya tenido que enterarme por la prensa?

–  Oh, no. – Murmuro.

–  El viernes 14 de septiembre a las 18:40 horas aterriza nuestro avión en Lagos, espero que durante ese fin de semana tengamos el placer de conocer personalmente a ese chico. – Insiste mi madre ofendida.

–  Mamá, cálmate. – Le ordeno. – Ya hablaremos de esto cuando estés aquí.

–  ¡Aún faltan dos semanas! – Protesta. – ¿Acaso piensas dejarme con la incertidumbre? ¿Pretendes matarme?

Aparto el teléfono un instante y le explico rápidamente a Lucas lo que me está diciendo mi madre. Para mi sorpresa, Lucas me arrebata el teléfono y, con su voz más carismática, habla con mi madre:

–  Señora Milano, soy Lucas Mancini. – Una breve pausa. – Lamento que haya tenido que saber de nuestra relación por la prensa, pretendíamos ser discretos pero ya sabe usted lo impulsivos que podemos ser la juventud. – Una pausa más larga y después continúa: – Por supuesto, de hecho si me indica cuándo aterrizan en Lagos me encargaré de ir personalmente a buscarles. – Una breve pausa y añade para despedirse: – Encantado de conocerla, señora Milano.

Lucas cuelga el teléfono y me sonríe encantado.

–  No sabe lo que ha hecho, señor Mancini. – Le aviso divertida. – La señora Milano es una loca de las bodas y se va a pasar todo el fin de semana preguntándole cuándo se piensa casar.

–  Señorita Milano, estaré encantado de oír los planes que tiene para nosotros la señora Milano. – Me contesta bromeando. – Para serle sincero, el que me preocupa es el señor Milano, tiene fama de pez gordo duro de pelar, sobre todo si se trata de su única hija.

–  Puede estar tranquilo con el señor Milano, es un hombre encantador que es feliz si su hija lo es y, en este momento, su hija es muy feliz. – Le digo para después tumbarme sobre él y besarle.

Le desabrocho la camisa y Lucas se incorpora de golpe en la cama, dejándome sobre su regazo frente a él. Me besa apasionadamente al mismo tiempo que me acaricia por todo el cuerpo. Nuestras respiraciones se aceleran y nuestros cuerpos excitados se enredan. Con un movimiento rápido y veloz, Lucas me da la vuelta y me tumba en la cama boca arriba. Se desprende de sus pantalones con pericia y me observa con lujuria antes de susurrarme con la voz ronca:

–  Me encanta tenerte desnuda sobre mi cama.

Me besa a la altura del ombligo y sus labios empiezan a ascender, llevándome por el camino del placer, la excitación y la lujuria.

Mi teléfono móvil empieza a sonar de nuevo pero esta vez ninguno de los dos nos molestamos en cogerlo o apagarlo, simplemente lo ignoramos.

Un par de horas más tarde, después de ducharme y desayunar, cojo el móvil al recordar las llamadas ignoradas y veo que tengo doce llamadas perdidas de Gonzalo, supongo que él tambien ha visto mi cara en los periódicos de todo el país y habrá escuchado mi nombre en las noticias de la televisión. Lucas y yo también hemos echado un vistazo por Internet a toda la prensa mientras desayunábamos para saber qué decían de nosotros. Nos hemos reído bastante, nos lo hemos tomado bien. Al fin y al cabo, ya sabíamos que esto podía pasar.

Con el teléfono móvil entre mis manos, este empieza a sonar de nuevo. Es Gonzalo, otra vez.

–  ¿No lo piensas coger? – Me pregunta Lucas escrutándome con la mirada.

–  Es Gonzalo y debería cogerlo, puede que haya pasado algo.

–  Estaré en mi despacho si me necesitas. – Me dice después de besarme en los labios, desapareciendo en dirección a su despacho.

Me ha dejado a solas para que hable tranquilamente con Gonzalo, lo cual demuestra que confía en mí, o al menos que lo está intentando.

–  Hola. – Contesto nerviosa al teléfono.

–  Por fin te encuentro, Mel. – Escucho el alivio en la voz de Gonzalo que se convierte rápidamente en ira: – ¿Se puede saber en qué estás pensando? ¿Cómo se te ocurre dejar que tu cara aparezca en todos los putos periódicos del país? ¿No has pensado en las consecuencias que puede acarrear? Te recuerdo que la mafia sureña ha visto tu cara y tú has visto cosas que nadie ve y sigue vivo para contarlo.

Sinceramente, ni siquiera se me había pasado por la cabeza. He estado tan concentrada en mi relación con Lucas y en la entrevista de mi nuevo trabajo que ni siquiera se me ha ocurrido pensar en eso.

–  ¿No vas a decir nada? – Me increpa Gonzalo desde el otro lado del teléfono.

–  No sé qué decir. – Reconozco. – No me había parado a pensar que mi cara podía estar en la prensa de todo el país, no ha sido nada premeditado, al menos no con el tiempo suficiente como para pensar en eso.

–  Escúchame, Mel. – Me ordena. – Estamos siguiendo todos los pasos de la mafia sureña, tenemos un agente infiltrado y por el momento no parecen haber relacionado la foto de la prensa con la chica que logró escapar en la discoteca de Valdemar. De todas formas, lo mejor es ponerte a uno de mis hombres para que te acompañe donde vayas. ¿Crees que tu hombre de negocios pondrá alguna pega?

–  Gonzalo, por favor. – Le advierto.

–  Está bien, está bien. – Recula. – Pero tengo que confesarte que sigo sin poder creer que estés con ese tipo, parece un estirado poco social y muy gruñón.

–  Gonzalo.

–  Lo sé, lo sé. No es asunto mío. – Me dice resignado. – En fin, dile a tu chico que a partir de esta tarde tendrás a uno de mis agentes pegado a la espalda.

–  Gonzalo, te agradezco lo que estás haciendo por mí, pero estoy cansada de esconderme o de salir huyendo. Lo que tenga que pasar, pasará. – Le digo con firmeza. – No quiero tener a uno de tus agentes pegado a mi trasero, no es necesario.

–  No voy a ganar nada discutiendo contigo, así que me conformaré con que me prometas que me llamarás si notas cualquier cosa extraña y que irás con cuidado.

–  Te lo prometo, Gonzalo. – Acepto y añado antes de colgar: – Gracias por todo y cuídate.

Me siento en uno de los taburetes de la cocina y analizo mi conversación con Gonzalo tratando de asimilar lo que acaba de pasar. Hace ya casi un año que no estamos juntos, pero a pesar de ello, siempre hemos coqueteado un poco cuando hemos hablado por teléfono e incluso hemos tenido un par de encuentros sexuales algunas de las pocas veces que nos hemos visto desde entonces.

–  Mel, me acaba de llamar tu amigo Gonzalo. – Escucho la voz de Iceman a mi espalda.

–  ¿Qué? – Respondo poniéndome en pie de un salto.

–  Me ha dicho que has rechazado que te pongan a un agente por seguridad y, sabiendo que iba a ser imposible de convencerte de lo contrario, hemos llegado a un acuerdo.

–  ¿Qué clase de acuerdo? – Le pregunto. – ¿Y desde cuándo hablas con Gonzalo?

–  Es la primera vez que he hablado con él y, aunque lo quiero bien lejos de ti, he de reconocer que tiene razón. – Me contesta abrazándome desde la espalda. Me besa en la mejilla y continúa: – Aún no conoces a Thaison, es mi escolta personal, aunque solo suele acompañarme cuando viajo al extranjero o cuando considero que puedo tener problemas. Es de confianza y estará encantado de acompañarte e ir a buscarte al trabajo o a donde quieras ir.

–  Lucas, no es necesario que…

–  Deja que cuide de ti. – Me interrumpe. – Puede que no sea necesario, pero prefiero ser precavido y vivir tranquilo. ¿Vas a darme ese capricho?

–  No sé cómo lo haces, pero me es imposible decirte que no. – Le contesto cediendo resignada.

Lucas me abraza y empieza a besarme por el cuello, la clavícula y el hombro. Sé a dónde nos van a llevar esos besos y solo el pensarlo me produce una descarga eléctrica que humedece mi entrepierna de la excitación por la expectativa. El sexo entre nosotros se está convirtiendo en una necesidad, una adicción u obsesión insaciable en la que ambos estamos encantados de sucumbir.

Y de repente tú 18.

Y de repente tú

Madrugada del domingo 2 de septiembre de 2012.

Tras saludar a todos los invitados que han llegado puntuales, nos hicieron pasar al enorme salón de actos el cual habían amueblado y decorado para la ocasión, donde hemos cenado tras un breve discurso de Fabio y Leonor. Las mesas eran redondas y grandes, para ocho comensales, y en la nuestra estaban sentados Leonor, Fabio, Mía, Álex, Giovanni, Gina, Lucas y yo, en ese orden. Al estar sentada al lado de Leonor, he podido preguntar todo lo que necesitaba saber sobre el evento, ya que Lucas no ha mostrado el menor interés por la fiesta de sus padres.

–  Todos los años hacemos esta fiesta para recaudar dinero que posteriormente donaremos a los orfanatos de la ciudad. – Empieza a explicarme. – Cada año se dona a una organización diferente, pero siempre con el fin de ayudar a los ciudadanos más necesitados. El año pasado reformamos el hospital del barrio del sur, uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad. Recibimos miles de propuestas al año y todas ellas son estudiadas para finalmente decidir a donde van a dirigirse los fondos recaudados. Este año, la propuesta seleccionada ha sido el orfanato de Lagos. Las instalaciones son pésimas, las aulas y las habitaciones de los niños están llenas de moho debido a la humedad y el material escolar que utilizan está completamente desfasado. Necesitan urgentemente una reforma.

–  ¿Quién se encarga de escoger la propuesta? – Le pregunto interesada.

–  Se encarga el comité de la Organización Benéfica de Lagos, la OBL, de la cual yo soy la presidenta desde hace quince años. – Me contesta orgullosa. – Si estás interesada, podríamos quedar un día y te enseñaré todo lo que solemos hacer y, si te animas, puedes hacerte miembro y poner tu granito de arena.

–  Mamá, no aburras a Mel. – Le reprocha Lucas severamente. – Dono el 5% de lo que gano a tu organización, eso debe bastar para evitar que la aburras.

–  No te preocupes Leonor, estoy muy interesada en la OBL y me encantaría que otro día pudieras enseñarme todo lo necesario para aportar mi grano de arena. – Le digo a Leonor al mismo tiempo que fulmino a Lucas con la mirada.

–  ¡Por fin una mujer que sabe plantarle cara a este hijo mío! – Se alegra Leonor. – No sé de quién ha sacado ese carácter, ni su padre ni yo somos cómo él. – Se vuelve hacia a mí y me susurra para que también la oiga Lucas: – Sinceramente, aún no sé cómo le aguantas.

–  ¡Mamá! – Exclama Lucas con su mirada de Iceman.

–  Oh, vamos. Solo estamos bromeando. – Intento mediar entre ambos. – Estamos pasando un rato agradable y disfruto escuchando a tu madre decir lo mucho que trabajan durante el año para recaudar fondos y hacer algo bueno para la comunidad. Es algo que tendría que hincharte de orgullo, no de aburrimiento.

–  Entonces, ¿por qué nunca vas a las galas benéficas que organizan constantemente tus padres? – Me pregunta Giovanni divertido. Le fulmino con la mirada y añade: – No me mires así, alguien tiene que defender a mi amigo, ¿no?

–  ¿Puedes explicarme eso? – Me pregunta Iceman en estado puro.

–  No voy, pero ayudo a organizarlas. – Me defiendo. – Además, el motivo por el que no voy nada tiene que ver con el evento en sí, sino por factores externos.

–  ¿Factores externos? – Me inquiere Lucas.

–  ¿Recuerdas el motivo de mi trato con Giovanni al cumplir los treinta y cinco? – Le doy una pista.

–  Estoy completamente de acuerdo en que no asistas a esos eventos, pero del trato que tienes con Giovanni tenemos que hablar. – Me susurra al oído.

El jardín trasero se ha convertido en una pista de baile con barras de bar por todas partes, como si estuviéramos en una de esas fiestas chil-out de Villasol. Lucas me coge de la mano en todo momento, evitando que me escape mientras él recibe educadamente el saludo de los invitados que no le habían saludado antes de la cena.

–  No me lo puedo creer, ¿cómo puedes estar con el serio de mi primo con lo divertida que eres tú? – Escucho una voz que me resulta familiar a mi espalda.

Tanto Lucas como yo nos giramos para poder ver al dueño de esa voz y mi sorpresa es encontrarme allí a Carlo, un chico al que conocí un verano en Villasol, un verano bastante peculiar.

–  ¡Carlo, qué alegría verte! – Exclamo abalanzándome sobre él para abrazarle.

–  Yo también me alegro de verte, aunque no me alegro tanto de verte con mi primo Lucas. Si me echabas de menos, sólo tenías que llamarme. – Bromea Carlo. – Ahora en serio, he escuchado por ahí que por fin Lucas se había echado novia y cuándo te he visto, no me lo he podido creer. Dime que se trata de una broma o algo parecido.

–  No es ninguna broma. – Sentencia Iceman con su mirada más gélida que nunca. Sus ojos se han ensombrecido tanto que se han vuelto del color del humo, un gris oscuro y temeroso.

–  Vaya, veo que va en serio. – Contesta Carlo sorprendido. – En fin, espero que cuando te aburras de él decidas llamarme y repetir una noche como la de la fiesta de la luna llena en la cueva de la playa.

Noto como los músculos de Lucas, que está pegado detrás de mí con sus manos en mi cintura, se contraen por la tensión y casi me olvido de respirar.

–  Carlo, lárgate. – Le dice Giovanni. – No es el momento ni el lugar para uno de tus numeritos.

–  Nos vemos, Mel. – Se despide Carlo lanzándome un beso al aire.

Apenas me da tiempo a abrir la boca para explicarle a Lucas lo que acaba de oír, Lucas me agarra del brazo y me lleva hasta el jardín delantero, dónde el aparcacoches ha ido aparcando los coches de los invitados. Lucas saca la llave del coche del bolsillo y dándole al botón abre su coche y las luces se encienden de inmediato. Abre la puerta del copiloto y me hace subir al coche para después sentarse él en el asiento del conductor.

–  ¿Qué pasa? – Le pregunto cuando soy capaz de hablar.

–  Nos vamos. – Me contesta arrancando el coche y sin mirarme.

–  ¿Nos vamos? ¿A dónde?

–  Nos vamos a casa.

–  ¿A casa de quién? – Le pregunto enfadada. – ¿A la tuya? ¿A la mía? ¿O cada uno a la suya y Dios en la de todos?

Lucas no me contesta, me fulmina con la mirada y sigue conduciendo. Me resigno a mi destino y cierro los ojos. Cuando por fin Lucas aparca el coche, abro los ojos y descubro que estamos en el parking del edificio de Lucas y Giovanni. ¿Me ha traído a su casa? Lucas sale del coche y espera a que yo le siga, sin abrirme la puerta y ayudarme a salir del coche como acostumbra a hacer.

Después de subir en el ascensor en silencio y entrar en su casa, Lucas se sirve un vaso de wiski con hielo mientras yo empiezo a decirle:

–  Lucas, lo que Carlo ha dicho ha sonado a algo que no es así y…

–  Déjalo, Mel. – Me espeta furioso. – Tú estás demasiado cansada y yo demasiado furioso. Lo mejor es que te vayas a dormir y mañana hablaremos más tranquilamente.

–  ¿Tú no vienes a dormir?

–  No, no tengo sueño y tengo trabajo pendiente por hacer. – Me contesta secamente. – Estaré en mi despacho si necesitas algo.

Y dicho esto, se da media vuelta y desaparece tras la puerta de su despacho. Resignada, me dirijo al dormitorio de Lucas, el único que hay, me desnudo y me meto en la cama. Doy vueltas intentando dormir, pensando en si debo o no ir a su despacho y hablar del tema, pero recuerdo lo enfadado que está y decido quedarme en la cama y seguir intentando dormir.

Y de repente tú 17.

Y de repente tú

Sábado, 1 de septiembre de 2012.

El día de la fiesta de fin de verano que dan los padres de Lucas ha llegado y yo estoy bastante nerviosa. Lucas se ha pasado la semana diciendo que teníamos una conversación pendiente y, hasta ahora, yo he logrado alargar dicha conversación. Pero Iceman se ha cansado de esperar y me ha asaltado en el coche de camino a la fiesta:

–  Mel, cuando lleguemos a casa de mis padres, no solo estará la gente más importante de la ciudad, también habrán periodistas y fotógrafos. -Empieza a decirme. – No suelo ir a esta clase de eventos y mucho menos acompañado, así que seremos el centro de atención de todo el mundo.

–  ¿Qué quieres decir con eso?

–  Que nos van a preguntar qué clase de relación tenemos. – Me responde lanzándome una severa mirada antes de volver la vista a la carretera. – Y, antes de que me digas nada, no pienso presentarte como a una amiga porque no pienso consentir que otro tipo te invite a bailar o trate de ligar contigo.

–  ¿Celoso y posesivo? – Me mofo. – No son cualidades muy comunes en mujeriegos que no creen en el amor, ¿no te parece?

–  Pues sí, pero en esto es en lo que me has convertido. – Me responde furioso. – Yo tenía mi vida organizada, tenía mi propio modo de pensar sobre las relaciones y de repente, tú. Llegas tú y me rompes todos los esquemas, permaneces en mi cabeza día y noche. Desde que te vi por primera vez en el Sweet me hechizaste. Estuve yendo todas las noches al pub, esperando volver a verte. Y, cuando ya casi he perdido la esperanza, resulta que eres la mejor amiga de Giovanni. No te voy a engañar, no tengo ningún tipo de experiencia en cuanto a relaciones estables se refiere. Siempre he pensado que solo me casaría si encontraba a alguien con quien formar un matrimonio como el de mis padres. Nunca he creído poder sentir lo que siento por ti, nunca antes lo había sentido. Sé que hace poco que nos conocemos, pero yo ya sé todo lo que tengo que saber de ti. Incluso que tienes un ex novio del SS que sigue tratando de conquistarte enviándote flores y llamándote constantemente.

–  ¿Estás seguro que quieres hacerlo público? ¿Y si mañana cambias de opinión?

–  No pienso dejarte escapar, Mel. – Me sonríe. – Te quiero conmigo siempre.

–  De acuerdo, pero no creo que la fiesta de esta noche sea la mejor ocasión para anunciar nada y antes tendrás que decírselo a tu familia, no les sentará bien enterarse al mismo tiempo que los demás.

–  Mi familia ya sabe lo que hay entre nosotros, Álex les ha contado a mis padres y a Mía que nos vio besándonos en el garaje y todos han visto cómo nos tratamos, es más que evidente que somos algo más que amigos que se acuestan de vez en cuando, pero tú eres la única que se empeña en no querer verlo.

–  No puedo creer que estemos manteniendo esta conversación en este momento.

–  No me has dejado otra opción, llevo intentando hablar de esto contigo toda la semana. – Me reprocha molesto. – No entiendo cuál es el problema en hacer público lo evidente.

–  Y, ¿qué es exactamente lo evidente?

–  Que somos pareja. – Me dice con firmeza. – Mantenemos una relación de amistad y confianza, mantenemos relaciones sexuales y a ambos nos gusta pasar el tiempo juntos, ¿cuál es el problema para que no quieras intentarlo?

–  Está bien, somos pareja. – Accedo finalmente. – Y que quede claro que eso significa que nada de terceras personas para ninguno de los dos.

–  ¿Es que estás viendo a otra persona? – Me pregunta medio en broma medio en serio.

–  Sabes muy bien que lo digo por ti. – Le acuso.

–  No he estado con ninguna otra mujer desde que te vi por primera vez en el Sweet. – Me dice en un susurro. – Te dije que no he podido sacarte de mi cabeza desde entonces.

Entramos en la villa de los Mancini y descubro que la entrada delantera está llena de periodistas y fotógrafos entrevistando y fotografiando a todos los invitados.

–  ¿Vamos a entrar por ahí? – Pregunto horrorizada.

No es que no esté acostumbrada a los periodistas y a los fotógrafos, pero eso no quiere decir que me gusten. Soy muy precavida en cuanto a mi vida privada se refiere y, aunque en Lagos sea una chica anónima, Lucas ya me ha advertido que esta noche íbamos a ser el centro de atención de todo el mundo.

–  Sí, pero no te preocupes. – Me dice apretando mi mano en señal de apoyo. – Solo posaremos, sonreiremos y entraremos, no tienes que decir nada si no quieres.

Lucas para el coche frente a las escaleras que conducen al porche de la casa, donde sus padres están recibiendo a los invitados mientras son fotografiados constantemente. Lucas me mira y me sonríe, me besa el dorso de la mano para darme fuerzas y baja del coche rápidamente. Dos segundos después, la puerta de mi lado se abre y Lucas me tiende su mano para ayudarme a salir del coche. Nada más salir, miles de destellos de luz blanca me ciegan y me aferro con fuerza a la mano de Lucas mientras intento mantener los ojos abiertos y sonreír.

–  Estás preciosa, cariño. – Me susurra al oído mientras me rodea la cintura con su brazo para después besarme en la sien, un gesto protector.

Los periodistas y los fotógrafos nos asaltan, impidiendo que podamos llegar al porche donde nos esperan Leonor y Fabio, que también están pendiente de nosotros. No nos queda otro remedio que parar y, cómo me ha dicho Lucas, posamos, sonreímos y entramos pero, justo cuando estamos a punto de llegar junto a Fabio y Leonor, un periodista se nos interpone en nuestro camino:

–  Señor Mancini, ¿podría decirnos cuál es su relación con la señorita Milano?

Lucas le dedica una amplia sonrisa al periodista y acto seguido me besa en los labios, pero con una pasión menor a la acostumbrada, para después responder al periodista:

–  Obviamente, la señorita Milano es mi pareja.

Dicho esto, Lucas me guía hasta que por fin llegamos al porche, donde somos recibidos por sus padres.

–  ¡Mel, estás preciosa! – Exclama Leonor abrazándome efusivamente. – No sabes cuánto me alegro de que hayas conseguido arrastrar a Lucas aquí esta noche.

–  Encantado de volver a verte, Mel. – Me dice Fabio sonriendo y saludándome con un par de besos en la mejilla. Se vuelve hacia su hijo y le dice bromeando: – Lucas, enséñale la casa a Mel mientras llegan el resto de invitados, así podéis evitar durante un rato el interrogatorio al que vais a ser sometidos esta noche, sobre todo después de ese beso.

Me ruborizo más de lo que ya estaba y Lucas me abraza desde mi espalda, dándome fuerzas y mostrándome a un Lucas cariñoso y romántico que pocas veces se deja ver.

Iceman se ha tomado la noche libre.

Entramos en la enorme casa y Lucas me lleva directamente hacia a las escaleras. Subimos hasta la segunda planta en silencio y, tras cruzar un pasillo, entramos en una habitación y Lucas cierra la puerta. Echo un rápido vistazo a los posters que hay colgados en las paredes pintadas de azul, todos de coches y motos. La cama king size con la colcha azul y blanca a juego con las cortinas. Colgado de la pared sobre el escritorio hay un corcho lleno de fotos. Observo las fotos con atención y rápidamente reconozco al niño y al adolescente que aparece continuamente en ellas, a veces solo, a veces rodeado por amigos y amigas.

–  ¿Esta es tu habitación? – Le pregunto volviéndome hacia Lucas.

–  Sí, mis padres la conservan tal y cómo la dejé antes de mudarme al campus de la universidad. – Me responde sonriendo. Señala una fotografía y añade: – Aquí estoy con Giovanni el día de nuestra graduación, también están mis padres, Mía y Álex.

–  ¿Este de aquí, eres tú? – Le pregunto señalando una fotografía en la que aparece un niño de unos cinco años pescando en el lago.

–  Sí, cuándo éramos pequeños mis padres siempre nos llevaban en verano a pasar unos días a su cabaña del lago, por eso yo también me compré una. – Me da un beso en los labios y añade: – Quién sabe, quizás algún día podamos llevar a nuestros hijos allí.

–  ¿Hijos? – Le pregunto escandalizada. – No tengo ninguna intención de pensar en tener hijos hasta los treinta, cómo mínimo.

–  Tampoco es algo que aparezca en mis planes de futuro próximo, así que cuando cumplas los treinta volveremos a hablar del tema. – Me responde divertido.

–  Deberíamos volver a la fiesta, la gente se estará preguntando dónde nos hemos metido. – Le recuerdo.

–  Volvamos, pero otro día te traeré a esta habitación y te haré gemir de placer. – Me susurra al oído.

–  No creo que importe que tardemos unos minutos más. – Le contesto excitada.

–  No, preciosa. – Susurra con la voz ronca. – Necesitaré horas para todo lo que quiero hacerte, la fiesta se terminaría antes de que acabemos.

–  Mm. ¿Por qué me haces esto? – Protesto. – ¿Me pones el caramelo en los labios para después arrebatármelo sin haberlo probado?

–  Cariño, eso es exactamente lo que estás haciéndome tú constantemente al llevar ese vestido puesto.

Nos besamos apasionadamente, pero sin dejar que el beso nos arrastre a la lujuria, y decidimos bajar al jardín trasero dónde todos los invitados están concentrados.

Una vez en el jardín, uno a uno los invitados se acercan a saludar a Lucas quién, con educación y mucha paciencia, me los va presentando. Ahora recuerdo por qué no me gustan nada estas fiestas, tienes que saludar y sonreír a todo el mundo. Sin embargo, el rostro de Lucas vuelve a mostrarse implacable, se ha puesto la máscara de Iceman.