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Tú, yo y las estrellas 21.

Tú, yo y las estrellas

Tras aguantar las bromas de los compañeros de la oficina durante toda la semana, el viernes Álex me lleva a casa después del trabajo para recoger mi maleta y a Thor y dirigirnos a su cabaña de los Pirineos para pasar allí el fin de semana, tal y cómo me había prometido. La verdad es que nos hace falta un par de días solo para nosotros ya que durante las dos últimas semanas, entre conocer a nuestras familias, mi sobrina, nuestros amigos y el trabajo, no hemos tenido tiempo para relajarnos juntos.

–  Gracias por dejar venir con nosotros a Thor, últimamente lo tengo muy abandonado. – Le agradezco cuando nos montamos en el coche.

–  Cariño, Thor es uno más de la familia. – Me dice sonriendo. – Además, tu sobrina ya me ha advertido que me tengo que portar bien con Thor o su tita me dará una patada en el culo.

–  ¿Qué? – Pregunto alucinada. – ¡Esta niña no tiene remedio!

Llegamos a la cabaña y Thor corre feliz por el jardín mientras Álex enciende la chimenea y yo preparo algo para cenar.

Esa noche, antes de irnos a dormir, salimos a la terraza. Álex se coloca detrás de mí y me envuelve con sus fornidos brazos. Nos quedamos un rato abrazados y mirando las estrellas hasta que me dice:

–  Cariño, lo he estado pensando y creo que deberíamos vivir juntos. – Al ver mi cara de pánico, añade rápidamente: – Eli, no te estoy proponiendo que lo dejes todo para venirte conmigo. Lo que te propongo es que ambos conservemos nuestro apartamento pero, en vez de estar de un lado a otro siempre corriendo, podemos instalarnos en uno, que es lo mismo que ya estamos haciendo pero en los dos apartamentos.

–  Y, ¿dónde propones tú que vivamos? – Espero su respuesta pero no dice nada, se limita a mirarme. – Cariño, ¿me has escuchado?

–  Sí perdona, es que me acabas de dejar sin palabras. – Me responde sonriendo y abrazándome con más fuerza. – Esperaba un no rotundo como respuesta y me había preparado para recitarte un arsenal de buenas razones para convencerte. Pero, aunque no me hayas dicho que no, tampoco me has dicho que sí.

–  Cómo tú has dicho, se puede decir que ya vivimos juntos pero en dos apartamentos, así que supongo que será lo mismo pero viviremos con mayor comodidad. – Le respondo sonriendo. – Ahora dime, ¿dónde habías pensado vivir?

–  Había pensado que a lo mejor prefieres mi apartamento, así el tuyo estará siempre libre y dispuesto cuando lo necesites. – Me responde. – Además, Thor estará más cómodo en mi apartamento en esa enorme terraza. Incluso podemos comprarle una de esas casetas para perros de jardín para que duerma fresquito en verano. En cuanto a ti, te prometo que te haré sentir como en casa y no echarás de menos tu apartamento ni un solo instante. ¿Qué me dices, pequeña amazona?

–  Veo que también habías preparado un arsenal de buenas razones para mudarnos a tu apartamento. – Le digo bromeando. Le doy un beso en los labios y añado: – Supongo que es buena idea y, si algo sale mal, siempre puedo regresar huyendo a mi apartamento.

–  No vas a querer salir huyendo, pequeña. – Me susurra al oído con la voz ronca. – De hecho, no vas a querer alejarte de mí nunca.

Nos besamos y, cuando nuestras caricias se tornan cada vez más atrevidas y necesitadas, Álex me coge en brazos y me lleva a la habitación, me deposita sobre la cama con suavidad para después hacerme el amor con pasión y lujuria, una y otra vez hasta acabar agotados.

 

 

Un año después…

 

En cuanto Álex sale a pasear con Thor, me levanto de la cama y corro al baño a vomitar. Hace diez días que tendría que haberme venido el período y llevo tres días vomitando por las mañanas, creo que estoy embarazada. He aguantado las ganas de vomitar para no alarmar a Álex, no quiero que me vea así, al menos no hasta estar segura de lo que me pasa. Puede que solo sea un virus, una de esas pasas gastrointestinales que se pasa en unos días, aunque empiezo a dudarlo. Vomito por las mañanas, durante el día me atiborro a comida como si no hubiera un mañana, tengo sueño a todas horas y mis cambios de humor me asustan hasta a mí.

Aún y así, Álex se ha creído que alguna comida me ha sentado mal, que estoy cansada y que el estrés de los últimos días en la oficina ha acabado con mis fuerzas, lo cual no deja de ser cierto, al menos en parte.

Saco de mi bolso el test de embarazo que compré ayer, donde lo tenía bien escondido, me armo de valor y decido hacerme la prueba y que sea lo que tenga que ser.

Tras leer y seguir las instrucciones, espero los tres minutos que indican y miro la pantallita rectangular del test. Dos rayitas de color rosa. Estoy embarazada.

–  Cariño, ¿estás bien?  Me pregunta Álex al otro lado de la puerta.

–  Sí, ahora salgo. – Logro responder.

–  Voy a preparar el desayuno, ¿lo tienes ya todo preparado para marcharnos?

–  Sí, solo me falta vestirme y desayunar.

–  De acuerdo, no tardes. – Me contesta.

Como ayer le dije que estaba cansada, Álex ha pensado que tomarnos un par de días libres para irnos a la cabaña de los Pirineos era lo mejor para que me recupere, pero el que va a necesitar recuperarse será él cuando le dé la noticia. ¿Cómo reaccionará? Una cosa es que Álex adore a mi sobrina y le guste pasar el rato con ella, otra muy distinta es decirle que va a ser papá.

Desde ese momento, me convierto en un zombi. Desayuno sin apenas hablar y me paso todo el trayecto en el coche de camino a la cabaña en el más absoluto silencio. El resto del día en la cabaña tampoco va mucho mejor, me lo paso evadida en mis propios pensamientos mientras él se muestra paciente conmigo. Hasta después de cenar, que ya no puede más y me dice con voz dulce:

–  Cariño, no sé qué te pasa pero es obvio que algo te ocurre. ¿Quieres contármelo o piensas seguir torturándome otro día más?

–  Quiero contártelo desde esta mañana, pero no sé cómo hacerlo. – Le confieso.

–  Cariño, estoy contigo para lo bueno y para lo malo. – Me dice abrazándome. – Ahora dime qué te ocurre antes de que me dé un infarto. Solo estamos tú, yo y las estrellas. Bueno, y también Thor.

–  Hay alguien más, Álex. – Le contesto y él empieza a mirar a nuestro alrededor preocupado hasta que cojo su mano, la coloco sobre mi vientre y le susurro: – Estoy embarazada.

A Álex se le ilumina la cara y sus labios dibujan una amplia sonrisa. Me abraza con fuerza y me besa en la frente, en la mejilla, en los labios, por el cuello… Hasta que se para de repente, me mira a los ojos y me pregunta:

–  Cariño, antes de que siga haciéndome ilusiones, ¿deseas tener el bebé?

–  ¿Lo deseas tú?

–  Más que mi propia vida.

–  Yo también, cariño. – Le respondo dejándome envolver por sus brazos. – Tenía miedo de tu reacción, no sabía cómo te lo ibas a tomar.

–  Pequeña, ¿desde cuándo lo sabes?

–  Saberlo con certeza desde esta mañana que me he hecho el test de embarazo, pero lo sospecho desde hace tres días, cuando empecé a vomitar. – Le confieso. – No quería decirte nada hasta estar segura, no quería preocuparte por nada…

–  Cariño, acabas de hacerme el hombre más feliz y lo único que deseo es que confíes plenamente en mí, juntos para lo bueno y lo malo. – Me responde sonriendo y sin dejar de abrazarme. – Un pequeño guerrero o una pequeña guerrera, Nerea se pondrá muy contenta cuando se entere que por fin va a tener un primito.

–  Aún es pronto para anunciarlo, cariño. – Le respondo. – Te prometí que serías el primero en saberlo y lo he cumplido, pero de momento seremos los únicos, al menos hasta que visite al doctor y nos confirme que todo está bien.

–  Cómo tú ordenes, pequeña. – Me consiente. Me da un beso en los labios antes de cogerme en brazos y añade: – Vamos dentro que no quiero que cojas frío, pequeña.

Y me lleva a la habitación, donde me desnuda y, antes de hacerme el amor, me besa una y otra vez en cada centímetro de mi vientre, con amor y ternura. Él desea tanto este bebé cómo lo deseo yo.

 

FIN

Tú, yo y las estrellas 20.

Tú, yo y las estrellas

El lunes se me complica el día en la oficina. Roldán ha vuelto a tener sus diferencias con nuestro director productivo y exige hablar directamente conmigo. Yo accedo resignada y Álex refunfuña porque piensa que lo único que quiere Roldán es pasar tiempo conmigo.

En la oficina, nadie sabe nada de nuestra relación, al menos no oficialmente. Álex no se molesta en disimular y por todos es bien sabido que llegamos y nos vamos juntos, por no mencionar nuestras miradas y sonrisas durante las reuniones, es nuestro secreto a voces.

–  Jesús, soy consciente del error que Enjoy cometió contigo, pero ya lo hemos solucionado y estamos dispuestos a realizar nuestro trabajo con la misma eficacia de siempre, pero si no confías en nosotros, puede que lo mejor es que ceses el contrato. – Le digo a Roldán frente al rostro de desconcierto de Álex, Raúl y Javier, el director de producción. – Antes de que tome una decisión arriesgada, le propongo que haga un balance de pros y contras sobre contratar una nueva empresa. ¿Qué garantías le pueden ofrecer de cara a la seguridad y organización de sus eventos? Mi abuela siempre decía que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer y, si me lo permites, te diré que Enjoy es de lo bueno lo mejor, conoces como trabajan sus empleados y, a excepción de ese lamentable acontecimiento, todo ha salido siempre bien. Le garantizamos seguridad, confianza y sobre todo le demostramos que en Enjoy lo primero son siempre los clientes. Enjoy ha hecho frente a las críticas, ha subsanado todos los errores de mi antecesor y ha indemnizado económicamente a las víctimas del incidente, pero Enjoy también es una víctima, no lo olvide.

–  Supongo que tienes razón, buscar a otra empresa de eventos solo me crearía más inseguridad de la que ya tengo, pero no es fácil volver a confiar en Enjoy. – Me responde Roldán.

–  Debo matizar que Enjoy no le ha defraudado, en todo caso lo hizo mi antecesor, el cual tengo entendido que está pendiente de rendir cuentas frente a la justicia. – Matizo. Le tiendo el contrato para que firme los cinco años de exclusividad con Enjoy y añado: – Me gusta que la confianza sea recíproca y, dado que nosotros le estamos dando plena confianza, espero que usted sepa lo que debe hacer.

–  Firmaré el dichoso contrato, pero exijo que seas tú quién supervise todo el proceso. – Condiciona.

–  Estaré encantada de atenderle siempre que lo desee, pero creo que Javier Oliveras, nuestro director productivo, será más efectivo a la hora de resolver sus dudas sobre el evento, escuchar sus sugerencias y, en según qué aspectos, deberá recurrir a él, aunque estoy dispuesta a estar presente en sus reuniones para asegurarme de que todo va como la seda. – Le respondo triunfal.

–  El idiota de Weiner no sabe lo que ha dejado escapar. – Me dice Roldán. – Sin embargo, estoy seguro de que el señor García sí sabe lo que tiene y no te dejará escapar.

–  Puede darlo por sentado, señor Roldán. – Le responde Álex. – No pienso dejar escapar a Eliana de Enjoy ni de mi vida.

Álex acaba de marcar territorio y ¡de qué manera! La tensión entre Álex y Roldán es palpable entre todos los presentes. Raúl me mira en busca de apoyo, ¿qué pretende que haga? Si estuviera en la calle ya les habría puesto a los dos en su lugar, pero estoy en la oficina, Álex  es mi jefe y Roldán el mayor cliente de Enjoy. Estoy atada de pies y manos.

–  Eliana y, ¿qué dices tú al respecto? – Me pregunta Roldán decidido a molestar a Álex.

–  No tengo intención de escaparme a ninguna parte y no permitiré que Álex deje que me escape.

Espero haberle dejado bien claro con eso que estoy con Álex y pienso seguir estándolo el resto de mi vida, ya sea profesional o personalmente hablando.

Raúl y Javier nos miran atónitos. Raúl sabe que estamos juntos, igual que Javier y el resto de la oficina, pero nunca lo hemos dicho abiertamente y ahora lo acabamos de hacer. Era el último muro que nos quedaba rebasar como una pareja que empieza a brotar como las flores en primavera.

Roldán nos sonríe y firma el contrato para después estrecharnos la mano a todos.

–  Espero no equivocarme con esto, Eliana. – Me dice Roldán.

–  No lo harás, puedes estar seguro de ello. – Le contesto estrechándole la mano con firmeza y despidiéndome de él. Acompaño a Roldán a la puerta del ascensor y cuando regreso a la sala de reuniones me encuentro a todos los directivos allí. – ¿Me he perdido algo? – Le pregunto a Marga en voz baja.

–  Álex nos ha reunido para ponernos a todos al corriente de la situación con Jesús Roldán y, por lo que ha dicho hasta el momento, tú eres la responsable de que haya firmado un contrato por cinco años más de exclusividad con nosotros. Enhorabuena, Eli. Eres lo que le hacía falta a Enjoy y a Álex, profesional y personalmente hablando. – Me responde Marga guiñándome un ojo.

Cuando Álex termina su discurso, todos me felicitan antes de regresar a sus respectivos despachos y Álex se queda en la sala hasta que todos desaparecen dejándonos a solas.

–  Pequeña, nos merecemos un fin de semana relajados. – Me dice besándome en los labios. – Me da igual si es en la cabaña de los Pirineos, en el Caribe o encerrados en casa, pero quiero un fin de semana solo para los dos.

Me agarra de los muslos y me sienta sobre la mesa para después colocarse entre mis piernas y besarme apasionadamente en los labios.

–  Cariño, estamos en la oficina, más concretamente en la sala de reuniones. – Protesto sin demasiado énfasis. – Cualquiera puede entrar y vernos y, si sigues así, no voy a ser capaz de razonar con lógica.

–  Me encantaría tumbarte en la mesa y hacerte el amor, pequeña. – Me susurra con la voz ronca.

Justo en ese momento, Raúl entra en la sala de juntas y nos sorprende.

–  Utilizad el despacho para estas cosas, esto es una zona común. – Se mofa. – Eliana, un mensajero está esperando que le firmes la notificación de entrega de trescientos ramos de rosas. – Se vuelve hacia a Álex y le dice bromeando: – Con un ramo hubiera bastado, ¿dónde vas a colocar trescientos?

–  Yo no he mandado esas flores. – Responde Álex frío como el hielo. Me mira inquisitivo y me pregunta algo molesto: – ¿Debo preocuparme por que alguien te envíe trescientos ramos de flores o es que es tu cumpleaños y todos tus amigos de Facebook se han puesto de acuerdo para llenar tu despacho y la oficina de rosas?

–  Mi cumpleaños es el quince de agosto. – Le respondo. – Debe de haber un error, ¿quién me iba a enviar trescientos ramos de rosas? – Entonces la fecha de hoy retumba en mi cabeza. Un día como hoy, hace seis años, empecé a salir con Norbert. – ¡Oh, mierda!

Salgo de la sala de reuniones y me dirijo directamente a la recepción donde Marga está ayudando a los pobres mensajeros a colocar la enorme cantidad de ramos de rosas rojas. Firmo la notificación de entrega y acto seguido me dedico a recoger todas y cada una de las tarjetas de los ramos y, cuando las tengo todas, las meto en la trituradora de mi despacho tras abrir la primera y comprobar mis sospechas, son de Norbert.

Álex me ha estado observando desde que salí de la sala de reuniones y me ha seguido hasta mi despacho donde, apoyado en el quicio de la puerta, me pregunta con seriedad:

–  ¿Piensas explicarme qué significa esto?

–  No tenía la menor intención, la verdad. – Le confieso. – Confiaba en poder limpiar todo esto sin tener que dar explicaciones.

–  Son de Norbert Weiner, ¿no es así? – Asiento con la cabeza y añade: – Eli, evitas hablar de él conmigo y tratas de ocultarme sus llamadas, sus e-mails y sus flores. Ya no sé qué pensar. A veces creo que sigues enamorada de él y que en cualquier momento te marcharás y regresarás a Alemania para estar a su lado.

Descuelgo el teléfono de mi despacho, marco la extensión de Marga y, cuando me contesta, le pido con un hilo de voz:

–  Marga, tira las flores, regálalas o quédatelas, pero deshazte de ellas, por favor. – Suspiro profundamente y añado: – Estoy reunida con Álex, ¿podrías impedir que alguien nos moleste?

–  Tranquila, cielo. – Me dice Marga divertida. – Nadie sabrá que estáis en el despacho.

Cuelgo el teléfono y le hago un gesto a Álex para que pase, cierre la puerta y se siente frente a mí. Él obedece pero en su rostro veo la tristeza y la desolación y siento una opresión en el pecho. Su dolor también es mi dolor.

–  Cariño, las rosas son de Norbert. – Le confieso. – No tengo la más mínima intención de regresar a Alemania y mucho menos de regresar con Norbert.

–  Entonces, ¿a qué vienen esas rosas de repente? – Me pregunta desconfiado.

–  Hoy hace seis años que conocí y empecé a salí con Norbert, hoy sería nuestro aniversario y supongo que las rosas han sido una forma más de llamar la atención y fastidiarme la vida. – Le contesto. – Álex, no quiero que desconfíes de mí. Te quiero más que a mi propia vida, lo que siento por ti nada tiene que ver con Norbert, es totalmente diferente.

–  Teniendo en cuenta que con él estuviste a punto de casarte, ¿cómo debo tomarme lo que acabas de decir? – Me pregunta con tristeza.

–  Cariño, contigo me casaría en este mismo momento. – Le respondo plantándole un beso en todos los morros. – Te quiero y no tienes nada de lo que preocuparte, ¿de acuerdo? – Asiente con la cabeza y me sonríe con ternura. – Y ahora, pequeño, me gustaría seguir con el asunto pendiente que hemos dejado en la sala de reuniones.

–  Te quiero, pequeña. – Me dice antes de besarme y tumbarme sobre la mesa de mi despacho.

Hacemos el amor allí mismo, sin preocuparnos por que nos puedan descubrir, dejándonos llevar por la pasión y el deseo. Me envuelve entre sus brazos, me besa y me acaricia como si yo fuera lo más preciado y delicado que pueda tener y yo me dejo querer por él.

Estando con él me siento en el paraíso, somos cómo Eva y Adán en el jardín del Edén, solo espero que en nuestro jardín no crezcan frutas prohibidas.

Tú, yo y las estrellas 19.

Tú, yo y las estrellas

El sábado por la tarde, me preparo para ir a casa de los padres de Álex o, como mi hermana me ha dicho, a casa de mis futuros suegros. En cualquier otro momento de mi vida pensar en conocer a futuros suegros sería como arder en el infierno, pero contra todo pronóstico, estoy ilusionada y emocionada, aunque también estoy hecha un manojo de nervios.

Aconsejada por mi hermana, me pongo un vestido malva de tubo hasta las rodillas, bastante ceñido pero compensado con un escote recatado. Me calzo mis zapatos negros de tacón de aguja y una chaqueta de color negro de manga 3/4. Para no parecer tan formal, me dejo el pelo suelto y apenas me maquillo. Cuando salgo del baño y me encuentro con Álex en el salón esperándome, me dice en cuanto me ve:

–  Cariño, estás preciosa pero, ¿no crees que vas muy elegante para una cena familiar?

–  Así no ayudas. – Protesto dando media vuelta para regresar a mi habitación y cambiarme de ropa. Él me sigue hasta la habitación y, apoyado en el quicio de la puerta con gesto despreocupado, me dice: – Solo ponte algo con lo que te sientas cómoda, unos tejanos y una camiseta. Yo tampoco me he puesto traje.

–  Fuera, voy a cambiarme de ropa. – Le ordeno. Me mira sorprendido, no es la primera vez que me cambio de ropa delante de él y nunca me ha importado, pero ahora estoy demasiado preocupada y nerviosa como para relajarme mientras él no me quita ojo de encima. – Espérame en el salón, lo último que quiero es que me entretengas y lleguemos tarde.

Obedece de mala gana y regresa al salón mientas yo vuelvo a inspeccionar mi armario. Opto por ponerme una mini falda tejana con una blusa de tirantes con estampado floral y unas sandalias con tacón de cuña, arreglada pero informal. Salgo de nuevo al salón y cuando Álex me ve me dice sonriendo maliciosamente:

–  Cariño, si vas así vestida solo voy a tener ganas de desnudarte. ¿Es tu venganza por haberte dicho que te cambiaras de ropa?

–  Será tu recompensa al final de la noche. – Le contesto socarronamente. – Entonces, ¿crees que estoy bien así vestida para ir a casa de tus padres?

–  A mí me gustas más desnuda, pero estoy seguro de que a ellos les incomodaría un poco.

Entre bromas y risas subimos al coche de Álex y conduce hasta a las afueras de la ciudad, cerca de donde vive su abuela Charo. En esta zona todas las casas son enormes, como en el barrio de mis padres y mis tíos.

Aparca el coche en la calle, frente a la puerta de acceso al jardín de casa de sus padres. Salimos del coche y se coloca rápidamente a mi lado, rodeándome la cintura con su brazo. Me da un beso en la frente y me susurra al oído:

–  Relájate, no te dejaré sola ni un segundo. – Vuelve a besarme, esta vez en los labios, y añade: – El próximo fin de semana nos lo tomaremos de descanso, solos tú y yo, ¿dónde te gustaría ir?

–  Quiero ir a la cabaña. – Le contesto convencida de mi decisión. – Me gusta que estemos solos tú, yo y las estrellas.

–  Te quiero, pequeña. – Me dice por primera vez. Me da un beso dulce en los labios y añade: – Y ahora vamos a entrar ahí dentro y les vas a dejar a todos con la boca abierta.

–  Álex, espera. – Le digo agarrándole del brazo. Le miro fijamente a los ojos y, armándome de valor, le confieso con un hilo de voz: – Yo también te quiero.

Me besa apasionadamente en los labios hasta que nos interrumpe la voz de Carol, que está parada frente a nosotros diciéndonos:

–  Ya os daréis el lote luego, me han enviado a buscaros porque tenían miedo de que Eli se echara atrás.

–  Estaba a punto de echarse atrás y la estaba convenciendo para que entrara. – Bromea Álex. – Lo cierto es que el resultado estaba siendo bastante efectivo, hasta que has aparecido.

–  Carol, ¿voy bien así vestida? – Le pregunto nerviosa.

–  Así estás perfecta, creo que incluso me gustas para mí. – Se mofa Carol.

–  Ten cuidado, que soy como una droga para todo aquel que me prueba. – Le sigo la broma.

–  ¡Vaya dos! – Exclama Álex divertido. Nos abraza a ambas por la cintura y entramos en la majestuosa casa donde una pareja de la edad de mis padres nos espera en el hall, sonriendo alegremente junto a Charo. – Mamá, papá, quiero presentaros a Eliana, mi novia. – Les dice orgulloso. Me da un beso en la frente y me dice: – Cariño, ellos son mis padres, Celia y Nicolás. A mi abuela ya la conoces.

–  Encantada de conocerles. – Les digo estrechándoles la mano a los padres de Álex, que sin dudarlo me dan la mano y un cálido abrazo. – Charo, me alegra volver a verte. – Añado tras saludarla con un afectuoso abrazo, le he cogido mucho cariño a esta mujer.

Pasamos al salón y Nicolás es el primero en romper el hielo y hablar:

–  La verdad es que vuestra historia es muy interesante. – Empieza a decirnos. – Es como si el destino se hubiera empeñado en cruzar vuestros caminos. Os conocéis sin saber que vais a trabajar juntos y Eliana conoce a Carol sin saber que es tu hermana. Me hubiera gustado haber visto la cara de mi hijo cuando se enteró de quién eras realmente.

–  Sinceramente, creo que mi cara fue peor que la suya. – Bromeo.

–  Casi tuve que rogarte que no renunciara al trabajo porque yo fuera el jefe. – Me recuerda Álex. – Y menos mal que la convencí porque, si no llega a ser por ella, uno de mis mejores clientes nos hubiera dejado y hubiera sido un duro golpe, tanto económico como para la imagen de la empresa.

–  No todo el mérito es mío, y aún no lo tenemos asegurado. – Le recuerdo.

–  Nuestro hijo ha sabido elegir bien, Celia. – Le dice Nicolás a su esposa. – Ha escogido a una chica educada, inteligente y muy hermosa.

–  Me basta con ver cómo os miráis para saber que vais a ser felices juntos. – Me dice Celia.

–  Ya vale, me la vais a asustar y me quedaré sin novia. – Les dice Álex al ver cómo me ruborizo. – Ya me ha costado lo mío conseguir que esté donde está, no hagáis que se arrepienta.

Pasamos al comedor entre bromas y risas. Los padres de Álex son tan encantadores como él, su hermana y su abuela. Todos están pendientes de que me sienta cómoda entre ellos y no me falte de nada, sobretodo Álex, que no se despega de mí ni un segundo tal y como me ha prometido.

Después de cenar, tomar el postre y café, Álex decide que ya es hora de irse y nos despedimos de su familia prometiéndoles regresar pronto para cenar de nuevo todos juntos.

Regresamos a casa y, tumbados en el sofá, me dice:

–  Mis padres te adoran, igual que te adoramos mi abuela, mi hermana y yo desde que te conocimos.

–  Me alegro de que saliera bien, estaba preocupada porque no fuera así.

–  Cariño, todo va a ser perfecto entre nosotros, pienso ocuparme de ello. – Me dice abrazándome con fuerza y besándome en la coronilla.

–  Nunca me he sentido tan bien como me siento ahora. – Le confieso. – Haces que me sienta segura, contigo no le tengo miedo a nada y eso me preocupa.

–  No lo entiendo, ¿te preocupa?

–  Si esto no sale bien…

–  Va a salir bien, saldrá perfecto. – Me interrumpe. – Ya te he dicho que me voy a encargar de que así sea, pequeña amazona.

–  Pues deberías empezar a ocuparte, cariño. – Le digo con voz melosa al mismo tiempo que acaricio su cuello suavemente con mis labios. – Quiero sexo, pequeño.

–  Tus deseos son órdenes para mí, pequeña. – Me responde colocándome sobre él. – Me encanta complacerte, cariño.

Nos besamos, nos acariciamos, nos desnudamos y hacemos el amor en el sofá para después seguir haciéndolo en el suelo de la habitación y por último en mi cama.

Aún no me creo que esto esté pasando de verdad, es todo tan bonito y perfecto que me da miedo despertar un día y darme cuenta de que todo ha sido un sueño, una ilusión.

El domingo Álex propone llevarme a un pequeño pueblo costero y vamos en su moto. No sé por qué, esperaba una moto como Harley Davidson, pero la moto de Álex me ha impresionado más, es como una de esas motos enormes de carrera en la que solo de pensarlo te da pánico imaginarte subida en ella.

–  Venga pequeña, no dejaré que te ocurra nada y prometo ir despacio. – Me anima al verme dudar. Me subo a la moto y me susurra antes de darme el casco: – Esa es mi pequeña amazona.

Pasamos el día comiendo con vistas al mar, paseando por la orilla de la playa o por las pintorescas calles del pequeño pueblo donde todo el mundo se saluda con alegría. Álex me lleva cogida por la cintura y me besa en los labios cada tres pasos que da, no puede estar separado de mí ni yo separada de él, todo esto está yendo demasiado rápido y lo cierto es que no me importa. Estoy dispuesta a dejarme llevar por lo que siento y disfrutar del presente sin temer el futuro.

Tú, yo y las estrellas 18.

Tú, yo y las estrellas

Al día siguiente, Álex y yo llevamos a mi sobrina a montar a caballo, a comer una hamburguesa y a pasear a Thor, tal y como le habíamos prometido. Nerea vuelve a mencionar el asunto de los primitos y yo vuelvo a ponerme pálida. Si nunca he pensado en tener hijos, ¿por qué me lo planteo ahora que apenas estoy empezando una relación? Con Norbert estuve cinco años, cuatro de ellos viviendo con él y uno prometida. Estaba a punto de casarme con él, estaba dispuesta a pasar el resto de mi vida con él, sin embargo, nunca me había planteado tener hijos. Apenas hace dos meses que conozco a Álex y mi mente ya ha imaginado cómo sería tener hijos con él.

–  Pequeña guerrera, vamos a hacer un trato. – Le dice Álex a mi sobrina. – Tú cuidas muy bien durante un tiempo a Iker y, si lo haces bien, la tita y yo nos lo pensamos, ¿de acuerdo?

–  ¿Durante cuánto tiempo tengo que cuidar a Iker? – Le pregunta mi sobrina.

–  Durante algún tiempo, pequeña. – Le dice Álex. – No queremos que la tía se asuste y salga huyendo, ¿verdad?

Por suerte, él siempre está ahí para sacarme del atolladero, y eso me recuerda que le debo una explicación. Esa misma noche, cuando nos sentamos en el sofá después de cenar, le digo:

–  Gracias por contestar las impertinentes preguntas de mi sobrina, no es fácil y tú lo has hecho muy bien, pequeño.

–  Has vuelto a ponerte pálida cuando lo ha mencionado. – Me dice sonriendo. – El caso es que como no dices nada, he empezado a darle vueltas a la cabeza. Incluso he llegado a pensar que te has quedado embarazada y tratas de ocultármelo. Nunca harías algo así, ¿verdad?

–  ¿Qué? ¿A qué te refieres?

–  Quiero que me prometas que si te quedas embarazada, nunca me lo ocultarás. – Me dice mirándome fijamente a los ojos.

–  Deja de darle vueltas a la cabeza, no estoy embarazada. – Le digo divertida. – Y, si me quedo embarazada, serás el primero en saberlo, te lo prometo. – Le doy un beso en los labios y, abrazándole con fuerza, le confieso: – Nunca había pensado tener hijos, ni siquiera estando a punto de casarme. No es que no quisiera tenerlos, sino que me parecía algo demasiado lejano como para pensar en ello. Sin embargo, cuando mi sobrina dijo que quería un primito, me di cuenta que sí quiero tener hijos. No ahora, en un futuro lejano. – Le aclaro para no asustarlo.

–  A mí no me importaría tener hijos contigo ahora mismo, de hecho tengo que confesarte que la idea de que pudieras estar embarazada me gustaba. – Me dice bromeando. – Me gustaría tener a un pequeño demonio corriendo por los pasillos detrás de Thor, un pequeño demonio nuestro.

–  Y yo que creía que la loca era yo… – Musito divertida.

La semana en la oficina se me hace cuesta arriba, Roldán le está dando problemas a Javier Oliveras, el director de producción, y me veo obligada a intervenir entre ellos. Finalmente, logro que Roldán se tranquilice y escuche las sugerencias de Javier, que me parecen de lo más apropiadas y así se lo hago saber a Roldán.

El viernes quedo para comer con Helena y Carol y les cuento lo nerviosa que estoy por la cena de mañana en casa de los padres de Álex, que también son los padres de Carol.

–  No te preocupes, mis padres aún no te conocen y ya te adoran, mi abuela les ha hablado maravillas de ti. – Me dice Carol animándome. – Además, mi abuela y yo también estaremos en la cena, no tienes de qué preocuparte.

–  ¿Qué me dices de la cena de esta noche en casa de tus padres? – Me pregunta Helena.

–  Mis padres adoran a Álex, no tengo nada de lo que preocuparme. – Le respondo encogiéndome de hombros y añado bromeando: – Si no ha salido corriendo después de tratar con mi sobrina y toda mi familia al completo, no creo que lo vaya a hacer precisamente esta noche.

–  Yo tengo que confesaros algo. – Nos dice Helena. – Raúl y yo hemos empezado a salir en serio, lo hemos hablado y los dos queremos algo más que ser un par de amigos que se divierten juntos.

–  Me alegro por vosotros. – Le digo dándole un abrazo. Me vuelvo hacia a Carol y le digo: – Y tú no deberías perder el tiempo con Iván, deberías llamarle y quedar con él.

–  Ya me gustaría a mí, pero Iván solo me ve como la hermana pequeña de su amigo y ahora encima también su jefe. – Se lamenta Carol. – No me ve como una mujer.

–  Eso es lo que tú te crees. – Le aseguro. – Iván no te quita el ojo de encima, pero creo que el hecho de que seas la hermana pequeña de su amigo y jefe y que acabes de dejarlo con tu novio le echa un poco para atrás. Tendrás que ser tú quien dé el primer paso y tendrás que hacerlo rápido si no quieres que alguna lagarta se te adelante.

Carol saca su móvil y le manda un mensaje a Iván invitándole a cenar y él responde aceptando de inmediato. Puede que necesiten ir poco a poco, pero estoy segura que terminarán juntos tarde o temprano, igual que Álex y yo.

Esa misma noche, Álex y yo vamos a cenar a casa de mis padres. Por extraño que parezca, mi madre no ha invitado a mis tíos y mi padre trata a Álex como si de Jorge se tratara, uno más de la familia. Mi madre no hace ninguna de sus preguntas indiscretas y todos se muestran encantadores. La primera vez que llevé a Norbert a cenar a casa de mis padres nos fuimos antes de que sirvieran el segundo plato, Norbert no aguantó más las preguntas inoportunas, inapropiadas y despiadadas de mi familia y esa noche yo me enfadé mucho con ellos, aunque ahora me arrepiento de no haberles hecho caso en su momento.

–  Cielo, estás muy callada, ¿va todo bien? – Me pregunta mi padre cuando estamos en el salón, tomándonos una copa después de cenar.

–  Todo va genial, papá. – Le respondo sonriendo. – Gracias por esta noche tan tranquila.

–  Ambos hemos aprendido de nuestros errores, pequeña. – Me dice abrazándome y besándome en la frente como acostumbra a hacer para después susurrarme al oído: – Este chico me gusta para mi princesa y, si ha sabido ganarse a Nerea, no hay duda de que merece la pena intentarlo, pequeña.

–  Basta ya de cuchicheos, está muy feo. – Nos regaña mi madre mientras Álex nos mira divertido. – Por cierto, ¿mañana vas a cenar a casa de los padres de Álex, verdad?

–  Así es, mamá. – Le digo poniéndome tensa.

–  Relájate, mis padres te van a adorar en cuanto te conozcan. – Me dice Álex acariciándome la mano para llevarla hasta sus labios y besarla. – No tienes que preocuparte de nada.

–  Y, ¿si no les gusto? – Pregunto horrorizada.

–  Pequeña, estoy segura que les vas a gustar. – Me dice mi padre. – De lo contrario limítate a comportarte educadamente y pon alguna excusa cuando Álex te diga que quiere que vayas con él a visitarles, es lo que hacía yo con tus abuelos. – Añade bromeando.

–  ¡Manuel! – Le regaña mi madre mientras nosotros nos reímos. – Y tú, no te rías, ¡eres igual que tu padre!

–  Mamá, reconócelo. – Le digo. – Pasé un verano con el abuelo y los chicos del pueblo dejaron de hablarme porque el abuelo los amenazó.

–  A lo mejor son mis padres los que no te gustan. – Bromea Álex divertido.

–  Eli está acostumbrada a nuestra familia, estoy seguro que cualquier otra familia le parecerá celestial comparada con la nuestra. – Se mofa mi padre.

–  ¡Manuel! – Vuelve a regañarle mi madre. – ¿Qué va a pensar Álex de nosotros?

–  Después de lo que vio en el cumpleaños de tu nieta, si ha vuelto es porque quiere de verdad a tu hija y tengo que reconocer que el chico me cae bien, me gusta cómo mira y cómo trata a mi pequeña. – Le dice mi padre con total naturalidad.

–  Papá, las dos copas de vino que te has tomado te han sentado mal. – Me mofo. Me vuelvo hacia a Álex y le digo orgullosa: – Eres el primer novio que le cae bien a mi padre.

Le doy un beso en los labios sin pensar en dónde ni con quién estoy. Mis padres nos miran sonriendo y Álex se queda paralizado, sorprendido por lo que acabo de hacer.

–  No pongas esa cara, tú querías que nuestra relación fuera estable y formal y lo bueno de eso es que puedo besarte donde y cuando quiera. – Le respondo divertida.

Me sonríe maliciosamente, me abraza y me besa en la frente, igual que acostumbra a hacer mi padre. Mi padre nos mira divertido y le dice a Álex:

–  Ándate con ojo, muchacho. Aquí donde la ves, cuando saca ese carácter que tiene tiembla hasta el mismísimo diablo. Es mejor que no la hagas enfadar. – Le advierte.

–  Aún no he visto ese carácter, pero he podido comprobar las consecuencias. – Le responde Álex sonriendo, seguramente recordando la noche de la fiesta en casa de Izan, cuando me peleé con Fabián en la cocina. – No me atrevería a hacerla enfadar, no tengo la menor intención de conocer en primera persona el carácter de tu adorada hija.

–  Entonces, si no te vuelvo a ver, deduciré que ya has conocido el lado oscuro de su carácter. – Se mofa mi padre.

–  ¡Papá! – Le regaño. Me vuelvo hacia Álex y le dijo poniéndole ojitos de cordero: – No hagas caso a mi padre, soy tan dulce como un osito de peluche.

Todos se ríen y yo con ellos. Pero mi madre se ve en la obligación de ser sincera con Álex y le dice:

–  Soy su madre y la adoro, es una buena chica que siempre ha tenido los pies en la tierra, pero cuando saca la mala leche no hay quién pueda con ella así que, si quieres un consejo, te recomiendo que cuando se enfade la dejes sola y dejes que se le pase.

–  Mamá, lo estás asustando. – Le reprocho al ver la cara de sorpresa de Álex. Le doy un breve beso en los labios y le susurro: – Si tú puedes aguantar a mi familia, estoy segura que yo podré soportar a la tuya. De hecho, estoy segura de que me encantarán, aunque solo sea porque no pueden sacar mis trapos sucios a la luz.

Cuando regresamos a casa, Álex está feliz y yo también, aunque solo sea porque verlo feliz me hace feliz a mí. Oh, Dios. Creo que empiezo a hablar como mi hermana…

Álex se ha divertido en casa de mis padres y ha soportado todos y cada uno de sus comentarios con paciencia y buen humor, todo lo contrario de Norbert.

De hecho, Álex es todo lo contrario de Norbert y creo que eso es parte de lo que le hace tan encantador. No es egoísta ni egocéntrico, es generoso y detallista con los demás. Trata a todos sus empleados como a un igual, aunque él sea el jefe. En fin, nada qué ver con Norbert.

Tú, yo y las estrellas 17.

Tú, yo y las estrellas

Han pasado tres semanas desde nuestra pequeña escapada a la cabaña de los Pirineos y mi relación con Álex cada vez es más fuerte y apasionada. Nos entendemos a las mil maravillas y siento mariposas en el estómago cada vez que lo veo o escucho su voz.

El sábado llega y con él la fiesta de cumpleaños de mi sobrina. He tenido que hablar con mis padres y mis tíos sobre la relación que tenemos Álex y yo. Cómo aún no le hemos puesto nombre, les he dicho que nos estamos conociendo, aunque ya nos conocemos de sobra, pues además de trabajar juntos, se puede decir que prácticamente vivimos juntos. Álex se queda a dormir en casa casi todos los días, sacamos juntos a pasear a Thor, vamos al supermercado a hacer la compra y salimos a tomar un par de copas con Helena, Carol, Raúl e Iván. Helena y Raúl siguen viéndose y saliendo juntos, pero ninguno de los dos admite que van en serio, pese a que no se ven con terceras personas y ambos ponen cara de idiotas enamorados cuando se miran. Por otra parte, Álex me ha confesado que Carol siempre ha estado enamorada de Iván, pero él nunca le había dado esperanzas primero porque la consideraba una niña y luego porque empezó a salir con Fabián, pero parece que el destino por fin ha obrado y ha cruzado sus caminos, aunque ambos van con pies de plomo y no han pasado del inocente coqueteo. Una de esas noches, mi hermana y mi cuñado dejaron a los niños con mis padres y vinieron con nosotros a tomar un par de copas. Mi hermana y mi cuñado los invitaron a todos al cumpleaños de Nerea y todos aceptaron felizmente.

Cuando llegamos a casa de mi hermana, todos ya están ahí.

–  ¡Tita Eli, Álex! – Grita mi sobrina al vernos y viene corriendo para lanzarse a nuestros brazos. – ¡Sois los últimos en llegar!

–  Sentimos ser los últimos, pequeña guerrera. – Le dice Álex. – La tita Eli y yo queríamos estar muy guapos para tu cumple.

–  Supongo que tú debes ser Álex, ¿verdad? – Pregunta mi tía Lola. – Nerea no ha dejado de hablar de ti y todos queríamos conocerte.

–  Álex, ella es mi tía Lola.

–  Encantado de conocerla, señora. – La saluda Álex educadamente.

–  Por favor, llámame Lola o tía Lola. – Le responde mi tía guiñándole un ojo. La fulmino con la mirada y añade: – Deja de mirarme así, te prometí que sería buena con él y pienso cumplir mi promesa, no necesito que me vigiles.

–  Lola, cariño, deja de incomodar a los chicos. – Le dice mi tío Paco. Se vuelve hacia a Álex y le dice tendiéndole la mano: – Soy Paco, el tío de Eli y Rocío. Cuidado con las mujeres de esta familia, son de armas tomar. – Añade bromeando.

–  ¿Dónde está mi pequeña? – Pregunta mi padre abrazándome. Me da un beso en la mejilla y, tras mirar severamente a Álex, le dice: – Soy Manuel, el padre de Eli y el abuelo de Nerea. – Le doy un codazo a mi padre sin nada de discreción y añade: – Estamos encantados de conocerte por fin, mi hija te tiene muy escondido.

–  Suficiente, papá. – Le interrumpo. – Ve a avisar a mamá y así pasamos por el mal trago de un tirón.

–  Al menos este no parece un capullo. – Me dice mi padre en lo que pretende ser un susurro pero sin conseguirlo.

–  No te molestes, eso es lo mejor que ha dicho de cualquiera de los hombres que he llevado a casa. – Le susurro a Álex al oído para tranquilizarlo. – Y prometo compensarte todo esto esta noche.

–  Creo que este es el momento oportuno para decirte que mis padres quieren que te lleve a casa a cenar con ellos. – Me dice divertido. – Quizás puedas compensármelo viniendo a esa cena.

–  ¿Es que no pensáis saludarme? – Nos pregunta mi hermana sonriendo. Nos saluda a ambos con uno de sus afectuosos abrazos. – Ahí viene mamá, suerte.

–  Hola, mamá. – La saludo dándole un beso en la mejilla. – Él es Álex. – Me vuelvo hacia a Álex y, cogiéndole de la mano para acercarlo a nosotras, le digo: – Ella es Rosa, mi madre.

–  Encantado de conocerla, Rosa. – Le dice Álex mostrando su sonrisa más seductora.

–  Lo mismo digo, Álex. – Le responde mi madre ¿coqueteando? – Y por favor, tutéame.

Tras saludar a todos los presentes, Álex y yo nos refugiamos con nuestros amigos en el salón y mi sobrina decide acompañarnos, no quiere separarse ni de Álex ni de mí.

–  Pequeña guerrera, ¿quieres abrir tus regalos?  – Le pregunta Álex divertido.

–  ¡Sí! – Grita ella eufórica. – Tita Eli, ven conmigo y con Álex a abrir los regalos.

Nerea abre los regalos bajo la atenta mirada de todos los presentes y todos disfrutamos viendo a mi sobrina jugando con sus nuevos juguetes.

Como estoy pendiente de Álex todo el tiempo, mi madre y mi tía cambian de estrategia y deciden tratar de sonsacarle información a Carol, pero mi hermana me guiña un ojo y la rescata tras regañar a ambas mujeres que ponen cara de no haber roto un plato en su vida mientras Álex y yo nos reímos divertidos.

Mi sobrina se acerca a mí y me susurra al oído:

–  Tita Eli, ¿Álex ya es tu novio?

La cojo en brazos y salgo con ella al jardín. No quiero mentirle, pero tampoco puedo decirle toda la verdad, así que opto por hablar solo de lo que se puede hablar con una niña de cinco años.

–  Cariño, Álex me gusta mucho, pero nos conocemos desde hace muy poco tiempo y antes de ser novios tenemos que estar seguros de que queremos serlo. – Empiezo a decirle. – Las relaciones entre dos adultos son difíciles de entender, mucho más de explicar.

–  Helena dice que tienes miedo de que Álex sea como el frío. – Me dice mi sobrina dejándome muerta.

–  Cariño, Álex no tiene nada que ver con Norbert. – Le aclaro. – Álex es bueno contigo y conmigo, no es justo que pague por el error que cometió Norbert.

–  Entonces, ¿puedo llamarle tito Álex? – Me pregunta mi sobrina, sin haberse enterado de nada de lo que le acabo de decir e interesándose de nuevo por él.

–  Creo que eso se lo tendrás que preguntar a él, pequeño demonio. – Le respondo sonriendo.

–  Ya se lo he preguntado muchas veces, pero siempre me dice que tengo que esperar a que tú quieras que él sea mi tito. – Me dice enfurruñada. – ¿Es que no quieres que sea mi tito? Yo no quiero que vuelva el frío, quiero que se quede Álex.

–  Cariño, el frío no va a volver, te lo prometo. – Le aseguro. Ni por todo el oro del mundo volvería con Norbert. – En cuanto a Álex, me encantaría que fuera tu tito. ¿Quieres que vayamos las dos a preguntárselo?

–  ¡Sí! – Me responde abrazándome.

Entramos de nuevo en el salón y todos nos miran con expectación, saben que Nerea y yo estamos tramando algo y no quieren perderse ningún detalle. Nerea se dirige directamente hacia a Álex, se coloca frente a él con los brazos en jarras y le dice con su voz de sabelotodo:

–  La tita Eli y yo queremos hablar contigo, ¿puedes venir con nosotras al jardín?

Álex asiente con la cabeza y se pone en pie, cruzando su mirada conmigo buscando una explicación, pero yo me limito a levantar las manos en señal de inocencia y a encogerme de hombros mientras que el resto de los presentes intentan contener la risa.

Salimos los tres al jardín y nos sentamos en el sofá-balancín en absoluto silencio hasta que mi sobrina se anima a hablar:

–  La tita Eli y yo queremos que seas mi tito, pero la tita Eli dice que primero te lo tengo que preguntar a ti. – Le informa mi sobrina. – Entonces, ¿quieres ser mi tito?

Álex me mira a los ojos antes de responder y, cuando me ve sonreír, le dice a mi sobrina:

–  Pues claro que quiero ser tu tito. – Le revuelve el pelo cariñosamente y añade: – ¿Qué te parece si mañana vamos a pasear a Thor y a comer una hamburguesa para celebrarlo?

–  Sí, se lo voy a decir a mamá. – Dice la niña antes de salir corriendo en busca de su madre.

–  Si soy su tito, tú y yo… – Dice Álex esperando que yo acabe la frase.

–  Tú y yo… ¿estamos juntos?

–  Me hubiera gustado algo más comprometido, pero supongo que con eso me basta por el momento.

–  Quiero ir a cenar con tus padres, Álex. – Le digo acercándome más a él. – No sé cómo lo has hecho, pero ya no imagino mi vida sin ti.

–  Eso sí que no me lo esperaba. – Me dice sonriendo dulcemente antes de besarme. – Y me gusta oírlo, porque no pienso separarme de ti, pequeña amazona.

Álex me vuelve a besar y yo le correspondo con pasión, hasta que oímos a nuestra espalda:

–  Ejem, ejem. – Nos separamos bruscamente y ambos nos ruborizamos al ver a mi padre plantado frente a nosotros. – Siento interrumpir, pero Nerea está a punto de soplar las velas.

–  Papá, espera. – Le digo antes de que desaparezca.

–  No, no quiero saberlo. – Me dice divertido. – Y más vale que tu madre no se entere o no te la sacarás de encima hasta que os vea casados. – Se vuelve hacia a Álex y le dice: – Cuídamela bien, muchacho, te llevas a mi pequeña joya.

–  Como a una reina. – Le asegura Álex al mismo tiempo que me estrecha entre sus brazos. Me da un beso en la frente y sonriendo alegremente, se levanta y me dice: – Vamos a ver cómo tu sobrina sopla las velas.

Mi sobrina ya se ha encargado de darle la noticia a todo el mundo y todos nos miran sonriendo, felices de conocer nuestro pequeño secreto a voces.

–  ¡Tito Álex, la mama me deja ir mañana a montar a caballo! – Le grita mi sobrina arrojándose a sus brazos. – La tita Eli también viene, ¿verdad?

–  Por supuesto que voy, cariño. – Le respondo. – Y después nos comeremos una hamburguesa.

–  ¡Bien! – Exclama mi sobrina. Me da un abrazo y añade: – Tita Eli, ¿cuándo tendré primitos?

La carcajada es general, pero yo no me río. ¿Tener hijos? Lo cierto es que nunca me lo había planteado, ni siquiera estando prometida a Norbert se me había pasado por la cabeza.

–  Cielo, creo que aún tardarás un poquito en tener primitos. – Me saca del atolladero mi madre.

Todos continúan riéndose, pero esta vez Álex se queda callado, mirándome fijamente a los ojos. Se acerca lentamente y me pregunta susurrando:

–  ¿Estás bien? Tu sobrina ha mencionado que quiere un primito y te has puesto pálida. – Le miro suplicando una tregua y, tras besarme en la frente con dulzura, me dice: – Ya hablaremos de tu reacción cuando estés preparada.

Mi sobrina sopla las velas después de que todos le cantemos el “cumpleaños feliz” y le aplaudimos. Helena, Carol, Raúl e Iván son los primeros en marcharse seguidos de mis tíos Paco y Lola. Álex y yo también decidimos marcharnos y mis padres aprovechan el momento para invitarnos a cenar la próxima semana. El sábado vamos a cenar con los padres de Álex, así que Álex les dice que iremos el viernes por la noche, sin darme tiempo a responder.