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Propuesta indecente 19.

Alma Gemela

Once meses más tarde, Nick y Erika cumplían su primer año juntos y decidieron celebrarlo cenando en casa para tener más intimidad de la que podrían tener en cualquier restaurante. Poco a poco, Nick fue consiguiendo que Erika llevara algunas de sus cosas a su apartamento y dormía con él todas las noches excepto los martes, que Erika dormía en su apartamento con Alice para celebrar su noche de chicas, que consistía básicamente en ver una película de comedia romántica mientras comían comida del chino acompañado con unas copas de lambrusco. Nick y Daniel aprovechaban esos martes para cenar juntos y ponerse al día mientras beben cerveza.

–  Cariño, estás preciosa. – Le dijo Nick a Erika cuando la vio salir del dormitorio con un escotado y ceñido vestido de color fucsia con unas sandalias plateadas de tacón de aguja. Le dio un beso en los labios y añadió: – El vestido te queda perfecto, pero me temo que no te durará mucho puesto.

–  Espera a ver lo que llevo debajo, cariño. – Le contestó Erika dándole gratas expectativas.

–  Cariño, creo que podemos cenar más tarde, ¿no crees?

–  No, te conozco y no cenaríamos. – Le dijo Erika riendo. – Primero cenamos, después nos damos los regalos y, por último, podrás hacer conmigo lo que quieras.

Nick la besó en los labios y la abrazó. Aún no podía creer el que cambio que había hecho desde que Erika entró en su vida. No había vuelto a estar con ninguna otra mujer desde que conoció a Erika y tampoco lo echaba de menos, con ella tenía todo lo que deseaba, todo lo que le complacía. Ella se enfadaba continuamente y, desde que hacía unos meses le habían devuelto el carné de conducir, cogía el coche y se iba a dar una vuelta hasta que se calmaba y regresaba junto a Nick, que le esperaba con los brazos abiertos, una sonrisa en los labios y un montón de mimos.

El móvil de Erika sonó y ella lo cogió y leyó el mensaje, que era de Alice: “Deséame suerte, voy a decírselo a Daniel.” Erika sonrió y tecleó en su móvil: “Suerte.”

–  ¿Qué te hace tan feliz? – Quiso saber Nick al verla sonreír.

–  ¿Te gustan los niños? – Le preguntó Erika.

–  ¿Hay algo que quieras decirme, cariño? – Le preguntó Nick acariciando el vientre de ella.

–  Solo sentía curiosidad. – Le contestó Erika antes de darle un beso en los labios.

Se sentaron a la mesa y cenaron iluminados únicamente por un candelabro con tres velas, brindaron por su relación e iniciaron el intercambio de regalos. Nick llevaba varios meses tratando que el ayuntamiento le diera los permisos para empezar a construir en el terreno, pero el ayuntamiento se lo había denegado dos veces. Erika movió algunos hilos y, gracias a un amigo de la universidad, había podido conseguir que le concedieran el permiso. Erika había pensado que los permisos para construir la casa y unas mini vacaciones de cuatro días en una pintoresca casa en la playa que había alquilado. Ser la hija del jefe le había facilitado conseguir unos días libres para ambos. Erika le tendió un sobre a Nick donde iban los permisos para construir y un pequeño escrito de Erika en el que le invitaba a una pequeña escapada de cuatro días en la playa. Nick abrió el sobre emocionado, era su primer regalo de aniversario y se quedó alucinado cuando sacó los documentos con la autorización del ayuntamiento para construir la casa y el vale de las mini vacaciones.

–  ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo los has conseguido? – Exclamó Nick alzando en brazos a Erika para después besarla en los labios. – Y, ¿qué es esto? Mm… Cuatro días en la playa solos tú y yo, estoy deseando irme, cariño.

–  Perfecto, porque nos vamos mañana por la mañana. – Le dijo Erika dándole un beso.

–  Cariño, voy a darte mi regalo pero no quiero que te estreses, ¿de acuerdo? – Bromeó Nick. Sacó una pequeña caja de terciopelo azul y se la entregó a Erika. – Te quiero, cariño y por eso quiero que te cases conmigo. No tenemos por qué casarnos rápidamente, podemos tener un compromiso de esos largos y casarnos cuando tú te sientas preparada, pero me gustaría poder decirle a la gente que eres mi prometida en vez de mi novia. – Erika abrió la pequeña caja de terciopelo y se quedó muda al ver el precioso anillo de oro blanco con varios diamantes encastrados. Nick cogió el anillo y, mientras se lo ponía en el dedo anular de la mano derecha, le preguntó: – Cariño, ¿me harías el hombre más feliz del mundo casándote conmigo? – Erika no le contestó, simplemente se arrojó a sus brazos y le devoró la boca apasionadamente. – Cariño, ¿esto es un sí? – Quiso confirmar Nick cuando los labios de ambos se separaron.

–  Por supuesto que sí, mi amor. – Le contestó Erika. – Te quiero, Nick.

Ambos volvieron a besarse y los besos dieron paso a las caricias hasta que acabaron, como era de esperar, haciendo el amor allí mismo.

Al día siguiente, Alice y Daniel llegaron al apartamento de Nick antes de que Nick y Erika se marcharan a sus mini vacaciones, Daniel quería darle la gran noticia a su hermano Nick y también quería saber cuál había sido la respuesta de Erika a la gran pregunta que le había hecho Nick.

–  Supongo que si llevas ese anillo en el dedo es porque has dicho que sí. – Fue el saludo que le dedicó Daniel a Erika seguido de un abrazo. Se volvió hacia a su hermano Nick y añadió: – Nosotros también tenemos una gran noticia que daros. – Abrazó a Alice, la besó en los labios y anunció con una sonrisa de oreja a oreja: – ¡Vamos a ser papás!

Las dos parejas desayunaron juntos mientras se felicitaban mutuamente por las buenas noticias que se habían dado. Las chicas empezaron a hablar de vestidos de novia y bebés y ellos las miraban sonriendo totalmente embelesados.

 

FIN

 

Propuesta indecente 18.

Alma Gemela

Un mes después de iniciar su relación, propiamente dicha, Erika y Nick decidieron ir con Alice y Daniel a tomar café a casa de los padres de Nick y Daniel. Tan solo faltaba una semana para la celebración del aniversario de los padres de ellos y la madre había expresado su deseo de conocerlas antes de que llegara el gran día.

Erika y Alice estaban nerviosas, querían agradar a sus suegros y se habían vestido para la ocasión. Los chicos les aconsejaron que fueran en tejanos, los Button no eran una familia rica y remilgada y no tenían en cuenta el dinero ni la ropa cara a la hora de valorar a una persona. Aun así, Erika quería ir arreglada, así que optó por unos tejanos pitillo, unos botines negros con tacón de aguja, una camisa blanca con manga de 3/4 y una ceñida y elegante americana de color negro que la hacía más sofisticada sin parecer excesivamente arreglada. Alice también se había puesto unos tejanos, unas botas altas y un fino jersey de cuello de barco. Las dos parejas se dirigieron en el coche de Nick a casa de los Button, que estaba situada a las afueras de la ciudad.

Nick aparcó el coche en una amplia calle de una urbanización y salió del coche rápidamente para ayudar a salir a Erika.

–  Ésta es la casa dónde me crie. – Le susurró al oído en cuanto Erika salió completamente del coche y la besó. – ¿Estás preparada para entrar o prefieres dar media vuelta?

Erika miró la casa que Nick le señalaba, una preciosa casa adosada con jardín y garaje. Se imaginó a Nick, Daniel y Jessica de niños corriendo por el jardín y sonrió.

–  Estoy preparada, pero también estoy muy nerviosa. – Le confesó Erika.

–  Relájate, no te dejaré sola ni un segundo. – Le susurró Nick abrazándola y besándola levemente en los labios antes de llamar al timbre de la casa.

La puerta de hierro forjado se abrió y Nick fue el primero en traspasar la puerta, seguido de Erika, que continuaba aferrada a la mano de Nick ya que él no estaba dispuesto a soltarla. Después entraron Alice y Daniel, también cogidos de la mano.

La puerta principal de la casa se abrió y de ella aparecieron dos figuras, los futuros suegros de las dos chicas que les miraban nerviosas y emocionadas.

Nick tuvo que tirar de Erika para que se moviera del sitio, estaba demasiado nerviosa, ella no era de las que dejaba que una relación avanzara tanto como para conocer oficialmente a los padres de su novio, con el que solo llevaba un mes y al que solo conocía desde hacía un mes y una semana.

–  Cariño, no estés tan tensa. – Le susurró Nick mientras cruzaban el jardín y subían los cuatro escalones que conducían al pequeño porche. Le dio un recatado beso en la mejilla y Erika sonrió ante aquel inocente pero dulce beso. – Estás preciosa cuando sonríes. – Nick fue el primero en llegar hasta a sus padres y les saludó sonriendo alegremente para después presentarles a Erika, a la que mantenía agarrada de la cintura por si decidía salir corriendo en el último momento: – Papá, mamá, ella es Erika Blackwell. – Se volvió hacia Erika y añadió: – Cariño, ellos son mis padres, Bruce y Karen Button.

Jess se había ido con sus amigas a pasar el fin de semana fuera y no regresaría a casa hasta el domingo, así que solo estaban en casa Karen y Bruce. A Erika le hubiera gustado que Jess hubiera estado allí, le caía bien y estaba segura de que le hubiese sido de ayuda.

–  Encantada de conocerles, señores Button. – Les saludó Erika educadamente.

–  Llámanos Bruce y Karen, por favor. – La saludó Karen encantada con la belleza y la educación de su futura de nuera. – Sin duda eres tan hermosa como Nick me había dicho.

Erika le agradeció el cumplido con una tímida sonrisa y Nick, viendo cómo se ruborizaba, decidió ruborizarla un poco más y dijo:

–  Es preciosa por fuera y por dentro, por eso me he enamorado de ella.

Erika se puso como un tomate y le suplicó a Nick con la mirada que parara. A otras chicas les encantaba que les hicieran cumplidos, pero ella nunca había sabido comportarse con naturalidad. Por suerte Daniel la sacó del atolladero al saludar a sus padres y presentar a Alice, quién recibió la misma cariñosa bienvenida que Erika.

–  Pasad al salón, ¿qué queréis beber? – Les ofreció Karen.

–  Yo quiero una cerveza, cielo. – Le dijo Bruce a su esposa.

Todos optaron por tomar una cerveza, incluso Karen. Daniel acompañó a su madre a la cocina para ayudarla a traer las bebidas al salón y Bruce aprovechó para mirar a las dos chicas que tenía delante. Nadie podía negar que sus hijos tenían buen gusto, ambas eran realmente preciosas, cada una en su estilo. Observó cómo su hijo mayor, al que nunca había visto en actitud cariñosa con una mujer en público aunque sabía que bien lo hacía en privado, no había soltado a Erika desde que habían entrado en casa y la miraba y le sonreía constantemente, se notaba que se preocupaba por ella al igual que se notaba lo nerviosa que ella estaba. Alice parecía más relajada, miraba a su alrededor analizando cada detalle de la ubicación y la decoración de la casa, era una chica muy observadora y le gustaba verla tan relajada, pero los ojos de Bruce no podían apartarse de Erika. Le gustaba ver cómo se comportaba su primogénito con aquella chica, parecía ser alguien distinto.

–  Chicas, ¿qué tal os tratan mis hijos? – Quiso saber Bruce.

–  Creo que de momento no nos podemos quejar. – Bromeó Alice.

Erika intercambió una mirada con Nick y ambos se sonrieron. Daniel y Karen regresaron al salón con seis botellines de cerveza y seis copas que sirvieron para todos los presentes.

–  Y tú, ¿qué dices, Erika? – Le preguntó Bruce. – ¿Soportas sus cambios de humor?

Bruce dio en el clavo y Erika se echó a reír, haciendo que Nick frunciera el ceño en señal de protesta, lo que provocó las carcajadas de todos.

–  Cariño, yo no tengo cambios de humor. – Insistió Nick fingiendo estar molesto.

–  Es cierto, yo lo describiría como doble personalidad. – Se mofó Erika y todos volvieron a reír a carcajadas. Cuando se recuperaron, Erika añadió: – Pero lo soporto encantada.

Nick miró a Erika y le sonrió. Le encantaba verla bromear con su familia, los nervios previos habían desaparecido y ahora estaba relajada y cómoda entre los miembros de su familia. Nick quería besarla y no quiso esperar a que se quedaran a solas, así que la atrajo hacia a él y la besó delante de todos los que allí estaban presentes. Karen y Bruce se miraron y se sonrieron, ambos encantados de ver a sus hijos tan enamorados y felices.

Durante un par de horas, hablaron de infinidad de cosas pero sobre todo de la pequeña celebración del aniversario de Karen y Bruce. Karen quiso asegurarse de que sus recién descubiertas nueras estuviesen allí la próxima semana y ellas así se lo confirmaron.

Karen quiso que se quedaran a cenar, pero Nick le dijo que ya tenían planes. Daniel utilizó la misma excusa que su hermano para marcharse con ellos, él también quería estar a solas con Alice.

Las dos parejas se montaron en el coche de Nick y se dirigieron al apartamento de las chicas. Erika y Alice se rieron del pacto de no llevar chicos a casa, con aquellos hermanos se lo habían saltado a la primera de cambio a pesar de que en la universidad estuvieron cinco años cumpliéndolo a raja tabla.

Pidieron comida tailandesa y cenaron en el salón mientras los cuatro bromeaban sobre el primer encuentro de las chicas con los padres de Nick y Daniel. A medianoche, Nick no pudo contenerse más y le susurró a Erika al oído:

–  ¿Vamos a mi apartamento?

Erika asintió con la cabeza y le dio un leve beso en los labios a Nick para después levantarse del sofá y despedirse de Alice y Daniel. Nick sonrió encantado, Erika le entendía y pensaba igual que él. Apenas quince minutos más tarde, ambos entraban en el apartamento y se acomodaban en el sofá del salón. Erika se percató de que Nick estaba muy cariñoso, la abrazaba y la besaba inocentemente, solo porque quería sentir su contacto, y eso le gustó. Hacía mucho que Erika no estaba tan a gusto con un hombre, el mismo tiempo que hacía que no compartía secretos con el mismo hombre con el que se acostaba. Nick observó cómo Erika fruncía el ceño y le preguntó:

–  ¿Qué estás pensando para que hayas fruncido el ceño?

–  Supongo que se me hace rara toda esta situación.

–  Define “rara”. – Le pidió Nick.

–  Si hace poco más de un mes me hubieran dicho que estaría empezando una relación con alguien me hubiera echado a reír, por no mencionar que encima sería con la mano derecha de mi padre. – Le confesó Erika. – Creía en el amor, pero no creía que fuera para mí. Y ahora, estoy sentada en el sofá de tu apartamento, después de haber pasado la tarde con tus padres y haber cenado con tu hermano y mi mejor amiga.

–  ¿Preferirías estar en otra parte?

–  No querría estar en ningún otro lugar, eso es lo raro. – Le explicó Erika. – Siempre he sentido pánico cuando una relación empezaba a ser seria y, sin embargo, contigo he hecho en un mes lo que nunca en veintitrés años se me había pasado por la cabeza, conocer a los padres de mi novio. Dijimos que iríamos despacio pero todo está yendo demasiado rápido y me da igual, me gusta estar contigo.

–  Pues múdate a mi apartamento. – Le propuso Nick feliz por lo que acababa de escuchar.

–  ¿Qué? – Fue lo único que logró decir Erika.

–  Cariño, prácticamente ya vivimos juntos. – Le dijo Nick con la voz ronca. – Los fines de semana vives en mi apartamento las veinticuatro horas, entre semana desayunamos juntos, comemos juntos, cenamos juntos y al menos dormimos juntos un par de noches más entre semana. Prácticamente, ya vivimos juntos. – Insistió Nick. – Solo supondría dormir un par de noches más aquí durante la semana y traer algunas de tus cosas, lo que necesites para sentirte cómoda.

–  Nick, dijimos que iríamos despacio y estás pisando el acelerador a fondo. – Río Erika. – Me encanta estar contigo, pero quiero seguir teniendo mi propio apartamento. Además, si te enfadas conmigo no querrás tenerme y créeme, te enfadarás conmigo.

–  De acuerdo, tómate tu tiempo para pensarlo. – Dijo Nick resignado. – Ya te dije que estaba dispuesto a esperar si es eso lo que quieres.

Erika le besó y Nick la colocó en un solo movimiento a horcajadas en su regazo y la abrazó mientras seguían besándose.

–  De momento, tendré que conformarme con que te quedes esta noche. – Le susurró Nick a Erika con la voz ronca.

Ambos se miraron a los ojos y después se devoraron la boca con pasión mientras sus manos se movían ansiosas por deshacerse de la ropa.

Propuesta indecente 17.

Alma Gemela

Adolf Wolf finalmente aceptó la oferta de Blackwell Company y convocó una reunión con Erika y Nick diez días más tarde. El día antes de la reunión con Wolf, Eduard vio salir de su despacho a su hija y quiso hablar con ella ahora que Nick parecía no estar cerca. Aquellos dos se traían algo entre manos y Eduard no entendía por qué trataban de ocultárselo, él no se iba a interponer en su relación, al menos no lo haría si no interfería negativamente en su trabajo, cosa que hasta ahora no había ocurrido.

–  Erika, ¿tienes un momento? – Le preguntó Eduard.

–  Claro, papá. – Le respondió Erika acercándose a él.

Ambos entraron en el despacho de Eduard y se sentaron cómodamente, sabiendo que se avecinaba una conversación difícil.

–  Sé que no tengo ningún derecho a preguntarte y no pienso meterme en tu vida privada, aprendí la lección hace mucho tiempo. – Empezó a decir Eduard. – Pero me gustaría que confiaras en mí, Erika. Sé que hay algo entre tú y Nick y me parece bien, Nick es un gran chico, educado, trabajador e inteligente. No entiendo por qué me lo queréis ocultar.

–  Papá, no pretendemos ocultártelo. – Le aclaró Erika. – Nos estamos conociendo y queremos esperar un poco antes de hacer pública nuestra relación.

–  Entonces, ¿vais en serio? – Quiso saber Eduard.

–  Nuestras intenciones son serias, pero no sé si lo nuestro llegará a alguna parte. – Le dijo Erika a modo de respuesta. – No te preocupes, ambos somos adultos y nada de lo que suceda influirá negativamente en nuestro trabajo.

–  Entonces, si estás saliendo con Nick, no te importará venir a cenar con él a casa, ¿no? – Le preguntó Eduard. Erika puso los ojos en blanco y Eduard añadió: – Solo quiero estar seguro de lo que me estás diciendo, Erika.

–  Necesitas que te lo demuestre. – Le entendió Erika. Cogió el teléfono de su padre, marcó la extensión de Nick y le dijo cuándo descolgó: –  Nick, ¿puedes venir un segundo al despacho de mi padre?

–  Claro, ahora mismo voy. – Contestó Nick antes de colgar.

Nick se dirigió al despacho de Eduard un poco preocupado por el tono de Erika, no le había parecido muy contenta y temía que iba a tener problemas. Pero se armó de valor y entró en el despacho de Eduard decidido a defender su relación con Erika. Nick vio a Erika y Eduard sentados en sus sillones y en cuanto él entró Erika se puso en pie. Él caminó hasta quedar a su lado y les preguntó:

–  ¿Qué puedo hacer por vosotros?

–  Bésame. – Le contestó Erika.

–  ¿Cómo? – Le preguntó Nick sorprendido.

Erika volvió a poner los ojos en blanco y decidió besarle directamente. Nick no se podía creer que Erika le estuviera besando con lengua delante de su padre y, cuando por fin se separó, la oyó preguntarle a su padre:

–  ¿Ya estás contento?

–  Ahora sí. – Le contestó Eduard a su hija sonriendo divertido. Se volvió hacia a Nick y al ver su rostro lleno de confusión decidió apiadarse de él: – Solo quería asegurarme del motivo por el cual vosotros dos estáis tan raros y fingís que no os conocéis.

Aquello no le aclaró nada a Nick, en todo caso lo confundió más.

–  Será mejor que no preguntes, créeme. – Le dijo Erika a Nick.

–  Nick, le estaba diciendo a Erika que me gustaría que vinieses a cenar a casa. – Le dijo Eduard a Nick, encantado de que aquél fuera su futuro yerno.

–  Papá, ya habrá tiempo para eso más adelante. – Le replicó Erika. – Y no quiero que confabules a mis espaldas. No quiero que ninguno de los dos lo haga. – Repitió mirando a Nick.

Ambos levantaron las manos en señal de paz y Erika les escrutó con la mirada antes de marcharse a su despacho para seguir preparando la reunión con Wolf.

–  Eduard, conocí a Erika sin saber que era tu hija y…

–  No tienes que explicarme nada, Nick. – Le interrumpió Eduard sonriendo. – Mi hija es una montaña rusa, tendrás que tener paciencia con ella y yo no podré echarte una mano, hace mucho que le prometí que no me entrometería en sus relaciones y pienso mantener mi promesa.

–  Te aseguro que nada de esto influirá negativamente en nuestro trabajo, Eduard. – Le aseguró Nick.

–  Estoy seguro de ello. – Afirmó Eduard. – Ahora será mejor que vayas a ver a mi hija y trates de calmarla, creo que la he puesto un poco furiosa y si voy yo solo conseguiré que se enfade más. Puede que esta relación nos beneficie a todos. – Bromeó Eduard.

Nick salió del despacho de su jefe sonriendo y fue a buscar a Erika, que estaba trabajando en su despacho.

–  Cariño, ¿podemos hablar? – Le preguntó Nick desde la puerta.

–  Pasa. – Le contestó Erika. Esperó a que entrara y cerrara la puerta y añadió: – Lo siento por la encerrona pero era necesaria, créeme. Además, mi padre ya lo sabía y no me preguntes cómo porque no tengo ni la menor idea.

Nick se acercó a ella y la besó. Estaba tensa y cuando sus labios se posaron en los de ella esa tensión desapareció y todo su cuerpo se relajó.

–  No hay problema, cariño. – Le dijo Nick a Erika. – Tu padre nos conoce demasiado bien a los dos, ha debido deducirlo sin más. No le des importancia.

–  Ese no es el problema.

–  Entonces, ¿cuál es el problema? – Insistió Nick con paciencia.

–  Da igual, es una tontería. – Le respondió Erika quitándole importancia.

–  No será una tontería cuando te lo tomas así.

–  Mi padre me dijo que sabía que estábamos juntos y, cuando se lo confirmé sin rodeos, creyó que había sido demasiado fácil y que se lo había dicho solo para entretenerlo mientras tramaba cualquier otra cosa. Mi padre no confía en mí y solo es culpa mía. – Reconoció Erika.

–  Eduard confía en ti, no te hubiera puesto al mando de semejante negociación si no lo hiciera, cariño. – Le dijo Nick acariciándole la mejilla con el dorso de la mano. – Pero quizás su reacción tenga algo que ver con tener prohibido meter las narices en los asuntos sentimentales de su única hija, ¿no crees? Entiendo que haya ciertos temas de los que no quieras hablar con tu padre, pero quizás debáis encontrar un término medio. – Nick le dio un beso en los labios y añadió: – Yo no le hablo a mis padres de las aventuras sexuales que tengo, pero sí que comparto con ellos lo que es digno de mención.

–  ¿Le has hablado de mí a tus padres? – Le preguntó Erika sorprendida.

–  Sí, les dije que había conocido a una chica especial que me gustaba y que esa chica era la hija de mi jefe. – Le respondió Nick. – Mi madre quiso que te invitara a su fiesta de aniversario, pero le expliqué que me lo estabas poniendo difícil y que no creía que aceptaras la invitación, por eso mis padres preferían que Jess no fuera con su novio. Después lo arreglamos, pero acordamos ir despacio y no quise presionarte, de eso ya se encargó mi hermana Jess y también de poner al corriente a mis padres de las últimas novedades sobre nuestra relación. – Erika estalló en carcajadas y Nick, divertido con la situación, añadió: – No te rías tanto, mis padres quieren conocerte y quieren hacerlo antes de la fiesta de su aniversario.

–  ¿Qué? – Preguntó Erika poniéndose pálida al instante.

–  Suponía que ibas a reaccionar así. – Le dijo Nick burlonamente. – He pensado que quizás sería mejor hacer una presentación conjunta, ya sabes, tú y Alice, así te encontrarás más tranquila.

–  Se lo comentaré a Alice. – Balbuceó Erika tratando de asimilar la noticia.

–  Te van a adorar en cuanto te vean, no tienes de qué preocuparte. – Le respondió Nick.

Nick fue a darle otro beso, pero alguien llamó a la puerta del despacho de Erika y se apartó discretamente para mantener las formas y las distancias.

–  ¿Interrumpo? – Preguntó Jason asomando la cabeza en el despacho.

–  Pasa, anda. – Le dijo Erika a Jason. – ¿Qué te trae por aquí?

–  Habíamos quedado para comer, ¿no lo recuerdas? – Le dijo Jason un poco molesto.

–  Es cierto, se me había olvidado. – Respondió Erika mirando su reloj.

–  Venga, coge tu bolso. – La apresuró Jason. – Nick, ¿vienes con nosotros?

Nick miró a Erika buscando una respuesta en sus ojos, pero ella le sonrió, le dio un beso en los labios y le contestó a Jason:

–  Nick se viene con nosotros, quiero que vosotros dos os conozcáis un poco.

Los tres salieron del despacho y fueron a comer a un restaurante cercano a la oficina. Eduard les observó salir y supo que aquellos tres se llevarían bien. Eduard no podía ocultar su alegría, por una vez su hija había elegido un hombre que el respetaba y admiraba.

Erika se esforzó para que los dos hombres que estaban con ella mantuvieran alguna conversación interesante que les descubriera algo en común, pero lo único que estaba consiguiendo es que ambos se miraran con cierta desconfianza. Por suerte para todos, Nick y Jason terminaron abriéndose e incluso bromearon juntos.

Al día siguiente, Erika y Nick se reunieron con Adolf Wolf y firmaron el contrato. Tal y cómo Erika había dicho, Wolf era un hombre que quería salvar la empresa familiar por encima de todo, así que escuchó gustoso todos y cada uno de los consejos que Erika le dio.

Propuesta indecente 16.

Alma Gemela

Nick y Erika se despertaron al escuchar el timbre de la puerta. Erika abrió los ojos y vio que era de día, pero no tenía ganas de levantarse de la cama, así que cerró los ojos, ignoró el timbre de la puerta y continuó durmiendo.

Nick se levantó de la cama, se puso un pantalón y se dirigió a la puerta para abrir a quién tan insistentemente llamaba. Pero Nick lo que menos pensaba es que iba a aparecer su hermana.

–  Jess, ¿qué estás haciendo aquí?

–  Yo también me alegro de verte. – Le gruñó Jessica. – Tengo un problema y Daniel me dijo que tenías el día libre, así que aquí estoy. – Jessica miró a su hermano extrañada, él nunca se levanta tan tarde ni habiendo salido de fiesta la noche anterior, pero tampoco se traía chicas a su apartamento, así que solo podía ser una cosa. – ¿Estás enfermo?

–  ¿Qué? – Le preguntó Nick confundido. – ¿Tengo mala cara?

–  No, es solo que me extraña que estuvieras durmiendo a estas horas un martes a menos que Daniel tenga razón y hayas conocido a la princesa que romperá el hechizo de ese corazón de hielo que se niega a creer que existe alguien para él. – Se mofó Jessica. – ¿Estás con alguien?

–  Sí, pero no es asunto tuyo. – Zanjó Nick.

–  ¡Claro que es asunto mío! – Le espetó Jessica. – Si la has traído a tu apartamento y nunca traes a ninguna chica aquí es porque es especial, te gusta de verdad y quiero conocerla. Es la primera vez que te veo interesado en una chica, incluso tienes esa cara de tonto que se nos pone cuando oímos hablar de la persona de la que estamos enamorados.

–  Será mejor que no le menciones nada de esto. – Pensó en voz alta Nick.

–  ¿Por qué no?

Nick suspiró y le dijo a su hermana:

–  No sé si para ella es pronto iniciar una relación estable, apenas hace diez días que nos conocemos y no quiero asustarla. – Confesó Nick. – Estoy dispuesto a ir todo lo despacio que ella quiera, solo quiero que esto salga bien.

Erika abrió los ojos de nuevo cuando Nick salió de la habitación y se levantó para escuchar detrás de la puerta cuando oyó la voz de una mujer joven. Escuchó toda la conversación que Nick había tenido con su hermana, aunque se metió de nuevo en la cama cuando oyó a Jessica decirle a Nick:

–  Por favor, ve a buscarla. Quiero conocer a mi futura cuñada.

–  Lo intentaré, pero no te prometo nada. – Le respondió Nick.

Nick se levantó del sofá y se dirigió a su habitación. Entró sin hacer ruido y cerró la puerta despacio para después caminar y sentarse junto a Erika en el filo de la cama.

–  Cariño, ¿estás despierta? – Le susurró al oído mientras le acariciaba la mejilla. Erika ronroneó para hacerle saber que estaba despierta pero no abrió los ojos. – Mi hermana está aquí y quiere conocerte, ¿quieres salir a conocerla?

Erika abrió los ojos de golpe y Nick vio reflejada esa expresión de pánico que había visto en ella la noche anterior cuando Irving les acompañó hasta la mesa que había preparado. Nick no quería presionarla, le había prometido que irían despacio, así que le dijo:

–  No te preocupes, le diré que es demasiado pronto.

Erika pudo notar un atisbo de decepción en los ojos de Nick, él quería que ella conociera a su hermana y, aunque no estaba segura de cómo iba a acabar todo esto, se armó de seguridad y le respondió tras darle un beso en los labios:

–  Antes necesito darme una ducha, dame quince minutos y estaré lista.

–  ¿Estás segura? No tienes por qué…

–  Quiero hacerlo. – Le interrumpió Erika. – Pero te agradecería que me dijeras si hay algún tema en particular que no deba mencionar o si hay algo que deba saber.

–  Mi hermana es una cotilla y probablemente incluso trate de organizarnos la boda, pero es una buena chica y terminarás cogiéndole cariño. – Exageró Nick.

Erika le besó en los labios y se levantó de la cama para darse una ducha. Nick regresó al salón con su hermana Jess y veinte minutos después les acompañó Erika.

–  Hola. – Saludó Erika tímidamente.

–  Cariño, ven. – Le dijo Nick sonriendo alegremente. – Quiero presentarte a mi hermana Jessica, la pequeña de los tres. – Nick se volvió hacia su hermana y le dijo: – Ella es Erika.

–  Encantada de conocerte, Erika. – La saludó Jess dándole un beso en la mejilla.

–  Lo mismo digo. – La correspondió Erika con una tensa sonrisa.

–  Por fin mi hermano va a sentar la cabeza y tengo que reconocer que tiene muy buen gusto. – Le dijo Jess divertida. – ¿Cómo os conocisteis?

–  Jess, eso no es asunto tuyo. – Le advirtió Nick a su hermana.

–  Oh, vamos. No estoy preguntando nada malo. – Protestó Jess.

–  Nos conocimos en el Lovers, un tipo nos estaba molestando a mi amiga y a mí y Nick le dio un puñetazo. – Se mofó Erika.

–  Cariño, no hacía falta ser tan explícita. – Le reprochó Nick.

–  Sí que hacía falta. – Sentenció Jess. – ¿Desde cuándo vas pegando puñetazos por ahí?

–  Ahora mi familia cree que soy un monstruo. – Dramatizó Nick con gesto teatral.

–  Hablando de familia, ese es mi problema. – Les dijo Jess. – Papá y mamá celebran su trigésimo aniversario de bodas dentro de tres semanas y yo iba a ir con mi novio, pero mamá dice que si vosotros venís solos lo mejor es celebrarlo en casa en plan íntimo. He convencido a Daniel para que venga con su novia, a la cual también me muero por conocer pero que él no quiere enseñarle a nadie, como si se la fuéramos a quitar. – Rio Jess. – Mis dos hermanos enamorados, ¡qué bonito!

–  La novia de Daniel es la mejor amiga de Erika, Jess. – Le dijo Nick. – Las conocimos cuando estábamos en el Lovers tomando una copa.

–  ¿En serio? Si venís juntos a celebrar el aniversario yo podré ir con mi novio y todos felices. – Le dijo Jess a su hermano. – Piensa en la ilusión que les va a hacer ver a sus hijos con novia.

–  Jess, deja que Erika se lo piense y ya te diremos algo, aún faltan tres semanas. – La cortó Nick antes de que incomodara a Erika. – Vamos a almorzar a la cafetería, necesitamos reponer fuerzas.

Los tres se dirigieron a una cafetería cercana, donde siguieron charlando mientras almorzaban. Jess no quería insistir sobre el tema, su hermano le había dicho que Erika necesitaba tiempo y no quería presionarla. Después de almorzar, Jess se despidió de su hermano y de Erika, a quién le dijo que esperaba volver a verla pronto. Nick pagó la cuenta y guió a Erika de nuevo a su apartamento. Ella no dijo nada, le gustaba saber que era la única chica que había estado allí, además de su hermana y su madre.

Nada más entrar en el apartamento, Nick cerró la puerta y acorraló a Erika contra la pared de la entrada, la agarró del trasero y la alzó haciendo que le rodeara la cintura con las piernas.

–  Cariño, quiero hacerte el amor. – Le susurró Nick al oído.

–  No voy a ser yo quién te lo impida. – Logró contestar Erika.

Hicieron el amor allí mismo y continuaron en el salón, la habitación y, cómo no, también en el jacuzzi.

Erika estaba sentada entre las piernas de Nick y envuelta en sus brazos, con la espalda sobre el pecho de él mientras las burbujas del jacuzzi les relajaban.

–  Esto es mejor que un día en el spa. – Opinó Erika alzando sus brazos para acariciar la nuca de Nick con ambas manos, exponiendo sus pechos.

Nick la besó en la mejilla y colocó sus manos en el vientre de ella para ascender y llegar hasta sus pechos, a los que acarició y excitó jugando con su pezón, apretándolo y rozándolo suavemente. Erika arqueó la espalda y Nick le hizo que abriera las piernas colocándolas por encima de las suyas, dejando libre el acceso a su monte de Venus y todo lo que por allí cerca se hallaba. Nick descendió con sus manos de los pechos de Erika hasta llegar al monte de Venus, pero antes de tocar el punto de excitación femenino, ella gimió por la expectación y el miembro de Nick se puso duro y erecto y presionaba sobre el trasero de Erika. Nick se quedó quieto y Erika gimió y movió el trasero impaciente, él sonrió y le susurró al oído:

–  Tendrás que especificar qué quieres que haga si quieres que esto continúe, cariño.

–  ¿Está es tu venganza por haberle contado a tu hermana que le pegaste un puñetazo a un tipo que trataba de molestarme? – Le preguntó Erika.

–  Más que un castigo, creo que es una recompensa, cariño. – Se mofó Nick. – Dime qué quieres que haga. ¿Cómo quieres que te dé placer?

–  Tócame. – Le contestó Erika.

–  Tienes que ser más explícita. – Le recordó Nick divertido.

Erika cogió la mano de Nick y la colocó sobre su monte de Venus. En lugar de decirle lo que ella quería, decidió enseñárselo. Se acarició el clítoris con el dedo de Nick y, cuando estaba lo suficiente húmeda, introdujo su dedo corazón mientras que con el pulgar le seguía animando a estimular el clítoris. Cuando él aprendió el movimiento, Erika dejó esa mano y cogió la otra para colocarla sobre sus pechos. Hizo que Nick primero los sopesara y después los estrechara. Con el pulgar y él índice le animó a que le pellizcara los pezones y cuando lo hizo ella se arqueó y gimió. La entrepierna de Nick se movió inquieta al escuchar el gemido de Erika y ella, al notarlo, le dijo:

–  Quiero que me penetres tal y cómo estamos y que hagas que nos corramos.

–  Tus deseos son órdenes para mí, cariño. – Le contestó Nick besándola en los labios.

Nick obedeció de inmediato y la penetró de una sola estocada, seguida de otras muchas hasta que ambos estaban a punto de llegar al clímax y Nick salió de ella para eyacular fuera, pero siguió estimulando a Erika con la mano hasta que ambos quedaron satisfechos.

Propuesta indecente 15.

Alma Gemela

Nick entró en el Lovers agarrando de la cintura a Erika. Una cosa era que quisieran ir despacio y otra muy distinta que los buitres que había alrededor creyeran que estaba libre.

A Erika le gustó que Nick la rodeara por la cintura, aunque ignoraba el verdadero motivo por el que lo hacía.

Alice y Daniel les vieron en cuanto entraron por la puerta y les hicieron una señal para que se sentaran en su mesa. Mientras caminaban hacia donde estaban Alice y Daniel, Nick le susurró a Erika en el oído:

–  No creo que pueda contener las ganas que tengo de besarte.

–  Tendrás que hacer un esfuerzo. – Le contestó Erika burlonamente.

–  Y, ¿si con eso no es suficiente? – Insistió Nick.

–  Supongo que tampoco se acabaría el mundo. – Le contestó Erika encogiéndose de hombros y después le besó en los labios sin importarle quién les pudiera ver.

–  Que conste que no es una queja, pero creo que lo de ser discretos no ha funcionado. – Bromeó Nick abrazando a Erika.

Llegaron a la mesa donde estaban Alice y Daniel y se sentaron con ellos. Se saludaron los cuatro con una cómplice sonrisa, pero ninguno mencionó el beso que acababan de ver.

Pidieron una ronda de copas y los cuatro brindaron por el destino que cruzó sus caminos una noche hacía diez días.

–  Siento haber metido la pata esta tarde con tu padre. – Se disculpó Daniel con Erika.

–  No tienes que disculparte, no es culpa tuya. – Le respondió Erika con una dulce sonrisa. – La culpa es solo mía.

–  ¿A qué te refieres? – Quiso saber Nick.

–  Eduard me preguntó desde cuándo nos conocíamos y yo le dije que desde el sábado pasado así que Eduard hizo cálculos y dedujo que ya os conocíais cuando el domingo fuisteis a comer a su casa y fingisteis que no os conocíais. – Le explicó Daniel sintiéndose culpable.

–  No pasa nada, Eduard no se lo ha tomado mal. – Le quitó importancia Nick.

Erika sabía que su padre no interferiría en su relación con Nick, fuera cual fuera la relación que ellos tuvieran. Después de dejar a Piero y ver cómo su hija se encerró en sí misma le dolió tanto a Eduard que se prometió que nunca más interferiría en su vida privada porque solo quería verla feliz. Erika no lo pasó nada bien tras la ruptura con Piero, pero sabía que era lo mejor para los dos porque ambos querían vidas totalmente diferentes, aunque se amaban.

Erika no había vuelto a sentir eso por nadie, pero ahora lo estaba sintiendo por Nick. Puede que se estuviera precipitando, que el hecho de trabajar juntos debería hacerles dar marcha atrás, pero estaba dispuesta a luchar para conseguir la felicidad y en ese momento su felicidad era estar junto a Nick.

–  Erika, ¿estás bien? – Le preguntó Nick a Erika al verla distraída.

–  Sí. – Le contestó ella sonriendo felizmente. Se acercó más a él y le susurró: – Tengo un problema, necesito besarte con urgencia.

Nick no se lo pensó dos veces y la besó con tanta urgencia como la que fue capaz. Alice y Daniel les miraron y después ambos sonrieron y se besaron.

Se tomaron un par de copas, charlaron con Alice y Daniel, bailaron un par de canciones y, un par de horas después de haber llegado, Erika le susurró a Nick al oído mientras bailaban una romántica balada de Pablo Alborán:

–  Creo que ya nos podemos ir, ¿no crees?

–  Estoy totalmente de acuerdo. – Convino Nick.

Ambos se despidieron de la otra pareja y Alice le advirtió a Erika que no pasaría la noche en el apartamento porque se quedaría con Daniel.

Erika pensó que podían ir a su apartamento y estarían a solas, pero Nick tenía otros planes en mente, quería llevar a Erika a su apartamento y que fuera la única mujer, además de su madre y su hermana, que entraba en su guarida.

Nick ayudó a Erika a subir al coche y después subió él. Antes de que pudiera arrancar el coche, Erika le preguntó:

–  ¿Vamos a mi apartamento?

–  No, quiero que vayamos al mío. – Le contestó Nick.

Erika lo miró confundida, Jason le había dicho que Nick nunca llevaba a sus amantes a su apartamento y a todas las llevaba a su estudio, pero a ella acababa de invitarla y no pensaba rechazar esa invitación.

–  En ese caso, espero que vivas solo. – Bromeó Erika. – Pero me gustaría pasar primero por mi apartamento para coger algo de ropa. Mañana por la mañana no querré salir a la calle con este vestido puesto.

Pasaron por el apartamento de Erika y pocos minutos después, Nick aparcaba el coche en el parking de su edificio y se dirigía con Erika hacia el ascensor para subir al ático. En el ascensor, Erika comenzó a jugar a quitarle la corbata a Nick y desabrocharle los botones de la camisa mientras que él deslizaba las manos de la cintura a los muslos de ella, excitándose más de lo que ya estaba. Sin poder contenerse más, la agarró con una mano por la nuca y la atrajo hacia a él para besarla con absoluta necesidad. Erika le correspondió con la misma necesidad, pero las puertas del ascensor se abrieron interrumpiendo el momento. Nick agarró a Erika de la mano y la arrastró hasta la puerta, se sacó las llaves del bolsillo y la abrió. Entonces, cogió a Erika en brazos entró con ella traspasando el umbral para después cerrar la puerta con un suave golpe con el pie. Erika se agarró al cuello de Nick y, sin prestar la menor atención al apartamento, comenzó a lamerle el lóbulo de la oreja.

–  Estás muy cariñosa. – Comentó Nick burlonamente.

–  ¿Es una queja? – Se mofó Erika.

–  Para nada, tan solo es una apreciación. – Le contestó Nick besándola en los labios antes de dejarla en el suelo. – ¿Te apetece una copa?

–  Mm… Lo cierto es que tenía otra cosa en mente, pero supongo que una copa tampoco estaría nada mal. – Le confesó Erika sonriendo pícaramente.

–  Mientras sirvo las copas, puedes contarme qué tenías en mente. – La animó Nick con una sonrisa traviesa.

Y Erika se sonrojó confirmando lo que ya sospechaba Nick. Sirvió dos copas de algún tipo de licor con alcohol y le entregó una de las copas a Erika mientras le preguntaba:

–  ¿Quieres que te enseñe el apartamento?

–  No hacía falta que me trajeras aquí, Nick. – Le dijo Erika. – Podríamos haber ido a mi apartamento, al Seasons o a cualquier otro sitio, excepto a tu estudio, claro.

–  Lo sé, pero quería traerte aquí. – Le dijo Nick abrazándola con ternura. La cogió de la mano y le enseñó el apartamento: – Este es el salón-comedor-cocina y en el pasillo está un aseo, una habitación de invitados, un baño, mi despacho y mi habitación con baño incluido. No es muy grande, pero para mí solo es suficiente. He comprado un terreno a las afueras de la ciudad donde quiero construir una casa, pero aún no me he decidido por ninguno de los planos que ha diseñado el arquitecto.

–  No sé mucho sobre arquitectura, pero todo el mundo dice que tengo buen gusto para diseñar y decorar, por si quieres contar con otra opinión. – Le dijo Erika.

–  Me encantaría contar con tu opinión, puede que dentro de poco vivamos juntos en esa casa. – Le susurró Nick al oído.

–  Eso es ir demasiado deprisa, señor Button. – Bromeó Erika. – Pero me encantaría ayudarte, aunque probablemente después no escuches ni sigas mis consejos.

–  Mientras que no quieras convertir mi casa en una mansión de la Barbie Malibú, todos estaremos contentos. – Bromeó Nick.

Erika estaba excitada, la conversación le resultaba muy interesante pero ya tendrían otra ocasión para hablar de ello. Ahora quería dedicarse a otra cosa. Entró en la habitación de Nick y la observó detenidamente, incluyendo el baño con un enorme jacuzzi que tanto le gustaban a ella.

Nick observaba todos y cada uno de sus gestos mientras recorría la habitación y disfrutaba con lo que ella iba descubriendo. Supo nada más ver su cara que el jacuzzi la volvería loca y rápidamente pensó de cuantas maneras la podría hacer disfrutar allí.

–  Un apartamento típico de hombre soltero, pero muy bonito. – Se acercó a él para darle un beso en los labios y añadió: – Hemos tomado una copa, me has enseñado tu apartamento, ¿qué quieres hacer ahora?

–  Quiero llevarte al paraíso, cariño. – Le susurró Nick con la voz ronca.

Con demasiada lentitud para el gusto de Erika, Nick se terminó de desnudar de cintura para arriba y se quitó los zapatos antes de volver a besar a Erika. Después bajó la cremallera de su vestido y dejó que la tela roja cayera al suelo resbalando por la suave piel de ella. Se deleitó mirándola tan solo vestida con un sujetador rojo sin tirantes y un tanga con liga sujetando sus medias hasta los muslos, todo del mismo color rojo que el vestido.

–  Eres preciosa, Erika.

–  Si me lo dices tantas veces, puede que acabe creyéndomelo. – Bromeó Erika. Le besó en los labios y, con una mirada felina que volvió loco a Nick, le dijo: – Creo que deberías continuar desnudándome, aún no has terminado.

Nick sonrió y le desabrochó el sujetador, dejándolo caer al suelo junto con el resto de la ropa que se habían quitado. Sus ojos brillaron cuando vio aquellos dos pechos firmes y redondos con los que había estado soñando todas las noches desde que la conocía y no pudo evitar lamer ambos pezones con la punta de su lengua y acariciarlos con ambas manos. Nick se entretuvo un rato en los pechos de Erika y prosiguió con su misión: terminar de desnudarla. Desabrochó el liguero de las medias y se las quito acariciando cada centímetro de sus largas piernas y después hizo el mismo ritual con el liguero y el tanga. Nick la estrechó entre sus brazos cuando la tuvo completamente desnuda y la besó con pasión mientras sus manos acariciaban la espalda y los muslos de ella.

Erika se apartó con suavidad de él y le sonrió. Acarició el pecho y el abdomen de Nick, tan musculoso y definido que le hizo preguntarse de dónde sacaría tiempo aquél hombre para ir al gimnasio. Desabrochó sus pantalones y se los bajó junto a los bóxer negros que llevaba. Se arrodilló frente a él para ayudarle a deshacerse de las prendas de ropa que se habían atascado a sus pies y cuando alzó la vista y vio su miembro erecto no se lo pensó dos veces y se lo metió en la boca.

Nick se sorprendió ante semejante contacto que no esperaba y tuvo que hacer un esfuerzo por no dejarse llevar y correrse en su boca. Le encantaba lo que ella le estaba haciendo pero si la dejaba continuar el juego acabaría pronto. La cogió por los hombros y la obligó a ponerse en pie. Erika le miró con el ceño fruncido y le preguntó:

–  ¿No te gusta?

–  Cariño, me encanta. – Le contestó Nick y al ver que su ceño seguía estando arrugado decidió aclararle: – Si me la chupas una vez más, me corro. Supongo que no querrás que me corra tan pronto, ¿verdad?

Nick la besó en los labios y la tumbó sobre la cama cuando la vio sonreír. Colocó el trasero de ella en el filo del colchón y sus pies sobre los hombros de él, dándole una panorámica completa de lo que tanto ansiaba. Nick besó, lamió, mordió y acarició todo lo que estaba a su alcance, sobre todo el sexo de ella y sus pechos que tan loco le volvían. Cuando la tuvo preparada y a punto de correrse, la puso boca abajo y le alzó el trasero colocando una mano sobre su bajo vientre. En esa postura, Nick podía penetrarla y seguir estimulando su clítoris con la mano para que el orgasmo que ella sintiera fuera mayor de lo que ella se esperaba. Se puso un preservativo y eso fue lo que sucedió. Erika no se lo podía creer, Nick se las había apañado bastante bien para llevarla al paraíso y estaba a punto de conseguirlo. Nick supo que ella estaba a punto de correrse y la animó a hacerlo susurrándole al oído con voz ronca:

–  Quiero oír cómo gimes, cariño. – Le dio un suave azote en el trasero y añadió: – Córrete cariño, córrete para mí.

Erika no pudo más y estalló. Gimió como nunca antes había gemido mientras sentía como Nick aceleraba sus embestidas dándole cada vez más placer hasta que ambos sucumbieron. Nick se tumbó sobre ella y al notar que a ella le costaba respirar se echó hacia a un lado e invirtió las posiciones, colocándola a ella sobre él, y así se quedaron dormidos.