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Dulce tentación.

Dulce tentación

Norah está preocupada por el futuro de la empresa y, en consecuencia, por su trabajo. Un hombre misterioso ha comprado gran parte de las acciones de la empresa y se ha convertido en el accionista mayoritario.

Lo que no se imagina Norah es que, cuando lo conozca, se sentirá tan atraída por él que incluso terminará dejando que la ayude con sus problemas familiares.

A pesar de que Norah siempre se ha mostrado estricta con su norma de no mezclar el placer con el trabajo, la tentación que ambos sentirán será tan fuerte que ¿serán capaces de resistirse a ella?

Si quieres leer más sobre esta historia, aquí tienes todos los capítulos:

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 17

CAPÍTULO 18

Dulce tentación 18.

Dulce tentación

Seis meses después de aquel fin de semana en Palmville, Norah y Samuel continuaban pasando juntos todas las noches, casi siempre en casa de él. Amy también se pasaba casi todas las noches en casa de Josh, así que las chicas seguían viéndose a diario. Gerard y Becky habían comenzado a salir juntos desde que se conocieron en Palmville y les iba muy bien. Elvira y Frank estaban encantados de ver a sus hijos enamorados y felices, igual que lo estaban los abuelos de Norah y los padres de Amy.

Era sábado por la noche y Norah quería salir a cenar con Samuel, pero él prefería cenar en casa y se encargó de preparar la cena.

–  Me apetecía ponerme un vestido sexy y provocarte toda la noche. – Le susurró Norah a Samuel al oído mientras él servía dos copas de vino.

–  Ve a ponerte un vestido sexy y provócame todo lo que quieras, pequeña. – Le susurró Samuel buscando sus labios para besarlos. – Pero no tardes, la cena ya casi está.

Norah salió de la cocina y regresó veinte minutos después vestida con un ceñido y corto vestido de color rojo con un gran escote hasta el ombligo en forma de pico y sujeto por dos finos tirantes atados al cuello con un lazo fácil de deshacer.

–  Pequeña, estás muy sexy. – Le dijo Samuel con la voz ronca. – Vamos al comedor, ya está lista la cena. – La acompañó al comedor y la ayudó a sentarse.

Norah se quedó asombrada cuando descubrió la romántica mesa que Samuel había preparado, con velas y un ramo de rosas rojas de centro de mesa.

–  No puedo creer que hayas hecho esto en tan poco tiempo, ¿lo tenías preparado? – Bromeó Norah mientras se sentaba en su silla. Esperó a que Samuel se sentara su lado y añadió: – Todo esto es perfecto, grandullón.

–  Tú lo haces perfecto, pequeña. – Le dijo Samuel besándola en la mejilla. – Quería que cenáramos en casa por un motivo, quiero que esta noche sea una de esas noches que recordemos cuando seamos ancianos. Y mira, he preparado tu plato preferido.

Samuel y Norah cenaron en el salón bajo la tenue luz de las velas, alternando cada bocado que se llevaban a la boca con suaves caricias y breves besos. Brindaron con sus copas de vino por su futuro y Samuel encontró el momento perfecto para preguntarle lo que tantas veces había deseado. Se sacó una pequeña caja cuadrada de terciopelo rojo del bolsillo, hincó la rodilla izquierda en el suelo, abrió la cajita para mostrarle a Norah el precioso anillo de oro blanco con un rubí tallado y engarzado en el contorno del anillo y le preguntó con voz firme pese al temor de oír lo que no deseaba:

–  Norah Smith, ¿quieres casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz de la Tierra?

Norah no se lo podía creer. Los ojos se le llenaron de lágrimas de felicidad, estar con Samuel el resto de su vida era lo que más deseaba y que Samuel también deseara estar con ella la hacía sentirse la mujer más afortunada del mundo.

–  Cariño, será mejor que me des una respuesta antes de que me dé un ataque al corazón. – Le rogó Samuel nervioso.

–  ¡Sí! ¡Sí quiero casarme contigo! – Le respondió Norah arrojándose a sus brazos. Le besó con verdadera pasión y necesidad y añadió: – Me alegro de haberme quedado en casa, así puedo hacerte el amor en este mismo momento.

–  Mm… Pequeña. – Gruñó Samuel excitado. Atrajo a Norah hacia a sí y la colocó sobre su regazo al mismo tiempo que le susurraba al oído: – Voy a quitarte este vestido sexy para poder ver tu preciosa piel desnuda. – Le quitó el vestido deslizándolo suavemente hacia arriba mientras ella estiraba los brazos para ayudarle y el vestido ascendió sobre su cabeza y salió volando hasta caer al suelo. Samuel tuvo que recordar cómo se respiraba al ver a Norah completamente desnuda a horcajadas sobre él: – ¿Dónde está tu ropa interior, cariño? – Le preguntó Samuel divertido.

–  Ya que íbamos a quedarnos en casa, he pensado en darte una sorpresa. – Le respondió Norah riendo divertida mientras Samuel acariciaba su suave y desnuda piel.

Samuel retiró con el brazo todos los utensilios de cocina que había sobre la mesa y colocó a Norah sobre la misma, con la espalda pegada a la mesa y el trasero pegado al filo. Samuel se deleitó unos segundos observándola y después acarició sus pechos, mordisqueó sus pezones y tiró suave y placenteramente de ellos hasta que se pusieron duros. Acto seguido, deslizó su mano entre las piernas de ella y acarició su pubis antes de introducir dos dedos en su vagina para comprobar lo húmeda que estaba.

–  Me encanta encontrarte siempre tan mojada para mí. – Le susurró Samuel y añadió al mismo tiempo que acariciaba lentamente su clítoris. – Quiero probar tu sabor, pequeña.

Samuel se agachó y recorrió con su lengua cada recoveco del sexo de Norah, presionando el centro de su placer, rozándolo con los dientes, haciendo que ella sintiera una mayor intensidad y notando cada espasmo que aquel placer le producía. Hasta que Norah ya no pudo aguantar más y, agarrando a Samuel con ambas manos por la mandíbula, le dijo con urgencia:

–  Te quiero dentro, te quiero ahora.

Samuel le dedicó una sonrisa y obedeció las órdenes de Norah, que le miraba salvajemente con ese brillo en los ojos que ardían de pasión y deseo. La penetró de una sola estocada y con fuerza, como sabía que a ella le gustaba, y la vio arquear su perfecto cuerpo, buscando un mayor placer con cada una de las siguientes embestidas que Samuel le propinó. Samuel siguió entrando y saliendo de ella mientras acariciaba los pechos de Norah con su mano izquierda y con la mano derecha buscaba su clítoris para estimularlo con movimientos rápidos y circulares que rápidamente hicieron que Norah alcanzara el éxtasis del placer y acto seguido lo hiciera Samuel. Unos segundos después, en cuanto Samuel pudo ser capaz de respirar con normalidad y controlar su cuerpo, se terminó de quitar la camisa y se la puso a Norah por encima antes de cogerla en brazos y llevarla a la habitación, donde volvieron a hacer el amor.

Con Norah entre sus brazos y con su anillo de compromiso en el dedo, Samuel se sintió el hombre más feliz del mundo y le susurró al oído a Norah antes de que se durmiera:

–  Te quiero, pequeña.

–  Yo también te quiero, grandullón. – Le dijo Norah tras darle un beso en los labios.

 

FIN

Dulce tentación 17.

Dulce tentación

El viernes a las tres de la tarde, Samuel y Becky fueron a la oficina de Events para recoger a Norah y reunirse con Amy y Josh para dirigirse en dos coches hacia Palmville.

Esa misma mañana, Norah llamó a sus abuelos para avisarles que serían uno más y se alegraron al descubrir que se trataba de Becky, la hermana de Samuel. Tanto Anne como Ray estaban encantados de que por fin su nieta se dejara querer y dejara de temer al amor.

Charles y Susana Walsh, los padres de Amy, esperaban junto a los abuelos de Norah a que Amy y Norah llegaran acompañadas por Samuel, Josh y Becky.

Ambos coches aparcaron en la calle frente a las dos casas y rápidamente se bajaron del coche para estirar las piernas y acercarse a saludar a las dos parejas que esperaban su llegada con una sonrisa en los labios.

–  ¿Cómo ha ido el viaje, cielo? – Le preguntó el abuelo Ray a su nieta mientras la saludaba con un fuerte abrazo y añadió en un susurro: – ¿Sigue cuidando Samuel tan bien de ti?

–  Demasiado bien, abuelo. – Le confesó Norah sonriendo tímidamente. Se volvió hacia a su abuela y, mientras la saludaba con un abrazó le preguntó: – ¿Cómo estás abuela?

Amy también saludó a sus padres y acto seguido hicieron las presentaciones oportunas. Samuel ya conocía a los abuelos de Norah, por lo que los saludó educadamente y les presentó a su hermana Becky y a su mejor amigo y abogado Josh, a quienes también adoraron nada más conocer. Amy cogió de la mano a Josh y se lo presentó a sus padres como su yerno, algo que los Walsh y todos los allí presentes se alegraron de escuchar, sobretodo Josh.

Una vez hechas las presentaciones oportunas y después de saludarse, todos entraron en casa de los Smith y se acomodaron en el amplio salón mientras que la abuela Anne y Susana traían de la cocina una estupenda merienda con galletas caseras que habían pasado haciendo toda la mañana para darles una sorpresa, pues a Norah y Amy les encantaban.

–  Mm… ¿Quién ha hecho esta maravilla de galleta? – Preguntó Becky devorando una de las galletas.

–  ¿Te gustan? Las hemos preparado Susana y yo esta mañana, a Norah y Amy les encantan. – Le respondió la abuela Anne.

–  Espero que no se trate de una receta secreta, me encantaría aprender a hacer éstas galletas. – Le dijo Becky con sinceridad.

–  Si quieres, puedo enseñarte. – Se ofreció la abuela Anne encantada. – No tienen ningún misterio y ya verás cómo te salen buenísimas.

Merendaron todos juntos y después dejaron que los invitados se instalaran en sus habitaciones. Josh se instaló en la habitación de Amy en casa de los Walsh, Becky en la habitación de invitados de casa de los Smith y Samuel se instaló en la habitación de Norah.

–  ¿Estás segura de que a tus abuelos no les importará que duerma contigo? – Le preguntó Samuel algo preocupado por lo que los abuelos de Norah pudieran pensar.

–  Mis abuelos, pese a su edad, tienen una mentalidad muy abierta. – Le dijo Norah divertida. – De hecho, ha sido idea de mi abuela que tú te instalaras en mi habitación conmigo. – Le dio un beso en los labios y añadió bromeando: – Si nos descuidamos, son capaces de organizar una boda.

–  Me casaba contigo ahora mismo, pequeña. – Le susurró Samuel al oído mientras la agarraba de la cintura para atraerla hacia a sí y envolverla con sus brazos. – Sé que todo esto está yendo muy rápido y que tú tienes una especie de miedo al compromiso por lo que no quiero presionarte, pero espero que al menos pueda disfrutar del fin de semana contigo, como una pareja que se está conociendo.

–  ¿Qué me estás pidiendo exactamente? – Quiso saber Norah sabiendo que se traía algo entre manos.

–  Básicamente, te estoy pidiendo carta blanca para besarte, acariciarte y abrazarte como una pareja, es decir, nada de ser un amigo con derecho a roce. – Le aclaró Samuel mirándola a los ojos para observar su reacción. – ¿Qué me dices?

–  A ver si me ha quedado claro. – Apuntó Norah. – Además de exclusividad, me pides carta blanca para comportarte como mi pareja delante de mis abuelos. – Le miró a los ojos y le preguntó: – Mi abuela va a pensar que eres alguna especie de actor que he contratado para que finja ser mi novio y deje de darme la tabarra con lo de formar una familia.

Samuel se echó a reír al escuchar las burradas que Norah acababa de decir y, cuando se recompuso, la miró con dulzura y le susurró antes de besarla en los labios:

–  No me has entendido, pequeña. Simplemente quiero que seas mi pareja, mi novia, mi chica, no quiero ser uno más en la lista, quiero ser el último.

Norah y Samuel se entretuvieron haciendo el amor en la habitación y fueron los últimos en regresar al salón, pese a que Amy y Josh habían tenido que ir a la casa de al lado. Cuando entraron en el salón, se encontraron con Gerard y a Samuel le cambió la cara, sobre todo cuando lo vio charlando alegremente con su hermana pequeña.

–  Ni se te ocurra hacer ni decir nada. – Le advirtió Norah leyéndole el pensamiento. – Becky necesita distraerse, conocer gente nueva y tomar las riendas de su vida, no puedes interferir en sus decisiones. Y la verdad es que Gerard es un gran tipo, te gustaría tenerlo de cuñado.

–  De acuerdo. – Aceptó Samuel. – Si tanto confías en él y tan buena persona crees que es, supongo que estoy obligado a darle una oportunidad. Pero si le hace daño a mi hermana…

–  Sht. – Le interrumpió Norah. – Mira los ojos de Gerard y los ojos de tu hermana, están brillantes de alegría y felicidad, se han gustado.

–  Por el bien de tu amigo, espero que no te equivoques. – Murmuró Samuel sin quitarles el ojo de encima a Gerard y Becky que continuaban charlando alegremente.

Norah rodó los ojos y lo dejó por imposible.

Pasaron la tarde charlando todos juntos en el salón, contando y escuchando viejas anécdotas de cuando Amy y Norah eran pequeños. Josh recibió una llamada que le confirmó que el estado había retirado la demanda para reclamar el coste de los desperfectos causados en el museo y les anunció la estupenda noticia, dándoles una alegría a todos los allí presentes.

Durante el fin de semana, Norah y Amy aprovecharon para enseñarle el pueblo a sus invitados, llevándoles a los rincones más emblemáticos mientras que les relataban viejos recuerdos de épocas pasadas. Gerard se apuntó a acompañarles y no se separó ni un instante de Becky, aunque mantuvo una distancia prudente con ella debido a las miradas asesinas que le dirigía Samuel.

Samuel besó acarició y abrazó a Norah todo lo que le apeteció, estuviera quien estuviese delante, y a Norah le encantó que se mostrara tan cariñoso y atento con ella, tanto que derribó los últimos pedazos que aún quedaban en pie de su muralla de defensa.

Dulce tentación 16.

Dulce tentación

Los días de la semana fueron pasando y Norah continuaba quedándose todas las noches en casa de Samuel, cómo él le había pedido. Nunca había convivido con nadie que no fueran sus abuelos o Amy, pero debía admitir que vivir con Samuel le resultaba mejor que vivir sola. Además, Samuel se mostraba pendiente de ella en cada momento. La llevaba al trabajo por la mañana y pasaba a recogerla por la tarde, se encargaba de preparar la cena mientras dejaba que ella se relajara dándose un baño y cenaban juntos en la cocina o en el salón mientras charlaban de todo un poco.

El jueves por la tarde, mientras Norah se daba un baño y Samuel empezaba a preparar la cena, recibieron la inesperada visita de Becky.

–  Becky, ¿qué haces aquí? – Le preguntó Samuel sorprendido cuando abrió la puerta y se la encontró.

–  Sé que piensas que tu casa es tu santuario y que ninguna mujer debe entrar, pero necesito que me acojas aquí unos días. – Le respondió Becky besando en la mejilla a su hermano y rodeándolo para entrar en la casa cargada con su maleta. – Ted está en la ciudad y sé que aquí no se atreverá a venir a buscarme.

–  ¿Es que no se va a cansar nunca de buscarte? – Pensó Samuel en voz alta.

–  Eso mismo me pregunto yo. – Le contestó Becky encogiéndose de hombros. – ¿Qué tal te va con mi futura cuñada? Tengo que decirte que me cae genial, lo que es bastante raro teniendo en cuenta que todas tus amiguitas siempre me han caído mal. Lo que no entiendo es qué hace ella con alguien cómo tú, ¡puede aspirar a mucho más! – Le dijo bromeando divertida.

–  ¿Quieres que llame a Ted y le invite a cenar? – Se mofó Samuel. – Por cierto, tu futura cuñada se está dando un baño y bajará en cualquier momento.

–  ¿En serio? – Preguntó Becky sonriendo. Samuel asintió con la cabeza, sonriendo divertido y Becky añadió: – ¡Es perfecto, así podré hablar con ella de algunos asuntos!

–  ¿Qué clase de asuntos? – Preguntó Samuel frunciendo el ceño.

–  Eso no es asunto tuyo, hermanito. – Le respondió Becky burlonamente.

–  ¡Becky! – Exclamó Norah al ver a Becky sentada junto a Samuel en la cocina. La saludó con un par de besos en la mejilla y un abrazo y añadió: – ¿Cuándo has llegado?

–  Hace cinco minutos, el maleducado de mi hermano ni siquiera me ha ofrecido algo de beber todavía.

–  Si os molesto me voy al salón. – Dijo Samuel con sarcasmo.

–  Cariño, ve a ver un rato la tele, yo me encargo de la cena. – Le dijo Norah con dulzura antes de darle un leve beso en los labios.

–  ¿Acabas de echarme de la cocina? – Fingió ofenderse Samuel.

–  No te ha echado, te ha invitado a salir. – Se mofó Becky.

–  Prometo compensártelo, grandullón. – Le susurró Norah mientras le acompañaba a la puerta para que se dirigiera al salón.

Samuel se marchó de la cocina refunfuñando, pero se marchó. En cuanto Norah cerró la puerta y se quedó a solas con Becky, le preguntó:

–  ¿Se trata de Ted?

Durante la semana, Becky y Norah habían estado hablando por teléfono a diario. Becky le había contado a Norah su historia con Ted, aunque ya había oído parte de ella en casa de los Smith. Becky había salido con Ted desde que iban al instituto y cuando acabaron la carrera universitaria alquilaron juntos un apartamento en el centro donde han vivido los últimos cinco años. Hace unos meses, Becky decidió acabar con aquella relación cuando descubrió que, pese a que le tenía un gran cariño, ya no estaba enamorada de él. Pero Ted no quería aceptarlo y seguía pensando que se trataba de algo temporal y que Becky tan solo necesitaba algo de tiempo, hasta que se cansó de esperar y comenzó a perseguirla.

–  Ted ha regresado a la ciudad y he venido a esconderme a casa de mi hermano porque es el único lugar donde él no vendrá a buscarme. – Le dijo Becky. – Aunque, de haber sabido que estabas aquí, hubiera buscado otro sitio.

–  Mañana nos vamos a Palmville a pasar el fin de semana, Samuel y Josh también vendrán, ¿te apetece venir con nosotros? – Le propuso Norah. – Ted no te molestará y así también cambias un poco de aires y te relajas, incluso podremos salir a tomar un par de copas.

–  No sé, no quiero molestar…

–  No es ninguna molestia. – La interrumpió Norah. – Además, estoy segura de que nos lo pasaremos bien todos juntos.

Samuel regresó a la cocina cuando se cansó de esperar en el salón. No había nada interesante en la programación de la televisión y sentía curiosidad por la camaradería que había descubierto entre su hermana y Norah.

–  ¿Va todo bien por aquí? – Preguntó entrando en la cocina.

–  Becky se vendrá mañana con nosotros a Palmville. – Le dijo Norah sonriendo. Le dio un beso en los labios y añadió: – Voy a poner la mesa, la cena ya casi está.

–  Sentaos, ya lo hago yo. – Les ordenó Samuel sonriendo divertido al mismo tiempo que le daba una palmada en el trasero a Norah.

Becky observó el comportamiento de su hermano con Norah y no pudo ocultar una sonrisa, le gustaba ver a su hermano enamorado por fin pero más le gustaba que fuera de una chica como Norah.

Cenaron los tres juntos y poco después Becky se retiró a la habitación de invitados y Samuel y Norah a la habitación principal, donde volvieron a hacer el amor una vez más hasta quedarse dormidos.

Dulce tentación 15.

Dulce tentación

Samuel aparcó su coche frente a la puerta del edificio de Events y se dirigió directamente a la última planta, donde se encontraba el despacho de Norah. Nada más salir del ascensor, se dirigió a la recepción y, tras saludar a Clare, le preguntó:

–  ¿Norah está en su despacho?

–  Sí, ¿quiere que la avise? – Le preguntó Clare rendida ante aquella perfecta sonrisa de Samuel.

–  No hace falta, ya voy yo. – Le respondió Samuel mientras caminaba alejándose por el pasillo para dirigirse al despacho de Norah. Golpeó suavemente la puerta del despacho de Norah, la abrió y le preguntó antes de entrar: – ¿Puedo pasar?

–  ¿Qué haces aquí tan temprano? – Le preguntó Norah gratamente sorprendida. – ¿Tanto me has echado de menos?

–  Yo siempre te echo de menos, pequeña. – La saludó Samuel besándola en los labios. – Me he reunido con Gerard Benson esta mañana.

–  Lo sé, Gerard ha pasado a saludarme esta mañana. – Le dijo Norah sonriendo. – ¿Qué tal ha ido la reunión con Gerard?

–  Sospechosamente bien. – Reconoció Samuel. – Ha aceptado firmar el contrato una vez su abogado lo revise.

–  Creía que eso era lo que querías. – Comentó Norah al ver que Samuel no parecía demasiado contento. Samuel le sostuvo la mirada y ella supo exactamente qué era lo que estaba pensado. – Ya te he dicho que entre Gerard y yo nunca ha habido nada ni lo habrá.

–  Debo parecerte un psicópata, ¿verdad?

–  Conociendo a Gerard, seguro que te ha dicho algo para que le des vueltas a la cabeza. – Le dijo Norah encogiéndose de hombros. – ¿Qué te ha dicho?

–  No lo ha dicho, pero ha dado a entender que le has ayudado a tomar su decisión para que firme con nosotros y no con la competencia. – Confesó Samuel. – Cuando le he preguntado si tú tenías algo que ver, me ha dicho que tú nunca interferirías en los negocios de ambos, pero que ha hablado contigo de ello y que debería preguntarte qué es lo primero que le has dicho cuando te ha mencionado el tema.

–  Y por eso has venido a la oficina dos horas antes. – Comentó Norah burlonamente. – Gerard se lo va a pasar genial contigo. – Norah suspiró y le dijo: – Gerard empezó a contarme que tu presupuesto se salía de su presupuesto pero que aun así iba a aceptar tu oferta haciendo un esfuerzo, ya había tomado la decisión cuando lo vi esta mañana. La única razón por la que primero ha venido a verme es porque no quiere que lo nuestro salga mal y, cito textualmente, tenga que contener las ganas de partirte la cara cada vez que te vea.

–  Se ha reído de mí. – Reconoció Samuel molesto.

–  No se ha reído de ti, solo se comporta de la misma forma que te comportarías tú con tu hermana. – Le dijo Norah con ternura, sentándose sobre su regazo. – Estás muy mono cuando te pones celoso, pones esos morritos que me entran ganas de besar y…

–  No empieces lo que no puedes terminar, pequeña. – La interrumpió Samuel haciendo un gesto con las manos para recordarle que estaban en su despacho.

–  Llévame a casa y podré terminar con lo que quiero empezar, grandullón. – Le susurró Norah.

–  Te voy a llevar a tu casa para que recojas las cosas que necesites para venirte a mi casa. – Le dijo Samuel sin opción a réplica. – Y, antes de que utilices a Amy como excusa, creo que deberías saber que ella pasará la semana en casa de Josh, que vive en la casa de al lado, así que podréis veros cuanto queráis.

–  Tú siempre pensando en todo. – Le dijo Norah burlonamente. Le dio un beso en los labios y añadió susurrándole al oído: – Recuérdame que te compense por ello.

–  Te lo recordaré en un rato, ahora vámonos a casa.

Norah dejó su coche en el parquin de Events y se subió al coche de Samuel. Una vez llegaron a su casa, hizo una pequeña maleta con ropa para toda la semana, incluido el fin de semana, y cuando se disponía a cerrar la maleta Samuel entró en la habitación y abrazó a Norah por la espalda al mismo tiempo que le susurró con la voz ronca:

–  He intentado contenerme hasta llegar a casa, pero me estás haciendo esperar demasiado y ya no puedo más.

Samuel empezó a acariciarla sensualmente y, cuando comprobó que Norah no ponía resistencia, la desnudó lentamente. Norah se dejó hacer, era demasiado difícil resistirse a esas caricias que Samuel le ofrecía y que cada día que pasaba eran más certeras. Samuel había estudiado todas y cada una de las reacciones de Norah con el fin de averiguar con qué caricias se excitaba y lo había conseguido.

Cuando estuvo totalmente desnuda, Norah se volvió frente a Samuel y, tras dedicarle una sonrisa traviesa, le preguntó con la voz ronca:

–  ¿Cómo te gustaría que compensase lo bien que te portas conmigo, grandullón?

–  Necesito pensar muy bien la respuesta, no es algo que se pueda contestar a la ligera.

–  Entonces tendré que improvisar mientras te decides. – Le respondió Norah juguetona.

Se arrodilló frente a él y se deshizo de sus pantalones, dejando su largo y erecto miembro libre. Acarició su pene con ambas manos y se lo llevó a la boca mientras miraba a Samuel a los ojos y observaba su expresión de sorpresa y placer en su rostro. Norah lamió y besó la verga de Samuel mientras él entraba y salía de su boca aumentando la profundidad y la velocidad de las embestidas hasta que trató de retirarse para correrse pero Norah se lo impidió, dejando que se derramara en su boca, deleitándole tragándose su semen. Samuel gruñó al alcanzar el clímax y acto seguido cogió en brazos a Norah, la besó en los labios apasionadamente y la colocó a cuatro patas sobre la cama para penetrarla de una sola estocada y embestirla una y otra vez al mismo tiempo que estimulaba su clítoris con los dedos para hacerla alcanzar el orgasmo más rápidamente. Y lo consiguió. Ambos se desplomaron sobre la cama y, sin haber recuperado aún la respiración con normalidad, Samuel estrechó a Norah entre sus brazos y le susurró al oído:

–  Eres mi dulce tentación, pequeña.