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Confía en mí 18.

Confía en mí

Un año más tarde…

Ya había pasado un año desde que Jason y Valeria se conocieron y Jason tenía una sorpresa preparada para ella. Consiguió convencer a Valeria para que se quedara en su casa, pero en cuanto tanteó el tema de la boda, Valeria se puso pálida y le hizo saber que iba demasiado rápido. De broma, Valeria le dijo que tendría que preguntárselo pasado un año y a lo clásico, con velada romántica, pedida de mano de rodillas y un anillo, pero Jason se lo tomó muy en serio y se había encargado de organizar personalmente aquel momento para que todo fuera perfecto.  Le había dicho a Valeria que tenía una reunión con un cliente a última hora en la otra parte de la ciudad a modo de excusa para no pasar a recogerla por la editorial, la cual ya llevaba seis meses funcionando. A Valeria le pareció extraño, Jason siempre la iba a buscar al trabajo, pues trabajaba en el edificio de en frente, y además hoy hacía exactamente un año que se conocieron, pero tampoco le dio la menor importancia, Jason llevaba unos días bastante preocupado por un asunto de la agencia según él le había dicho.

Jason llegó temprano a casa y, con la ayuda de Gisela, prepararon lo que iba a ser una velada de lo más romántica. Gisela preparó una deliciosa cena de dos platos y postre y Jason se encargó de preparar una romántica mesa en la terraza de su habitación. Colocó velas en el suelo de manera que formaran un camino de la habitación a la terraza y al baño; y lo rellenó con pétalos de rosa. En el baño también colocó varias velas aromáticas y dejó preparados algunos pétalos y sales de baño para preparar un baño de agua caliente y espuma cuando Valeria llegara a casa. Ya estaba todo listo, tan solo tenía que esperar a que Valeria regresara.

A las seis de la tarde, tras despedirse de Olivia y Nadia, Valeria regresó a casa. Olivia, que estaba informada de lo que Jason se proponía, lo llamó por teléfono y lo puso sobre aviso:

–          Valeria acaba de marcharse, no tardará en llegar a casa.

Valeria estaba nerviosa. Ella también llevaba varios días con la cabeza en otra parte. Tenía que hablar con Jason y darle la noticia, pero le atemorizaba que no reaccionara igual de bien que ella, al fin y al cabo, tan solo habían hablado del tema en un par de ocasiones y siempre de broma, sin tomárselo en serio. Valeria paró el coche ante un semáforo con luz roja e instintivamente se llevó las manos al vientre. En su barriga todavía no se apreciaba ningún cambio, pero dentro de pocas semanas sería inevitable ocultarlo. Arrancó cuando el semáforo se puso en verde y se dijo a sí misma:

–          De hoy no pasa, tengo que decírselo a Jason.

Valeria era como un reloj en cuanto a la menstruación se trataba, por eso cuando hace tres semanas su menstruación no apareció, se lo temió. Unas semanas antes tuvo bronquitis y estuvo tomando antibióticos. El doctor la avisó que los antibióticos podían anular el efecto de la píldora anticonceptiva y les recomendó que usaran preservativo si no querían sorpresas. Y eso fue lo que intentaron, pero a Jason le horrorizaba tener que ponerse un trozo de látex que le impedía gozar del contacto piel con piel y la mitad de las veces conseguía convencer a Valeria para no utilizarlo.

–          Tanto tentar a la suerte y al final lo lamentaremos. – Le advirtió Valeria una de las veces tras hacer el amor con él.

–          Tener un hijo contigo me haría el hombre más feliz del mundo. – Fue la respuesta de Jason.

Y Valeria se olvidó del asunto así como de tomarse las pastillas.

Con una falta de tres días, Valeria se escapó del trabajo sin decir nada para ir a la farmacia y compró un test de embarazo. Sabía que en casa no podía hacer el test, Jason estaba pendiente de ella en cada momento y no era el lugar más idóneo para hacerlo, así que regreso a la oficina, se encerró en su despacho y se hizo el test en su baño privado. No le hacía falta mirar la pantalla para saber el resultado, pero aún y así lo comprobó: positivo.

Tras meditarlo durante tres días, Valeria finalmente tomó la decisión de llamar a su ginecólogo el cual, para salir de dudas, la citó en su consulta para realizarle las pruebas básicas. Al día siguiente, Valeria puso la excusa de que tenía una reunión con el director de la imprenta que tenían contratada y, sin decirle nada a nadie, se fue a la consulta de su ginecólogo.

Tras hacerle una analítica de sangre y una ecografía, esperar más de una hora los resultados y tomarse tres tilas para intentar tranquilizarse, el doctor la llamó de nuevo a su despacho.

–          Por favor, siéntese señorita Mancini. – Le dijo el doctor. Valeria le obedeció y el doctor prosiguió hablando: – Enhorabuena, hemos confirmado que está usted embarazada.

Valeria trató de sonreír, pero solo fue capaz de hacer una extraña mueca. El doctor le sonrió con comprensión y le dijo para calmarla:

–          No se preocupe, todas las embarazadas necesitan su tiempo para asimilar la noticia.

–          Estoy embarazada. – Murmuró Valeria sin terminar de creérselo. Se llevó las manos a su inexistente barriga y sonrió, lleva dentro una vida.

–          Está de muy poquito tiempo, tan solo de cinco semanas, motivo por el cual en la ecografía solo se puede observar esa pequeña pelotita que le he enseñado antes. – Le explicó el doctor. – Todo está perfecto, la analítica es completamente normal para su estado, pero me gustaría poder confirmar que el embrión evoluciona correctamente en dos semanas y también repetiremos la analítica, ¿de acuerdo? – Valeria asintió, era demasiada información para asimilarla tan rápido y el doctor, acostumbrado a tratar con embarazadas primerizas, escribió todo lo que le había dicho en un papel y se lo entregó al mismo tiempo que le dijo: – Aquí se lo he anotado todo.

–          Muchas gracias, doctor. – Fue lo único capaz de decir Valeria antes de marcharse de la consulta.

Las dos semanas habían pasado volando, era viernes y el lunes tenía cita con el doctor, tenía que decírselo a Jason y había decidido que de hoy no pasaba, no podía seguir guardando ese secreto por más tiempo.

Valeria llegó a casa, aparcó el coche en el garaje y entró por la puerta de la cocina, donde se encontró a Jason. Se extrañó al encontrarlo allí, se suponía que tenía una reunión en la otra parte de la ciudad.

–          ¿No tenías una reunión?

–          Así es, preciosa. – Le contestó Jason acercándose a ella para besarla en los labios. – He salido antes de lo previsto y tenía ganas de estar contigo.

–          Mmm… Suena muy tentador. – Le susurró Valeria. Pero acto seguido recordó que tenía un asunto que resolver y esa era su prioridad. – Jason, necesito hablar contigo.

Jason notó como todo el cuerpo de Valeria se tensaba. Fuera lo que fuese lo que le quería decir, no iba a ser nada bueno. No estaba dispuesto a que sus planes salieran mal, así que la besó en los labios y le dijo:

–          Esta noche no, cariño. Es nuestro aniversario y vamos a pasar una romántica noche sin pensar en nada más que disfrutar de nuestra compañía.

A Valeria no le dio tiempo ni a abrir la boca, Jason la cogió en brazos y cargó con ella escaleras arriba hasta llegar a la puerta de la habitación. La dejó con los pies en el suelo frente a la puerta cerrada de la habitación, se colocó detrás de ella y le susurró al oído:

–          Abre la puerta, preciosa.

Valeria abrió la puerta y se quedó anonadada cuando vio el camino de pétalos iluminado con velas, no podía creerse que Jason hubiera hecho todo aquello para ella.

–          ¿Qué es todo esto? – Preguntó Valeria emocionada.

–          Es nuestro primer aniversario, cariño. Y vamos a celebrarlo juntos y en la intimidad. – Le respondió Jason en un susurro.

Caminó detrás de ella y la guio hacia el baño, abrió el grifo de agua caliente de la bañera y dejó que se llenara mientras comenzaba a desnudar a Valeria.

–          Jason, lo que tengo que decirte es importante. – Insistió Valeria mientras se dejaba desnudar y acariciar por él.

–          Lo sé, pero estoy seguro de que puede esperar unas horas, cariño. – Le dijo Jason que no quería arruinar la noche. – Solo déjate llevar y disfruta.

Y Valeria se dejó llevar, podía esperar unas horas más para darle la noticia.

Cuando ambos estuvieron completamente desnudos, entraron en la bañera y Jason se colocó detrás de Valeria, con ella entre sus piernas y su pecho pegado a la espalda de ella.

–          Mm… Esto es vida. – Murmuró Valeria disfrutando del momento sin pensar en nada más.

Jason la abrazó y comenzó a depositar leves besos sobre su hombro, su clavícula y su cuello. Sus manos se deslizaron por los brazos de Valeria hasta la altura del codo, donde se desvió del camino para acariciar sus pechos.

–          Cariño, creo que tienes los pechos más grandes. – Comentó Jason percatándose de la diferencia en los pechos de ella pero sin sospechar del motivo.

–          He engordado un par de kilos. – Le respondió Valeria quitándole importancia.

–          Yo te veo igual. – Le aseguró Jason. – Aunque llevas un par de semanas con la cabeza en otra parte, necesitamos unas vacaciones.

Valeria no se lo discutió, necesitaba unas vacaciones más que nunca. Jason notó que Valeria estaba tensa y trató de relajarla con un masaje en la espalda, pero acabó recostándola sobre su pecho para con una mano acariciar sus pechos y la otra perderse en su entrepierna. Valeria se arqueó ante el contacto y alzó los brazos rodeando el cuello de Jason con ellos. La acarició hasta dejarla al borde del orgasmo, cuando Valeria le detuvo y le pidió casi en una súplica:

–          Te quiero a ti dentro.

Jason la obedeció al instante, colocó su miembro en la apertura de ella y de una sola estocada la penetró. Valeria se arqueó ante la intrusión y se le escapó un gemido. Jason entró y salió de ella al mismo tiempo que acariciaba el centro de placer de ella y ambos estallaron en mil pedazos cuando alcanzaron el clímax. Jason agarró a Valeria por la cintura, le dio media vuelta dejándola frente a él y la besó antes de abrazarla.

Cuando sus respiraciones se normalizaron, se dieron una rápida ducha y regresaron a la habitación. Jason se puso un pantalón corto y le entregó el camisón rosa de seda que tanto le gustaba y le susurró al oído:

–          Solo necesitas ponerte esto, cenaremos en la terraza.

Valeria le sonrió y dejó caer su toalla al suelo para ponerse el camisón. Jason la miró alzando las cejas y se acercó a ella para ayudarla a ponerle el camisón. La besó brevemente en los labios, la cogió de la mano y la llevó hacia a la terraza, donde ya estaba dispuesta la mesa con la cena en bandejas tapadas para mantener la comida caliente.

–          Cariño, todo esto es… Ni siquiera tengo palabras. – Le dijo Valeria. – Tengo que decirte algo, Jason.

–          Valeria, creía que habíamos quedado en que hablaríamos después. – Le contestó Jason empezando a perder la paciencia.

–          Jason no puedo esperar más, me pediste que confiara en ti y eso estoy intentando hacer.

–          De acuerdo, si tan importante es, hablemos de ello. – Cedió finalmente Jason.

–          La verdad es que no sé por dónde empezar. – Le confesó Valeria.

–          Valeria, estás empezando a asustarme. – Le dijo Jason preocupado. – ¿Qué es lo que ocurre? Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad?

Valeria lo miró a los ojos y le soltó la noticia de golpe, sin anestesia:

–          Estoy embarazada.

Se mantuvieron la mirada durante unos segundos y ninguno de los dos dijo nada, ni siquiera pestañearon. El primero en reaccionar fue Jason:

–          Cariño, ¿estás segura de que…?

–          Sí, me hice un test de embarazo y fui a la consulta del doctor, tengo que volver el lunes para que me haga una nueva analítica y comprobar que todo está bien.

–          Espera, ¿cuándo fuiste a la consulta del doctor? ¿Por qué no me lo dijiste para que te acompañara? – Le preguntó Jason frunciendo el ceño. – Valeria, ¿desde cuándo lo sabes?

–          Cariño, estaba asustada, quería comprobar que realmente lo estaba antes de alarmarte por nada y cuando el doctor lo confirmó, no sé, me asusté. – Se defendió Valeria. – Primero tenía que asimilarlo yo para poder decírtelo, no era algo que tuviéramos planeado.

–          ¿Temías mi reacción, por eso te asustaste? – Le preguntó Jason. – Valeria, eres lo más importante en mi vida y tener un hijo contigo me hace sentir el hombre más feliz de la Tierra. – La estrechó entre sus brazos, la besó en los labios y añadió acariciando su vientre: – Vamos a tener un bebé.

Valeria suspiro aliviada y se dejó mimar por Jason, quien quiso que se lo explicara todo desde el principio. Tan emocionado estaba con la noticia que cenaron y se olvidó del anillo hasta que sirvieron el postre. Se puso en pie e hizo que Valeria también se levantara de la silla. Entonces, se arrodilló frente a ella y abriendo la pequeña caja de terciopelo azul. Valeria se quedó fascinada, aquella noche no podría haber sido una mejor ocasión para ello.

–          Cariño, quiero estar contigo el resto de mi vida, para cuidar de ti y del pequeño bebé que viene en camino. – Le empezó a decir Jason. – Voy a quererte siempre y no va a haber ningún secreto entre los dos, preciosa. – Le dedicó una sonrisa traviesa y le hizo la gran pregunta: – ¿Valeria, quieres casarte conmigo?

–          Claro que quiero. – Le contestó Valeria arrojándose a sus brazos.

Jason colocó el anillo en el dedo de Valeria y ambos se besaron hasta que acabaron en el suelo, pero Jason se levantó con ella en brazos y la llevó a la cama, ahora más que nunca tenía que cuidar de ella.

 

FIN

Confía en mí 17.

Confía en mí

Jason y Valeria se subieron al todoterreno y a Valeria le extrañó que ambos fueran solos en el vehículo, no había ni rastro de Vladimir ni de Klaus, pero el resto de los agentes se mantenían en sus puestos rodeando el edificio.

Valeria se dedicó a observar a Jason durante lo que duró el trayecto en coche mientras que Jason trataba de concentrarse en la carretera y evitaba mirarla. Lo único que quería era estrecharla entre sus brazos, pero temía que Valeria le rechazara, pues la notaba muy fría y distante.

–          ¿A dónde vamos? – Se oyó preguntar Valeria.

–          Vamos a un restaurante a las afueras de la ciudad, es una pequeña masía restaurada y estoy seguro de que te gustará.

–          ¿Celebramos algo? – Preguntó Valeria.

–          No exactamente, pero tenemos que hablar.

El tono que utilizó no le auguró nada bueno a Valeria, pero sabía que tenía que enfrentarse a ese momento por mucho que le doliera, ya sabía que no iba a quedarse en casa de Jason para siempre, ella solo estaba de paso hasta que César Merino dejara de amenazarla y, estando muerto, ya no iba a amenazarla nunca más.

Jason continuó conduciendo hasta que, a las afueras de la ciudad, tomó un desvío y se adentró en un camino rural. Pocos minutos más tarde llegaron a una pequeña explanada donde se situaba una antigua masía del siglo XVIII. Jason aparcó a pocos metros de distancia de la puerta, bajó del coche, lo rodeó y abrió la puerta del copiloto para ayudar a salir a Valeria. Le tendió la mano y Valeria salió del vehículo quedándose frente a él. Jason la agarró por la cintura y la estrechó contra su cuerpo para abrazarla, necesitaba su contacto casi tanto como el aire para respirar. La besó en los labios con dulzura y Valeria se tensó pensando que probablemente aquel fuera el último beso. Jason notó la tensión en el cuerpo de Valeria y la abrazó con más fuerza, no quería separarse de ella.

Entraron en la masía y el maître, que conocía a Jason, lo saludó amablemente:

–          Señor Smith, me alegro de verle y tan bien acompañado. – Añadió al ver a Valeria.

–          Gracias, señor Ruiz. – Lo saludó Jason estrechándole la mano y acto seguido rodeó la cintura de Valeria con su brazo, pegándola a él. – Hemos decidido venir de improviso y no tenemos reserva, ¿hay algún problema?

–          Ninguno, para usted siempre hay sitio. – Le aseguró el maître. – Tenemos un reservado donde podrán cenar tranquilamente y con mayor intimidad.

–          Muchas gracias, señor Ruiz. – Agradeció Jason.

El maître les guio hasta a uno de los salones privados. Valeria se fijó en la estancia, tan solo estaba amueblada por una pequeña mesa redonda de comedor, dos sillas y un sofá de dos plazas. Unas cuantas velas colocadas estratégicamente iluminaban el salón y le daban un aire romántico y erótico.

–          Pueden acomodarse. – Les indicó el maître. – En seguida regreso con la carta. ¿Quiere que avise a Kate de que está usted aquí?

Jason se paró a pensarlo durante un instante. Miró a Valeria, no sabía si era buena idea que conociera a Kate, no quería asustarla y, conociendo a Kate, era capaz de someterla a un tercer grado. Pero tampoco podía irse de allí sin saludarla, Kate se enteraría y se enfadaría.

–          Sí, dígale que estoy aquí. – Le contestó Jason.

Valeria esperó a que el maître se retirara para preguntarle a Jason:

–          ¿Quién es Kate?

–          Kate es mi hermana pequeña, esta masía es de ella y de su marido. – Le contestó Jason estrechándola entre sus brazos. – Solo quiero saludarla y nos quedaremos a solas.

Valeria se entristeció, ella le había presentado a toda su familia pero él apenas había hablado de la suya. Le había dicho que tenía hermanos, pero nada más.

–          Cariño, ¿qué te pasa? – Le preguntó Jason al ver los ojos tristes de Valeria. – Si no quieres conocer a mi hermana no hay ningún problema, no pretendía que te sintieras incómoda, pero si quieres nos vamos, podemos ir a cualquier otro lugar…

–          Estoy confusa, Jason. – Le soltó de pronto Valeria.

–          ¿A qué te refieres?

–          Me refiero a que me pides que confíe en ti y me ocultas que estás buscando a Luke. – Le reprochó Valeria. – ¿Qué es lo que quieres saber que en vez de preguntármelo a mí le buscas a él?

–          Tú estabas reacia a hablar del tema y yo no quería presionarte, así que pensé que Luke Benson podría darme algunas respuestas y la ubicación exacta de César Merino, tan solo pretendía no preocuparte más, cariño. – Le dijo Jason. – Pero hoy te he traído aquí con la intención de contártelo todo.

–          Yo también tengo algo que contarte. – Le confesó Valeria.

Jason la escudriñó con la mirada y supo que no le gustaría lo que fuera que le tuviera que contar, lo veía en sus ojos. La abrazó, la besó en los labios con ternura y le susurró al oído:

–          No quiero separarme de ti, Valeria.

–          Pues no lo hagas.

Jason la miró sorprendido, ella tampoco quería alejarse de él. La besó en los labios apasionadamente, estar a su lado era lo único que le importaba.

Seguían besándose cuando alguien fingió toser a escasos dos metros y Valeria dio un respingo, pero Jason la sujetó por la cintura y la mantuvo a su lado.

–          Cuando el señor Ruiz me ha dicho que estabas aquí y acompañado no podía creérmelo, hermanito. – Lo saludó Kate mientras le abrazaba. Se volvió hacia Valeria y, con una sonrisa cómplice en los labios, le dijo: – Supongo que tú debes ser Valeria, ¿verdad? He oído hablar mucho de ti.

–          Valeria, te presento a mi hermana Kate. – Las presentó Jason.

–          Encantada de conocerte, Kate. – La saludó Valeria y Kate le dio un par de besos en la mejilla.

–          Lo mismo digo, Valeria. – Le dijo Kate sonriendo. – Os dejo a solas, supongo que querréis intimidad, pero ya nos veremos otro día.

Esto último Kate lo dijo para asegurarse de que su hermano hiciera oficial la relación con Valeria, pues estaba claro que aquello iba en serio.

En cuanto Kate les dejó a solas, Jason besó a Valeria y le dijo:

–          Tenemos que hablar, Valeria. Luke Benson me ha hecho llegar la información de que César Merino está muerto.

–          Lo sé, Luke ha venido a verme esta mañana. – Le confesó Valeria. – César Merino lleva muerto dos semanas.

–          ¿Has estado en contacto con él todo este tiempo? – Le preguntó Jason apretando la mandíbula.

–          Hacía meses que no le veía ni hablaba con él, hasta que esta mañana ha aparecido en el edificio. – Le contestó Valeria. – Me ha dicho que César ya no será un problema y también me ha dicho que llevas mes y medio buscándole. Me pediste que confiara en ti, pero tú no confías en mí lo suficiente como para preguntarme lo que quieres saber, Jason.

–          Tienes razón, debí preguntarte a ti lo que quería saber. – Reconoció Jason. – Solo trataba de protegerte, lo sabes, ¿verdad? – Valeria asintió, le sonrió y le besó levemente en los labios.

–          Y ahora que César Merino está muerto, ¿qué vamos a hacer? – Le preguntó Valeria con un hilo de voz.

–          No quiero separarme de ti, Valeria. – Le dijo Jason mirándola a los ojos con intensidad y le propuso: – Quédate conmigo en casa.

–          ¿Quieres que me quede contigo? – Le preguntó Valeria sorprendida.

–          Te quiero, cariño. – Le confesó Jason. – Quiero que te quedes conmigo para siempre.

Valeria le sonrió y ambos se besaron apasionadamente, con la urgencia del deseo explotando en su interior.

Comieron alternando besos y caricias y antes de marcharse se despidieron de Kate, quien les hizo prometer que regresarían pronto.

En el camino de regreso a casa Jason le dijo a Valeria que quería presentarle a sus padres y a su otro hermano, el mediano de los tres, y Valeria le sonrió encantada, por fin Jason se iba a descubrir ante ella tal y cómo era, sin murallas ni reservas de por medio.

Llegaron a casa y Vladimir y Gisela salieron a recibirles, estaban preocupados por la reacción de Valeria cuando Jason le confesara que le había estado ocultando que estaban buscando a Luke Benson, pero ambos se tranquilizaron al oírles llegar riendo.

–          ¿Todo bien? – Quiso asegurarse Vladimir.

–          Todo bien. – Le confirmó Jason a Vladimir al mismo tiempo que besaba a Valeria en los labios y la estrechaba contra su cuerpo.

Valeria se ruborizó, no era muy dada a las muestras de afecto en público y tampoco estaba acostumbrada a que Jason la besara habiendo gente delante.

Jason saludó amablemente a Vladimir y Gisela, conversaron durante pocos minutos y, sin pretender parecer grosero, se despidió de ellos agarrando a Valeria por la cintura y encaminándose escaleras arriba para retirarse a su habitación junto a ella, ambos necesitaban esa intimidad que tanto ansiaban.

–          Ven aquí, preciosa. – Le susurró Jason atrayéndola hacia a él para abrazarla. – A partir de ahora este será tu hogar, nuestro hogar. – La besó en los labios y añadió: – Tendrás que escoger una de las habitaciones de invitados para tu despacho y, si hay algo que quieras cambiar en nuestra habitación, lo dejo todo en tus manos. Contrata a quien te dé la gana para la reforma y no te preocupes por las facturas, que me la envíen a mí.

–          Jason, eso es ir demasiado rápido y apenas hace unos meses que nos conocemos. – Le recordó Valeria.

–          Nunca he estado tan seguro en mi vida de lo que quiero, te quiero a ti, preciosa. – Le aseguró Jason sonriéndole con ternura. – Confía en mí, Valeria.

–          Confío en ti. – Le aseguró Valeria y lo besó en los labios.

Los besos dieron paso a las caricias y el deseo de ambos se explotó de nuevo, se deseaban demasiado para ignorarlo. Jason la agarró por la cintura y la alzó entre sus brazos al mismo tiempo que Valeria le rodeaba la cintura con sus piernas y se le colgaba del cuello con sus brazos. Jason la depositó sobre la cama con sumo cuidado y comenzó a desnudarla lentamente, disfrutando de la sensación de tenerla rendida a su voluntad, sabiendo que ella le pertenecía tanto como él a ella. Valeria supo que aquello no se trataba de sexo en el mismo momento que empezó a desnudarla, aquello era más profundo, era amor. Jason le hizo el amor despacio, con ternura, con pasión y, sobre todo, se lo hizo con verdadero amor. Juntos alcanzaron el clímax y se quedaron abrazos el uno al otro mientras sus respiraciones se normalizaban.

–          ¿Todo bien, cariño?

–          No puede ser mejor. – Le confirmó Valeria sonriendo.

A la mañana siguiente Jason empezó a organizar una cena con sus padres y sus hermanos, quería presentar oficialmente a Valeria como su novia. También se encargó de llevarla a la Agencia Smith y que todos los empleados la conocieran, quería que todos supieran que estaban juntos. Por su parte, Valeria organizó una pequeña reunión de amigos en casa de Jason, aunque ya todos sabían desde hacía tiempo lo que ocurría entre ellos dos. Jason también insistió en volver a quedar con la familia de Valeria y que les presentase oficialmente como a su novio, ya que hasta entonces había sido un amigo de su hija, aunque Valeria lo besara en los labios delante de todos en la fiesta de cumpleaños de su sobrina Lía.

Y así lo hicieron. Durante la siguiente semana quedaron con sus respectivas familias y amigos e hicieron oficial su relación, pero después de todas aquellas comidas, cenas y reuniones familiares, Jason y Valeria anhelaban la intimidad para poder estar juntos y saciar el deseo que les invadía en su interior, así que Jason le propuso que hicieran una pequeña escapada.

–          No puedo, Jason. – Le dijo Valeria por enésima vez. – En septiembre inauguramos la nueva delegación y ni siquiera tengo a todo el personal contratado, no puedo irme y dejarlo todo como está sin más, entiéndeme.

–          De acuerdo, en vez de una semana nos iremos el fin de semana, viernes, sábado y domingo. – Concluyó Jason sin opción a réplica. – Necesitamos unos días solo para los dos o me volveré loco, cariño. ¿Te casarás conmigo?

–          Tendrás que esperar un año para que responda a esa pregunta y ya te adelanto que tendrá que ser con todo el paripé: velada romántica, tú de rodillas y un anillo en mi dedo. – Le respondió Valeria bromeando.

–          Al menos no has dicho que no. – Le dijo Jason divertido. – Tendré que conformarme con eso, pero solo por el momento.

Confía en mí 16.

Confía en mí

Durante la siguiente semana Valeria continuó viviendo en casa de Jason junto a él, Vladimir, Gisela, Klaus y varios agentes de seguridad de la agencia de Jason. Su rutina seguía siendo la misma: se despertaba envuelta en los brazos de Jason, se duchaban, desayunaban, la llevaban al edificio de Editorial Love II (como habían decidido bautizar a la nueva delegación de Editorial Love) y allí trabajaba junto con Nadia y Olivia hasta que Jason y Vladimir pasaban a recogerla sobre las seis de la tarde para regresar a casa, cenar, hacer el amor de nuevo con Jason y quedarse dormida entre sus brazos.

Sin embargo, Jason estaba cada vez más nervioso y frustrado, aunque trataba de ocultárselo a Valeria, delante de ella fingía que todo iba bien. Hacía más de un mes que le habían perdido la pista a César Merino y, pese a que sabían que era imposible que hubiera entrado en el país sin que ellos lo supieran, Jason estaba preocupado. Tampoco habían podido localizar a Luke Benson, él era la pieza clave del rompecabezas y nadie parecía estar dispuesto a decirles dónde podían encontrarle o cómo ponerse en contacto con él. Jason solo necesitaba respuestas y no quería preguntarle directamente a Valeria, ella siempre evitaba hablar del tema, ni siquiera preguntaba sobre César Merino y él estaba decidido a evitar hacerle pasar un mal rato a Valeria si podía conseguir lo que necesitaba de Luke Benson.

Jason estaba en su despacho de la agencia cuando Vladimir llamó a la puerta e interrumpió sus pensamientos. Jason le hizo un gesto para que pasara y Vladimir entró, cerró la puerta y se sentó frente a Jason al mismo tiempo que le decía:

–          Parece que por fin hemos encontrado a alguien dispuesto a hablar. No es un tipo demasiado fiable, pero es lo único que tenemos.

–          ¿Y bien? – Quiso saber Jason.

–          Quiere que nos reunamos con él en una taberna que hay en la Avenida de Los Rosales en una hora.

–          Eso está al otro lado de la ciudad. – Apuntó Jason.

–          Klaus y yo podemos encargarnos del asunto. – Le sugirió Vladimir.

–          Voy con vosotros, quiero estar presente. – Sentenció Jason. – Dame cinco minutos, quiero llamar a Valeria.

Vladimir asintió, se puso en pie y dejó a Jason a solas en su despacho. Jason llamó a Valeria por teléfono y esperó a que respondiera.

–          No hace ni una hora que nos hemos visto, ¿ya me echas de menos? – Le preguntó Valeria divertida nada más descolgar.

–          Cariño, yo siempre te echo de menos cuando no estás, aunque solo haya pasado un segundo. – Le respondió Jason sonriendo. – Valeria, he de salir de la agencia por un imprevisto, pero regresaré esta tarde a buscarte por la editorial a las seis.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Valeria al notar la preocupación en la voz de Jason.

–          Sí, es solo un cliente que ha exigido reunirnos de urgencia por una tontería, pero tengo que asistir. – Mintió Jason. – Llámame si necesitas cualquier cosa, ¿de acuerdo?

–          Estaré bien, no te preocupes. – Le aseguró Valeria.

–          Nos vemos luego, cariño. – Se despidió Jason antes de colgar.

A Valeria le encantaba que Jason utilizara apelativos cómo aquel para referirse a ella, le hacía sentir segura y querida.

–          ¿Era Jason? – Le preguntó Olivia a su amiga al verla sonriendo y mirando al vacío con su teléfono móvil entre las manos.

–          Sí, solo quería avisarme que ha de salir de la agencia por una reunión de última hora, pero regresará a las seis a buscarme.

–          ¿Sabes algo de César Merino? – Le preguntó Olivia aprovechando que Nadia había salido a hacer unas gestiones y no estaba presente.

–          No.

–          No te entiendo, Val. – Le dijo Olivia preocupada. – Lo que está pasando es importante y muy peligroso, pero tú prefieres mirar hacia otro lado. Me parece genial que Jason se haya ofrecido a encargarse del tema y tú se lo hayas permitido, pero no entiendo que no quieras saber nada al respecto.

–          Es complicado, Oli.

–          ¿El qué es complicado? ¿Preguntarle a Jason qué es lo que ocurre para que después de dos meses sigas instalada en su casa y con un montón de sus agentes escoltándote? – Le replicó Olivia. – Estáis juntos, que quiera protegerte ya no es una excusa para estar pegado a ti, si sigue protegiéndote con sus agentes es porque hay algo más, Val. ¿Sabes algo de Luke?

–          No, no he hablado con él desde hace meses. – Le confesó Valeria.

–          No sé, Val. Todo esto no me da buena espina.

–          ¿Qué es lo que no te da buena espina, el asunto o Jason? – Quiso saber Valeria.

–          Jason me cae bien, es un buen tipo y cualquiera que os haya visto juntos los dos últimos meses sabe que está loco por ti. – Le dijo Olivia. – Pero no me negarás que es raro que no te haga preguntas ni te cuente cómo va la supuesta investigación sobre César Merino.

–          Jason sabe que César Merino me secuestró para tratar de vengarse de Luke, no le he mentido. – Se defendió Valeria pese a que Olivia no la estaba acusando de nada. – Él sabe todo lo que necesita saber y yo no quiero saber nada sobre César Merino.

Olivia dejó de insistir, Valeria tenía una forma peculiar de afrontar los problemas y ella la aceptaba tal y cómo era.

Las dos amigas continuaron trabajando en sus respectivos ordenadores portátiles, concertando citas para realizar las entrevistas a los candidatos para cubrir los puestos de empleo en Editorial Love II.

Valeria recibió un correo electrónico y, al ver quién era el remitente, no lo dudó un segundo en abrirlo y leerlo:

“Hola, Nena. Estás tan preciosa como siempre. Necesito hablar contigo de algo importante. Te espero en la azotea. Ven sola.”

Era Luke. Valeria se levantó de la silla y, cuando Olivia la miró esperando que le dijera a dónde iba, Valeria tan solo le dijo:

–          Voy a dar una vuelta por el edificio, quiero ver cómo van las obras. – Mintió. – Quédate aquí por si viene alguien, no tardaré.

Olivia asintió y siguió concentrada en su trabajo sin sospechar nada. Valeria subió las escaleras hasta el primer piso y allí se montó en el ascensor para dirigirse a la azotea. Las puertas del ascensor se abrieron y Valeria dio unos pasos hasta quedar en el centro de la azotea del edificio. Dio una vuelta sobre sí misma y no vio a nadie, pero dos segundos más tarde una voz familiar le susurró al oído:

–          Lo dicho, estás preciosa.

–          ¡Luke! – Exclamó Valeria al mismo tiempo que le abrazaba a modo de saludo. – ¿Qué estás haciendo aquí?

–          Te lo voy a decir, pero no te va a gustar, Val. – Le advirtió Luke agarrándola de la mano para guiarla tras los conductos de ventilación del edificio y así ocultarse de cualquiera que pudiera verles. – Después de la última vez que nos vimos salí del país una temporada, tenía que encargarme de unos negocios. Cuando regresé me enteré de que César Merino te había amenazado y Jason Smith te estaba protegiendo. No sabía qué relación tenías con él y tampoco me habías pedido ayuda, así que decidí no interferir en tu vida. – Continuó explicando Luke. – Seguí de cerca tus movimientos y los de tu amigo, te mantiene protegida mientras utiliza los contactos de la agencia para estar informado de los movimientos de César Merino y también para localizarme a mí.

–          ¿A ti? – Le preguntó confundida. – ¿Para qué iba a querer localizarte Jason?

–          Esperaba que tú me lo dijeses. – Le confesó Luke.

–          No tiene ningún sentido, a menos que haya habido algún problema con César Merino.

–          No tienes que preocuparte de César Merino, me ocupé de él hace diez días y ya no será ningún problema para nadie. – Le dijo Luke. – Pero Smith está tratando de localizarme desde hace un mes y medio, ha enviado a varios de sus agentes para hablar con mi gente.

–          ¿Jason sabe que César Merino está muerto? – Aunque Luke no le hubiera dicho explícitamente que había matado a César Merino, a Valeria no le hizo falta para deducirlo.

–          No lo creo. – Opinó Luke. – No te ofendas pero, teniendo en cuenta cómo eres cuando no quieres hablar de algo, probablemente solo esté buscando las respuestas que tú no le has dado.

–          Hablaré con él. – Le respondió Valeria. – Tengo que irme antes de que Olivia venga a buscarme.

–          Cuídate, Val. – Se despidió Luke abrazándola y  añadió antes de desaparecer – Y llámame si necesitas cualquier cosa o si simplemente te apetece charlar.

Valeria asintió, se despidió de Luke, se montó en el ascensor y se reunió de nuevo con Olivia, que al verla llegar tan distraída, le preguntó:

–          ¿Va todo bien?

–          Sí. – Mintió Valeria.

Olivia sabía que algo no iba bien, pero Valeria no quería hablar del tema y prefirió esperar a que ella estuviera preparada para contárselo.

Valeria estaba confundida, no entendía por qué Jason le había ocultado que estaba buscando a Luke. Le había pedido que confiara en él pero Valeria ya no sabía qué pensar. Se sentó frente a su ordenador y fingió seguir trabajando para que Olivia no sospechara nada.

Jason, Vladimir y Klaus aparcaron en la avenida de Los Rosales, casi a las afueras de la ciudad, frente a la taberna que les había indicado el supuesto confidente con el que habían quedado. A Jason todo aquello no le daba buena espina, llevaban varias semanas tras alguna pista de Luke Benson y encontrar a un confidente a estas alturas le resultaba un poco sospechoso, por eso quiso ir personalmente a la cita.

Entró en la taberna seguido de Vladimir y Klaus. Era obvio que en aquella taberna desentonaban con el resto de parroquianos, ellos vestían de traje de marca y el resto de clientes llevaban vaqueros rotos, camisetas negras y chalecos raídos. La camarera se acercó a ellos en cuanto los vio entrar y les preguntó:

–          ¿Alguno de ustedes es Vladimir Ivanov?

–          Yo mismo. – Le respondió Vladimir.

–          Me han dicho que vendría y me han dado algo para usted. – Le dijo la camarera al mismo tiempo que le entregaba un sobre. – Y ahora, por favor, les rogaría que se marcharan de la taberna, aquí no son bien recibidos.

Los tres hombres asintieron y se marcharon de allí para regresar a la agencia, donde abrieron el sobre y vieron lo que había dentro: una nota y una fotografía.

–          Es César Merino. – Les dijo Jason lanzando la foto sobre la mesa, una foto en la que se veía a César Merino con un agujero de bala entre ceja y ceja. – La fotografía tiene fecha de hace dos semanas, por eso le habían perdido la pista. – Desplegó la nota y la leyó en voz alta: – “Deja de buscarme, si quieres respuestas tendrás que preguntarle a ella. De César Merino ya no tienes que preocuparte, nunca he dejado de protegerla.”

–          Luke Benson. – Adivinó Klaus. – Parece que tu chica es de las que deja huella en los hombres.

Jason le fulminó con la mirada, pero no dijo nada.

–          Si César Merino está muerto, ya no hay un peligro para protegerla, tendrás que hablar con ella para explicarle todo esto. – Opinó Vladimir.

–          Una foto no me basta, comprueba que Merino está muerto. – Le ordenó Jason a Vladimir. Se volvió hacia Klaus y añadió: – Tú quédate al frente de la agencia.

–          ¿Qué piensas hacer? – Le preguntó Vladimir preocupado.

–          Voy a buscar a Valeria y a llevarla a casa, estoy seguro que Luke Benson también la ha puesto a ella al corriente de todo. – Respondió Jason antes de largarse.

Jason se subió a uno de los todoterrenos de la agencia y dos minutos más tarde salía del garaje y aparcaba en la acera de en frente, junto a la puerta principal del edificio de la editorial donde Valeria continuaba intentando trabajar sin demasiado éxito.

Jason entró en el edificio y se dirigió al despacho provisional donde se encontraba Valeria trabajando con Nadia y Olivia. En cuanto le vieron la cara que traía, las tres se dieron cuenta de que algo no iba bien, pero la única que habló fue Valeria:

–          Llegas pronto. – Le dijo comprobando la hora en su reloj. – ¿Va todo bien?

–          Sí, he pensado en invitarte a comer. – Le respondió Jason. – A menos que ya tengas otros planes. – Añadió mirando a Olivia y Nadia.

–          Por nosotras no te preocupes, aprovecharemos e iremos a la bolsa de empleo para comenzar con las entrevistas del personal la próxima semana. – Le echó un cable Olivia a Jason al ver que Valeria no decía nada. – Val, últimamente trabajas demasiado y hoy estás en otro mundo, te vendrá bien que te dé el aire un poco.

–          Totalmente de acuerdo. – La secundó Nadia.

–          Entonces, ¿aceptas salir a comer conmigo? – Le preguntó Jason a Valeria.

Valeria asintió y sonrió fugazmente, había notado que Jason estaba tenso, sus ojos se habían tornado de un gris turbio que no le gustaba nada y temía que su relación iba a cambiar ese día, y no tenía pinta de que fuera a mejorar. Aún y así, se armó de valor y salió del edificio pegada al lado de Jason mientras él la rodeaba con su brazo por la cintura.

Confía en mí 15.

Confía en mí

Los días habían ido pasando y lo cierto era que Valeria se sentía bastante cómoda en casa de Jason, se había acostumbrado a convivir con él y sobre todo a dormir con él.

Animada por Jason, Valeria decidió comprar el edificio que había justo al lado de la Agencia Smith, con la aprobación de Grace y Charles Stuart, e instalar allí las oficinas de la nueva delegación de Editorial Love. Jason no le confesó a Valeria que el edificio estaba al lado de la agencia hasta que ella hubiera firmado el contrato de compra para que no se echara atrás.

–          ¿Por qué no me lo has dicho antes? – Le preguntó Valeria con el ceño fruncido.

–          No quería que el hecho de que mi agencia estuviera al lado del edificio influyera en tu decisión. – Le respondió Jason sin decirle toda la verdad.

–          No me gustan los secretos. – Le contestó Valeria sin reproche alguno en la voz.

Con la ayuda de Olivia y Nadia, que ya se había trasladado a Sunbeach, Valeria comenzó las obras en el edificio, tan solo necesitaba un lavado de cara y vestirlo, lo que se reducía a limpiar, pintar las paredes y amueblarlo. Valeria se había empeñado en supervisar personalmente los arreglos del edificio y Jason, pese a que lo intentó, no pudo hacerla cambiar de opinión. Jason y Vladimir llevaban a Valeria a las nuevas oficinas de la editorial todas las mañanas, donde la dejaban con seis agentes custodiando las entradas del edificio para que pudiera supervisar los trabajos del edificio y ellos se dirigían a la agencia para seguir trabajando, que estaba situada al otro lado de la calle. Jason había aumentado la seguridad, le habían perdido la pista a César Merino, sabían que no había salido de su país y tampoco había entrado en el de ellos, pero aquello le daba mala espina. No habían podido localizar a Luke Benson y Jason tampoco le contó nada de lo que estaba ocurriendo a Valeria, no quería preocuparla más.

Valeria había habilitado una estancia en el edificio donde poder reunirse con Olivia y Nadia para poder seguir trabajando en el crecimiento de la nueva delegación. A la hora de comer, Jason enviaba a un chófer con dos agentes para que llevara a las chicas a comer donde les apeteciera y las trajera de vuelta después de comer. Sobre las seis de la tarde, Jason y Vladimir regresaban a por Valeria y se marchaban juntos a casa, donde se duchaban, cenaban y subían a la habitación para dejarse llevar por la pasión y el deseo que ambos se causaban.

Jason y Valeria llevaban dos semanas manteniendo su romance en la clandestinidad y Jason, a pesar de que no quería presionarla, estaba cansado de tener que esconderse para besarla y estaba  de mal humor constantemente. La gota que colmó el vaso fue el descarado coqueteo de Klaus hacia Valeria delante de sus narices. Klaus se divertía viendo a su amigo Jason poniéndose de todos los colores por mantener la calma frente a Valeria y no marcar territorio delante de sus amigos y agentes, sabía que entre aquellos dos había algo y que Jason no quisiera hablar del tema se lo confirmaba. A Jason se le acabó la poca paciencia que tenía cuando Klaus piropeó a Valeria y la invitó a salir a cenar una noche. Valeria era consciente de que Klaus hacía todo aquello tan solo para provocar a Jason y parte de ella también lo deseaba, esa sería una señal de que su relación con él podría tener una posibilidad. Pero Jason ya no se contuvo más y golpeó la mesa con fuerza, haciendo saltar por los aires un vaso vacío que había sobre ella y que acabó estampándose contra el suelo y rompiéndose en mil pedazos. Se puso en pie y, sin mirar a nadie ni decir nada, salió de la cocina para encerrarse en su despacho.

–          Parece que al director Smith no le ha gustado nada que trate de ligar contigo, muñeca. – Le dijo Klaus a Valeria divertido. – No te lo tomes a mal, es que disfruto viéndole tan humano.

–          Como lo sigas provocando conseguirás que se convierta en un animal. – Le advirtió Gisela.

–          Déjale en paz, Klaus. – Le aconsejó Vladimir. Se volvió hacia Valeria y añadió ladeando la cabeza con resignación: – No te preocupes, esto es lo normal en ellos, siempre están como el perro y el gato pero en el fondo no pueden vivir el uno sin el otro.

–          Será mejor que vaya a hablar con él. – Les dijo Valeria divertida.

Se dirigió al despacho de Jason sonriendo, Klaus era todo un personaje y tenía un don para sacar a la gente de quicio, Jason era un claro ejemplo de ello. Valeria llamó a la puerta del despacho y no esperó a recibir permiso para abrirla y entrar. Jason se volvió hacia a ella y la miró fijamente a los ojos, desafiándola. Sentía que iba a volverse loco, no podía ni quería seguir ocultando que Valeria era suya. Así la sentía, suya.

–          ¿Te importa si te hago compañía un rato? – Le preguntó Valeria con naturalidad.

–          Estoy trabajando, Valeria. – Le contestó él con voz de hielo.

–          ¿Vas a estar de morros todo el día? – Le preguntó Valeria.

–          Si lo prefieres, puedes pasar el día con Klaus. – Le reprochó Jason furioso.

Valeria no se lo podía creer, realmente estaba enfadado por la estúpida broma de Klaus y aquello le pareció surrealista.

–          ¿Podrías explicarme por qué exactamente estás enfadado conmigo? – Le preguntó Valeria visiblemente molesta.

Jason la miró con intensidad, lo pensó durante un segundo, suspiró profundamente y le dijo tendiéndole los brazos para que se sentara en su regazo:

–          No estoy enfadado contigo. – Valeria se sentó en su regazo y la abrazó. – Te quiero solo para mí.

–          Solo tú me tienes. – Le susurró al oído Valeria y comenzó a besarle por el cuello.

–          Entonces, ¿por qué tenemos que escondernos como dos amantes adúlteros? – Aquella pregunta pilló a Valeria desprevenida. – No quiero tener que esconderme para poder besarte.

–          Mañana vamos a casa de mis padres a celebrar el cumpleaños de Lía, ¿qué les dirás a mis padres cuando vean que me besas? – Le preguntó Valeria tratando de hacerle entender que lo que pretendía no era tan fácil.

–          Nadie le pregunta a un hombre por qué besa a su mujer. – Le dijo Jason tensándose.

Valeria le dedicó una dulce sonrisa, lo besó en los labios y le dijo:

–          Eso significaría hacer oficial nuestra relación.

–          No le veo ningún problema. – Insistió Jason. – Eres mía y yo soy tuyo, solo quiero que todo el mundo lo sepa.

–          Dame un poco de tiempo. – Le pidió Valeria abrazándose a él. – Todo está yendo demasiado deprisa y apenas hace un mes que nos conocemos, puede que la semana que viene ya te hayas cansado de mí.

–          Eso no ocurrirá. – Le aseguró Jason. – Estoy dispuesto a esperar, pero te advierto que no sé si seré capaz de contenerme. – Añadió divertido.

Al día siguiente, Jason y Valeria se dirigieron a Smalltown para celebrar el cuarto cumpleaños de la pequeña Lía. Llegaron en uno de los todoterrenos de la agencia, escoltados por dos agentes, que se quedaron en el coche.

Jason agarró a Valeria por la cintura, la estrechó entre sus brazos y la besó en los labios apasionadamente.

–          Voy a estar todo el tiempo deseando besarte, cariño. – Le confesó Jason.

Valeria lo besó en los labios con dulzura, le sonrió y le dijo agarrándole de la mano mientras cruzaban la verja del jardín de casa del matrimonio Mancini:

–          Te lo compensaré.

Atravesaron el jardín agarrados de la mano, Valeria no intentó soltarse y Jason se lo agradeció en silencio. Paola les vio a través de la ventana de la cocina y salió al porche para recibirlos con una sonrisa y un cariñoso abrazo.

–          Llegáis justo a tiempo. – Los saludó Paola. Se volvió hacia Jason y le dijo con una amplia sonrisa en los labios – Me alegro de que hayas podido venir, Lía no ha dejado de preguntar por ti.

–          ¡Tita Val, Jason! – Exclamó la pequeña saliendo por la puerta y arrojándose a los brazos de Valeria.

Valeria alzó en brazos a su sobrina y la abrazó. Lía le devolvió el abrazo, miró a Jason y lo saludó con su tierna y dulce vocecita:

–          ¡Hola Jason!

–          Hola princesa, estás preciosa. – Le dijo Jason sonriendo.

Jason se acercó a Lía y la besó en la frente al mismo tiempo que rodeaba la cintura de Valeria con su brazo. Paola contempló la escena y no pudo evitar pensar que hacían una estupenda pareja.

Paola les hizo pasar al jardín trasero, donde se reunieron con el resto de la familia y algunos buenos amigos de Smalltown. Valeria saludó a Giuseppe y Fabiola Verino, los padres de Olivia, que eran casi parte de la familia, a su hermana Bianca y su cuñado Steve, a su padre y finalmente al resto de amigos y vecinos de Smalltown que habían sido invitados. Valeria presentó a Jason como Jason Smith, sin especificar si era un amigo, su novio o su escolta, pero lo compensó manteniéndose a su lado en todo momento. Olivia y Mario también asistieron al cumpleaños de Lía y ambos se unieron a Valeria y Jason.

Cuando los niños y los adultos merendaron, llegó el turno de entregar los regalos a la cumpleañera y Jason se ofreció para ir al coche a buscar el regalo que le habían comprado a Lía.

Justo en ese momento apareció Mike Taker, el primer novio de Valeria que ahora era policía de Sunbeach y a quien la familia Mancini adoraba. Mike saludó a Frank y a Paola, después a Bianca y Steve, le dio su regalo a Lía, a quien adoraba como si fuera su propia sobrina, y se volvió hacia a Valeria dedicándole una seductora sonrisa. Mike era así de seductor y carismático sin ser consciente de ello, algo que le hacía todavía más encantador. Valeria mantenía una buena relación con él, se veían alguna vez cuando ella venía a Smalltown de visita y se tomaban un café mientras charlaban como dos viejos amigos.

Mike la alzó entre sus brazos y la abrazó como siempre hacía, era un saludo inocente y amistoso al que Valeria y todos los que les conocían estaban acostumbrados.

–          Estás preciosa, como siempre. – La piropeó Mike.

–          Tú tampoco estás nada mal. – Bromeó Valeria.

–          He oído que has venido acompañada. – Comentó Mike con naturalidad. – Con Jason Smith, ni más ni menos.

–          Así es. – Le confirmó Valeria. – ¿Hay algún problema?

–          Ninguno, supongo que Mario ya te habrá puesto al corriente de todo lo que has de saber sobre él. – Le contestó Mike. Valeria le miró con el ceño fruncido y Mike le aclaró divertido: – Somos amigos y me preocupo por ti, solo necesito saber que estás bien y la verdad es que pareces bastante feliz, más que la última vez que te vi.

–          De eso hace ya unos cuantos meses. – Pensó Valeria en voz alta.

–          Por ahí viene tu acompañante con cara de pocos amigos, parece un tipo celoso. – Se mofó Mike. – ¿No vas a presentármelo?

–          Sí, pero no me lo cabrees. – Le advirtió Valeria.

Dio media vuelta y su mirada se cruzó con la de Jason. Efectivamente, Jason tenía puesta su cara de pocos amigos y Valeria no pudo evitar rodar los ojos con frustración, a veces Jason se comportaba como un niño. Jason dejó el regalo de Lía sobre la mesa junto al resto de regalos de los demás invitados y Valeria le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Jason caminó despacio hacia a ellos y Valeria pudo comprobar que tenía los puños apretados y la mandíbula tensa, estaba enfadado. Valeria le dedicó una amplia sonrisa y lo besó en los labios sin poderse resistir, estaba demasiado sexy cuando se enfurruñaba. A Jason le pilló desprevenido y la miró sorprendido pero sonriendo satisfecho.

–          Quiero presentarte a Mike Taker, un viejo amigo del instituto. – Le dijo Valeria.

–          Eres un hombre afortunado, Jason. – Lo saludó Mike con simpatía al mismo tiempo que le estrechaba la mano.

–          Sí, soy un hombre muy afortunado. – Le confirmó Jason estrechando a Valeria entre sus brazos.

Paola y Frank, al igual que el resto de invitados, habían sido testigos de aquella escena. A Paola le gustó que por fin su hija se dejara llevar por sus sentimientos sin pensar en nada más, pero a Frank aquella historia le preocupaba bastante. A pesar de que veía a su hija feliz con Jason Smith y que él estaba pendiente de Valeria en todo momento, no terminaba de fiarse de él porque conocía su reputación.

–          Frank, cambia esa cara antes de que Valeria te vea. – Le regañó Paola.

–          Cariño, ese hombre es diez años mayor que mi pequeña y es uno de esos tipos que no se compromete con ninguna mujer, es lógico que no me guste que mi hija salga con él. – Se excusó Frank.

–          A mí me parece que hacen una buena pareja y que Jason adora a Valeria y, teniendo en cuenta que ha sacado tu carácter, que Jason esté aquí con ella demuestra que sus intenciones son las mejores. – Concluyó Paola.

Frank no rechistó, era inútil discutir con su mujer porque siempre salía perdiendo, pero había algo que tenía que saber y solo lo conseguiría preguntándoselo a Valeria.

Paola reunió a todos los invitados y Lía comenzó a abrir los regalos, estaba tan nerviosa y eufórica que no sabía por dónde empezar. Todos rieron a carcajadas y Bianca y Steve tuvieron que ayudarla. Jason se colocó detrás de Valeria y la abrazó, pegando su pecho a la espalda de ella, y le susurró al oído:

–          ¿Cuántos hijos quieres tener? – Valeria se volvió a mirarle y Jason pudo ver el pánico en sus ojos. – Me temo que tendré que esperar algún tiempo para tener esta conversación. – Le dijo Jason divertido.

A las nueve de la noche los invitados se marcharon, Bianca y Steve también se marcharon a su casa junto a Lía, que se había quedado dormida.

Frank aprovechó un momento en el que se quedó con Valeria apartados de los demás y le preguntó a su hija:

–          ¿Sigue sin haber nada entre tú y Jason Smith?

–          Papá. – Le advirtió Valeria.

–          Cielo, no pretendo juzgarte, pero tampoco quiero que me mientas.

–          No te he mentido, papá. – Le aseguró Valeria. – La última vez que estuvimos aquí no había pasado nada entre nosotros.

–          ¿Y ahora?

–          Ahora nos estamos conociendo. – Le respondió Valeria. – Jason quiere hacerlo oficial desde el primer momento, yo quería ir más despacio pero hoy… En fin, ya has visto lo que ha pasado.

–          Ven aquí mi pequeña. – Le dijo Frank abrazando a su hija.

Jason y Paola se acercaron a ellos y ambos observaron la bonita escena de padre e hija abrazándose.

–          ¿Os quedáis a cenar? – Les preguntó Paola a Valeria y Jason.

Jason no se pronunció, miró a Valeria y esperó que fuera ella quien respondiera.

–          Otro día, mamá. – Se excusó Valeria. Le dio un beso en la mejilla y añadió para despedirse: – Te llamaré. – Le dio un beso a su padre y le dijo: – Hablamos pronto, papá.

Tras despedirse de los padres de Valeria, Jason agarró a Valeria por la cintura y juntos cruzaron el jardín y se subieron al todoterreno donde los dos agentes les habían estado esperando.

–          ¿Puedo preguntar qué tal se lo ha tomado tu padre? – Le preguntó Jason tanteando el terreno cuando llegaron a casa, en la intimidad de su habitación. Valeria le miró confundida y Jason le aclaró: – Todo el mundo ha visto cómo me besabas, no creo que tu padre haya sido la excepción.

–          Se lo ha tomado bien porque nos ve felices cuando estamos juntos. – Lo tranquilizó Valeria sin querer entrar en detalles.

–          ¿Pero…? – Quiso saber Jason.

–          A mi padre nunca le han gustado mis novios y, aunque no le caes mal, desconfía un poco de ti. – Le confesó Valeria. – No te lo tomes a mal, eres el que mejor le ha caído de todos mis novios.

–          ¿Cuántos novios has tenido? – Se oyó preguntar Jason y, antes de que Valeria le pudiera contestar, añadió: – Déjalo, no quiero saberlo. – Se concentró en lo que en realidad le importaba y volvió a preguntar: – ¿Por qué desconfía de mí?

–          Pues no sé decirte un motivo en concreto. – Le respondió Valeria encogiéndose de hombros. – Supongo que nuestra diferencia de edad y tu reputación con las mujeres han desequilibrado un poco la balanza.

–          Tan solo nos llevamos once años, no es una diferencia tan grande. – Le replicó Jason tratando de convencerse a sí mismo.

Valeria le sonrió con dulzura y lo besó en los labios. Jason la cogió en brazos y la llevó a la cama, donde le hizo el amor tan despacio y con tanta ternura que terminó por derribar todas las barreras de Valeria.

Como todas las noches después de hacer el amor con Jason, Valeria se quedó dormida entre sus brazos y él le susurró al oído:

–          Te quiero, preciosa.

Confía en mí 14.

Confía en mí

Valeria salió del salón y se dirigió al despacho en busca de su padre pese a que se sentía un poco nerviosa al dejar a Jason a solas con su madre y con su hermana. Por suerte Steve estaba con ellas y él no dejaría que le atosigaran demasiado. Valeria llamó a la puerta del despacho y esperó a que su padre diera permiso para entrar antes de abrir la puerta.

–          Hola cielo, ¿ya has llegado? – Le preguntó Frank mientras abrazaba a su hija con cariño y ternura. – ¿Has venido acompañada?

–          Así es, Jason Smith ha venido conmigo. – Le confirmó Valeria.

–          Valeria, ese hombre es bastante mayor que tú y no tiene una buena reputación con las mujeres. – Empezó a decir Frank preocupado. – Sé que no tengo ningún derecho a inmiscuirme en tus relaciones, pero no quiero que sufras.

–          No tienes nada de lo que preocuparte, papá. – Le aseguró Valeria. – Jason es un buen amigo que se preocupa por mí, ni siquiera ha intentado besarme.

–          ¿Te gustaría que lo hiciera? – Le preguntó Frank con el ceño fruncido.

–          Pues sí, papá. – Le confesó Valeria. – Sé que es pronto, que acabo de terminar mi relación con Brian y que no debería pensar en esto, pero lo cierto es que no puedo evitarlo.

–          El amor llega sin previo aviso, mi pequeña. – Le dijo Frank abrazando de nuevo a su hija. – Será mejor que vayamos a rescatar a tu amigo de las garras de tu madre y tu hermana, ¿cómo se te ocurre dejarle con ellas?

–          He dejado a Steve de intermediario. – Le contestó divertida.

Padre e hija se dirigieron al salón y sonrieron al encontrar a Jason bromeando con Lía, a quien se había ganado desde el primer momento. Valeria se acercó a su padre y le susurró:

–          Sé bueno con él, él es bueno conmigo.

–          Jason Smith, me alegro de volver a verte. – Lo saludó Frank amablemente para complacer a su hija.

–          Lo mismo digo, señor Mancini. – Lo saludó Jason.

–          Por favor, llámame Frank.

Todos miraron a Frank sorprendido, a él nunca le habían gustado los novios de Valeria, era su pequeña. Sabía que a Jason no le interesaba formar una familia, él se dedicaba plenamente a su trabajo, pero también sabía que era un tipo serio y responsable y que jamás se hubiera presentado en su casa si no le interesaba lo más mínimo Valeria.

Paola les hizo pasar a todos al comedor cuando la cena ya estuvo lista y Jason se sentó junto a Valeria y ella aprovechó la cercanía para susurrarle al oído sin que los demás la escucharan:

–          ¿Todo bien, director Smith?

–          Todo bien, preciosa. – Le susurró Jason dedicándole una seductora sonrisa que la derritió.

Cenaron tranquilamente hasta que Paola comenzó a hacer preguntas a Jason y Valeria se tensó, pero él la agarró de la mano por debajo de la mesa y le hizo saber que todo iba bien. Paola le preguntó sobre su trabajo, preocupada por lo peligroso que era, pero poco después comenzó a hacer preguntas más personales:

–          Dime Jason, ¿te gustaría tener hijos?

Valeria estaba bebiendo de su copa de vino en ese momento y se atragantó. Jason tuvo que darle unas palmaditas en la espalda para evitar que se ahogara y Bianca regañó a Paola:

–          Mamá, por favor.

–          Solo era una pregunta inocente, como lo he visto tan entretenido con Lía… – Se excusó Paola.

–          Con la mujer adecuada, me gustaría tener hijos. – Respondió Jason acariciando suavemente la espalda de Valeria. Valeria le miró incrédula y él, tras dedicarle una amplia sonrisa, le preguntó: – ¿Estás bien?

–          Sí, creo que sí. – Murmuró Valeria.

Valeria fulminó a su madre con la mirada y Paola decidió cambiar de tema y no volver a preguntar sobre Jason. Después de cenar Lía se durmió y Bianca y Steve se despidieron y regresaron a casa. Frank y Jason se tomaron una copa en el salón mientras que Valeria ayudaba a Paola recoger la mesa y la cocina.

–          Jason es un buen hombre y se nota que le gustas mucho. – Comentó Paola.

–          Solo somos amigos. – Insistió Valeria por enésima vez.

–          Ese chico te gusta de verdad y no deberías tratar de evitar lo que sientes, no es nada malo, cielo. – Le dijo Paola.

–          Me gusta, pero a él no parece que yo le guste tanto. – Resopló Valeria. – Ni siquiera ha intentado besarme, mamá. Y pasamos muchas horas juntos, demasiadas.

–          Puede que no te haya besado todavía, pero te ha acompañado a cenar a casa de tus padres y solo hace un par de semanas que lo conoces, eso dice mucho de lo que pretende.

Valeria continuó charlando con su madre en la cocina y, mientras tanto, Frank y Jason se tomaban una copa en el salón. Jason estaba alerta, sabía que si se quedaba a solas con Frank tendrían una conversación difícil y no se equivocó:

–          Valeria es mi hija pequeña y, por mucho que crezca, siempre será mi niña. – Empezó a decir Frank. – Me ha dicho que cuidas de ella y la respetas y yo me alegro de ello, pero…

–          No pretendo hacerle daño a Valeria, Frank. – Le interrumpió Jason. – Mis intenciones con ella son serias, de lo contrario no me hubiera presentado aquí.

En ese momento Paola y Valeria entraron en el salón y ambos hombres se volvieron para mirarlas y recibirlas con una sonrisa en los labios.

–          Creo que ya va siendo hora de marcharse. – Le dijo Valeria a Jason sentándose a su lado en el sofá, colocando su mano sobre la rodilla de Jason.

Jason rodeó con su brazo la cintura de Valeria y, dedicándole una seductora sonrisa, le dijo:

–          Cuándo tú quieras.

–          ¿Os vais tan pronto? – Les preguntó Paola con tristeza.

–          Cariño, Jason y Valeria estarán cansados y tienen que regresar a Sunbeach, ya regresarán otro día. – Intervino Frank.

–          Dentro de dos semanas celebraremos el cumpleaños de Lía, ¿querrás venir, Jason? – Le invitó Paola.

–          Me encantaría, si a Valeria le parece bien. – Le respondió Jason mirando a Valeria a los ojos, esperando que confirmase que irían juntos a la fiesta de cumpleaños de su sobrina.

–          Ya veremos, mamá. – Le dijo Valeria a su madre. Se despidió de Paola y Frank con un beso en la mejilla un afectuoso abrazo.

–          Gracias por esta magnífica cena, lo he pasado muy bien. – Se despidió Jason del matrimonio Mancini.

Valeria y Jason se subieron en la parte trasera del todoterreno de la agencia y regresaron a casa de Jason. Durante todo el camino de regreso, Valeria estuvo callada y mirando por la ventanilla, pensando en por qué Jason había aceptado ir al cumpleaños de su sobrina Lía. Su familia creía que había algo más que una amistad entre ellos y Jason no hacía nada para sacarlos de su error, más bien todo lo contrario. Jason supo que a Valeria no le había gustado que aceptara aquella invitación al cumpleaños de la pequeña Lía y no sabía por qué, él tan solo pretendía facilitarle las cosas y cuidar de ella como le había prometido.

–          ¿Estás enfadada conmigo? – Le preguntó Jason escudriñándola con la mirada en cuanto entraron en casa y se quedaron a solas.

–          No, no estoy enfadada contigo. – Le respondió Valeria distraída.

–          Valeria, dime qué te pasa. – Insistió Jason agarrándola del brazo.

Valeria frunció el ceño y finalmente le respondió:

–          No sé qué pretendes, te agradezco todo lo que estás haciendo pero me confundes. – Jason la miró sorprendido y Valeria continuó: – Mi familia se ha montado su propia película sobre nosotros y, a pesar de que he intentado sacarlos de su error tú no ayudas nada aceptando invitaciones a cumpleaños como el yerno perfecto.

–          ¿Estás enfadada porque he sido amable con tu familia? – Le preguntó Jason burlonamente.

–          Olvídalo. – Le dijo Valeria sintiéndose como una niña pequeña. – Creo que será mejor que me vaya a dormir.

Valeria subió las escaleras y se dirigió a la habitación de Jason, allí era donde tenía casi todas sus cosas. Se dio una ducha y se puso un short de algodón blanco y una camiseta de tirantes muy ceñida también de color blanco. No se había puesto ropa interior, esta noche pensaba ponérselo muy difícil a Jason.

Jason respiró profundamente, la observó mientras subía las escaleras y decidió ir a la cocina y servirse una copa para tranquilizarse. Allí se encontró con Vladimir, que le había escuchado llegar y quiso comprobar que todo estuviera bien.

–          ¿Va todo bien? – Le preguntó Vladimir.

–          Valeria está un poco enfadada conmigo y no entiendo muy bien por qué. – Le respondió Jason encogiéndose de hombros tras darle un trago a su copa.

–          Algo le habrás hecho. – Apuntó Gisela entrando en la cocina y sirviéndose un vaso de agua. – ¿No te ha dado ninguna pista?

–          Creía que se había enfadado porque he aceptado la invitación para el cumpleaños de su sobrina dentro de dos semanas, pero cuando le he preguntado me ha dado a entender que había algo más. – Le respondió Jason. – No he entendido nada y le he preguntado si se había enfadado porque había sido amable con su familia, entonces me ha dicho que lo mejor era que se fuera a dormir y se ha ido a la habitación. Creo que su familia piensa que hay algo entre nosotros y me reprocha que yo no haya hecho nada para sacarles de su error.

–          Quizás lo que te reprocha es que su familia piense que estáis juntos y tú no hayas hecho nada para convertirlo en una realidad. – Opinó Gisela. – Ve a hablar con ella, no dejes que se duerma estando enfadada.

Jason se bebió de un trago el contenido de la copa y, tras darles las buenas noches a Vladimir y Gisela, se dirigió a su habitación en busca de Valeria. Abrió la puerta de la habitación y la luz estaba apagada, pero podía notar la presencia de Valeria y logró distinguir su silueta sobre la cama.

–          Valeria, me pediste que no les hablase de nada relacionado con César Merino y eso he hecho. – Le dijo Jason entrando en la habitación. – Solo pretendía ser amable pero si no quieres que vaya no hay ningún problema, les diremos que me ha surgido un asunto de última hora en el trabajo. – Jason se sentó a un lado de la cama y añadió: – No te enfades, Valeria.

–          No estoy enfadada contigo. – Le dijo Valeria volviéndose hacia a él. Estiró el brazo y encendió la luz de la habitación al mismo tiempo que se incorporaba en la cama. – Y sí que quiero que vayas al cumpleaños de Lía, le has caído muy bien y se alegrará cuando te vea.

Jason la miró con deseo. Apenas llevaba ropa puesta y aquella ceñida y fina camiseta marcaba deliberadamente los pezones de Valeria. Ella le sonreía con descaro, le estaba provocando.

–          No me lo estás poniendo fácil, Valeria. – Le susurró con la voz ronca.

–          Eres tú quien se empeña en hacerlo difícil. – Lo provocó Valeria desafiándole con la mirada.

Jason le sonrió con picardía, Gisela tenía razón y Valeria quería lo mismo que él deseaba desde el primer momento en que la vio. Se quitó la camisa y los vaqueros y se metió en la cama con Valeria. La miró a los ojos, le sonrió, la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído con la voz ronca por la excitación:

–          Tu pijama me va a matar.

–          Ayúdame a deshacerme de él. – Le pidió Valeria.

Jason ya no pudo contenerse más, había intentado ser prudente para no asustarla, para que no malinterpretara la razón por la que quería ayudarla, pero ella ya lo había decidido y a él ya no le quedaba fuerza de voluntad. Acercó sus labios a los de ella y la besó. Fue un beso lento que ambos saborearon, ya que ambos lo deseaban desde hacía mucho tiempo. Valeria se estrechó contra el cuerpo de Jason y le rodeó el cuello con las manos, no quería que se separase de ella. Jason continuó besándola y, cuando Valeria se dio cuenta que Jason no pasaría del beso, se armó de valor y se arriesgó. Se separó de él un instante, se quitó la camiseta por la cabeza, se estrechó de nuevo contra el cuerpo de Jason y le volvió a besar. Jason se incorporó arrastrando a Valeria con él, la colocó a horcajadas sobre él y le susurró al oído:

–          Vas a volverme loco.

Jason le devoró la boca el cuello y los pechos. La tumbó en la cama y la deleitó con millones de besos y caricias por el cuerpo hasta que Valeria gimió en forma de protesta, estaba excitada y necesitaba más. Jason se deshizo del short de Valeria y acarició sus piernas con un movimiento ascendente hasta que sus manos se perdieron entre los muslos de Valeria. Valeria gimió excitada, Jason acariciaba su clítoris con una mano, mordía y pellizcaba sus pezones y ella estaba al borde del abismo. Jason la besó de nuevo en los labios mientras ella gemía, introdujo un dedo en su interior y después otro. Valeria se arqueó y buscó el miembro de Jason para acariciarlo. No sabía cómo ni cuándo, pero Jason se había deshecho de su bóxer y su duro y erecto miembro estaba completamente desnudo y al alcance de su mano. Valeria notó cómo Jason se estremeció con su contacto y le acarició apasionadamente.

–          Cariño, voy a hacerte el amor. – Le susurró Jason excitado.

Valeria gimió y se arqueó a modo de respuesta. Jason se puso un preservativo, se colocó entre sus piernas, la besó en los labios con urgencia y la penetró de una sola estocada. Ambos gimieron y Jason continuó entrando y saliendo de ella rítmicamente, al mismo tiempo que la besa y acariciaba con adoración. Valeria le rodeó la cintura con sus piernas y le arañó la espalda cuando las embestidas se tornaron más rápidas y profundas hasta que juntos alcanzaron el clímax. Jason se desplomó hacia un lado llevándose a Valeria con él, dejándola tumbada sobre su pecho. La besó en la frente y, cuando sus respiraciones se normalizaron, le preguntó:

–          ¿Estás bien?

–          Mejor que nunca. – Le respondió Valeria abrazándose a Jason.

Jason la envolvió con sus brazos y ambos se quedaron dormidos pocos minutos después.

A la mañana siguiente Valeria se despertó entre los brazos de Jason, había dormido de un tirón y no había tenido ninguna pesadilla. Jason le sonrió en cuanto la vio abrir los ojos y la besó en los labios.

–          Buenos días, preciosa. – La saludó Jason. – ¿Has dormido bien?

–          He dormido como un lirón y no he tenido pesadillas.

–          Valeria, algún día tendremos que hablar de esas pesadillas. – Tanteó el terreno Jason con pies de plomo. – Sé que tienen que ver con César Merino, pero no me has contado nada de lo que ocurrió cuando te secuestraron.

–          Ya te dije lo que pasó, me secuestró durante tres días, hasta que Luke me encontró y me rescató. – Le dijo Valeria. – Durante esos tres días me trató bien, intentaba seducirme pero como no lo consiguió, al tercer día se le acabó la paciencia e intentó violarme. Luke llegó justo a tiempo, me sacó de allí y nunca más había vuelto a saber nada más de César Merino hasta ahora.

Jason cerró los ojos tratando de contener la ira al escuchar las palabras de Valeria y la estrechó con fuerza entre sus brazos al mismo tiempo que le susurró al oído:

–          No dejaré que te ocurra nada, preciosa.

Se hicieron los remolones en la cama durante un rato por el simple hecho de permanecer juntos y abrazados un poco más.

Jason pasó la mañana trabajando encerrado en su despacho, tenía que ponerse al corriente de la situación de la agencia y llevaba dos semanas sin ir por la oficina. Valeria aprovechó la mañana para llamar a Grace y hablarle del edificio que había decidido alquilar, le envió las fotos y la ficha de la inmobiliaria y le pidió que lo revisase todo antes de dar el visto bueno. Grace le recordó que necesitaría un abogado para el papeleo y le sugirió que contratara a su amiga Olivia, sabía que estaba en paro y Grace quería que Valeria se sintiera lo más cómoda posible en su nuevo puesto de trabajo.

Valeria también llamó a su amiga Olivia y le ofreció el puesto de directora jurídica en la editorial, un puesto que Olivia no dudó en aceptar.