Solo tuya 22.

Solo tuya

“No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta de cuánto has cambiado tú.” Nelson Mandela.

Nada más entrar en el ático la melancolía se apodera de mi cuerpo. La última vez que estuve aquí era una persona completamente distinta, con prioridades y metas distintas. Ahora solo soy una simple mujer de veintisiete años asustada pero resignada a su destino.

Mi prioridad ahora es salvar la vida de Claudia, ella tan solo es una inocente víctima que no se merece pasar por esto. Mi misión es liberarla y a cambio seré yo quien pierda la libertad, pero eso es lo justo, soy yo quien ha provocado esta situación.

Recorro todo el apartamento estancia por estancia, recordando divertidas anécdotas con las chicas a las que tanto echo de menos. Ni siquiera puedo llamarlas para despedirme. Pero puedo dejarles una nota, estoy segura de que cuando no me encuentren el primer sitio donde me buscarán será en mi apartamento. Tan solo les escribo unas palabras: Si algo va mal, solo quiero que sepáis que lo siento, pero debía hacerlo. Os quiero, chicas, no lo olvidéis nunca.  Y dejo la nota pegada al espejo del hall de entrada, ahí seguro que la verán. Y, ya que estoy puesta, también le dejo una nota a mi padre: Perdóname, papá. Si me pasa algo mi padre no me lo perdonará nunca pero, me guste o no, tengo que hacerlo.

A medianoche me despido de mi apartamento y bajo a la calle. Me quedo de pie junto al portal hasta que un monovolumen para frente a mí y dos tipos salen del coche y se acercan.

–          ¿Señorita Yasmina Soler? – Me pregunta educadamente uno de los dos tipos con acento inglés.

–          Soy yo. – Le confirmo con un hilo de voz.

–          Acompáñenos, por favor. – Me dice el mismo tipo. – El señor Hilton la está esperando, pero antes debe entregarnos cualquier dispositivo electrónico que tenga.

Obedezco sin protestar, le entrego mi móvil y entro en el vehículo. Uno de los tipos se sienta conmigo en la parte trasera del vehículo y el otro se sienta en el asiento del copiloto, junto a otro tipo que está sentado tras el volante. ¿James ha enviado a cuatro hombres a recogerme? Eso solo puede significar que desconfía de mí, lo cual no es un buen presagio.

Paso casi una hora montada en un coche con tres desconocidos en el más absoluto de los silencios hasta que por fin el vehículo se para frente a una masía bastante alejada del casco urbano. Por los alrededores no hay nada más que viñedos iluminados tenuemente por la luz de la luna llena, estoy en mitad de ninguna parte.

La puerta principal de la masía se abre y veo aparecer a James. Han pasado cinco años y lo veo igual que siempre, es como si en vez de cinco años hubieran pasado cinco días. Lo más curioso es que yo me siento igual que me sentía hace cinco años: me siento vacía.

–          Mi ángel, por fin estamos juntos. – Comenta James acercándose a mí despacio. – No tengas miedo, pequeña. Yo voy a cuidar de ti.

Me abraza y yo me dejo abrazar, pero estoy tan tensa que el abrazo acaba resultando incómodo para los dos.

–          ¿Dónde está Claudia? – Le pregunto con un hilo de voz.

–          Está dentro. Vamos, te acompañaré a verla. – Me dice James arrastrándome al interior de la masía.

Entramos en la masía seguida de los cuatro tipos que me han acompañado en el coche y me han traído hasta aquí. Pasamos a un amplio salón y James, hablando en inglés, ordena a los cuatro hombres:

–          Esperad aquí, ahora mismo vuelvo.

Los cuatro hombres hacen un gesto afirmativo con la cabeza y se quedan en el salón mientras James me guía hasta a una habitación al fondo del pasillo. Introduce una llave en la cerradura, abre la puerta de la habitación y me dice:

–          Tu amiga está ahí, entra y despídete de ella. Vendré a buscarte en unos minutos, nos queda un largo camino que recorrer. Enviaremos un taxi a recogerla para que regrese a su casa, ya te dije que no le haría daño si dejaban que tú regresaras conmigo.

Entro en la habitación y James cierra de nuevo la puerta con llave. Doy un par de pasos y, en un rincón, veo a Claudia agachada en el suelo. Corro hacia ella y le pregunto preocupada:

–          Claudia, ¿estás bien? ¿Te han hecho algo?

–          Estoy bien, Yas. Solo estoy un poco asustada. – Me responde. – Está loco, dice que eres su ángel y me ha secuestrado para recuperarte. No tendrías que haber venido, Yas.

–          No pasa nada, Claudia. – Trato de tranquilizarla.

–          No entiendo cómo mi hermano te ha dejado venir. – Me mira a los ojos y lee la verdad en ellos. – No le has dicho nada, ¿verdad?

–          Es mejor así, créeme. – Doy por cerrado el tema. – Tengo que irme con ellos, pero enviaremos un taxi a buscarte para que regreses a casa. Solo te pido una cosa, Claudia, quiero que llames a este número. – Le entrego una tarjeta de Derek y añado – Es Derek Becker, un agente inglés que nos estaba protegiendo a Gonzalo y a mí. Él sabrá qué hacer.

–          ¿No quieres que le diga nada a mi hermano? – Me pregunta confusa y sorprendida. – No sé qué habrá pasado entre vosotros, pero no creo que sea tan grave…

–          No quiero hablar de ello, Claudia. – La interrumpo. – Además, ya nada importa.

La puerta se abre y James aparece junto a sus tres hombres.

–          Hay un taxi en la puerta que te llevará a dónde quieras. – Le dice James a Claudia con tono seco y distante. – Aquí tienes tu bolso y tu teléfono móvil. Y, una cosa más, diles que ahora el ángel está en el lugar al que pertenece.

Claudia me mira aterrorizada, no entiende nada pero yo no tengo tiempo de explicárselo. Me mira esperando una explicación, pero yo no soy capaz ni de mirarle a la cara, así que agacho la cabeza mientras los hombres de James la acompañan al taxi. La observo alejarse en el taxi y acto seguido James me hace un gesto para que suba a un todoterreno negro y él sube detrás de mí mientras dos tipos suben con nosotros y los otros dos suben en el monovolumen. Repartidos en dos coches, nos ponemos en marcha. Ni siquiera sé a dónde vamos, pero tampoco me importa.

 

 

Mientras tanto, en otro lugar…

Después de la reunión por el cambio de turno de los agentes de Derek, me dirijo a la cocina en busca de Adela, quiero saber si Yasmina ha cenado. Las últimas veinticuatro horas han sido un caos y la he evitado. La inesperada visita nocturna de Alexia me ha puesto de mal humor, ni siquiera sé cómo ha conseguido mi dirección ni por qué ha creído que podía presentarse aquí en plena noche. Siempre le he dejado claro que solo quería pasar un buen rato, que entre nosotros nunca habría nada serio. Está despechada porque una vez le dije que nunca me casaría y sin embargo me ha visto en la prensa y las revistas que anuncian mi compromiso con Yasmina. No quería hacerle daño, pero Alexia se me ha tirado encima y me ha besado, así que he tenido que pararle los pies. Tras decirle que no quería saber nada más de ella y que se mantuviera alejada de nosotros, le he pedido que se marchara. Alexia cree que mandé construir una casa solo para estar con Yasmina, cree que es solo un capricho. Incluso ha llegado a echarme en cara que trataba de seducir a Yasmina por el día mientras por la noche me acostaba con ella. Y lo más gracioso de todo es que Roberto se encargó de buscar varias empresas de construcción y, tras conocer la reputación de Alejandro Soler, decidimos contratarle a él. Ni siquiera sabía que tenía una hija y mucho menos que trabajaba con él. Roberto se encargó de la primera reunión para negociar las cláusulas del contrato, él se ocupa de todos mis asuntos legales. No voy a negar que la primera vez que vi a Yasmina me resultó una chica preciosa y muy inteligente, pero fue al oírla hablar de la casa de sus sueños cuando me hechizó por completo. Ella es auténtica y real, no es como el resto de las chicas a las que conozco, con la excepción de Esther, pero Esther es casi como mi hermana.

Y ha sido justo después de que Alexia se marchara cuando lo he tenido más claro que nunca, quiero pasar el resto de mi vida con Yasmina. Pero entonces la he encontrado en el jardín, charlando íntimamente con Mike, el maldito agente de Derek que tuvo el descaro de ponerle crema solar a Yasmina. Y, por si fuera poco, entre ellos había buena sintonía, parecía que el que estorbase fuera yo.

–          Gonzalo, ¿necesitas algo? – Me pregunta Adela con tono áspero en cuanto me ve entrar en la cocina.

–          Solo quería saber si Yasmina había cenado.

–          Sí, ha bajado la bandeja con los platos completamente vacíos hace una hora. – Me responde en el mismo tono.

–          ¿Ocurre algo, Adela?

–          Eso debería preguntarte yo a ti. – Me replica molesta. – ¿Se puede saber qué diablos te pasa por esa cabeza hueca? No sé qué ha pasado, pero te aseguro que comportándote así no lo solucionarás.

–          Todo esto es nuevo para mí. – Me defiendo.

–          Eso no es ninguna excusa, Gonzalo. – Me regaña. – Yas no está pasando por un buen momento, necesita que la apoyes. – Opina Adela. – Nos ha dicho que estaba enferma, pero a mí me ha parecido que estaba triste y disgustada.

–          Intentaré arreglarlo, te lo prometo. – Le aseguro.

Adela me besa en la mejilla y me da las buenas noches antes de retirarse a su habitación para descansar. Me sirvo un vaso de wiski con hielo y me siento en un taburete frente a la ventana, observando la vista nocturna del jardín trasero. Pierdo la noción del tiempo pensando y finalmente tomo una decisión: cuando todo el asunto de James Hilton se resuelva, le voy a pedir a Yasmina que se case conmigo y pienso hacerlo por todo lo alto.

–          Es más de medianoche, deberías ir a descansar. – Me aconseja Bruce sacándome de mis propios pensamientos. – Y también deberías solucionar lo que sea que hayas estropeado con Yasmina, no lo está pasando bien.

–          ¿Por qué todos creéis que el culpable soy yo? – Le reprocho molesto. – Todos pensáis que es demasiado buena para mí, ¿no?

–          Yo no he dicho eso.

–          Puede que no lo hayas dicho en voz alta, pero todos lo pensáis. – Le espeto. – He cambiado desde que la conozco, soy mejor persona, me siento mejor, me siento feliz. Ni siquiera he tenido la menor tentación de acostarme con otra mujer desde que la conozco, solo quiero estar con ella. – Resoplo resignado y añado con frustración: – Y cuándo estoy dispuesto a hablar con ella y confesarle lo que siento o, mejor dicho, lo que me hace sentir, la encuentro con ese maldito Mike, manteniendo una íntima conversación como si se conocieran de toda la vida.

–          A eso se le llaman celos y, por si no lo sabías, se sienten cuando se teme perder a alguien a quien amas porque se enamore de otro. – Se mofa Bruce.

–          ¿Qué te hace tanta gracia? – Le gruño.

–          Te gusta tenerlo todo bajo control, eres así desde que te conozco. – Comenta Bruce guardando la botella de wiski. – Pero Yas ha llegado a tu vida como un huracán, lo ha revolucionado todo y te ha hecho perder el control, te has enamorado.

–          ¿Y eso es malo?

–          Eso es maravilloso porque ella también se ha enamorado de ti, pero si continuas comportándote como un capullo la perderás. – Me advierte.

–          ¿Algún consejo?

–          Habla con ella, dile lo que sientes y deja a un lado esos celos. Demuéstrale que confías en ella y, sobre todo, que ella puede confiar en ti.

–          Tienes razón, iré a ver qué tal está y, si está despierta, hablaré con ella. – Le contesto decidido.

Me dirijo hacia a nuestra habitación y abro la puerta despacio, tratando de no hacer ruido para no despertar a Yasmina si se ha quedado dormida. Pero me sorprendo al comprobar que ella no está en la habitación y tampoco en el baño. Bajo de nuevo las escaleras y recorro el salón, el comedor y la cocina, pese a que acabo de venir de allí y Yasmina no estaba. ¿Dónde se ha metido? La llamo a su teléfono móvil pero está apagado. Me dirijo al cuarto de seguridad donde uno de los agentes hace guardia y, empezando a ponerme nervioso, le pregunto:

–          ¿Has visto a Yasmina?

–          No, no la he visto. ¿No está en su habitación? – Me pregunta preocupado. Niego con la cabeza y añade: – Avisaré a Derek.

Doy media vuelta y recorro toda la casa en busca de Yasmina y, cuando no la encuentro en ninguna parte, voy a buscar a Bruce a su habitación.

–          ¿Has visto a Yasmina? – Le pregunto.

–          No, ¿no la encuentras? – Me pregunta Bruce con el ceño fruncido, tan preocupado como lo estoy yo.

–          No encuentro a Yasmina por ninguna parte, no está en la habitación, el agente que controla las cámaras de seguridad tampoco la ha visto y, a menos que se haya metido en la habitación de Adela o en la de algún agente, tampoco está en la casa. La he llamado al móvil y lo tiene desconectado. – Le respondo.

–          A lo mejor ha salido a dar un paseo por el jardín. – Trata de tranquilizarme. – Vamos a buscarla.

Nos encontramos a Derek al pie de las escaleras y entre los tres recorremos el jardín y toda la casa. Pero nada, no hay ni rastro de ella.

–          Gonzalo, no te ofendas pero, ¿ha ocurrido algo por lo que ella pueda haberse ido? – Me pregunta Derek incómodo.

–          Hoy apenas la he visto, estaba un poco molesto y ella parecía estar también molesta conmigo, aunque no sé por qué. – Le respondo pasándome las manos por la cabeza. – No hemos discutido y no ha pasado nada para que ella haya decidido irse por su propio pie.

–          Puede que sí haya algo. – Comenta Mike clavando sus ojos en mí. – Esta mañana vino a buscarme, anoche bajó al salón y te vio besando a la pelirroja, sabía que yo estaba de guardia y quería preguntarme si vi algo.

–          ¿Dejaste entrar a la bruja de Alexia? – Me espeta Adela decepcionada.

–          ¡Joder! – Gruño entre maldiciones. – Fue ella la que me besó a mí y la eché. – Le aclaro a Adela. – Pero, ¿por qué no me dijo nada a mí y te lo contó a ti? – Le pregunto a Mike, él apenas la conoce, ha confiado en él antes que en mí.

–          Me lo contó a mí porque era yo el que estaba de guardia en la puerta principal cuando recibiste la visita. – Me responde Mike, ¿tratando de animarme? – Le dije que había visto cómo la echabas y le decías que no querías saber nada de ella, que estabas con Yas y que eso era lo único que te importaba, pero según parece ella escuchó algo que no la dejó creer en lo que le decía. Después llegaste tú y no hablamos más del tema.

–          Se ha ido por mi culpa, no sabemos dónde está y un psicópata que oficialmente está muerto la está buscando. – Respiro profundamente y murmuro: – Pero, ¿qué he hecho?

–          No se ha ido por eso. – Opina Derek. – Nadie la obliga a estar aquí, solo tenía que decirme que quería marcharse y la hubiéramos trasladado.

–          Si se ha ido, ¿cómo ha logrado burlar el sistema de seguridad, las cámaras de vigilancia y a los agentes que están de guardia? – Pregunta Mike.

–          Ese no es un problema para Yas. – Le responde Derek.

–          ¿A qué te refieres? – Pregunto sin entender nada.

–          Yas colaboró con nosotros cinco meses, estuvo infiltrada en una organización de narcotraficantes y tuvo que adquirir ciertos conocimientos. – Me aclara Derek. – Conoce la casa, el sistema de seguridad, la posición de las cámaras de vigilancia y el cambio de turno de los agentes que están de guardia. – Se vuelve hacia a Mike y le ordena: – Revisa las llamadas del móvil de Yas, quiero saber con quién ha hablado hoy.

Mike obedece y, sin tiempo que perder, enciende su ordenador portátil y trata de localizar el móvil de Yasmina.

–          El teléfono está desconectado y no tiene activado el GPS, así que no podemos localizar su posición, pero podemos acceder a sus llamadas. – Nos informa Mike al mismo tiempo que teclea en el ordenador. – Hoy solo ha recibido una llamada a las nueve de la mañana, vamos a ver a quién la ha llamado.

En la pantalla del ordenador portátil aparecen los datos personales de mi hermana Claudia.

–          Es mi hermana. – Murmuro.

–          Vamos a escuchar la conversación. – Anuncia Mike.

–          ¿Puedes hacer eso? – Le pregunto sorprendido.

–          Sí, tenemos su teléfono intervenido.

Mike teclea en el ordenador y escuchamos la conversación:

–          Hola Claudia.

–          Hola, mi ángel.

–          James, ¿eres tú?

–          Sí, mi ángel. Estoy tratando de ir a por ti para que estemos juntos, como debe ser, precioso ángel. Pero me lo están poniendo muy difícil, quieren apartarte de mí. Es nuestro destino, está escrito que vivamos y muramos juntos, precioso ángel.

–          ¿Dónde está Claudia, James? ¿Dónde está, James?

–          La utilizaremos como moneda de cambio, mi ángel. Ella será tu liberación.

–          No te entiendo.

–          La pequeña de la familia Cortés no regresará a casa hasta que mi ángel vuelva conmigo.

–          Si yo regreso a tu lado, ¿dejarás que Claudia se marche? – Le pregunto con un hilo de voz.

–          Eso es, precioso ángel. Si no estás conmigo antes de medianoche, la mataré.

–          ¡No! Yo quiero estar contigo, soy tu ángel. Dime a dónde tengo que ir.

–          Un coche te estará esperando frente al portal del edificio de tu apartamento a medianoche. Si no te llevan, la mataré. Si vienen contigo, también la mataré. Solo la soltaré cuando tú estés junto a mí.

–          Conseguiré estar allí y reunirme contigo, pero no le hagas daño a ella, Claudia es buena, es mi amiga.

–          Si nos dejan estar juntos, todo irá bien, mi precioso ángel. A medianoche estaremos juntos, ángel. A partir de ahora, todo nos va a ir bien, ya lo verás.

No me lo puedo creer, Yasmina se ha ido para intercambiarse por mi hermana Claudia. Miro el reloj, son la una de la madrugada. Desesperado me levanto y camino por el salón, pasándome las manos por la cabeza intentando pensar, mientras escucho el murmullo de los agentes, el teléfono móvil de Derek suena y habla por teléfono y yo me dirijo a la cocina en busca de mi móvil para llamar a mi hermana, pero su teléfono comunica.

–          ¡Gonzalo, es Claudia! – Exclama Bruce entrando en la cocina. – Venga, vamos.

Le sigo hasta el comedor y me encuentro a Derek dando órdenes a sus agentes.

–          ¿Está bien? ¿Sabe algo de Yasmina? – Le pregunto a Derek.

–          Tu hermana viene de camino, Yas le dio mi tarjeta para que me llamara.

–          ¿Y Yasmina? – Pregunto con un hilo de voz.

–          Yas se ha intercambiado por tu hermana, ahora está con James Hilton. – Me confirma Derek preocupado.

Le doy un puñetazo a la pared, maldigo una y mil veces y, cuando logro serenarme, le pregunto a Derek y sus agentes:

–          ¿Y ahora qué? ¿Dónde buscamos a Yasmina?

Derek abre la boca para contestarme, pero justo entonces mi hermana Claudia entra en el salón seguida por dos agentes y se me echa a los brazos llorando. La abrazo con fuerza y doy gracias porque ella esté bien.

–          ¿Estás bien, enana? – Le pregunto tratando de sonar tranquilo.

–          ¡No! – Me grita dejándome estupefacto. – No me puedo creer que la hayas fastidiado, Gonzalo, Yas es perfecta.

–          ¿A qué te refieres? – Le pregunta Bruce con el ceño fruncido.

–          Me pidió que le dijera a Derek que lo sentía y, cuando le pregunté si quería que te dijera algo, me dijo que no, insistí pero me dijo que era mejor así. – Me dice mi hermana mirándome con desaprobación.

–          Está enfadada conmigo. – Le confirmo avergonzado.

–          No, Gonzalo. Está decepcionada y eso es mucho peor. – Me reprocha Claudia. – Ni si quiera parecía importarle intercambiarse por mí, está resignada a su destino.

–          Claudia, ya vale. – Le advierte Bruce.

–          Tiene razón, Bruce. – Reconozco. – He sido un idiota, pero no estoy dispuesto a perderla.

Derek da un par de palmadas y empieza dar órdenes a sus agentes. Adela prepara una tila y se la ofrece a Claudia, que aunque se haga la fuerte está temblando. Derek le hace algunas preguntas y averiguamos que los hombres de James Hilton la secuestraron esta mañana cuando se dirigía al gimnasio y la han tenido retenida en una masía a las afueras de la ciudad. Los agentes de Derek ya se habían encargado de preguntarle al taxista dónde habían recogido a Claudia y están de camino al lugar, pese a que Claudia les ha asegurado que James, sus hombres y Yasmina se han marchado de allí dividiéndose en dos vehículos: un monovolumen y un todoterreno.

–          ¿Es que vamos a quedarnos aquí? – Le pregunto a Derek cuando termina de hacerle preguntas a Claudia. – Deberíamos salir a buscarla, estamos perdiendo el tiempo aquí de brazos cruzados o enviando a tus agentes al ático de Yasmina o a la maldita masía, ¡ella ya no está allí!

–          Ahora mismo, es lo único que podemos hacer. – Me contesta Derek. – Varios agentes están registrando el apartamento de Yasmina y esa masía en busca de alguna pista que nos indique a dónde han podido ir.

–          ¿Creéis que es posible que intente salir del país? – Pregunta Bruce preocupado.

–          No podrán salir del país en tren o en avión sin que los detectemos, si lo intentan en coche pueden tener alguna posibilidad, pero no creo que James Hilton se la juegue saliendo del país ahora, lo más probable es que se esconda durante unas semanas y espere a que las cosas se calmen para salir del país. – Opina Derek. – Estamos revisando las cámaras de tráfico, buscando los dos vehículos que nos ha descrito Claudia. Si las cámaras de tráfico los localizan, al menos sabremos qué dirección han tomado y por dónde empezar a buscar.

–          Deberías descansar, ahora no podemos hacer otra cosa que esperar a tener alguna pista, te avisaremos en cuanto sepamos algo. – Interviene Mike.

–          ¡Cómo si pudiera descansar! – Protesto con sarcasmo.

–          Gonzalo, debes descansar. – Sentencia Bruce. Se vuelve hacia a Claudia y añade: – Y tú también tienes que descansar, así que los dos a dormir.

Obligado por todos, Claudia y yo nos vamos a descansar, o al menos a intentarlo. Entro en la habitación y me tumbo en la cama. No consigo dormirme, el olor del perfume de Yasmina en las sábanas me perturba. La he decepcionado, Adela y Claudia lo han visto en sus ojos.

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