Solo tuya 18.

Solo tuya

“Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos sentimientos muy distintos. El primero es deseo; lo segundo es amor.” Milán Kundera.

Paso la noche en la cama de Gonzalo, pero él no aparece en ningún momento de la noche. Me despierto continuamente debido a las pesadillas, las mismas pesadillas que tenía en Londres cuando trataba de recabar información sobre la organización de James. Pero la última pesadilla ha sido tan real que me despierto gritando, incorporándome bruscamente en la cama y con la cara mojada por las lágrimas.

Un segundo más tarde, la puerta de la habitación se abre y veo entrar una silueta que reconozco al instante, es Gonzalo. Se sienta en la cama junto a mí y me abraza, me estrecha contra su cuerpo mientras yo sollozo asustada.

–          Tranquila Yasmina, solo ha sido una pesadilla. – Me susurra.

Oírle pronunciar mi nombre en vez de llamarme “cariño” hace que mis ganas de llorar aumenten, pero ya sea por dignidad o por tratar de que no se alargue mi sufrimiento, me seco las lágrimas con el dorso de la mano, me separo bruscamente de Gonzalo y, antes de levantarme y encerrarme en el cuarto de baño, le digo con un hilo de voz:

–          Estoy bien, perdona.

Nada más entrar en el cuarto de baño, las lágrimas vuelven a inundar mis ojos y empiezan a rodar por mis mejillas como si fueran dos cascadas. Gonzalo golpea suavemente la puerta con su mano y, tratando de que su voz suene suave y calmada, me dice desde el otro lado de la puerta:

–          Cariño, por favor abre la puerta.

¿Cariño? ¿Ha dicho cariño?

–          Estamos juntos en esto, somos un equipo, ¿lo recuerdas? – Insiste Gonzalo. – Soy un idiota y no he sabido comportarme, pero te aseguro que he recapacitado. Abre la puerta, Yas. Solo quiero abrazarte.

¿Yas? Él nunca me llama así. Abro la puerta despacio y Gonzalo se afana en envolverme entre sus brazos y llevarme a la cama de nuevo.

–          Perdóname, cariño. – Me susurra al oído. – Duérmete, yo me quedaré aquí contigo y no me iré a ninguna parte.

–          Pero…

–          Sht. Ya hablaremos cuando hayas descansado, pero te anticipo que no te va a ser fácil deshacerte de mí si es eso lo que pretendes. – Me susurra mientras me arropa como si fuera una niña pequeña. – Descansa, preciosa.

Consigo volver a dormirme, todo es más fácil si Gonzalo me envuelve entre sus brazos. Cuando me despierto ya ha amanecido, pero por la luz suave que se filtra por la persiana sé que todavía es muy temprano.

–          Buenos días, cariño. – Me susurra Gonzalo al oído. – Tengo que ir a la oficina, pero tú puedes quedarte un rato más en la cama, todavía es muy temprano. – Gruño en forma de protesta y ronroneo estrechándome contra a él con fuerza, no quiero que se vaya. – No tardaré en volver, te lo prometo.

Gonzalo me besa en los labios y se levanta para dirigirse al cuarto de baño donde escucho el agua de la ducha correr. Unos minutos más tarde, aparece de nuevo envuelto con una toalla, como si fuera un dios griego. Se viste frente a mí sin ningún tipo de pudor mientras yo me deleito con las maravillosas vistas que me ofrece.

–          Deja de mirarme así o llegaré tarde a la reunión. – Me dice burlonamente y sonriendo de oreja a oreja. Me da un casto beso en los labios añade antes de marcharse: – Regresaré antes de que te hayas dado cuenta de que me he ido.

Cansada y sin nada mejor que hacer, decido obedecerle y me vuelvo a dormir. Cuando vuelvo a despertarme son las diez de la mañana, así que me pongo en pie y me doy una ducha rápida. Tras vestirme y peinarme, recojo todas mis cosas y voy a la cocina a desayunar. Adela está hablando por teléfono en la cocina y la saludo con la mano para no interrumpirla, al mismo tiempo que le oigo decir a su interlocutor:

–          Ya se ha levantado. – Una pausa y añade: – No te preocupes, me aseguraré de que desayune. – Adela cuelga y, dedicándome una cálida sonrisa, me confía: – Gonzalo está preocupado por ti, me ha pedido que me asegure que desayunas bien. Ayer metió la pata hasta el fondo, pero se arrepiente y está tratando de enmendarlo.

–          Ayer estábamos todos muy nerviosos y yo tampoco fui sincera del todo con Gonzalo, por eso se ha enfadado conmigo. – Le confieso sintiendo la necesidad de hablar con alguien.

–          Nunca lo había visto así por ninguna chica, Yas. – Me asegura Adela. – Dale tiempo, todo esto es nuevo para él.

Adela me sirve un café y unas tostadas y me lo tomo todo, estoy hambrienta. Adela está al corriente de todo lo que sucede así que hablamos del traslado a la nueva casa y la ayudo a empaquetar y organizarlo todo para distraerme.

A las once y media de la mañana, Gonzalo y Bruce llegan de la oficina y, nada más entrar en el salón y verme, Gonzalo se acerca a mí y me acuna entre sus brazos con ternura al mismo tiempo que me susurra al oído:

–          Ven aquí, cariño. – Me besa en los labios y me pregunta: – ¿Has desayunado ya?

–          Sí, y también he recogido todas mis cosas. – Le contesto más animada. – Adela y yo no hemos querido empaquetar tus cosas por si necesitabas algo ahora.

–          Solo te necesito a ti. – Me susurra. – Ven, tenemos que hablar.

Gonzalo me coge de la mano y me lleva a la habitación, cierra la puerta detrás de nosotros y, agarrándome por la cintura y mirándome a los ojos, me dice:

–          Antes de irse, Derek me dejó el informe del caso Hilton y anoche lo estuve leyendo. Sé todo lo que ocurrió y por todo lo que tuviste que pasar y entiendo que me lo hayas ocultado hasta estar segura de ello. Reconozco que no me comporté cómo debía, pero te prometo que te lo voy a compensar, cariño. – Me besa en los labios y añade: – Somos un equipo y te quiero a mi lado, no lo olvides.

A las doce en punto del mediodía, Derek llega al apartamento junto a tres de sus agentes, los mismos con los que vino anoche. Entre Derek, Bruce y Gonzalo deciden cómo gestionar la situación y lo primero es trasladarnos a la nueva casa de Gonzalo. Por suerte, Borja ya ha acabado con la decoración y la casa está lista para entrar a vivir.

Llevándonos tan solo lo más esencial, nos trasladamos a la nueva casa. Para que no resulte sospechoso, Derek y sus agentes se adelantan para inspeccionar la casa y asegurarla. Cuando Derek nos da el visto bueno, Bruce nos lleva a Gonzalo, a Adela y a mí en su todoterreno, seguidos muy de cerca por dos de los agentes de Derek que nos escoltan.

Cuando llegamos, Gonzalo se encarga de repartir las habitaciones para que todo el mundo tenga un lugar donde asearse y descansar. La primera en instalarse es Adela, que se acomoda en una de las habitaciones de la planta baja. A Bruce y a Derek los instala en dos de las habitaciones de invitados de la planta de arriba y, a los agentes de Derek, como solo hay diez habitaciones y en total son una docena de agentes, los instala por parejas en otras seis habitaciones de invitados. Y por último, Gonzalo y yo nos instalamos en la habitación principal.

–          Cuando todo esto termine vas a tener que pedir una orden judicial para echarme, pienso quedarme como okupa. – Bromeo al entrar en la habitación y ver cómo ha quedado la habitación. – Todo está tal y cómo había imaginado que sería la casa de mis sueños.

–          Bienvenida a nuestra casa, cariño. – Me susurra Gonzalo abrazándome por la espalda y pegándome a su cuerpo. – Esta casa es nuestra, la hemos construido juntos y me encantaría despertarme junto a ti todas las mañanas.

Doy media vuelta sin soltarme de los brazos de Gonzalo y lo miro a los ojos tratando de averiguar si lo que dice es verdad. Gonzalo me sostiene la mirada y espera con paciencia a que me pronuncie, quiere saber qué estoy pensando.

–          Entonces, ya no estás enfadado conmigo. – Le digo y no es una pregunta.

–          Por supuesto que no estoy enfadado, Yasmina. – Me dice con tono serio. – No puedo enfadarme contigo porque tú no tienes la culpa de nada y quiero que eso te quede claro, ¿de acuerdo? – Asiento con la cabeza y me dice más relajado: – Tengo que confesarte que cuando vi a Derek me puse un poco celoso, él lo sabe todo de ti y yo apenas sé nada.

–          Entre Derek y yo nunca ha habido nada, pero durante cinco meses él fue mi único apoyo y se ha convertido en un gran amigo. – Le aclaro para evitar más malos entendidos.

–          Te quiero solo para mí, cariño. – Me susurra tímidamente.

–          Soy solo tuya.

–          ¿Solo mía?

–          Solo tuya. – Le confirmo.

Gonzalo me besa apasionadamente pero nuestro beso es interrumpido por unos suaves golpes en la puerta de la habitación.

–          Adelante. – Contesta Gonzalo resoplando pero sin dejar de abrazarme.

La puerta se abre y aparece Bruce con cara de avergonzado, a él tampoco le ha hecho demasiada gracia tener que llamar a la puerta de nuestra habitación. Nos mira y sonríe tímidamente antes de decir:

–          Siento la interrupción, pero Yas ha vuelto a recibir un ramo de orquídeas y viene con una tarjeta.

–          ¿Qué pone en la tarjeta? – Pregunto preocupada.

–          No lo sé, no la hemos querido abrir sin tu permiso. – Me responde Bruce.

–          Pues vamos a verlo, ¿no? – Propongo.

Bajamos al salón y me encuentro con un ramo de orquídeas impresionante, debe de haber por lo menos un centenar de ellas. Gonzalo me estrecha entre sus brazos con fuerza y puedo notar la tensión en su cuerpo. Me acerco al ramo, cojo la tarjeta y la leo en voz alta:

–          “Mi dulce ángel, te rescataré y volveremos a estar juntos.” Vale, esto está empezando a asustarme demasiado. – Murmuro entre dientes.

–          ¿Eso significa que pretende secuestrarte? – Me pregunta Bruce con el ceño fruncido.

–          No pienso volver a pasar por lo mismo, Derek. – Le advierto a Derek.

–          No te preocupes, no pienso permitir que te separes de mí ni un solo segundo. – Me asegura Gonzalo.

–          Esta vez la situación es distinta, puede que esté haciendo todo esto con la intención de que nos avisaras y así poder vengarse de todos nosotros. – Opina Derek. – James tenía un problema con la droga, por eso creía que eras un ángel. Pero han pasado ya cinco años desde entonces y, si hubiera seguido llevando la misma vida, a estas alturas estaría muerto, en un centro de desintoxicación o en la cárcel y, de cualquier modo, nos hubiéramos enterado de que está vivo, no hubiera podido ocultarse como lo ha hecho.

–          ¿Qué propones, entonces? – Pregunta Bruce.

–          Esperar a que dé un paso en falso, no podemos hacer otra cosa. – Le responde Derek resignado. – Mientras tanto, tendremos que mantener la casa asegurada y, si Gonzalo y Yas han de salir, deberemos doblar su seguridad.

–          Pero esto puede alargarse meses. – Protesto.

–          ¿Te supone un problema vivir conmigo? – Me pregunta Gonzalo alzando una ceja.

–          Lo que me supone un problema es no poder hacer una vida normal. – Le aclaro a él y a todos los que me escuchan. – No voy a poder salir con mis amigas a bailar y tomar una copa, no voy a poder irme de vacaciones como es debido. – Y mirando a Gonzalo, que me mira haciéndose el ofendido, añado – Y no voy a poder hacer otras muchas cosas que tenía pensado hacer.

–          Eso suena muy interesante. – Me dice Gonzalo divertido.

–          A menos que os guste hacerlo frente a una docena de agentes, me temo que tendréis que esperar. – Comenta Derek divertido. – Necesitaré que planifiquéis lo que vais a hacer mañana, tenemos que tenerlo todo preparado.

–          Pensábamos irnos de vacaciones unos días pero supongo que quedan canceladas. Puedo trabajar desde casa, así que no tengo que ir a la oficina. – Comenta Gonzalo. Me mira y, con tono serio, añade: – Pero deberíamos llamar a tu padre y quedar con él, supongo que querrás aclararle algunas cosas.

–          Mi padre no sabe nada de esto y quiero que siga siendo así, Gonzalo. – Le digo con un hilo de voz.

–          Cariño, no me estaba refiriendo al asunto de James Hilton. – Me aclara Gonzalo.

–          Oh, claro. – Caigo en la cuenta que se refiere a lo nuestro.

–          Y quizás también deberíais explicarle lo que está ocurriendo, no podemos descartar la posibilidad de que James lo utilice a él para llegar a ti. – Sugiere Derek.

–          ¿No puedes ponerle vigilancia como hiciste la otra vez? – Pregunto.

–          Podría, pero no creo que sea buena idea, Yas. – Me contesta Derek.

–          Tiene razón, deberíamos hablar con tu padre, cariño. – Lo secunda Gonzalo.

–          Genial, añadimos un problema más a la lista de problemas. – Murmuro entre dientes.

El primer día en la casa es un poco caótico, nos instalamos cada uno en nuestra habitación, discutimos sobre la seguridad y sopesamos varias estrategias. Cuando por fin logramos ponernos de acuerdo es más de medianoche y decidimos irnos a dormir mientras el primer turno de agentes se queda de guardia.

Subimos a nuestra habitación y Gonzalo me desnuda y me ayuda a ponerme el pijama como si fuera una niña pequeña, de una manera demasiado inocente. Cuando termina de ponerme el pijama, me da una palmada en el trasero y me susurra:

–          Venga, a la cama.

Le obedezco sin rechistar y me acomodo entre las sábanas de la enorme cama para contemplar en primera fila cómo Gonzalo se desnuda y, quedándose tan solo con el bóxer puesto, se mete en la cama conmigo.

–          Ven aquí, preciosa. – Me susurra envolviéndome con sus brazos. – Descansa, mañana nos espera un día duro.

Me sorprende que Gonzalo no busque sexo, se limita a abrazarme y acunarme entre sus brazos de una manera inocente, pero con posesión, confundiéndome todavía más de lo que ya estoy.

Dormimos abrazados durante toda la noche y, cuando abro los ojos por la mañana, Gonzalo ya está despierto y, estrechándome entre sus brazos, me susurra:

–          Buenos días, dormilona. – Ronroneo apretándome contra su cuerpo y añade – Voy a darme una ducha, deben estar esperándome, pero tú puedes dormir un rato más. – Me besa en los labios y, dirigiéndose al cuarto de baño, me dice: – Avísame cuando bajes a desayunar, quiero asegurarme que te alimentas bien.

Gonzalo se ducha, se viste y me besa en los labios antes de bajar a desayunar a la cocina mientras yo continúo haciéndome la remolona en la cama y preguntándome por qué Gonzalo no ha querido hacer el amor conmigo. A las diez de la mañana decido levantarme, me duele la cabeza y no he conseguido una explicación que me convenza lo suficiente para que Gonzalo me haya dejado así. Puede que no me desee, pero entonces no se hubiera metido conmigo en la cama ni me hubiera abrazado durante toda la noche. Puede que con el estrés de los últimos días no le apetezca, pero yo también estoy estresada y me sigue apeteciendo acostarme con él.

Tras darme una ducha y vestirme, bajo a desayunar a la cocina. Adela me da los buenos días y se ofrece a prepararme un café y unas tostadas para desayunar mientras yo me dirijo al despacho de Gonzalo donde se encuentra reunido con Bruce y Derek.

–          Buenos días, Yas. – Me saludan Bruce y Derek.

–          Buenos días, cariño. – Me saluda Gonzalo.

–          Buenos días. – Saludo.

–          Cariño, tienes que llamar a tu padre. – Me dice Gonzalo con suavidad. – Necesitamos saber cuándo vamos a reunirnos con él para tenerlo todo bajo control. – Se levanta de su sillón y se acerca para rodearme la cintura con sus brazos. Me besa en los labios con ternura y añade: – Pero primero tienes que desayunar. – Se vuelve hacia a los dos hombres que nos miran sonriendo con complicidad y les dice antes de dirigirse conmigo a la cocina: – En una hora os indicaremos el lugar y la hora del encuentro.

Desayuno y llamo a mi padre por teléfono. No quiero contarle nada por teléfono, así que lo único que le digo es que tengo que hablar con él sobre un par de asuntos importantes y que iré acompañada por Gonzalo y un par de personas más. Mi padre accede a reunirnos en su casa a la hora de comer y así se lo confirmamos a Derek, quien se encarga de organizar el desplazamiento. Bruce nos llevará y nos traerá a Gonzalo y a mí, mientras que un par de agentes nos seguirán en otro coche y otro par de agentes y Derek se reunirán con nosotros en casa de mi padre.

Tal y cómo habíamos acordado, a las 13 horas Gonzalo y yo salimos de la casa en un todoterreno blindado y conducido por Bruce, otro coche con dos agentes nos sigue con discreción y dos agentes más junto a Derek saldrán en diez minutos para dirigirse a la misma dirección. Cuando llegamos, mi padre nos está esperando en el porche y, al ver llegar a tanta gente, mi padre contrae el gesto.

–          Hola papá. – Lo saluda dándole un abrazo cuando llegamos hasta a él.

–          Yasmina, ¿qué está pasando? – Me pregunta preocupado.

–          Será mejor que entremos y te lo explicamos todo. – Le propongo.

Mi padre asiente con la cabeza y acto seguido saluda a Gonzalo estrechándole la mano. Gonzalo recibe su saludo con cordialidad y le dice:

–          Señor Soler, ellos son Bruce, el jefe de seguridad de Business y mi escolta personal; y Derek Becker.

Mi padre también les estrecha la mano a ellos con educación y nos hace pasar a todos al salón para poder hablar con más comodidad. Una vez acomodados en los sofás del salón, me veo obligada a tomar las riendas de la situación:

–          Verás papá, la situación es un poco complicada y por eso estamos aquí. – Empiezo a decir y Gonzalo me acaricia suavemente la espalda en señal de apoyo. – Derek es un agente del Servicio Secreto del Reino Unido y está aquí por el asunto de las orquídeas.

–          ¿Habéis averiguado de quién se trata? – Pregunta mi padre mirando a Gonzalo con reproche.

–          Papá. – Le recrimino. Mi padre alza los brazos en señal de inocencia y le digo: – Hemos descubierto que se trata de James Hilton, un tipo al que conocí en Londres durante el semestre que estudié allí. El Servicio Secreto le estaba vigilando para detenerle a él y a toda su organización y colaboré con ellos.

–          ¿Lo detuvieron y se ha escapado? – Pregunta mi padre confundido.

–          No. – Interviene Derek. – Su casa explotó con él dentro, logramos recuperar los restos de un cadáver y, tras hacerle las pruebas de ADN, verificamos que se trataba de James Hilton, así que dimos el caso por cerrado.

–          ¿El muerto te envía las flores? – Me pregunta mi padre cada vez más confundido.

–          Bruce localizó la floristería desde donde enviaban las orquídeas y consiguió el vídeo de seguridad en el que aparecía el tipo que encargaba el envío de las orquídeas. – Interviene Gonzalo. – Yasmina ha identificado a ese tipo como a James Hilton.

–          Pero, ¿no se supone que está muerto? Quiero decir, le hiciste la prueba de ADN al cadáver que encontrasteis en la casa, ¿no? – Pregunta de nuevo mi padre, cada vez más perdido.

–          Así es, papá. – Le confirmo. – No sabemos qué pudo pasar entonces, pero creemos que James Hilton sigue vivo.

–          ¿Es un tipo peligroso?

–          Bastante peligroso, señor Soler. – Le confirma Derek. – Por eso estamos aquí, y también para protegerle a usted. Un par de agentes le custodiaran las veinticuatro horas del día, queremos estar preparados por lo que pueda pasar.

–          ¿Y tú, Yas? – Me pregunta mi padre.

–          Yo me quedaré en la nueva casa de Gonzalo, Derek ha asegurado la casa con sus agentes y debemos actuar con normalidad…

–          ¿Actuar con normalidad? – Me interrumpe mi padre. – Lo normal no es que vivas con Gonzalo Cortés, Yas.

–          Señor Soler, le prometí que iba a cuidar de Yasmina y pienso cumplir mi promesa. – Le asegura Gonzalo. – Somos una pareja y debemos actuar como una pareja para no levantar sospechas, de lo contrario volverá a su escondite y no podrán detenerle.

Gonzalo me rodea la cintura con su brazo izquierdo y me estrecha contra su cuerpo, dejándole claro a mi padre que estamos juntos. Mi padre me mira esperando que se lo confirme y yo se lo confirmo esbozando una pequeña sonrisa.

–          Si vas a ser mi yerno, será mejor que empecemos a tutearnos. – Le dice mi padre a Gonzalo, dándonos una tregua.

Todos nos relajamos después de las palabras de mi padre y pasamos al comedor, donde reponemos energía.

Después de comer regresamos a casa de Gonzalo y un par de agentes se quedan con mi padre para escoltarlo. Cuando llegamos a casa de Gonzalo, Derek se reúne con sus hombres en el jardín mientras que Gonzalo, Bruce y yo pasamos al salón. Ellos empiezan a hablar de trabajo y yo decido retirarme a la habitación, sacar mi portátil y echarle a mi padre una mano con los presupuestos y las facturas de la oficina, así me mantengo ocupada y el tiempo se me pasa más deprisa. A las nueve en punto de la noche, Gonzalo viene a buscarme a la habitación y juntos bajamos a cenar a la cocina con todos los demás.

Es más de medianoche cuando Gonzalo y yo nos retiramos a nuestra habitación. Empiezo a desnudarme lentamente y sin mirarle. Me quito las bailarinas, la camiseta, los vaqueros y, por último el sujetador, y camino un par de pasos por su lado en busca de mi pijama. Gonzalo se me adelanta, coge mi pijama y, con gesto indescifrable, me ayuda a ponerme la camiseta de tirantes y el short que componen mi pijama. Suspira profundamente, me da un casto beso en los labios y da media vuelta para desvestirse y ponerse su pijama, pasando por completo de mí y de mis armas de seducción. Nos metemos en la cama y Gonzalo me estrecha entre sus brazos, pero sigue sin intentar nada conmigo y empiezo a preocuparme. ¿No se supone que somos una pareja? Pues las parejas hacen algo más que abrazarse y darse castos besos.

Los días van pasando y Gonzalo continúa igual de cariñoso conmigo, pero también sigue sin tocarme un pelo. Me abraza, me besa, se muestra cariñoso y muy protector conmigo, pero nunca va más allá. Además, casi nunca estamos a solas y eso complica las cosas, siempre hay alguien que aparece para interrumpirnos en el momento más inoportuno.

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