Solo tuya 1.

Solo tuya

“Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero,” William Shakespeare.

Estoy concentrada revisando la montaña de presupuestos para la nueva obra que estamos a punto de conseguir. Y digo a punto porque, con la crisis que hay, hasta que el contrato no esté firmado no vamos a dar nada por hecho. Mi padre necesita que las facturas estén archivadas el lunes a primera hora, para la reunión en Madrid, así que más me vale acabarlo hoy si no quiero pasarme el fin de semana trabajando.

A la una mi padre pasa por mi despacho y, tras confirmar que efectivamente estoy haciendo lo que me ha pedido, me mira con dulzura y me dice:

–          Voy a comer con Rubén, ¿te vienes?

–          No, quiero acabar esto cuanto antes y tener el fin de semana libre. – Le respondo.

Mi padre asiente con la cabeza y me pregunta:

–          ¿Te traigo algo para comer?

–          Un bocadillo de tortilla francesa y una Coca-Cola. – Le contesto poniendo cara de niña buena.

Mi padre menea la cabeza de un lado a otro y se marcha sonriendo. Me alegro de que no haya insistido en que vaya con él a comer, no me apetece nada encontrarme con Rubén.

Rubén es el jefe de obra de la constructora, lleva trabajando para la empresa desde hace diez años, las prácticas de la universidad las hizo aquí y mi padre lo considera uno más de la familia. El caso es que estoy evitando a Rubén desde el domingo por la noche, cuando después de cenar en casa de mi padre se ofreció a llevarme a casa. Cuando nos despedimos hubo algo extraño, creo que estuvo a punto de besarme, luego todo fue muy tenso y frío, como si fuéramos dos desconocidos. Sé que no es una actitud muy adulta por mi parte el tratar de evitarle, pero por suerte Rubén se pasa el día visitando obras y apenas pasa por la oficina. Además, creo que él también me está evitando porque no lo he visto en toda la semana por aquí.

A las tres en punto mi padre regresa a la oficina y me trae el bocadillo y la Coca-Cola, pero ni rastro de Rubén.

Cuando por fin termino de revisar y archivar las facturas son las cinco de la tarde. Estoy recogiendo mis cosas y apagando el ordenador cuando recibo un mensaje en mi móvil. Es Rocío, una de mis mejores amigas, que ha escrito en el grupo de “julandronas” compuesto por Rocío, Lorena, Paula y una servidora. Las cuatro nos conocimos en el instituto con doce años y desde entonces somos amigas, quince años han pasado ya. Abro el mensaje de Rocío y leo: “Gabinete de crisis. Reunión urgente. Nos vemos en el Tapas en una hora. No me falléis, julandronas.” ¿Gabinete de crisis? ¿Reunión urgente? ¿Qué narices ha pasado? Salgo de mi despacho y me despido de mi padre, que también está recogiendo sus cosas para marcharse a casa.

–          Ya tienes las facturas archivadas y los informes de gastos y beneficios. – Le digo mirando el reloj de mi muñeca para comprobar la hora.

–          ¿Tienes prisa?

–          He quedado con las chicas. ¿Pasarás por la oficina el lunes antes de ir a Madrid?

–          Sí, nos vemos el lunes. – Me confirma. Me da un beso en la mejilla y me dice con ternura: – Diviértete el fin de semana.

–          Lo intentaré. – Le contesto divertida y le sonrío antes de marcharme.

Adoro a mi padre, es una buena persona y tiene un corazón enorme, aunque en asuntos de trabajo sea un hombre frío, distante y calculador. Muy poca gente lo conoce como la persona que realmente es, más bien es conocido y temido por su implacabilidad en los negocios.

Puntual como un reloj suizo, a las seis en punto llego al Tapas, un bar de cañas y tapas al que vamos mis amigas y yo desde que íbamos al instituto porque era y sigue siendo un punto de encuentro intermedio, a todas nos quedaba cerca de nuestras casas.

Lorena ha sido la primera en llegar y está sentada en una de las mesas de la terraza del Tapas. No sé muy bien cómo describir a Lorena sin asustaros, así que seré sincera: Lorena es como un hombre pero sin rabo. No malinterpretéis, es una chica explosiva y femenina que allí donde va levanta pasiones, pero a la hora de pensar lo hace como un hombre, al menos en lo referente al sexo. Siempre ha sido muy liberal, no cree en el amor pero cree que el sexo lo soluciona todo. Es descarada, alocada, demasiado sincera y muy divertida. En fin, esa es Lorena. Mientras camino hacia a ella, la veo fumando un cigarrillo, bebiendo de su caña de cerveza al mismo tiempo que hojea con desgana una revista. Cuando me llegar, se quita las gafas de sol y se las pone en la cabeza para escrutarme con la mirada.

–          No me mires así, yo tampoco sé nada. – Le digo a modo de saludo. Le doy dos besos en la mejilla y me siento a su lado. – Pero parece que no pinta muy bien.

–          Por ahí viene Paula, a lo mejor ella sabe algo. – Apunta Lorena.

Paula es la más sensata de las cuatro, es el polo opuesto de Lorena. Es muy guapa y elegante, una mujer íntegra, trabajadora y responsable, pero demasiado carca para la edad que tiene. La mayoría de las veces tenemos que rogarle para que salga de copas con nosotras, siempre está muy ocupada trabajando y cada vez tiene menos vida social, pero aún y así sigue pensando que en algún lugar hay un príncipe esperándola, y eso es que es la más sensata de las cuatro…

Paula llega hasta a nosotras, nos saluda y se sienta. El camarero se acerca a nuestra mesa y le pedimos dos cañas. Paula espera a que se haya marchado para preguntar:

–          ¿Sabéis algo de Rocío?

–          Me temo que sabemos lo mismo que tú: nada. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–          ¡Nos va a decir que se casa! – Exclama Paula emocionada.

–          Gabinete de crisis no suena a “me voy a casar”, más bien suena a “no sé cómo ha pasado pero estoy embarazada”. – Apunta Lorena poniendo cara de horror.

–          Ahora saldremos de dudas, por ahí viene Rocío. – Les anuncio cuando veo a Rocío cruzando la plaza hacia a nosotras.

–          Si se pide una caña, no está embarazada. – Opina Paula.

–          O se pide una botella de tequila para ella sola… – Se mofa Lorena.

–          ¡Serás burra! – La regaña Paula y Lorena pone los ojos en blanco.

Rocío es un término medio entre Paula y Lorena. No es tan estricta y recatada como Paula ni tampoco es tan descarada y cínica como Lorena. Tiene mucho genio, pero también tiene un gran corazón. Es divertida pero responsable.

Rocío llegó hasta a nosotras, nos saludó con un beso en la mejilla a todas y se dejó caer en la silla que quedaba libre, soltando una risita nerviosa.

–          ¡Dime que no te has quedado embarazada antes de casarte! – Le ruega Paula horrorizada.

–          La verdad es que celebrar una despedida de soltera con la novia embarazada corta bastante el rollo y no lo digo porque no puedas beber, sino porque el boy ni siquiera se te acercará. – Apunta Lorena. – Aunque a lo mejor podemos contratar a algún boy que le dé morbo montárselo con una embarazada…

–          Pero, ¿qué dices, depravada? – La regaña Paula escandalizada.

Rocío y yo nos miramos y ponemos los ojos en blanco, con Paula y Lorena siempre es igual, son el blanco y el negro. Y, aunque por motivos distintos, esta vez ambas se han puesto de acuerdo.

–          No estoy embarazada y tampoco me voy a casar. – Aclara Rocío. – Pero necesito algo más fuerte que una caña para hablar de ello. – Busca al camarero y cuando lo encuentra llama su atención y le pide: – Cuatro mojitos, por favor.

–          Empezamos fuerte… – Susurro entre dientes.

–          Te he oído. – Me dice Rocío dándome un codazo en las costillas. El camarero nos trae los cuatro mojitos y todas nos quedamos mirando a Rocío durante unos instantes hasta que ella por fin se digna a hablar: – Dejad que el mojito me haga efecto, hablad de otras cosas mientras tanto. – Se vuelve hacia a mí y me pregunta para cambiar de tema: – ¿Has hablado ya con Rubén?

–          No, no lo he visto en toda la semana. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–          ¿Te lo has tirado y no me has dicho nada? – Me pregunta Lorena indignada.

–          Pero, ¡si trabajas con él! – Protesta Paula.

–          Muchas gracias, Rocío. – Le digo con ironía. Miro a las chicas y les aclaro: – No me lo he tirado, que quede claro. Ni siquiera nos hemos besado.

–          Entonces, ¿qué ha pasado? – Me pregunta Paula preocupada.

–          La otra noche, tras cenar con él en casa de mi padre, se ofreció a llevarme a casa y cuando nos despedimos creo que intentó besarme en la boca, pero todo fue tan rápido y raro que terminó dándome un beso en la comisura de los labios. Desde entonces, no lo he vuelto a ver. – Les explico. – Este mediodía ha ido a comer con mi padre pero no ha pasado por la oficina, ha quedado con mi padre directamente en el restaurante. Mi padre me ha dicho que me fuera con ellos, pero la verdad es que no tengo ganas de verlo y menos estando mi padre delante.

–          Y, si no piensas hablar con él del tema, ¿qué piensas hacer? – Pregunta Rocío.

–          Había pensado en no hacer y nada y la próxima vez que le vea actuaré como si nada hubiera pasado, o al menos como si yo no me hubiera enterado… – Le respondo.

–          Muy maduro por tu parte. – Se mofa Lorena. – Si estuviera en tu lugar, yo eliminaría esa tensión sexual tirándomelo.

–          Tú todo lo arreglas igual. – Le dice Paula rodando los ojos.

–          Rubén es como un hermano mayor, un buen amigo, no tengo ninguna intención de acostarme con él. – Les digo convencida.

Escuchando las opiniones de mis tres amigas sobre lo que debería hacer con Rubén, nos bebemos los mojitos y pedimos otra ronda.

–          Bueno Rocío, ya va siendo hora de que nos digas por qué nos has reunido en plan gabinete de crisis. – La animo a hablar o no se arranca.

–          Mi relación con Óscar no va bien, creo. – Empieza a decir Rocío.

–          ¿Habéis discutido? – Pregunta Paula sorprendida.

Óscar es el novio de Rocío, llevan juntos desde hace cinco años, los últimos dos años conviviendo en un piso de alquiler en el centro. Siempre hemos pensado que son la pareja perfecta,  nunca los hemos visto discutir, se llevan muy bien y sobre todo se respetan. Son tan cariñosos que empalagan, Lorena siempre les dice que estando con ellos un día vomitará arco iris. Y yo, si alguna vez he creído en el amor, ha sido gracias a ellos y a su maravillosa relación.

–          No, no hemos discutido. – Resopla Rocío. – No sé cómo explicarlo, pero desde hace un par de meses no somos los mismos. De cara a la galería seguimos siendo lo que se dice una pareja perfecta: no discutimos, nos hablamos con respeto y amabilidad y todo eso, pero no lo es lo mismo.

–          ¿Ya no folláis? – Le pregunta Lorena con total naturalidad. Paula pone los ojos en blanco y Lorena insiste: – El sexo tiene un valor muy importante en la relación, si el sexo no va bien, la relación no va bien y viceversa.

–          ¿Ahora eres sexóloga? – La increpa Paula.

–          Chicas, estamos aquí para escuchar a Rocío y, si ella quiere, opinar. – Les recuerdo mediando entre las dos adolescentes que se han convertido mis amigas. Me vuelvo hacia a Rocío y le advierto con ternura: – Si pretendes que te demos nuestra opinión tendrás que contárnoslo todo para poder ser objetivas.

–          No, el sexo no va bien. – Confiesa Rocío. – Se pasa quince horas fuera de casa trabajando, cuando viene está tan cansado que se da una ducha y se mete en la cama. No me toca desde hace más de siete semanas, con sus largos días y sus largas noches.

–          ¿Nada de sexo en siete semanas? – Le pregunta Lorena incrédula. – Ninguna persona sexualmente sana puede pasar siete semanas sin sexo, a menos que seas igual de frígida que Paula. – Aprovecha para pinchar a Paula. – Ahora en serio, ¿has puesto toda la carne en el asador o te estás haciendo la estrecha?

Rocío se ruboriza y ella nunca se ruboriza hablando de sexo, al menos nunca con nosotras. Le da un largo trago a su mojito, carraspea suavemente para aclararse la garganta y confiesa:

–          Anoche, cuando Óscar llegó del trabajo, le estaba esperando con un picardías de La Perla que apenas dejaba nada a la imaginación, le había preparado una cena romántica en el salón con velas y me había pasado tres horas depilándome entera y alisándome el pelo con la plancha. – Lanza un suspiro y añade: – Ni siquiera se paró a mirarme, me dio un beso en la mejilla, me dijo que ya había picado algo de cenar y que estaba muy cansado y se iba a dormir. Creo que ya no le gusto…

–          No digas eso, seguro que está estresado por el trabajo y es solo una mala racha. – Trata de calmarla Paula.

Lorena y yo intercambiamos una larga mirada en la que le pido prudencia, no podemos culpar a Óscar de algo que ni siquiera sabemos. Además, ambas lo conocemos y lo queremos, es un buen tipo, no podemos sacar conclusiones sin tener más datos.

–          No sé, es que nos hemos convertido en compañeros de piso. Ya no existe esa chispa que nos encendía, ahora es todo demasiado rutinario y superficial, somos como dos extraños que viven juntos pero que van a su bola. – Continúa Rocío.

–          Lo único que puedo decirte es que hables con él, lleváis juntos mucho tiempo y puede que el trabajo y la rutina os haya afectado, pero eso solo significa que ambos tendréis que poner de vuestra parte para sacar la relación adelante, si es que es eso lo que queréis claro. – Opino. – Te aconsejo que no tomes decisiones en caliente y que lo pienses muy bien, nadie mejor que tú sabe lo que es mejor para ti.

Lorena me mira y se muerde la lengua. Sé perfectamente lo que piensa, pero no pienso dejar que se lo diga a Rocío sin tener la más mínima prueba, así que la fulmino con la mirada obligándola a callar, Lorena no tiene tacto para decir las cosas y es mejor que de momento mantenga su bocaza cerrada.

–          Tienes razón, Yas. – Me dice Rocío. – Voy a hablar con él y que sea lo que Dios quiera.

Nos terminamos el mojito y nos despedimos. Rocío tiene prisa por ir a casa y prepararse mentalmente para la charla que pretende tener con Óscar. Paula también se va a casa, aunque mañana es sábado ella trabaja, es una adicta al trabajo. Lorena y yo nos quedamos un rato más en el Tapas, no tenemos prisa y tenemos que hablar.

–          ¿A qué ha venido eso? – Me reprocha Lorena cuando nos quedamos solas. – Sé qué piensas lo mismo que yo, de hecho, estoy segura de que todo el mundo opinaría lo mismo si nos dedicáramos a ir preguntando por ahí, no entiendo por qué no se lo hemos dicho. – Lorena se enciende un cigarro y añade: – Se pasa el día “trabajando”, llevan dos meses sin sexo, no la mira, no la toca y duermen en la misma cama. Mientras antes lo asimile, antes lo superará.

–          No pienso decirle a Rocío que su novio de hace cinco años quizás la esté engañando, al menos no hasta tener pruebas o suficientes indicios.

–          Pues algo tenemos que hacer.

–          Deja que Rocío hable con él y a ver qué nos cuenta. – Le sugiero. – Y tú, ¿qué? ¿Ha caído ya en tus redes el tío del gimnasio?

–          No, aún no. – Me contesta sonriendo con picardía. – No he ido al gimnasio en toda la semana. – Arquea las cejas y sonríe, yo me echo a reír, estoy segura de que ya ha liado alguna de las suyas. – Ya han contratado al nuevo director de márquetin y está tremendo, es alemán y me pone a cien solo con mirarlo. Cómo me he encargado de todo mientras buscaban un sustituto, me he quedado con él todas las tardes hasta las tantas en la oficina para ponernos al día.

–          Lore, no creo que tirarte a tu jefe sea una buena idea. – Le digo resignada, sabiendo que va a hacer lo que le dé la gana, como hace siempre. – Vas a tener que verlo todos los días, piensa en eso.

–          Todavía no ha pasado nada. – Se defiende Lorena.

–          Pero conociéndote, pasará.

–          ¡Cómo me conoces, jodía! – Me contesta con su sonrisa maliciosa estampada en el rostro. – Si lo conocieras, tú también pensarías en tirártelo.

En fin, Lorena es incorregible y no creo que cambie nunca. Tras terminar de bebernos el tercer mojito de la tarde y quedar para ir de compras mañana por la mañana, me despido de Lorena y me voy a casa.

El sábado por la mañana me reúno con Lorena en una cafetería del centro para desayunar antes de irnos de compras. No sabemos nada de Rocío, por lo que deducimos que lo ha debido de arreglar con Óscar o aún no ha hablado con él. Decidimos no llamarla para evitar agobiarla, ella nos llamará cuando nos necesite, de eso estamos seguras.

Pasamos la mañana comprando zapatos, vestidos y ropa interior sexy en un arrebato de locura y despilfarro. A las tres de la tarde nos damos por satisfechas y decidimos parar a comer en un restaurante japonés. Comemos sushi y bebemos sake. Cuando salimos del restaurante estamos bastante achispadas y decidimos ir a mi piso a probarnos toda la ropa que nos hemos comprado.

Mi piso está situado en el Paseo de Gracia, un ático de dos habitaciones, un despacho, un baño y cocina americana, todo repartido en un total de 80 m2 pero con unas vistas impresionantes de toda la ciudad y el mar. Entramos en mi habitación y empezamos a probarnos todo lo que hemos comprado hasta que decidimos qué modelito estrenar esta noche.

A las nueve en punto de la noche, Lorena y yo llegamos al Tapas. Somos las primeras en llegar y nos sentamos en la mesa de siempre en la terraza.

Como cada sábado, cenamos en el Tapas y después nos vamos a tomar algo a un pub irlandés que hay a dos calles, que es propiedad de Mario, el hermano mayor de Lorena. Para Lorena y para mí es un ritual, nunca fallamos, pero Rocío y Paula, una por la excusa del novio y la otra por la excusa del trabajo, nos lo ponían difícil para quedar las cuatro juntas. Esta noche era una de esas pocas noches en las que habíamos coincidido las cuatro y estábamos dispuestas a celebrarlo. Aunque de momento solo estábamos Lorena y yo.

–          Cuéntame más sobre tu nuevo jefe alemán mientras esperamos a Rocío y Paula. – Le digo a Lorena.

–          Está tremendo. – Confiesa Lorena. – Imagínatelo: rubio, ojos azules, mide casi dos metros, cuerpo de escándalo y todo ello enfundado en un traje de Armani. En serio, me pone muy cerda.

–          A ti todo te pone cerda. – Me mofo.

–          Ya me conoces, soy así. – Me responde encogiéndose de hombros. – Por cierto, hace tiempo que no me hablas de las guarrerías que haces con Isaac, ¿has dejado de verle?

Isaac es un viejo amigo de la universidad con quien quedo de vez en cuando. Es director ejecutivo de una multinacional y se pasa la vida viajando por todo el mundo de sucursal en sucursal, pero siempre que está en Barcelona me llama para salir a cenar y lo que surja. En definitiva, un amigo con derecho a roce.

–          Isaac va a estar en China tres meses, han abierto una nueva sucursal en Shanghái y tiene que estar allí formando parte del equipo de supervisión. – Le contesto haciendo un mohín. – Solo han pasado dos semanas desde que se fue, así que no regresará hasta dentro de dos meses y medio, si todo va según lo previsto.

–          ¿Tres meses sin sexo? Espero que ya tengas en mente a un sustituto, porque si no, ¡no va a haber quién te aguante! – Se mofa Lorena. – Si quieres, puedo presentarte a algún amigo, si no te importa follarte a alguien a quien ya me he follado yo.

–          Por Dios, Lore. – Le contesto rodando los ojos. – En serio, deberías ir al psiquiatra, lo tuyo no es normal.

Paula y Rocío llegan y, tras saludarnos con un beso en la mejilla, se sientan con nosotras y pedimos cuatro cañas.

–          ¿Has hablado con Óscar? – Le pregunta Lorena a Rocío, así, a bocajarro.

–          Según él, todo va bien y son paranoias mías. – Responde Rocío haciendo una mueca. Se enciende un cigarrillo y añade: – El caso es que la menda, paranoica o no, sigue sin follar.

–          El sexo no es lo más importante de una relación. – Nos recuerda Paula, que sigue creyendo en los cuentos de hadas.

–          Lo único que me queda por hacer es suplicarle que me folle. – Protesta Rocío frustrada y furiosa. – ¡Y no pienso hacerlo! – Le da una larga calada al cigarro y nos dice tras coger aire y respirar profundamente: – Ayer por la noche discutimos, esta tarde cuando ha vuelto del trabajo hemos vuelto a discutir y lo hemos hecho a lo grande. Nos hemos dicho cosas horribles, nos hemos insultado y hemos tirado cosas al suelo. Le he preguntado si se está tirando a otra y me lo ha confirmado.

–          ¿¡Qué!? – Preguntamos las tres al unísono, en estado de shock.

–          Le he echado de casa. – Continúa Rocío ignorando nuestra retórica pregunta. – Yo misma he metido su ropa en una maleta y la he tirado al rellano mientras lo echaba de casa a empujones.

–          Es horrible, cielo. – Atina a decir Paula acariciando su espalda con ternura.

–          ¿Sabéis qué es lo que me parece más horrible? – Nos pregunta Rocío con una mueca cínica en los labios. – Lo más horrible de todo es que no me siento triste ni apenada, me siento aliviada. – Nos confiesa.

–          ¿Estás segura? – Le pregunto. – Puede que la discusión y la ira del momento os haya hecho decir cosas que no son verdad…

–          Me da igual que esté o no con otra. – Me responde Rocío encogiéndose de hombros. El camarero nos trae las cuatro cañas y ella le da la última calada al cigarrillo y lo apaga en el cenicero. Espera a que el camarero se vaya y continúa: – He descubierto que no quiero estar con él, hace meses que no soy feliz a su lado.

–          Decidas lo que decidas, nosotras te vamos a apoyar en todo. – Le aseguro abrazándola.

–          ¡Y yo te voy a presentar a unos amigos para que le des una alegría al cuerpo! – Exclama Lorena uniéndose al abrazo.

Paula voltea los ojos por el comentario de Lorena, pero también se une al abrazo mientras le dice a Rocío con voz dulce:

–          Yo te llevaré de compras a las mejores tiendas de la ciudad, no hay nada mejor que un día de shopping para renovar el armario y emprender una nueva vida.

Después del abrazo, Rocío sentenció que Óscar era tabú el resto de la noche y nos hizo prometer que esta noche la celebraríamos a lo grande, nos emborracharíamos y no la olvidaríamos jamás.

Y no se equivocó.

A medianoche, más borrachas que una cuba, entrábamos en el Dublín, el pub de Mario. Lolo, el jefe de seguridad del pub que mide dos metros de largo por un metro de ancho, todo músculos, lo que vulgarmente se llama un gorila de discoteca, nos saluda y, tras comprobar lo borrachas que estamos, menea la cabeza de un lado a otro con desaprobación pero sonriendo y nos abre la puerta para dejarnos pasar. Pobre Lolo, lleva diez años lidiando con nosotras.

–          ¡Pero si están aquí los cuatro jinetes del apocalipsis! – Nos saluda Mario sonriendo burlonamente. Y sí, según él somos los cuatro jinetes del apocalipsis. – Hacía tiempo que no veníais las cuatro juntas.

–          Estamos de celebración, celebramos el comienzo del mundo. – Bromea Paula, a quien siempre le ha puesto tonta el hermano de Lorena.

–          Anda, estírate e invítanos a unos mojitos, que estamos de celebración. – Le dice Lorena a su hermano.

Mario llama a uno de los camareros y le pide que nos sirva cuatro mojitos y cinco chupitos. Si vamos al Dublín, es una obligación tomarnos un chupito con el dueño. Tras brindar y bebernos el chupito, Mario nos guiña un ojo y se va hacia el otro lado de la barra para prestarle toda su atención a una morena pechugona que le sonríe coqueta en cuanto se le acerca.

–          En serio, estoy segura de que lo vuestro es genético. – Me mofo al comprobar que Lorena y su hermano tienen ese magnetismo a la hora de ligar.

–          Cariño, he nacido con un don, pero ese don puedo enseñártelo. – Me contesta sonriendo divertida.

–          Puede que en dos semanas te lo acabe suplicando. – Bromeo recordando que Isaac va a estar tres meses fuera y, en consecuencia, yo me voy a quedar tres meses sin sexo fácil y encima del bueno. – Puede que tenga que empezar a buscar un plan B, Isaac viaja demasiado para satisfacerme siempre que lo necesito.

–          ¡Joder Yas, empiezas a hablar como Lorena! – Se mofa Rocío.

Todas nos reímos y, cogiendo nuestros mojitos, nos hacemos un hueco en una de las mesas altas de alrededor de la pista, donde amontonamos nuestros bolsos y apoyamos nuestras copas para poder bailar libremente.

Mojito tras mojito acabamos cogiendo una cogorza de campeonato: Lorena se sube a bailar a una especie de pódium de un metro de alto mientras todo el público masculino la vitorea como si fuera una diosa; Paula grita orgullosa “¡esa es mi amiga!” y se une al vitoreo; Rocío prácticamente acosa (sí, he dicho acosa) a todo hombre que le pasa por al lado; y yo, en fin, yo también vitoreo a Lorena y me divierto. Hasta que Lolo entra en el pub, se acerca a nosotras acompañado por Mario y nos dicen:

–          Jinetes del apocalipsis, es hora de ir a casa.

–          Me temo que ya habéis traído el fin del mundo. – Nos regaña Lolo.

Y tengo que reconocerlo, que un tío cómo Lolo te regañe acojona y mucho. Todas asentimos con la cabeza, recogemos nuestras cosas y, al grito de “¡el fin del mundo ha llegado!”, salimos corriendo y riendo a carcajadas del Dublín.

Una vez en la calle, nos dirigimos a una plaza cercana y nos sentamos en un muro de piedra para tratar de parar de reír.

–          No entiendo cómo tu hermano nos deja seguir yendo al Dublín, yo en su lugar nos hubiera prohibido la entrada de por vida. – Le digo a Lorena.

–          A mi hermano le encanta tenernos por ahí, animamos a los clientes y no cobramos, le basta con invitarnos a unas copas. – Me contesta encogiéndose de hombros, convencida de lo que dice pese a que no tenga demasiado sentido. ¿A Mario le gustaba tener a su hermana pequeña y a sus amigas borrachas como una cuba en su local, alborotando a los clientes y liándola parda? Me parecía poco probable. – No me mires así. – Me recrimina Lorena. – A la familia se la aguanta con una sonrisa en la cara. – Y vuelve a encogerse de hombros.

Cuando logramos serenarnos decidimos regresar a casa, está empezando a amanecer. Rocío me pregunta si se puede quedar en casa a dormir, no está segura de que Óscar haya podido regresar a su piso y prefiere no encontrárselo esta noche, así que las dos nos dirigimos a mi piso, donde nos metemos en la cama nada más llegar, cansadas y borrachas, y no tardamos en quedarnos dormidas.

2 pensamientos en “Solo tuya 1.

  1. Este primer capítulo ha sido casi cinematográfico. ¡Me encanta tu forma de contar! En algún punto ya no estaba en mi casa: estaba ahí con las chicas. Gracias por compartir esta novela. ¡Te seguiré leyendo y disfrutando cada entrega! Saluditos 🙂

    • Me alegra que te haya gustado el primer capítulo. En total son 26 capítulos y ya está publicado el 24, así que en un par de días tendrás la historia completa. Mil gracias por leerla y por comentar. Saludos! 😉

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