Siempre sale el sol 5.

A las nueve de la noche, Luna, Mike, Clare y Amy se sentaron a cenar. A Clare le encantaba tener invitados en casa, sobre todo si se trataba de gente joven que llenaba de vida su hogar.

La conversación era bastante amena hasta que Amy soltó de pronto:

—Bisa, ¿tú también piensas que la tita es sexy?

Clare cruzó una mirada con su nieta y con Mike y, con una sonrisa maliciosa en los labios, se volvió hacia su bisnieta y le contestó:

— ¿Quién más cree que la tita es sexy?

—El tito Mike y el papá de un niño de mi cole —respondió Amy con inocencia.

Clare le dedicó una amplia sonrisa a su bisnieta, la besó en la sien y les preguntó a su nieta y a Mike con tono de guasa:

— ¿Se puede saber de qué habláis delante de la niña?

—Abuela, será mejor que no preguntes —bromeó Luna.

Los tres adultos se echaron a reír a carcajadas mientras Amy, ajena a todo lo que a su alrededor ocurría, continuaba comiendo de su plato.

Cuando terminaron de cenar, Luna se levantó y se puso a recoger la mesa, pero Clare se levantó detrás de ella y le dijo con una de sus cariñosas sonrisas y su dulce voz:

—Cielo, quédate con Mike en el salón mientras yo termino de recoger la mesa.

—Deja que te ayude, abuela —insistió Luna—. Además, le he prometido a Mike que saldríamos a tomar un par de copas después de cenar.

— ¿Se lo has prometido? —Preguntó Clare interesada por lo que su nieta decía. Se volvió hacia a Mike y le dijo—: La única manera de asegurar que Luna haga lo que dice es que lo prometa y no suele hacer promesas. Así que supongo que has tenido que insistir bastante para que prometa salir contigo, Mike.

—No lo sabes bien, Clare —se mofó Mike—. Nos conocemos desde hace cinco años y es la primera vez que accede a salir conmigo.

— ¿Ya lo habías intentado antes? —Quiso saber Clare, divertida con aquella situación.

— ¿Queréis dejar de hablar como si yo no estuviera delante? —Les reprochó Luna un tanto molesta—. Voy a acostar a Amy, que está que se cae de sueño.

Luna cogió a Amy en brazos y subió las escaleras hacia la habitación que su abuela había decorado para su bisnieta. Luna metió a su ahijada en la cama y la arropó con la fina sábana. La besó en la frente y le susurró a la niña ya casi dormida:

—Dulces sueños, princesa.

Luna apagó la luz de la habitación, cerró la puerta y bajó las escaleras de regreso a la cocina, donde su abuela Clare y Mike reían por algo que ella desconocía.

—Amy es un trasto, pero te aseguro que Luna de pequeña aún era más traviesa que ella —oyó decir a su abuela cuando entraba en la cocina—. Un día planeamos ir a pasar el día al río, pero a sus padres les surgió un imprevisto y al final cancelamos la excursión. Luna se enfadó y decidió ir sola. La estuvimos buscando por todas partes hasta que un vecino la encontró a lomos de su caballo llegando al río, ¡menudo susto nos dio!

—Quería ir al río, así que me monté en mi caballo y me fui —dijo Luna encogiéndose de hombros con una sonrisa en los labios.

—Tenía entendido que no montabas a caballo —comento Mike con curiosidad.

—Y no monto a caballo, al menos no desde hace muchos años —respondió Luna sin rastro de la sonrisa que tenía hacía un momento y añadió cortando con aquella conversación—: Mike, ¿nos vamos ya?

—Eh… Sí, claro —contestó Mike confuso con aquel cambio de humor de Luna. Se volvió hacia a Clare, la besó en la mejilla como si de su propia abuela se tratara y se despidió—: Gracias por la cena, Clare. Estaba todo delicioso.

—Pues ven a cenar mañana también, sabes que yo siempre estoy encantada de tenerte por aquí y a Amy le gustaría mucho —propuso Clare para conseguir su propósito.

—Abuela, tenemos un acuerdo —le recordó Luna.

—Solo estoy siendo amable con Mike —se defendió Clare.

Luna puso los ojos en blanco y tiró del brazo de Mike para que empezara a moverse hacia a la puerta. Se volvió hacia a su abuela y se despidió:

—Buenas noches, abuela.

— ¿Vendrás a dormir? —Preguntó Clare con fingida inocencia.

— ¡Abuela! —La regañó Luna—. ¡Por supuesto que vendré a dormir!

Mike sonrió ante la conversación de la abuela y la nieta, aquella familia, a pesar de todas las desgracias por las que habían pasado, seguían conservando la alegría y el buen humor y se llevaban a las mil maravillas.

Mike y Luna salieron de la casa de Clare, Mike riendo divertido y Luna totalmente sonrojada y avergonzada.

—Lo siento, mi abuela tiene un carácter un tanto especial —se disculpó Luna ligeramente abochornada.

—Tu abuela es una mujer fantástica, aunque reconozco que sí es bastante especial —bromeó Mike haciendo desaparecer la tensión del ambiente—. ¿Hace a menudo de celestina?

—Más de lo que me gustaría —confesó Luna—. Mi abuela siempre ha dicho que tiene que vernos formar una familia antes de irse al otro mundo, al menos Helen ha cumplido con eso.

—Casi todas las mujeres sueñan con casarse y formar una familia —opinó Mike.

—Ya te he dicho que yo no soy como todas las demás —le recordó Luna, hablando como si ser distinta fuera un defecto.

— ¿Acaso no te has enamorado nunca? —Le preguntó Mike allanando el terreno.

—No quiero a nadie más en vida, no tengo tiempo ni ganas —le respondió Luna volviéndose a poner seria.

Mike pensó que la princesita de la ciudad era más bien la reina de hielo. Luna no estaba dispuesta a dejar entrar a nadie en su vida y él se había propuesto hacerla cambiar de opinión.

—Si vamos al pub, nos encontraremos con medio pueblo —le dijo Mike a Luna —. Si queremos hablar tendremos que buscar un sitio más tranquilo y menos concurrido.

— ¿A dónde vamos? —Le preguntó Luna sin andarse con rodeos.

—Vamos a mi casa —respondió Mike cogiéndola de la mano y guiándola hacia su coche—. Allí podremos hablar tranquilamente —. Luna le miró levantando una ceja y Mike añadió—: Solo pretendo hablar y aclarar algunas cosas contigo.

—De acuerdo, vayamos a tu casa —aceptó—. No me apetece nada tener que saludar a medio pueblo y contestar sus estúpidas preguntas.

Mike ya lo sabía y por eso se lo había propuesto. Ambos se montaron en el elegante Audi A5 de color negro de Mike y se dirigieron a su casa. Vivía en una casa unifamiliar construida a las afueras de Armony, muy cerca de dónde estaba situada la hípica, el club de campo y el criadero. Luna había visto la casa de Mike por fuera la última vez que visitó Armony, pues pasó justo por delante con Helen y Amy cuando iban hacia el club de campo a buscar a Ryan, pero no la había visto por dentro y sentía curiosidad.

Mike aparcó el coche frente a su casa y observó cómo Luna miraba con detalle la fachada delantera de la casa y parecía gratamente sorprendida.

—Tan solo hace unos meses que terminaron de construir la casa —informó Mike—. Aún tengo que decorar y amueblar algunas estancias, pero ya está terminada.

Luna se acordó de la noche que pasaron juntos en la antigua casa de Mike y sintió la necesidad de saber qué había sido de ella:

— ¿Qué has hecho con la otra casa? ¿La has vendido?

—La mitad de mis cosas aún siguen allí y me gusta demasiado esa casa como para venderla, pero tampoco estoy seguro de querer alquilarla —le confesó Mike.

Por alguna extraña razón, Luna se alegró de que todavía conservara aquella casa. Mike le puso la mano sobre la espalda y ambos entraron en la casa.

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