Siempre sale el sol 4.

Luna estaba saludando a una vecina de su abuela mientras esperaba con Mike a que Amy saliera del colegio, cuando vio a una pelirroja dirigirse hacia a ellos y maldijo entre dientes. Aquella era Brenda Roswell, su enemiga de la adolescencia. Brenda llegó hasta a ellos y primero saludó a Mike dándole un beso en la comisura de los labios al mismo tiempo que le susurraba al oído lo suficiente alto como para que Luna la escuchara:

—Hola Mike, me alegro de volver a verte.

No fue lo que dijo sino cómo lo dijo, lo que hizo que Luna se crispara, aunque logró disimularlo a la perfección. Mike se apartó bruscamente de Brenda y ladeó la cabeza a modo de saludo, manteniendo las distancias. Por suerte para ambos, en ese momento salió Amy y Luna aprovechó la ocasión para ir a buscarla y Mike la siguió sin volver a mirar a Brenda.

—¡Tita Luna, tito Mike! —Gritó Amy al ver a sus tíos—. ¡Habéis venido!

—Pues claro, princesa —le contestó Luna mientras la cogía en brazos y la abrazaba—. La tita siempre cumple sus promesas.

—Tita Luna, ¿qué significa sexy? —Preguntó de repente Amy.

Luna y Mike intercambiaron una mirada e intentaron contener la risa sin demasiado éxito hasta que Luna le preguntó a su ahijada:

—Cariño, ¿dónde has escuchado eso?

—El padre de un compañero de clase le ha dicho a otro hombre que tú eras una mujer muy sexy, pero no sé lo que significa —contestó la niña encogiéndose de hombros.

—Significa que ese tío es un maldito salido —musitó Mike entre dientes, visiblemente molesto.

Como si de un acto reflejo se tratara, Luna le sonrió para que dejara de fruncir el ceño y funcionó, Mike le devolvió la sonrisa, le colocó una mano sobre la espalda y la guió para salir de entre la muchedumbre de padres y niños que se había formado.

Brenda les observó marcharse como si de una familia se tratara y maldijo para sus adentros. Hacía siete años Luna le robó el amor de su vida y después lo plantó para irse a la universidad de Ciudad Capital. Ahora no iba a consentir que la historia volviera a repetirse con Mike. Él le había dejado claro que solo se trataba de sexo, pero Brenda estaba dispuesta a ser paciente y conquistarlo poco a poco, siempre que Luna no apareciera y lo echara todo a perder como estaba haciendo.

Luna se sorprendió al notar la mano de Mike en su espalda pero, lejos de incomodarla, ese gesto le gustó.

—Tito Mike, ¿tú crees que la tita Luna es sexy? —Preguntó de nuevo Amy ruborizando a Luna y haciendo reír a Mike.

—Por supuesto, princesa —le respondió Mike a Amy—. La tita Luna es muy sexy.

—La hermana mayor de mi amiga Mery dice que sexy significa que te gusta alguien —dijo pensativa Amy—. Tito Mike, ¿la tita es tu novia?

—Cielo, mira lo que te he comprado —le dijo Luna sacando del bolso el mp3 que le había comprado con toda la música de los dibujos animados que le gustaban y de las películas de Disney que tanto le gustaban a su ahijada—. ¿Quieres abrirlo ahora?

—¡Sí! —Contestó Amy olvidándose de todo lo demás. Luna le dio el regalo y Amy se puso a saltar y aplaudir en cuanto vio el mp3 que su tita le había comprado—. ¿Puedo probarlo ahora, tita?

—Claro cariño, para eso te lo he comprado —le respondió Luna mientras le ponía los auriculares a Amy y le daba al play. Cuando la niña empezó a cantar, Luna le dijo a Mike—: ¿En qué estabas pensando? Te he dicho que esta niña es una grabadora que repite todo lo que oye y ahora va a ir diciendo por ahí que su tito Mike piensa que su tita Luna es sexy.

—Bueno, al menos no iría diciendo mentiras —bromeó Mike.

—Hablo en serio, Mike —le reprochó Luna—. No te hará tanta gracia cuando Amy se lo suelte a mi abuela.

—Cualquier otra mujer, simplemente daría las gracias por el cumplido —se burló Mike.

—Yo no soy como cualquier otra mujer, ya deberías de haberte dado cuenta —le respondió Luna con una de esas sonrisas maliciosas pero encantadoras y sexys.

—Claro que me he dado cuenta, eres la única que ha salido de mi habitación a hurtadillas después de haber pasado juntos una gran noche de sexo —le replicó Mike en un susurro.

Luna se paró en seco, estaban empezando a mantener la conversación que llevaba cinco años evitando y además tenía a su ahijada en los brazos.

—No pienso hablar de esto delante de Amy —le respondió Luna furiosa.

—Tampoco piensas hacerlo cuando Amy no esté —le desafió Mike—. Tenemos una conversación pendiente y estoy cansado de que me evites. Te fuiste sin decirme nada, traté de hablar contigo pero huiste. Desde entonces, solo vienes a Armony cuando sabes que yo no estoy y evitas quedarte a solas conmigo las pocas veces que nos hemos visto. Mira tú agenda y dime cuándo podemos hablar, princesita de la ciudad.

—Está bien —cedió Luna—. Esta noche, después de cenar. Podemos ir a tomar una copa, no nos vendrá mal a ninguno de los dos.

—De acuerdo, luego hablaremos si tengo la suerte de que no encuentres ninguna excusa para salir huyendo —le reprochó Mike.

—Te prometo que no buscaré ninguna excusa.

—¿Se supone que tengo que confiar en que cumplas tu promesa? —Se mofó Mike.

Amy se quitó los auriculares y le dijo a Mike con el ceño fruncido:

—La tita Luna siempre cumple sus promesas.

—Esperemos que así sea, de lo contrario el tito se enfadará mucho —le contestó Mike a Amy pero dirigió su mirada a Luna, que le dedicó una tímida sonrisa—. ¿Has visto eso, Amy? La tita Luna sabe sonreír.

—Muy gracioso —dijo Luna con sarcasmo.

Al cruzar por la plaza Mayor, Amy vio a varias de sus amigas del colegio que se quedaban a jugar y Mike, al verla tan emocionada por quedarse con sus amigas, le dijo a la pequeña:

—Ve a jugar con tus amigas, la tita y yo estaremos sentados en esta mesa, ¿de acuerdo?

—Vale —contestó la niña sonriendo antes de salir corriendo para reunirse con sus amigas.

Mike y Luna se sentaron en una de las mesas de la terraza del bar de la plaza Mayor y pidieron un par de cervezas mientras no le quitaban los ojos de encima a Amy, que jugaba con sus amigas.

—Menudo bicho está hecha la niña —bromeó Luna.

—Clare y Helen dicen que es igualita que tú cuando eras pequeña —se mofó Mike—. Me hubiera gustado verte cuando eras una niña, estoy seguro de que eras todo un personaje.

—No creas todo lo que digan, la gente tiende a exagerar —concluyó Luna sonriendo—. Mejor, cuéntame cómo eras tú de pequeño.

—Siempre he sido un buen chico, he sacado buenas notas y no me metí en líos hasta que entré en la universidad —empezó a decir Mike—. No puedo decir que haya sido un santo, pero sigo siendo un buen chico.

—Eso mismo le he oído decir a mi abuela —comentó Luna—. No sé cómo lo has conseguido, pero mi abuela te adora.

—Y tú también me adorarías si no salieras huyendo cada vez que me ves y dejaras de evitar que nos encontremos —le reprochó Mike—. Casi todas las veces que has venido a Armony ha coincidido que yo estaba de viaje de negocios o de vacaciones. – Mike se percató de que Luna se tensaba y añadió para relajarla—: Le prometí a Amy que el sábado la llevaría al río con los caballos, ¿te apetecería venir con nosotros? El campo te sentará bien, princesita de la ciudad.

—No hago planes más allá del día siguiente, pero si llegado el día continuo estando en Armony, estaré encantada de ir con vosotros —le contestó Luna sorprendiéndole.

Mike estaba encantado, había conseguido dos citas con ella más fácilmente de lo que había pensado y además Luna parecía estar dispuesta a quedarse unos días.

Pasaron la tarde en la plaza Mayor, hablando sobre travesuras que habían hecho de pequeños y contemplando como la pequeña Amy se divertía jugando con sus amigas del colegio.

A las siete de la tarde regresaron a casa de Clare y Luna bañó a Amy mientras Clare preparaba la cena y Mike le ayudaba. Clare adoraba a Mike y tenía la esperanza de que él y su nieta se dejaran llevar por la intensa atracción que había entre ambos y parecía que eso era lo que estaba empezando a ocurrir.

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