Siempre sale el sol 3.

A Luna le encantaba estar con Amy, la adoraba y siempre que venía a Armony le traía miles de regalos, pero esta vez había salido con tanta prisa que no le había traído nada. Se levantó a las siete y media de la mañana y ayudó a su abuela a vestir a Amy y darle el desayuno. Acompañó a su abuela a llevar al colegio a Amy y después se marcharon al mercado, una especie de centro comercial que consistía en un edificio con varias tiendas de todo tipo, pero que no tenía mucho más que ver con un centro comercial, aunque era el único lugar de la zona donde se podía comprar de todo.

Como a Amy le gustaba tanto la música, Luna le compró un mp3 que pensaba llenar de horas de música para que su ahijada dejara de escuchar conversaciones ajenas. Compró ropa para Amy y ropa para ella. Helen y Ryan estarían fuera una semana y ella había decidido quedarse hasta que su prima y su marido regresaran.

—Cariño, ¿cuánto tiempo piensas quedarte? —Le preguntó Clare al ver la cantidad de ropa y cosas que su nieta estaba comprando.

—Pensaba quedarme a echarte una mano con Amy hasta que Helen y Ryan regresaran —le contestó Luna con naturalidad.

— ¿Qué opinas de Mike? —Le preguntó Clare de repente.

—Abuela, ¿a qué viene esa pregunta? —Preguntó Luna sabiendo de antemano lo que su querida abuela pretendía.

—Mike es un gran chico y muy guapo —opinó Clare—. Además, es un chico inteligente, amable y con los pies sobre la tierra, un chico que te conviene.

—Abuela, Mike y yo apenas nos soportamos —le replicó Luna, consciente de que no se soportaban pero que también se atraían como dos imanes.

—No sé qué puede haber pasado entre vosotros para que estéis así, pero los dos tenéis ese brillo en los ojos cuando os miráis —insistió Clare—. Además, siempre te he dicho que hacéis muy buena pareja.

— ¡Abuela! —Protestó Luna.

—Cariño, solo estaba dando mi opinión —se hizo la inocente Clare.

Después de una mañana de compras, Luna y Clare comieron en el restaurante de la plaza Mayor de Armony antes de regresar a casa con las compras.

Mike llegó a la casa de Clare a las cuatro en punto, tal y cómo habían quedado. Luna sonrió al ver que llegaba puntual, odiaba que le hicieran esperar.

—Buenas tardes, Clare —le oyó saludar a Clare mientras ella terminaba de peinarse—. ¿Está lista ya la princesita de la ciudad?

Luna bajaba las escaleras cuando su móvil empezó a sonar y Mike y su abuela se volvieron hacia a ella. Luna miró su móvil y al ver que era su jefa quién la llamaba les dijo:

—Es mi jefa, tengo que contestar pero solo será un minuto —se disculpó antes de descolgar el teléfono y respondió—: ¿Qué hay, Samantha?

— ¡Maldita sea, Luna! ¡El imbécil de Bobby Suárez no quiere hablar con el director financiero de la revista si no estamos ambas presentes y ha cancelado la reunión! —Exclamó Samantha bastante alterada—. Estoy tratando de convencerle, pero me ha dicho que prefiere hablar contigo, que así llegaremos antes a un acuerdo.

—Eso no suena nada bien, Samantha —se mofó Luna—. No te preocupes, ahora llamo a ese imbécil y lo soluciono, pero me debes una.

— ¡Qué haría yo sin ti! —Exclamó aliviada Samantha y añadió antes de colgar—: Te mereces unas vacaciones cuando acabe todo esto, solo tienes que elegir destino y acompañante.

—Mm… ¿Destino y acompañante? ¿Cualquier destino y cualquier acompañante? —Quiso asegurarse Luna.

—Cualquier destino, pero el acompañante será cualquiera que tú puedas conseguir —se mofó Samantha y se despidió—: Te quiero, cuídate.

—Ciao, Samantha —se despidió Luna. Colgó el teléfono y se volvió hacia su abuela y le dijo con una sonrisa en los labios—: Acabo de ganarme unas vacaciones a gastos pagados para dos personas a cualquier destino que elija, ¿qué te parece?

—Y, ¿con quién vas a ir? —Le preguntó su abuela alzando una ceja.

— ¡Olvídalo, abuela! —La regañó Luna en cuanto adivinó su intención.

— ¡Pero si yo no he dicho nada! —Se excusó Clare.

—No hace falta, abuela —le contestó Luna a su abuela—. Te conozco demasiado bien.

—No trates de engañarla, no se le escapa una —le dijo Clare a Mike guiñándole un ojo con complicidad—. Os espero para cenar, así que no merendéis mucho.

Luna le dio un beso en la mejilla a su abuela antes de salir de la casa seguida por Mike, quién se entretuvo contemplando las impresionantes y magníficas vistas que Luna le ofrecía.

Empezaron a caminar despacio, uno al lado del otro, mientras Luna marcaba el teléfono de Bobby Suárez en su móvil y le decía a Mike:

—Tengo que hacer una llamada, será un minuto —Mike asintió con la cabeza y Luna esperó a que Bobby contestara para decirle con su encantadora sonrisa telefónica—: Hola Bobby, soy Luna Soler.

— ¡Señorita Soler, qué alegría escucharla! —Fue la entusiasta respuesta que Bobby Suárez le brindó a Luna—. Me han dicho que está fuera de la ciudad y yo no consigo entenderme con vuestro director financiero. No pienso firmar ningún contrato si usted no está presente, es la única de toda la empresa con la que puedo llegar a un acuerdo.

—Estoy fuera de la ciudad, pero podemos reunirnos el próximo lunes por la tarde en las oficinas de la revista—medió Luna yendo al grano—. Seguro que encontraremos una solución para que ambas partes salgamos satisfechas con el contrato. De todas formas, el director financiero y Samantha estarán presentes, te recuerdo que yo soy una simple redactora.

—Puede que en su contrato conste que es redactora, pero ambos sabemos que usted es el cerebro y el alma de la revista —coqueteó Bobby—. No sé lo que gana, pero debería pedir que le doblasen el sueldo. Y, si quiere cambiar de empleo, en mi empresa siempre habrá un puesto de dirección esperándola, como ya le he dicho en otras ocasiones.

—Te agradezco la oferta y la tendré en cuenta si alguna vez me quedo en paro, pero por el momento me gusta demasiado mi trabajo como para dejarlo —se excusó Luna lo más amablemente que pudo—. Te llamaré el lunes por la mañana y concretamos la hora de la reunión. Tengo que colgar, Bobby, pero puedes llamar a Samantha si necesitas algo.

—Esperaré su llamada —sentenció Bobby y añadió antes de colgar—: Nos vemos la próxima semana, señorita Soler.

Luna colgó y suspiró aliviada, puede que el tal Bobby la tuviera en alta estima, pero a ella le estaba empezando a cansar tratar con él todo el tiempo. Le envió un mensaje a su jefa y le puso: “Todo arreglado, el lunes por la tarde nos reuniremos. Me debes una y de las gordas. ¡Besos!”

—Ya está, disculpa pero era importante —se excusó Luna mientras continuaba caminando al lado de Mike.

—No tienes que disculparte —le respondió Mike con una sonrisa—, trabajas mucho y aun así tienes tiempo para convertirte en una novia a la fuga como Julia Roberts.

—No soy ninguna novia a la fuga y no pienso hablar contigo de esto —le advirtió Luna—. Será mejor que tengamos cuidado con lo que decimos delante de Amy, es una grabadora y repite todo lo que decimos.

Luna centraba la mirada en el camino, sin prestar atención a la gente con la que se cruzaba. Odiaba que todo el mundo le preguntara cuándo tenía pensado volver a Armony, o si se había casado y, la peor de todas, que debía hacer lo mismo que su prima Helen, buscarse un buen hombre y formar una preciosa familia.

Llegaron a la puerta del colegio de primaria de Armony y ambos esperaron junto a los padres y las madres de todos los niños del pueblo. A pesar de que ambos se quedaron un poco apartados, algunos vecinos la reconocían y se saludaban educadamente. Mike también saludaba a algunos conocidos y se divertía al ver lo aburrida que parecía Luna respondiendo a las preguntas de todos los que hasta a ella se acercaban para saludarla.

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