Siempre sale el sol 23.

El viernes por la mañana Luna se despertó entre los brazos de Mike, como tantas otras mañanas se había despertado a su lado y sonrió al ver que estaba despierto. Mike la besó en la frente y la estrechó entre sus brazos para después susurrarle al oído:

—Buenos días, preciosa —le dio un beso en los labios y añadió—: ¿Preparada para desayunar antes de poner rumbo a Armony?

—Estoy nerviosa, Mike —confesó Luna.

—Tranquila, cariño. Yo voy a estar contigo en todo momento —la tranquilizó Mike—. Estamos juntos en esto y estoy seguro de que todos estarán contentos de que lo hayamos arreglado y mucho más contentos se pondrán cuando les digamos que un pequeño bebé viene en camino.

—Mi bebé —pensó en voz alta Luna mientras se acariciaba la tripa.

—Nuestro bebé, cariño —la corrigió Mike con ternura.

Después de ducharse y desayunar, Mike y Luna se dirigieron a Armony con la intención de quedarse un par de días y regresar a la ciudad para empezar a organizar el traslado de Luna.

Nada más aparcar el coche frente a la casa de Clare, todos salieron a la puerta a pesar del frío que hacía en la calle. Estaban nerviosos porque no sabían lo que esos dos habían planeado, pero se relajaron en cuanto vieron que Mike ayudaba a bajar del coche a Luna y después le daba un beso en los labios. Clare sonrió ante aquella escena, igual que Helen y Ryan. La pequeña Amy vio a sus padrinos besarse y exclamó feliz:

—¡Tito, has cumplido tu promesa y la tita vuelve a ser tu novia!

—La tita ha sido demasiado buena con el tito, pero ahora os lo contaremos —murmuró Mike sumamente avergonzado por lo idiota que había sido.

Entraron en la casa y, sin quitarse el abrigo y viendo el mal trago que estaba pasando Mike, decidió no andarse con rodeos:

—Como todos sabéis, Mike y yo discutimos y lo dejamos hace unos meses —resumió sin entrar en detalles—. El caso es que ayer Mike y yo hablamos mucho de lo que sentimos el uno por el otro y de lo mucho que nos echamos de menos. Os he ocultado algo a todos desde hace unos meses y, aunque sé que debí decíroslo antes, lo cierto es que primero necesitaba asimilarlo yo.

Todos sabían lo que había pasado entre aquellos dos, incluida Clare, pero todos asintieron y prestaron atención sin decir nada ya que todos sabían que se habían perdonado y no querían buscar culpables.

—Luna y yo hemos arreglado nuestras diferencias y, tras decidir que queríamos estar juntos el resto de nuestras vidas, Luna me dio una gran noticia que no esperaba pero que me ha hecho el hombre más feliz del mundo —dijo Mike sonriendo. Besó a Luna en los labios apasionadamente y la ayudó a quitarse el abrigo para que todos vieran su ya redonda tripa.

—¿Tú lo sabías y no nos lo habías dicho? —Le reprochó Ryan a Mike.

—Mike no supo nada hasta que me vio ayer —aclaró Luna.

—¿Es que pensabas ocultárnoslo? —Le preguntó Helen bromeando.

—Todo lo que ha pasado últimamente nos ha cogido por sorpresa y los dos hemos necesitado nuestro tiempo para asimilarlo y adaptarnos a la nueva situación —salió Mike en defensa de Luna—. Lo cierto es que yo estoy encantado con mi nueva situación.

Mike abrazó a Luna desde la espalda y la besó en la mejilla mientras acariciaba su vientre. Todos les dieron la enhorabuena a la pareja, les contaron los planes que tenían de vivir en Armony y la felicidad de la familia fue absoluta.

Al día siguiente, Mike y Luna fueron a Comer a casa de los padres de Mike, aprovechando que también estaban allí Alan y Linda, y tuvieron la misma conversación. La familia de Mike reaccionó igual de bien que la familia de Luna.

Luna y Mike aprovecharon el viernes y el sábado para visitar a sus familias y darles las nuevas y muy buenas noticias, pero el domingo decidieron pasarlo a solas en casa de Mike.

—He pensado que la habitación que hay en frente de mi despacho podría ser la habitación del bebé, es grande y entra mucha luz —comentó Mike mientras guiaba a Luna hacia a la habitación en cuestión—. Nuestra habitación está justo al lado. ¿Qué te parece?

—Me parece genial, Mike —le respondió Luna sonriendo más feliz que nunca.

—Y también he pensado que la habitación del otro lado de mi despacho podríamos convertirla en tu despacho —le dijo Mike abrazándola por la espalda—. Pide lo que quieras y será tuyo.

—En ese caso, te pido a ti —le respondió Luna besándole en los labios.

***

Seis meses más tarde, Luna, Mike y el pequeño Mike con tan solo un mes de vida, vivían en la casa de Mike. Habían invitado a toda su familia y todos estaban en el jardín, disfrutando del calorcito del mes de mayo y asando carne en la barbacoa.

Luna se acercó hasta el carrito donde el pequeño Mike estaba y lo cogió en brazos al ver que estaba despierto. Al verla, Mike se acercó hasta a ella y, abrazándola por la espalda, le susurró:

—¿Cómo están mis dos tesoros?

—Hambrientos —le contestó Luna divertida—. Voy a dar de comer al pequeño Mike, vuelvo en seguida.

—Voy contigo, cariño —sentenció Mike, que no había dejado a Luna sola desde que se reconciliaron y mucho menos desde que nació el bebé—. Cariño, ¿te he dicho ya que hoy estás preciosa?

—Sí, como unas cien veces ya —le contestó Luna divertida—. Pero sabes que me encanta oírtelo decir, cariño.

—Estás preciosa, cariño —le susurró Mike a Luna en el oído.

 

FIN

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