Siempre sale el sol 20.

Durante la siguiente semana, Richard y su hermano Daniel se organizaron para no dejar ni un rato sola a Luna. Richard cenaba con ella antes de marcharse a trabajar al pub y regresaba a buscarla cuando salía del pub para acompañarla al trabajo. Daniel pasaba a recogerla por la oficina para comer con ella y regresaba por la tarde para llevarla a casa. Luna estaba demasiado agotada física y psicológicamente como para discutir con ellos y simplemente se dejaba hacer.

La noche del viernes, Richard no tuvo que trabajar y organizó una cena con su hermano Daniel en casa de Luna.

—Luna, ¿has pensado en hablar con Mike del lagarto? —Le preguntó Richard después de cenar, ese era el motivo de aquella reunión—. Él es el padre, quizás deberías decírselo.

—Ha pasado casi un mes y medio y no me ha devuelto ni una sola llamada ni un solo mensaje, ¿qué se supone que debo hacer? —Le replicó Luna—. ¿Me presento en su casa y le suelto que espero un hijo suyo? Te recuerdo que me echó de su casa, no quiere saber nada de mí.

—Luna, todo esto no tiene sentido, todo fue un malentendido que tú no has querido aclarar por tu orgullo o por tu fobia al compromiso —le dijo Daniel—. Si Mike no te escucha, puedes utilizar intermediarios.

— ¿Estás insinuando que le diga a Ryan que estoy embarazada para que se lo diga a Mike? No creo que sea una buena idea —le dijo Luna descartando la idea.

—Tienes que ir a Armony y hablar con Mike, aclararle lo de la fotografía y contarle que estás embarazada, él es el padre de tu lagarto —le dijo Daniel—. Tiene derecho a saberlo, Luna. Yo nunca te perdonaría si me ocultaras algo así.

Tras pensarlo mucho, Luna decidió ir el lunes a Armony para intentar de hablar con Mike y Daniel le prometió que la acompañaría, pues Luna se pasaba el día medio dormida a causa del embarazo y no quería que condujera durante tres horas.

El lunes por la mañana, Daniel llevó a Luna a Armony. Se dirigieron directamente al club de campo donde se suponía que Mike estaría trabajando. Daniel se quedó en el coche, Luna entró en el club de campo y se dirigió directamente al despacho de Mike, evitando encontrarse con alguien que la detuviera. La puerta del despacho de Mike estaba abierta y llamó suavemente con los nudillos al mismo tiempo que entraba en el despacho y se encontraba con Mike sentado frente a la mesa llena de papeles, con ojeras y barba de un par de días.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —Le espetó Mike al verla—. No quiero saber nada de ti, creí que ya te lo había dejado claro.

—Tengo que hablar contigo, Mike. Es importante —dijo Luna con un hilo de voz.

—No quiero escucharte, Luna. Solo quiero que te largues y me dejes en paz, que me evites cómo has estado haciendo siempre —le dijo Mike furioso.

—Mike, tienes que escucharme.

— ¡No! —Sentenció Mike más furioso que nunca—. No quiero saber nada de ti ni nada de lo que tenga que ver contigo. Ahora vete, por favor.

—De acuerdo, me marcho y no te molestaré más —se resignó Luna. Caminó hacia a la puerta y, volviéndose hacia Mike por última vez, le dijo antes de marcharse—: Pero recuerda que eres tú el que me echas, a mí y a todo lo que tiene que ver conmigo, de tu vida.

Luna salió del club de campo y caminó hacia a Daniel, quien supo que no había ido nada bien al ver la cara de Luna. Daniel la abrazó, le dio un beso en la mejilla y la ayudó a meterse en el coche para regresar a la ciudad.

En su despacho, Mike miraba por la ventana y contemplaba la escena, poniéndose todavía más furioso de lo que estaba. No había conseguido estar más de cinco minutos sin pensar en ella, no quería salir, se refugiaba en el trabajo. Necesitaba hablar con alguien y le había prometido a Ryan que le contaría lo que había pasado cuando se sintiera preparado. Había llegado el momento, tenía que hablar con él o acabaría volviéndose loco.

Mike fue a cenar a casa de Ryan y Helen y, sin que Amy se diera cuenta, les contó a sus amigos lo que había provocado la ruptura. Les enseñó la foto en la que Luna y Erik aparecían besándose y esperó sus opiniones.

—Está claro que se están besando, pero estoy segura de que hay una buena explicación —dijo Helen tras ver la foto—. Luna no tenía ningún interés más que el sexual en Erik, está enamorada de ti, o al menos lo estaba.

—Quizás deberías dejar que te diera su versión, a veces las apariencias engañan —convino Ryan sin poder creer que Luna jugara a dos bandas.

Amy, que hasta entonces había estado entretenida viendo los dibujos animados en la televisión, se acercó a la mesa, cogió la foto sin que nadie la viera y, tras observarla, dijo para sorpresa de todos:

—Yo conozco a este hombre, vino a casa de la bisa este verano.

— ¿Lo viste, cielo? —Le preguntó Helen a su hija.

—Sí, era un hombre malo. Besó a la tita por la fuerza y ella le dio una bofetada y lo echó —les dijo Amy encogiéndose de hombros—. Ese día la tita se enfadó mucho, pero luego me leyó un cuento y se le pasó.

Mike cruzó su mirada con la de Helen y Ryan, si Amy tenía razón en lo que decía, había metido la pata hasta el fondo.

—Amy, ¿estás segura de lo que dices? —Le preguntó Ryan a su hija.

—Sí, la tita me mandó a buscar un libro a mi habitación, pero yo los vi desde la ventana—. Le respondió Amy. Se volvió hacia a Mike y le preguntó—: Tito, ¿la tita y tú ya no sois novios?

Mike miró a Ryan y Helen antes de contestarle a la pequeña:

—Princesa, el tito ha sido un idiota con la tita Luna, pero te prometo que voy a ir a buscarla, le voy a pedir perdón y la voy a traer de vuelta.

— ¿Y seréis novios para siempre? —Preguntó Amy encantada.

—Eso espero, princesa —le contestó Mike dándole un beso en la frente. Se volvió hacia a Ryan y Helen y añadió—: Voy a llamarla, con un poco de suerte me cogerá el teléfono.

Mike salió al jardín y llamó a Luna, pero su teléfono estaba apagado. Se habían visto a las doce del mediodía y eran las nueve de la noche, Luna podría estar en cualquier parte desde que se marchó del club de campo. Y tampoco sabía quién era el hombre que la acompañaba. Entró de nuevo en la casa y le dijo a Helen:

—Tiene el teléfono desconectado.

—Deja que llame a Richard, estoy segura de que él sabrá donde está Luna —le dijo Helen cogiendo su móvil para llamar a Richard y, en cuanto descolgó, le dijo—: Hola Richard, soy Helen, la prima de Luna. ¿Está Luna por ahí?

—Hola Helen —saludó Richard al otro lado del teléfono—. Luna está fuera de la ciudad, no ha estado pasando por un buen momento últimamente, cómo imagino que debes saber, y ha decidido irse unas semanas de la ciudad. Ha desconectado el teléfono, pero antes ha llamado a Clare para avisarla que no estará localizable, no ha querido decirnos a dónde iba, aunque se lo puedes agradecer al amigo de tu marido, no sé qué le habrá dicho pero Luna lo ha dejado todo y se ha largado.

—Ya se ha dado cuenta de que es un idiota, pero ahora necesita hablar con Luna. ¿Nadie sabe dónde está ella? —Insistió Helen.

—El único que puede localizarla es Daniel, le dejó el teléfono del lugar donde iba a estar pero solo lo puede utilizar en casos de extrema urgencia, como si se muere alguien o algo parecido a eso —le dijo Richard—. Mi hermano nunca nos dará el número de teléfono si no es una urgencia extrema.

—Mike quiere hablar con Luna, sabe que ella no besó a ese tipo y que además le dio una bofetada y lo echó en cuanto lo hizo —dijo Helen.

—Helen, lo de esa fotografía es lo de menos. Luna necesita tiempo para asimilar todo lo que le ha estado pasando desde los últimos meses y debemos respetar su decisión —sentenció Richard—. Me prometió que no estaría fuera más de un mes, así que Mike tendrá que esperar para hablar con ella, suponiendo que ella quiera, claro.

— ¿Tan mal está la cosa? —Preguntó Helen.

—Pregúntale a Mike qué fue lo que le dijo a Luna hoy en su despacho, según ella, es lo mejor para todos porque así se lo ha dicho Mike —replicó Richard molesto.

—Te aseguro que lo voy a hacer, ya iremos hablando —le dijo Helen a Richard antes de colgar, se volvió hacia Mike y le preguntó con el ceño fruncido—: ¿Me puedes decir qué coño le dijiste a mi prima esta mañana cuando la viste? Richard me ha dicho que se ha ido unas semanas fuera de la ciudad para alejarse de todo y desconectar y lo único que les ha dicho es que lo hace porque cree que, como tú piensas, es lo mejor para todos.

— ¡Maldita sea! —Maldijo Mike con desesperación—. No quise escucharla y la eché, estaba enfadado —se excusó Mike sin demasiada convicción—. Pero lo peor es que antes de irse me dijo que recordara que había sido yo quien la había echado de mi vida a ella y a todo lo que tenía que ver con ella.

— ¿A todo lo que tenía que ver con ella? ¿A qué se refería? —Preguntó Helen.

—No lo sé, Helen. A nuestra relación, supongo —musitó Mike—. ¿No te ha dicho dónde podemos encontrarla?

—Ilocalizable —repitió Helen—. Richard me ha dicho que Luna le ha prometido que no estará fuera más de un mes.

— ¡Joder, es demasiado tiempo! —Protestó Mike.

—Ha pasado un mes y medio desde que ella se marchó de Armony, el mismo tiempo que ella lleva intentando hablar contigo —le recordó Ryan—. Si ella no se ha muerto por esperar, tú tampoco te morirás.

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