Siempre sale el sol 2.

Clare fue abrir la puerta y su bisnieta se le tiró a los brazos para saludarla. La estrechó entre sus brazos y la besó con ternura en la cabeza al mismo tiempo que le decía:

—Ve a lavarte las manos que vas a merendar. Ah, y cuando vuelvas te daré una sorpresa.

La niña obedeció de inmediato, se dirigió saltando hacia el baño para lavarse las manos y poder así recibir la sorpresa de su bisabuela. Mike observó la escena sonriendo y, cuando la pequeña se marchó a lavarse las manos, le dijo a Clare:

—Esa niña sabe demasiado, a veces se me olvida que es una niña y creo que estoy hablando con un adulto —bromeó Mike tras saludar a Clare con un beso en la mejilla y añadió— Espero que sea una gran sorpresa, Amy no se conformará con menos.

—Pasa, tú también tienes que ver cuál es la sorpresa —le dijo Clare a Mike, sabiendo que entre su nieta menor y aquél muchacho había algo especial aunque ambos se empeñaran en mirar hacia a otro lado cuando estaban en la misma estancia—. ¿Qué te apetece beber?

Un refresco estará bien —le contestó Mike mientras se sentaba en uno de los taburetes de la cocina.

Luna, ajena a la llegada de Mike y su ahijada, bajó a la cocina con el pelo aún húmedo, vestida con unos diminutos shorts y una camiseta ajustada de tirantes que realzaba sus pechos más de lo que a Mike le hubiera gustado.

—Abuela, el secador ha muerto. Mañana te compro uno —le dijo Luna a su abuela sin percatarse de la presencia de Mike—. ¿Por qué sonríes con malicia?

Luna se dio media vuelta y vio a Mike sentado en un taburete, observándola con su mirada penetrante e indescifrable.

—Buenas tardes, Luna —la saludó Mike poniéndose en pie para darle dos besos en la mejilla mientras ella continuaba paralizada—. Supongo que tú debes de ser la sorpresa.

—Hola Mike —le saludó Luna lo más educadamente que pudo—. ¿Dónde está ese diablillo de pelo rubio? Me muero de ganas por verla.

— ¡Tita Luna! —Exclamó la pequeña Amy arrojándose a los brazos de su tía—. El tito Mike me ha dicho que me voy a quedar con la bisa, ¿tú también te vas a quedar?

—Sí, princesa—respondió Luna a la pequeña—. Me voy a quedar unos días contigo y la bisa, si tú quieres, claro.

— ¡Pues claro que quiero! —Exclamó la pequeña emocionada—. ¿Y el tito Mike también se puede quedar con nosotras?

—Me encantaría quedarme, princesa —intervino Mike—, pero tengo que trabajar y no puedo.

—Jo, yo quiero que te quedes —protestó Amy—. Nunca estoy con la tita Luna y contigo juntos.

—Bueno, eso lo podemos arreglar —resolvió la situación Clare—. Mañana yo te llevo a la escuela y por la tarde los titos te van a buscar y te llevan a comer una hamburguesa.

— ¿Me lo prometes, tita?

—Eh, claro, cielo —balbuceó Luna.

— ¡Bien! —Se alegró Amy—. Y tú, tito, ¿me lo prometes?

—Claro que sí, pequeña.

—Vamos a merendar, cariño —sentenció Clare agarrando a su bisnieta de la mano para llevarla al salón a merendar—. Los titos tienen que ponerse de acuerdo para irte a buscar al cole mañana.

En cuanto Clare y Amy salieron por la puerta, Mike le preguntó a Luna:

— ¿Qué te trae por aquí?

—Mi familia, ¿te parece poco? —Le respondió Luna nada amigable.

—Baja el hacha de guerra, princesita de la ciudad —le aconsejó Mike—. Los pueblerinos no queremos hacerte daño.

Luna puso los ojos en blanco y no hizo ningún comentario, sabía que si lo hacía acabarían discutiendo y en casa de su abuela no podía discutir con él. Luna no entendía por qué su abuela se empeñaba en adorar a Mike, lo adoraba como si de un Dios griego se tratara. Por otra parte, Mike no entendía a Luna, quién tenía a su única familia en Armony y se empeñaba en vivir en Ciudad Capital. Él la llamaba la “princesita de la ciudad” despectivamente, aunque ella no era una “princesita”, pues tan solo con su esfuerzo había conseguido todo lo que tenía.

— ¿Has hablado con Helen? —Preguntó Mike.

—Sí, me despertó y me dijo que viniera a Armony porque tenía un problema y necesitaba mi ayuda, pero cuando llegué no la localicé y mi abuela me puso al corriente —Luna sonrió divertida y después añadió—: Solo Ryan es capaz de darle una sorpresa a su mujer y hacer que ella crea que le está siendo infiel.

—Helen estaba tan enfadada que ha tenido que desvelarle la sorpresa antes de tiempo —rio divertido Mike—. Por cierto, ¿cómo quedamos mañana? ¿Paso a buscarte a las cuatro?

—Amy sale a las cuatro y media y el colegio está a un par de manzanas de aquí, a las cuatro estará bien —le contestó Luna lo más amablemente que pudo.

No entendía a ese hombre, lo mismo la hacía tener sueños eróticos con él que la sacaba de quicio y le entraban ganas de matarle. Mike tampoco se sentía mejor de lo que se sentía Luna, por alguna extraña razón, esa “princesita de la ciudad” siempre estaba en su cabeza, recordaba con todo detalle la única noche que habían estado juntos y anhelaba tenerla entre sus brazos. De ella adoraba hasta sus discusiones, pero ese solo era un secreto que guardaba para él desde hacía cinco años, cuando la conoció el día antes de la boda de Ryan y Helen.

—Bien, estaré aquí a las cuatro en punto —dijo Mike levantándose del taburete para marcharse.

— ¿A dónde vas? ¿No te quedas a cenar? —Le preguntó Clare, que en ese momento entraba con Amy en la cocina.

—Me encantaría quedarme, Clare —le respondió Mike con una sonrisa pero añadió—: Pero ya tengo planes para cenar. Quizás mañana.

—Mañana cenas con nosotras, entonces —sentenció Clare.

Luna volvió a poner los ojos en blanco y Amy la vio y se echó a reír, así que Luna se puso seria de golpe antes de que su abuela se percatara del motivo de la risa de su bisnieta. Pero nada se le escapaba a Clare, quién regañó a su nieta con la mirada mientras Mike observaba divertido la escena.

—A veces, no sé cuál de las dos es la niña y cuál la adulta —se resignó Clare.

—Tita Luna, ¿por qué no has venido con tu novio? —Preguntó la niña dejando a su tía Luna completamente pálida—. Mamá dice que te ha pedido que te cases con él y le has dado calabazas.

—Mamá tiene la boca demasiado grande —atinó a decir Luna malhumorada.

— ¿De qué novio habla? —Quiso saber Clare— ¿Quién te ha pedido matrimonio?

—Abuela, no tengo novio y no me voy a casar —le aclaró molesta—. Y no quiero volver oír hablar del tema, ¿de acuerdo?

Luna estaba enfadada y Clare no quiso preguntar más, respetaba la decisión de su nieta y sabía que si no le había contado nada sobre eso era porque no merecía tal atención.

Pero lo que Mike acababa de averiguar le llenaba de curiosidad. ¿Por qué nadie le había dicho que esa loca tenía novio y que le había dado calabazas cuando le había pedido matrimonio? Era difícil entender a las mujeres, pero ésta en concreto se llevaba el premio gordo al misterio. Y a él los misterios le volvían loco.

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