Siempre sale el sol 17.

Luna había visto el coche de Mike aparcado a escasos metros de la puerta, por lo que dedujo que ya había llegado y sonrió. Helen y Luna entraron en la casa y se encontraron con que los chicos ya habían preparado la mesa y estaban haciendo la cena.

Ryan besó a Helen en los labios y la estrechó entre sus brazos. A Mike le hubiera gustado hacer lo mismo con Luna, pero sabía que ella prefería no hacer pública su relación por el momento, así que se acercó a ella, la besó en la mejilla con sensualidad y le susurró al oído con la voz ronca:

—Estás preciosa.

—Al parecer, no lo suficiente —le respondió Luna en un susurro señalando la mejilla dónde Mike la había besado.

Helen, que sabía que aquellos dos se morían por devorarse pero que no lo harían delante de ellos, cogió a su marido del brazo y lo arrastró hacia a la cocina mientras le decía:

—Cariño, enséñame qué has hecho de cenar, estoy hambrienta.

Ryan y Helen desaparecieron por la puerta de la cocina y Mike aprovechó el momento para coger a Luna por la cintura, estrecharla entre sus brazos y besarla en los labios con urgencia.

Luna le agradeció ese beso con una amplia sonrisa, sintiéndose feliz por haberle besado.

Los cuatro cenaron mientras charlaban, bromeaban y bebían vino. Mike moderó su ingesta de alcohol porque tenía que conducir de regreso a casa, pero Ryan, Helen y Luna no se moderaron lo más mínimo y después de la cena ya estaban achispados. Mike disfrutó viendo como el alcohol hacía que Luna se relajara y bajara la guardia y él notó esa sencillez y acarició su espalda desnuda con la yema de sus dedos. Luna sintió el calor de la mano de Mike en su espalda y, sorprendiendo a todos, besó a Mike en los labios apasionadamente. Mike le devolvió el beso voraz, sintiéndose feliz de que hubiese sido ella quien hubiese dado el paso.

—Me alegro de que por fin hayáis entrado en razón —comentó Ryan cuando la pareja dejó de besarse.

—Supongo que no hay motivo para seguir con esta tortura cuando todos intuís lo que está pasando y yo ya no lo aguanto más —dijo Luna mirando a Mike.

—Me alegro de que lo hayas hecho, preciosa —le respondió Mike en un susurro.

Se tomaron un par de copas más después de cenar hasta que Mike y Luna decidieron marcharse para estar a solas en casa de Mike.

Helen y Ryan no insistieron en que se quedaran, pues pocas veces tenían la oportunidad de tener una noche a solas sin Amy y pensaban aprovecharla.

Mike llevó a Luna a su casa y, nada más traspasar la puerta, Mike la agarró del trasero, la alzó entre sus brazos y la abrazó mientras la besaba con pasión.

— ¿Le has dicho a Clare que no irás a dormir esta noche? —Le preguntó Mike en cuanto sus labios se separaron.

—Mi abuela lo sabe —murmuró Luna antes de volver a besarle.

—Espera, ¿qué has dicho? —Preguntó interrumpiendo el beso que Luna le daba.

— ¿Tenemos que hablar de esto ahora?

—Luna, quiero saber qué le has dicho exactamente a tu abuela —le contestó Mike con el semblante serio.

—Me preguntó si iba a dormir fuera y le dije que sí. Quiso saber si iba a quedarme contigo y le volví a decir que sí —le contestó Luna—. Mi abuela nos ha visto besarnos esta tarde en el coche cuando me has traído a casa, era inútil negar lo evidente.

Mike la besó e hicieron el amor.

Desde esa noche, Luna durmió todas las noches en casa de Mike y se despertaba todas las mañanas entre sus brazos.

Dos semanas más tarde, Mike y Luna fueron a cenar a la masía de Alan y Linda, para conocer las nuevas instalaciones y ambos quedaron encantados. Alan y Linda insistieron en que se quedaran a dormir después de cenar y ellos aceptaron después de ver las preciosas habitaciones de la masía.

—Es un lugar maravilloso, Linda —elogió Luna—. Deberías darle buena publicidad y la masía se llenará de gente. De hecho, si te parece bien, la revista en la que trabajo podría publicar un reportaje sobre la masía, eso os daría publicidad y clientela.

— ¡Eso sería estupendo! —Exclamó Linda.

Mike besó a Luna por el amable gesto que había tenido con su cuñada y su hermano. Siempre había pensado que su relación con ella sería de lo más difícil, pero lo cierto era que resultaba de lo más fácil y adictivo. Faltaban dos semanas para que ella terminara sus vacaciones y regresara a la ciudad y ninguno de los dos había sacado el tema. Mike tenía miedo de preguntarle y que se sintiera presionada y Luna prefería disfrutar del presente en vez de pensar en el futuro.

Se sentaron en una mesa apartada para gozar de mayor intimidad y esta vez Linda y Alan les dejaron a solas y no interrumpieron aquella velada romántica de pareja.

Después de cenar, Luna y Mike se tomaron una copa en el bar de la masía, Mike la sacó a bailar cuando empezó a sonar la canción “sale el sol” de Shakira y Luna bailó con él encantada.

—Recuerda que siempre sale el sol —le susurró Mike al oído mientras bailaban.

Poco después de medianoche, decidieron subir a la habitación que Alan y Linda les habían asignado en su preciosa masía y ambos se quedaron a solas.

Luna observó que Mike estaba raro. Por momentos parecía estar en otra parte y se tensaba, pero cuando sus ojos se cruzaban con los de ella él volvía en sí y actuaba como si no pasara nada. Luna quiso preguntarle al respecto mientras cenaban, pero se resistió al pensar que si él no se le había dicho nada quizás era mejor no preguntar. Pero ya no pudo más y preguntó:

— ¿Quieres contarme qué te pasa o prefieras que siga fingiendo que no me entero de nada?

Mike la miró sorprendido, no se esperaba aquella pregunta de Luna que le había pillado con la guardia baja y no sabía muy bien qué responder.

—No pasa nada, no quiero aburrirte —le contestó Mike después de pensar su respuesta durante un rato considerable—. ¿Te he dicho ya que estás preciosa esta noche?

—Me lo has dicho unas cien veces, pero me gusta oírlo, gracias —le contestó Luna divertida con una sonrisa en los labios—. Sé que algo te preocupa, cuéntamelo y a lo mejor puedo ayudarte. Ya sabes lo que dicen, dos cabezas piensan más que una —añadió bromeando.

— ¿De verdad quieres saber qué me preocupa? —Le preguntó Mike y, sin dejar que ella contestara, añadió—: Me preocupas tú, Luna. Tus vacaciones terminan en dos semanas, tú regresarás a la ciudad y no sé qué va a pasar con lo nuestro —Mike la miró a los ojos y la vio sonreír. Arqueó una ceja y preguntó—: ¿Podrías decirme qué te parece tan gracioso?

— ¿Quieres que hablemos de “nuestro futuro”? —Quiso saber Luna—. Hace dos semanas no podía imaginarme que estaríamos así, como tampoco puedo imaginarme cómo estaremos de aquí a dos semanas. Pero sí puedo decirte que, a día de hoy, quiero seguir viéndote y que, llegado el momento, si ambos seguimos queriendo lo mismo, lograremos encontrar la forma de que funcione.

—Puedo conformarme con eso, por ahora —le contestó Mike ya más relajado—. Ven aquí que te voy a devorar, princesa.

Mike la cogió en brazos y la llevó a la cama entre risas para acabar haciendo el amor, como hacían todas las noches desde que ella llegó a Armony de vacaciones.

A la mañana siguiente, Luna volvió a despertarse entre los brazos de Mike, que la observaba despertarse como todas las mañanas.

—Buenos días, preciosa —la saludó Mike en cuanto los ojos de Luna se abrieron—. Hay que levantarse y salir rápido si queremos estar en Armony a la hora de comer.

—Mm… Un ratito más, cariño —le respondió Luna medio dormida escondiendo su rostro entre la almohada y el cuello de Mike.

— ¿Cariño? Me gusta cómo suena —comentó Mike divertido—. Venga dormilona, vamos a la ducha.

Mike la cogió en brazos y la llevó a la ducha donde, siguiendo el ritual de todas las mañanas, le hizo el amor antes de desayunar y regresar a Armony.

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